La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

12 Octubre 2010

Cuando las mujeres beben churros y cuando los hombres comen Fanta

Queridos Tod@s:

Me hallo sentada al borde de una mesa de mantel fucsia con centro de mesa lleno de ababoles o amapolas, al gusto de cada cual, y repleto de velas rojas y púrpuras con olor a lavanda. Estoy que me va a dar algo de un momento a otro; entre la alergia y ese mareo de colores y olores fuertes lo de la comida va a ser algo bastante indigesto, desde ya os lo digo.

Mi tío Manuel Enrique nos ha invitado a conocer al novio de su hija, así que después de la cena íntima que tuvieron ayer y donde resolvieron que era un buen chico hoy ha abierto las puertas de su salón para que el chaval se sienta más arropado con gente de su edad. Mi prima, que aunque compartimos apellido está provista de una genética recesiva bastante difícil e imprevisible, se ha empeñado en vestir ella la mesa y claro, cuando hemos aparecido entre que las paredes son rojas y el mantel estaba teñido de aquel color cabreante hemos acabado todos con un dolor de cabeza insoportable.

Por su parte mi tía Cuchi - si, se llama así desde que la conozco y ¡haced el favor de no reírse!- hace siglos que dio por imposible a mi tío, así que estuvo durante toda la comida ignorando las incursiones políticas de mi tío Manuel Enrique y haciendo lo propio: seguir sometiendo a su invitado al ‘tercer grado' voluntario.

Mi tía Cuchi es una gran dama, una dama de esas que siempre llevan todo a juego y que cuando algo descoloca su sentido asentado de las cosas se sumerge de lleno en la búsqueda de la píldora correcta para soportar ese encontronazo con la realidad. Mi tío Manuel Enrique es alto, tiene una voz atronadora, es un loco de la caza y luce siempre un gran bigote espeso desde que recuerdo. Se repeina su pelo oscuro hacia atrás y si le vieses con poca luz sentado creerías que se ha escapado de alguna película del siglo XIX. Siempre va con traje de chaqueta y zapatos de cordones.

Cuando mi prima Cuchita -¡que no os riáis!, ¡que ya no sé cómo decíroslo!- nos ha presentado a su querido Mariano casi nos caemos de culo al ver lo guapo que era (los chicos no, obvio, pero dieron por hecho que si tenía un físico con pintaza seguro que también estaba provisto de sentido del humor; tradúzcase a que daban por hecho que no era un pringado, ni un penoso... o sea, un tío que mola). Así pues, estábamos con nuestro futuro primo "El Molón" sentados a la mesa y teníamos todos que contener las ganas locas de hacer preguntas, a lo que mi tía Cuchi respondió con un acaparamiento total y absoluto del pobre primo Mariano - y lo de ‘primo' no va con segundas- y haciendo caso omiso cuando mi tío se enzarzaba en el problemón nacional. De momento hasta aquí nadie sabía si Mariano sería ‘guay' o no, pero nos quedó claro que listo era un rato; logró esquivar airosamente todas las preguntas de mi tía y lo mejor de todo es que la dejó visiblemente satisfecha.

La injusticia más grave del mundo social es claramente, pensaba yo, ese momento que estaba viviendo y presenciando: otorgamos una etiqueta conductora de buenos propósitos y aperturas a nuestro mundo íntimo, familiar, etcétera con tan sólo echar un vistazo a la pericia estilosa del que tenemos enfrente. Si hubiese sido feo le habríamos mirado con compasión e incredulidad - Cuchita es bien guapa a pesar del resbalón filológico de su nombre-, si hubiese sido normaducho - o sea, que ni ‘fu' ni ‘fa'- le habríamos mirado escépticos, pero como el chaval tenía una pinta inmejorable, una estatura consideradamente agradecida y buen pelo; pues aquí estábamos todos que se nos caía la baba con el ‘buen partido' - expresión que resalto porque la detesto con todas mis fuerzas- que mi prima había traído a casa y que aguantó estoicamente toda una cena con mi tío Manuel Enrique y tuvo las agallas de repetir mesa al día siguiente; es que él, mi tío, es de los que cuesta aguantar a menos que seas de su familia o te mediques sin control.

Mariano es algo así como un gurú de algo, no se sabe a ciencia cierta de qué -porque mi tía Cuchi lo contaba entusiasmada al resto de mis tías y a alguna amiga suya que nos acompañaba a la hora del té- pero lo que estaba claro es que aunque fuese un gurú en el mismo arte que el que practicaba "Jack El Destripador", aquello que fuera lo que le contó a mi tía le dejó más que satisfecha (ya os dije que era listo en el regateo). También dijo mi tía que su padres eran de origen gallego pero que no podía precisar en qué lugar tenían la finca, y que estudió en alguna universidad de por ahí en EEUU y con buenas notas (esto lo resaltó levantando un dedo y abriendo mucho los ojos). Total, que Mariano estaba ya bendecido en casa aunque no se supiese muy bien nada de él, tan sólo se sabía que el chaval había logrado cosechar a su paso porciones incontables de entusiasmo en la poco entusiasta casa de mis tíos ‘los Cuchis'.

Cuchita entra de pronto y yo pego un respingo, ella suspira con cara de enamorada (ya sabemos todos lo que es: mejillas teñidas en ligero rubor, ojos abiertos más de la cuenta modelo "tipsy but not drunk", cara sonriente a medio camino entre sonreír por todo y ser mema del todo, mirada de "la vie in rose", y pensamiento con un pie en el altar y otro en Barbados para pasar la luna de miel) y se sienta a mi lado susurrándome en el oído que qué me parece su amado Mariano, el hombre del que nada se sabe a ciencia cierta. La miro dispuesta a contestar, y ella cierra los ojos con fuerza y los abre mirándome de reojo, y aquí es cuando recuerdo aquella novela de Alcott donde la heroína Imperia es acusada por su marido, el Conde Stennio, de no creer en el amor: _"Tú eres igual a la flor oriental de la camelia traída por los jesuitas, hermosa pero sin el aroma del amor", cosa cierta, así que esta hermosa e insensible mujer veneciana cuya idea del matrimonio resultaba totalmente fastidiosa, al suicidarse su esposo por tanto despecho se dio cuenta de cuánto le quería en el fondo y que su pérdida le producía un dolor insoportable que la tenía llorando por los rincones diciendo cosas tan poéticas como ésta: _"Una flor puede brotar sin perfume, pero una mujer no puede florecer sin amor". Total, que como mi prima me hace con su cara de mueca tediosa recordar fragmentos de libros que leo en ratos tontos - ¡ojo!, que con esto no quiero decir que el libro no merezca la pena- y hace darme cuenta que en realidad no busca mi opinión verdadera sino la que quiere oír, resuelvo en decirle que su Mariano es estupendo y ella complacida me aprieta con ganas en un abrazo envuelto en las dudas de ese recién estrenado frenesí tan inesperado.

Che Montijo, amiga amiguísima de mi tía que presenciaba la escena suspiró y entre susurros dijo aquello tan socorrido en el vocabulario de las abuelas: _ "Juventud, ¡divino tesoro!", y su amiga Clementina Bonano remató diciendo: _ "¡Tampoco son tan jóvenes!, que como se descuiden un poco se les pasa el arroz y eso ya no lo arregla nadie". Mi tía acabó indigestándose con la pastita que deglutía ajena a esta realidad tan aplastante y mi prima ruborizada se levantó a palmear la espalda de Tía Cuchi a ver si recuperaba color dejando libre su garganta del atoramiento sufrido. Cuando recuperó tono y parecía que el oxígeno ya circulaba a sus anchas por el cerebro, mi tía, que no puede remediar el corregir la cosas en el momento en que pasan, puso los puntos sobre las íes: _ "Mi sobrina - o sea, yo- es la que es un caso perdido, pero Cuchita ¡ni hablar!, esta noche en la cena le digo a Mariano que su talla de anillo es la 15, la niña es guapa pero tiene los dedos rechonchos como su abuela ¡qué le vamos a hacer!. Y tú, Cuchita, la próxima vez que me atragante no me des golpes en la espalda, tienes que darme un golpe cerca del esternón, pero asegúrate de que lo haces tú y no cualquiera de los bestias que hay en esta casa, no quiero que me rompan la pleura". ¡Amén!. Mi prima y yo salimos despavoridas según mi tía se recolocaba satisfecha de su intervención en la mesita mientras se acercaba la taza del té a la boca.

Fuera estaba Mariano, el salvador de la juventud no aprovechada de Cuchita, junto con varios primos míos dando vueltas alrededor de un "quad" que acababa de comprar mi primo Gonzalo para hacer el cabra por el monte -el kamikaze, vamos- y aportando su granito de pericia en Dios sabrá qué sobre el tema. Gonzalo, que por primo mío que sea no deja de ser un hombre y ya se sabe que cuando a los hombres se les alaba piropeando su juguetito nuevo se vuelven niños traviesos cargados de ilusión, sonríe sin parar de mirar su cuatriciclo y aseguro que hasta con ganas de tirarse en plancha encima de esa máquina para comérsela a besos. Mi tío Manuel Enrique que estaba hablando por teléfono se giró al escuchar las risas con un volumen revolucionario y enarcó una ceja en señal de desaprobación; bajaron el tono.

Los hombres son... son... ay! Dios, ¡cómo lo expresaría!: son como extraterrestres enfundados en piel hormonada desprendiendo feromonas para someternos a la desidia pura en el momento más inoportuno de nuestra vida. Porque vamos a ver; ¿dónde están esos hombres cuando estamos de bajón en casa y necesitamos contarle a ese ser masculino que nadie nos comprende y que necesitamos que nos escuchen - hombres-?. Pues en ese momento ese mastodonte humanoide no está, estamos las amigas al otro lado del teléfono aguantando estoicamente una conversación sobre lo mismo durante horas y horas sin sacar nada en claro. O está la peli ñoña de turno que siempre nos hace llorar con más motivo pero que nos optimiza el ánimo al desviar la causa de nuestras lágrimas a lo sensibloide de la película y no hacia nuestro propio drama. ¿Dónde están estos especímenes cuando necesitamos un abrazo masculino?, ¿o un beso?, ¿o simplemente que nos lleven al cine porque nos sentimos solas y aburridas?. Pues nada, ¡están con los ‘quad'!, afanados en la tarea de escrudiñar minuciosamente cada una de las piezas del chisme antes nombrado.

En cambio cuando estamos en época dichosa donde por fin hemos hecho las paces con nuestro peso, con nuestro jefe acatando aliviadas el sueldo a cobrar, con nuestras hermanas mayores que son unas pesadas, con ese estigma social que hace que con treinta nos sintamos octogenarias resecas... ¡zas!, ahí aparece el extraterrestre X,Y para desequilibrar nuestra psique imponiéndonos de manera descarada el que dejemos de ser autosuficientes y pasemos a ser dependientes del "sms" con mensajitos que nos hacen tener la boca resbalosa soltando babas a casi todas horas, dedos ágiles para responder al segundo esa misiva espacial que viaja por cable con letras comidas, descentramiento general en todo, subversión preocupante por parte de nuestro mundo hormonal y mal pago innecesario de todo tipo de caprichos chulescos que nos miran desde los escaparates porque estamos de buen humor y todo nos parece divertido e inocente. Los hombres son ese antídoto contra la depresión no diagnosticada pero a su vez; sin un antídoto para poder zafarnos de ellos en el momento en que necesitamos parar ese desequilibrio anacrónico que se nos implanta en las tripas y nos hace reír y llorar casi al mismo tiempo, o que nos hace ser estúpidas más de la cuenta y en las ocasiones menos oportunas.

Nada, ¡que ahí siguen!... subiendo y bajando del ‘quad' y turnándose la siguiente carrera; felices, inconscientes, parando el tiempo que les separa de los quince años... estampa cándida de su radiante puerilidad. Esa inocencia traviesa desprovista de malicia cuando es su propio don genético el que le otorga esa despreocupación desmedida e instintiva.

Asoma Cuchita desde su balcón, y con la cara empotrada en las rejas llama a su amado, que rompe con la magia del momento "los chicos y sus cosas" para volver a la dura realidad del adulto; atender necesidades mayores cuando estás en casa de esa novia expectante que te mantiene en un sueño ligero y receloso de que la nube de algodón de azúcar se desparrame por los derroteros de la cotidianidad y te salpique la terrorífica nublo de azufre del día a día urbano, coñazo y rutinario.

_ "Ya subo, Cariño... ¡un segundo!". Normal, un segundo en el tema del motor es directamente proporcional a nuestros segundos de chica cuando el hombre nos espera aparcado en la puerta de casa para llevarnos a cenar. Y quince minutos después...

Prima Cuchita: _ "Marianoooo, ¿pero subes o qué?. ¡te llevo esperando media hora!". ¡Lógico!, si él acorta los tiempos nosotras tenemos derecho a subirlos. Y Cuchita vuelve a apoltronar la cara en las rejas y esta vez no quita la vista hasta que se asegura que Mariano entra en casa.

Después de cuarenta minutos aparece Mariano con claro gesto de angustia, mi primo Gonzalo le dice que van a montar a caballo que si les acompaña, y él dice que se encuentra mal y que se queda con Cuchita. Le dejo sentado en el porche y subo a hablar con mi prima, que está tumbada en la cama con la almohada comprimiéndole la cabeza. Estaba desolada, me dijo que alentada por su madre le preguntó a Mariano que cuándo le venía bien casarse, si por el verano o mejor cerca del otoño, y que su amado se puso nervioso, balbuceaba y acabó diciendo que él aún no había pensado en ello y que le parecía precipitado el hablarlo en ese momento, y más aún en territorio "enemigo". Total, que Cuchita se quedó noqueada y le mandó a hacer gárgaras y al momento se acordó del comentario de Clementina Bonano y recapacitó, y aunque Mariano aseguró que sabía que el comentario no iba en serio algo dentro de él se había desteñido.

Mi tía Cuchi sube las escaleras en ese instante, lo sé porque me hace ponerme de los nervios cada vez que hace uso de ese ‘tic' suyo tan molesto acústicamente; algo así como: _ "Cuchiiiiiiiiitaaaa, Cuchiiiitaaaaaaa, Cuchi, Cuchi, Cuchiiiiiiiiiita... querida, ¿dónde estás. ¡Cuchiiiiiiiiiiitaaaaaaa!" (anexionad esas palabras con un peculiar tono irritante de voz puntiaguda a la hora de pronunciar: ¡su despiadado ‘tic'!). Y de pronto mi tía toca la puerta, y antes de recibir permiso para inmiscuirse en nuestra privacidad se cuela dentro y pregunta alarmada que qué hacemos ahí las dos tumbadas en la cama dejando a su querido futuro yerno - experto en algo aún sin precisar- solo en el jardín con el pesado de mi tío. Mi prima se quita la almohada de la cabeza, se incorpora lentamente sobre la cama, me mira con gesto de drama y explota diciendo: _"Mamaaaaaaaaaaaaaaá, éste no se casa, ¡no se casa!"... aquí cuarenta y cinco minutos enteros hablando sobre el suceso hasta que mi tía se asoma a la ventana haciendo uso del tic antes descrito: _ "Manuel Enriiiiiiiiiiiique ¡sube por favor!, es importante...", y mi tía hace lo que Cuchita dejándose marcada la cara con las rejas hasta que ve desaparecer la sombra de mi tío entrando en la casa y a posteriori escucha las suelas de sus zapatos de cuero subiendo hacia el cuarto. Mi tía le cuenta, mi prima llora y llora, y yo que quiero salir de aquella escena tan privada cuando por un momento mi cabeza vuela y vuela pensando en el pobre Mariano y en la que le ha caído encima (Mariano y Cuchita llevan saliendo cuatro meses aunque según mi prima se conocían desde hacía año y medio) no puedo porque mi tío desaprueba irritado el que me levante de la cama en ese momento tan crítico.

Después de muchos más minutos de tensión, lloros, desesperación y maquinaciones varias por parte de mi tía Cuchita que parecía tener bajo manga un montón de planes B salimos del cuarto con una prima más aliviada que me susurra por lo bajini: _"Ro, nada, ¡no haré nada!... yo ¡como si tal cosa!, ya viste a mamá lo tensa y preocupada que está. Así que yo con Mariano todo mega guay hasta que pasen unos meses más; y ya con las vacaciones que nos pague papá ahí le vuelvo a sacar el tema que dice mamá que es lo mejor". Yo no digo ni mú; ¡ellos sabrán!.

Hora de cenar y los chicos no aparecen, excepto Mariano que todos sabemos que está en su cuarto duchándose hace más de dos horas y treinta y siete minutos que Cuchita los lleva bien contados; pero todos comprendemos que le pudiera resultar tenso y desagradable el sentarse con nosotros sosteniendo un silencio inaudito después de haberle hecho llorar a mi prima durante toda la tarde, haber producido una jaqueca impresionante a mi tía que se había tenido que tomar varias pastillas para contener al máximo el esfuerzo por tener buena cara y actuar como si mi prima no le hubiese puesto al tanto de todo coma por coma, y haber hecho que mi tío Manuel Enrique se perdiese la corrida de toros que daban en televisión; silencio que seguramente rompería mi tía Cuchi sometiéndole de nuevo a otra batería de preguntas en tropel. El chaval no salía y mi tía estaba histérica llamando por vigésimo sexta vez a mis primos a ver cuándo tenían pensado venir a cenar. Gonzalo entra de golpe sonriendo y bramando sobre lo bien que huele la cena. Mariano asoma las orejas por el ‘office' y sonríe tímido y desdeñoso apostillando que además de oler bien debe estar riquísima. ¡Todos a cenar!.

Silencio y silencio. Mis primos ajenos a la tragedia que se maceraba lenta y espesamente con cada trago largo y áspero nos miraban en busca de respuestas a mi prima y a mí mientras Mariano se iba encogiendo visiblemente en su silla preso de un pánico escénico. Mi primo Álvaro que es de los que saben contar chistes hizo un intento por salvar la cena y casi lo logra al tercer chiste, pero mi tío Manuel Enrique dijo que no estaba el horno para calentar bollos - así mismo lo dijo- y Álvaro que prometía mejorar mucho la velada con el cuarto que era de Lepe tuvo que afanarse en los caracoles que según supo mi tía eran el plato preferido de ese futuro y previsible ‘no yerno' que tenía la cara blanca como el mantel que ordenó mi tía poner después de asegurarse haber hecho desaparecer el fucsia del día anterior.

Terminó la cena, los chicos se retiran abajo a jugar al billar y mi tía agarra a mi tío del brazo y le dice bien claro que se esfume; nos quedamos solas las tres. Mi tía Cuchi dice a mi prima que no ha ido tan mal, que mañana será mejor y al otro aún mejor y que sea positiva, y que por lo que yo - dirigiéndose a mí con mirada desafiante- más quiera que no desaliente a mi prima Cuchita con esas opiniones horrendas -según mi tía- que tengo entorno a las relaciones y demás, y me hace prometérselo como siete veces. Y acto seguido ordena a las cocineras que preparen para el desayuno de mañana además de los bollos de canela y las rosquillas unos buenos churros, y nada de café - esto lo deja bien claro- nada de nada de cafeína ni cosas que alteren los nervios, si preguntan se les dice que no queda y que beban zumo de naranja natural que las vitaminas vienen fenomenal para todo.

Mi prima Cuchita se despide de mí, quiere darse un baño y meterse en la cama, y me pide que si puedo que le haga el favor de hablar a solas con Mariano para asegurarse de que está bien, que ella no quiere bajar para que no se sienta molesto ni presionado; se lo prometo y me bajo donde los chicos mientras ella agarra del salón el periódico y se sube a su cuarto arrastrando los pies.

Abajo los chicos estaban aullando de felicidad; tiraban los dardos de la diana desde una distancia considerablemente más lejana de lo normal. Hablaban del coche nuevo de Mariano, de las suspensiones, del color de los asientos... y cuando me miran se giran divertidos preguntándome por Cuchita; Mariano baja la mirada.

Y al día siguiente y los siguientes días el discurrir del buen tiempo trajo la armonía, y ya no importaba si desayunábamos con churros o con Fanta, ni importaba si mis primos y sus amigos nos invadían con risas de resaca al pedir comer "fanta de esa de naranja" y beber un poquito de churros; porque había sol, y la piscina estaba helada pero apetecible. Y mi prima se relajó cuando La Bonano se fue a su casa de una buena vez; y sobretodo porque al romper la promesa que le hice a mi tía Cuchi pude hablar con ella y hacerla entender que presionar no es el mejor modo de estar por la vida, que el tiempo tenía su propia voz... Y el quad volvía lleno de tierra y barro, y los perritos les seguían hasta un tramo avanzado del camino. Mi tío Manuel Enrique cogió indigestión de caracoles y mi tía Cuchi se sonreía cuando le acercaba el servicio sus purés pensando que por fin iba a hacer dieta...

Y Cuchita y su Mariano se daban besos tímidos cuando mi tía disimulaba no estar mirándoles, y el futuro primísimo tuvo que seguir contestando preguntas; y volvíamos a jugar por las noches al billar. Y bueno, los hombres seguían con sus cosas y nosotras con las nuestras... Ya sabéis todos: las mujeres con sus churros y los hombres con sus fantas.

Besazo Grande,
Rocío Medina

P.D.: ¡Mariano y mi prima Cuchita se casan en Septiembre!

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26 Septiembre 2010

Los Cirujanos

Los cirujanos son las manos de Dios en la tierra, siempre lo he pensado. Me atormenta seriamente creer lo contrario porque después de que el anestesista se tome el café y te deje inconsciente del mundo y de todo... ahí que delegas tu alma, tu vida y tu cuerpo a manos de un señor o señora que husmea en tu dolor tratando de arreglar los desaguisados de la vida: enfermedades, accidentes... Lo cierto es que no paramos de pensar que si en algún momento necesitásemos una cura sin remedio no hay Dios mejor bajado del cielo que un buen cirujano, las cosas como son.

Tengo amigos cirujanos de todo tipo: los hay más altos y más bajos, más rubios y más morenos, delgados, rechonchos, algunos hasta con melena, y otros con grave tendencia a la calvicie severa. Unos son más simpáticos, otros más introvertidos, algunos excesivos en sus formas y gustos, y otros súper comedidos. También es verdad que hay otro punto interesante que destacar: "las especialidades" y "subespecialidades". Porque para el ciudadano medio se nos hace muy difícil distinguir a los facultativos de esta rama sanitaria y las variantes categorías en las que encajarlos según la urgencia médica. Para el común de los mortales un médico es un médico (extiende recetas de todo tipo y te da un volante para el especialista), y un cirujano es el que te opera; pero básicamente son doctores y como tales, entendemos que su trabajo consiste en aliviarnos del dolor del modo que sea y en cualquier circunstancia. Que estamos en un avión y se nos atraganta el montadito, pues ahí que siempre se recurre a grito pelado a la frase de: "¿Hay algún médico en la sala?". Y si el médico no está en coma inducido por dos Orfidales -será médico, pero igualmente tiene derecho a tener pánico a volar por ejemplo, o a estar durmiendo la siesta en el camarote del barco de un colega inmerso en los efectos secundarios de los mareos naúticos- seguro que tímidamente levanta una mano presa del pánico escénico ante la presión de los cuatrocientos pasajeros puesta en su nuca mientas va pensando: ¡A ver qué carajo pasa ahora!, a ver si no va a ser un amago de infarto - que yo soy cardiólogo- y como mucho voy a saber reconocer que tiene una leve arritmia del susto!. En caso de haberse tomado el somnífero se le despierta igualmente para que proceda con su misión - aquí nunca mejor dicho- de "matasanos". Para lo cual, les exigimos que sea fuerte, resolutivo, que tome el control, que sepa como proceder, y que su propio malestar sea disuelto ‘ipso facto' dándonos lo mejor de sí mismo.

Os voy a poner en antecedentes para que quede claro a los no doctos de qué quiero hablar.

Últimamente estoy más famélica que de costumbre, lo sé, no debería ser así... el caso es que no puedo evitarlo y por más que como me paso todo el tiempo del mundo pensando en comida. Y cuanto más como, más ganas de comer tengo. Así que decidí que por más que mi negatividad me asediase por cada esquina de mi psique haciéndome recordar que los hospitales es un lugar tedioso de luz cenital, salas de espera donde ves alguna vez algún ‘homeless' pasando la noche agarrado a su tinto envuelto en periódicos y con olor a desinfectante malo - si eres médico o sucedáneo dirás seguramente que huele a limpito-, yo decidí que tenía que tomar cartas en el asunto, y este asunto sólo podía resolverlo un doctor en condiciones. Total, que ahí estoy yo, mirándome las manos, mirando mi bolso ciento cincuenta y siete veces, repasando mentalmente las últimas llamadas que hice, investigando las posibilidades de mi móvil, mirando las fotos de las revistas... lo que se dice estar en una sala de espera donde sólo tienes que esperar muerta del aburrimiento y con un gran nudo en la tripa (en mi caso por el hambre y por los nervios). A la hora y tres cuartos aparece la chica que me atendió en el mostrador mascando chicle con vehemencia, llevaba un lápiz sujeto al moño del pelo y unas ojeras que llegaban con toda probabilidad hasta las pantorrillas, pero ya no le podía mirar mucho más debajo de la boca porque hizo una pompa y me aclaró con un dedo que yo era la siguiente y que la siguiera.

Voy detrás de la mascadora compulsiva de chicle de fresa que hace pompas con él de mala gana y muerde esa goma edulcorada con tanto ahínco que me duelen mis mandíbulas de imaginar el esfuerzo, golpea la puerta con los nudillos y de nuevo me señala con el dedo para que pase dentro. Cuando estoy a su altura me suelta una carpeta, que de inmediato me coge antes de que la agarre el señor con bata blanca que tengo delante. Estiro la mano al médico, que me sonríe y me hace sentarme. Le cuento mi problema mientras me mira desaforadamente sin pestañear ni un segundo mientras hace ruiditos con la boca en señal de que comprende coma a coma lo que le estoy contando; termino y me dice: _" ¡Pero tú no estás gorda!... eso es la ansiedad, guapa. A ver, ¿a qué te dedicas?". ¡Vaya por Dios!, le cuento a qué me dedico y parece decepcionado enviándome sin más solución a un Internista. Y dicho eso, me dice que si ya puestos me tiene que recetar algo más, le digo que no y me alarga la mano con gesto de alivio, no sin antes haberme hecho un montón de preguntas que duraron más que mi consulta para rellenar formularios en un ordenador bastante cochambroso.

Internista, internista.... ¡internista!. Internada, internada, internada... estoy tan angustiada que me he parado frente a una tienda de licores que mostraban en el escaparate unos croissants maravillosos y me he comprado dos para volver en sí. ¡Internista!, médico internista; suena a médico complicado que resuelve casos de órdago de gente patológicamente fatal y que debe llevar miles de años entubada en una cama. Así que llego a casa y busco en internet qué es un médico internista exactamente, y ¡alehop!, según ese maravilloso bazar online de respuestas este señor es el que se dedica a la atención integral del adulto enfermo, sobre todo a los problemas clínicos de la mayoría de los pacientes que se encuentran ingresados en un hospital. Ay! ¡que me van a ingresar!... tiro el segundo croissant a la basura medio mordisqueado culpándole a él de todo, y miro de nuevo a ver si hay algo en internet acerca de ese dichoso internista; no encuentro nada excepto que efectivamente está colegiado en Madrid.

Días después tras los trámites pertinentes llega mi cita con ese señor, yo por si un caso me pasé toda la mañana en ayunas (en realidad desde las diez y media hasta las doce que tenía la cita), y cuando llego curiosamente no tengo que esperar más de diez minutos. Miro al Internista, él me mira a mí, le cuento tímidamente que estoy agobiada porque como mucho, él se ríe y me dice que cuánto es mucho... y yo le digo que no sé cuánto es mucho pero que debe ser una barbaridad porque siempre tengo hambre. Me mira y me dice que si hago ejercicio, que si me estreso mucho, que si es desde siempre, que si eso afecta a mi vida diaria... voy pensando las respuestas y le digo que no me afecta más que el hecho de saber que tarde o temprano cambiará mi metabolismo y seré obesa en tres meses, se ríe y me dice que vuelva para entonces pero que debe ser cosa del estrés del día a día. ¿Así que no va a internarme?, ¡qué alivio!, si es que me preocupo por nada, un palabro fuera de mi vocabulario habitual como es internista y ya estoy sufriendo dolorosamente. Le sonrío, le doy las gracias, me devuelve la sonrisa y me dice que pruebe con un nutricionista, que ya que tengo la suerte de tener apetito a todas horas y de metabolizarlo bien, que al menos si estoy preocupada me haga un estudio para saber cómo combinar los alimentos. Le digo que así lo haré y él complacido me vuelve a interrogar para rellenar datos en un ordenador más moderno. Total, que sigo teniendo hambre y ningún médico me lo cura... El caso, os preguntaréis, es que yo empecé a hablar de los cirujanos, y he derivado el tema hablando de algo tan poco importante como mis hábitos alimenticios, y tenéis razón, pero os lo contaba por lo siguiente.

Cuando salgo de la consulta de este simpático internista, que al menos a mí me atendió sin estar internada, me paré en un kiosco que había a la salida, ojeando detenidamente algún artículo me llamó una amiga desde lejos... cuando estaba a mi altura me dijo que si ya venía de ver a Paula. Y entonces fue cuando me enteré por casualidad que una amiga de la época de la facultad estaba ingresada en el hospital recién operada de cambio de sexo (dos noticias en una). "¿Paula?, ¿Paula la rubia?... ¿Paula?", pues sí, esa misma. Una chica que en la facultad tenía que quitarse a los tíos de encima a cañonazos. Mi amiga Elvira estaba yendo en ese momento a visitarla antes de la hora de las comidas, así que me rogó que la acompañase y yo estaba en ‘shock'.

Paula ahora es Pablo, tenía la cara diferente pero los mismos ojos. Tenía la cara más angulosa, más de hombre, distinta, pero la misma piel a pesar de haberse vuelto más rugosa y dura por la barba. Tenía las mismas manos y la misma estatura, los mismos pies pequeños que se veían cuando se quitaba los zapatos en época de exámenes y se tumbaba en el césped de la universidad a repasar apuntes. Tenía el mismo acento pero diferente voz, y yo me quedé sin la mía. Ella me miraba y me decía que le hacía ilusión que hubiese ido a verla o verle... y que entendía que se me escapase el llamarla Paula y no Pablo; que pasaba a menudo pero que no tenía importancia, que era cuestión de acostumbrarse. Y yo no paraba de pensar en que alguien se había metido en el cuerpo de Paula en el quirófano y nos la había devuelto hecha unos zorros, con más masa muscular pero como desabrida, como a medio hacer, como si fuese otra persona... Y quería hacerle mil preguntas, porque no era la típica niña que cuando la conoces te de la impresión de estar en un cuerpo equivocado, de ser asexual o poco afeminada sino al revés. Pero no podía hablar, la miraba y sabía que estaba ahí en sus ojos, en las cosas que vivimos, en su nueva piel hormonada; pero al mismo tiempo de Paula no quedaba físicamente ni rastro.

Paula nos dijo que ahora tenía ‘pito', pero que nos lo enseñaría cuando hubiesen pasado unos meses, y yo le dije que ya sabía cómo eran y que no hacía falta; me sonrió y me dijo que me lo pensaba enseñar igualmente y para más INRI me aseguró que ahora podría tratar de ligar conmigo. Elvira y ella se empezaron a reír como dos locas mientras yo estaba cada vez más nerviosa hasta que al final empecé a reírme yo también.

A la hora de comer entró Miguel, su padre, nos saludó con intensidad y nos pidió que ya que estábamos, que no dejásemos solos a Pau (aún no se había acostumbrado como yo a llamarle Pablo) y así aprovechaba para bajar a comer algo. Y Paula nos contó cómo siempre quiso ser un chico, cómo se sentía ahora y la decisión tan difícil que tuvo que asumir en su vida. Había comido y seguía hablando desde lo más profundo de su corazón, con los ojos envueltos en luz y lágrimas, sin mirarnos, mirándose así misma y a esa verdad que ahora podría destapar ante el mundo... Y yo estaba absorta.

Tumbada en esa camilla sentía que la vida le estaba dando una nueva oportunidad, sentía que después de enfrentarse a sus miedos y ser valiente enfrentándose a ese mundo tranquilo y familiar que la acogía como Paula y la protegía ante los males de la vida estaba dejando morir a ella misma. Ahogando su verdad en una nebulosa de dudas y miedos que la atormentaban día y noche privándole de todas aquellas necesidades íntimas más vitales que la comida, el trabajo y una casa. Privándola de enamorarse plenamente, privándola de ser él, privándola de poder respirar sin sentir culpabilidad al haber usurpado una entidad humana que no le pertenecía. Y que con cada curva de su cuerpo, se resbalaban un poco más sus sueños y su apetencia hacia la vida. Así que decidió liberarse, poner punto y final a su existencia, redimir su tragedia en busca de otros mundos más allá de la muerte tras ese amargo trago de agua donde disolvió decenas de pastillas. El médico que la atendió tras despertarse del coma era un psiquiatra, cuando se descubrió viva y en un hospital empezó a llorar y gritar según nos contó, hasta que por fin desnudó el alma y poco tiempo después empezó a hormonarse.

Y un día por fin se pudo operar, y su cirujano le devolvió la vida estando muerta en un mundo donde respiraba sin aliento siendo un ente extraño en un cuerpo de mujer rabiosamente guapa. Y cambió a Dios por él, aunque pudo hacer las paces con el primero de ellos.

_ "Y ahí estaba, muerto de miedo, pero contento, muy contento... el día más feliz de mi vida de todos los que recuerdo hasta que me vi el ‘pito'. Pero nervioso, mi vida estaba en manos de un señor vestido de verde con un gorro y una mascarilla tras la que me decía que cuando despertase ya sería un hombre completamente y que todo iría bien. Y mi vida pasó a ser la suya, su responsabilidad... el fracaso de mi vida sería el suyo, su culpa. Y ese cirujano aceptó ser mi Dios de por vida, crearme de nuevo, parirme otra vez. Ese cirujano al que yo no recé nunca acogió mis plegarias sin ser nada suyo y generosamente quiso cumplir mis ruegos, ser mi luz... Y fue ese cirujano el que me vio desnudo cuando yo era incapaz de mirarme, el que me daba un apretón de manos cuando flaqueaban mis fuerzas y me venía abajo con mi angustia y mi temor. El que comprendía mi ansiedad y mi destrozo, el que me hablaba como un padre haciéndome saber que debía tener unas expectativas realistas. El que me hacía soñar con una nueva vida pero con los pies en la tierra. El que me quitó el miedo andrógino de ser una mitad de cualquier cosa y no esa pieza entera que latía dentro de mí por vivir aquello que por fuera moría. Con miles de esperanzas y esa ilusión de quién espera entrar en el salón la mañana de Reyes y descubrir todos los regalos bajé al quirófano; y yo no podía hacer nada, tan solo esperar, tan sólo delegar una vida entera en las manos de alguien que tiene su propia vida y para el que yo tan sólo era una rutina más dentro de su abanico diario. Delegar en alguien mi vida, traspasarle mi problema y con él toda la responsabilidad de solucionarlo, lanzarle mis sueños, mis esperanzas, al vacío de su erudita experiencia, de sus manos expertas que hagan tomar forma a través del bisturí los manuales médicos que han ocupado horas y horas de su tiempo en estudio. Y dejarme arrastrar por la quimera de la anestesia pensando que tras esas horas volvería a la vida siendo Pablo, que habría matado a Paula para siempre. Que ese cirujano hizo el trabajo que Dios no quiso hacer, que se pringó las manos con mi sangre haciendo que sus horas de sacrificio y esfuerzo restados a su vida productiva estudiando sin parar fueran destinadas a darme esa vida que tenía que haber tenido cuando nací por primera vez... Y desperté y estaba allí, mi Dios, ¡mi héroe!, diciéndome que todo estaba bien y que no tirase de las sábanas que aún no podía mirarme el ‘colgajo'; que todo estaba bien, muy bien, que descansara... Pablo, ¡descansa!... ¡Pablo!, fue él el que me llamó Pablo siendo Pablo completamente. El primero que me cogió la mano de nuevo como lo hace Dios para arrastrarte al mundo convencido de que ahora ya no era un error..."

Y aquí estamos, empapados en la alegría de Paula que ahora es Pablo... en que las cosas sencillas que no podemos apreciar día a día se escriben con horas de estudio y generosidad inhumana. Tal vez cambien de nombre: anestesiólogos, oncólogos... y tal vez ni nuestros males sean tan grandes ni tan enormes sus diagnósticos. Incluso es justo decir que la mayoría de las veces, como he dicho antes, sus especialidades se nos escapen entre tanto tecnicismo y acoplemos la primera nomenclatura rara de la subespecialidad a la que se dedique reduciéndola al simple término de cirujano. Puede que el mundo globalizado en el que vivimos tenga una mancha capitalista de doble moral, y que la vuelta humanista a los principios sea un retroceso en los avances de la ciencia, el doble rasero con el que juzgamos a los demás bajo el prisma del que no sufre el mal ajeno nos cree criterios éticos preconcebidos cuando no es nuestro dolor el que se escurre por los ojos ajenos. Pero en la cercanía y en el conocimiento de las cosas se halla la sabiduría, se cierne el poder que hace mimetizarte con el otro creando esa empatía que nos acerca como humanos a todo aquello que como ‘monos' sapiens nos empeñamos en criticar de oídas. Las tragedias más sonoras se mascan siempre de cerca y en la penumbra de la oscuridad guarecen calladas en el alma de alguien de quién nos empeñamos en no escuchar su sollozo. Dice el refrán que no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír, ni más tonto que el que no quiere entender; y así sucesivamente. Y tiene razón, podemos hacernos los sordos ante el llanto del que sufre, los ciegos ante aquel que nos incomoda al mirarle, los tontos ante el que nos pide ayuda haciéndole creer que no comprendemos qué nos está pidiendo; pero no por ello dejan de existir. Los cirujanos son aquellos seres que oyen aún cuando se está en silencio, que ven aún no mirando, y que comprenden aunque les tratemos como tontos. Y puede inclusive que tengan diferentes significados y acepciones según versan ellos mismos, pero sin lugar a dudas un cirujano es, como dije al principio: aquel señor que porta las manos de Dios en la tierra y permanece omnipresente sin horarios de ningún tipo a lo largo de toda su vida.

Nota: El concepto histórico que hoy conocemos de "enfermedad" fue introducido por Hipócrates que apostaba por la idea de que las enfermedades siguen un curso desde sus primeros indicios hasta desenlace (terrible o feliz). Por lo tanto, el padre de la medicina y solemne creador del "Juramento Hipocrático" introdujo así el Historial Clínico, un boceto que versa sobre la historia natural de la enfermedad que expresa con toda precisión el término "patología". Dichos Historiales son una forma de historia natural, pero no transmiten nada de la persona, ni de su experiencia mientras afronta su enfermedad, ni de su lucha por sobrevivirla. En un historial clínico riguroso no hay "sujeto", sino frases del tipo "hembra albina trisómica de 21" que podría igualmente aplicarse a una rata. El ser humano lucha, padece, sufre... es un "quién" -además de un "qué"- a veces muy necesario para la comprensión de una determinada enfermedad. Los médicos, y más cada vez hoy en día, elaboran un riguroso historial clínico para volver a situar al sujeto, al individuo, al ser humano, como ‘centro' en relación con el reconocimiento médico físico. Gracias a la labor de muchos médicos que saben aunar ciencia y humanismo (igual que Hipócrates supo aunar medicina y filosofía -facultades ‘¡a priori' enfrentadas y no yuxtapuestas- ) hoy en día al margen de ciertos decrépitos moralistas hay ‘cura' para pacientes, que alejados de estos singulares círculos científicos-humanistas, no merecen una cura quirúrgica, sino que su ‘mal' está reducido a otras áreas como la psicología y la psiquiatría. Igualmente Hipócrates luchó en su época dando apoyo científico ante esas dicotomías tan al gusto de la época donde el puro desconocimiento de la enfermedad se teñía de tintes espiritistas, supersticiosos o divinos.

Nota 1: Un amigo mío especialista en Microcirugía de la Mano, el Dr. Roger de Oña, hace un par de meses me dijo: _"Uno deja de ser médico cuando se convierte en cirujano". Hasta finales del siglo XVIII (en Francia y Alemania) o mediados del XIX (en España) las profesiones de Cirujano y de Médico eran diferentes, incluso con distintas consideraciones sociales. Por si un caso pido excusas por ir alternando y/o mezclando ambos términos.

Guy de Chauliac (1260-1368): Hizo una descripción del cirujano a la que los siglos poco han añadido y nada han quitado: "Que el cirujano sea audaz en las cosas seguras y precavido en las peligrosas; que evite los tratamientos y prácticas defectuosas. Debe ser amable con el enfermo, respetuoso con sus compañeros, cauteloso en sus pronósticos. Que sea modesto, digno, amable, compadecido y misericordioso; que no codicie el dinero ni sea socaliñero; que su recompensa sea según su trabajo, los medios del paciente, la clase del asunto y con su propia dignidad". Cirujano Francés.

M.G.Saphir ((1795-1858) Escritor alemán: "¿Qué respuesta daría a quién le preguntase: ¿quiere caer en manos de un abogado o de un médico?. La misma que daría a quién me agrediese con las palabras: ¡la bolsa o la vida!".

Rocío Medina

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21 Abril 2010

La Primavera

Querid@s Tod@s:

Por alguna razón del universo el invierno tarda en irse de Madrid, parece como si las nubes se agarrasen con fuerza al vapor de la tierra absorbiendo toda la cantidad de lluvia que contiene el planeta y la soltase con fuerza para hacernos rabiar vivos... Estoy bastante cabreada con este suceso, la verdad, porque después de ‘La Candelaria' para mi es oficialmente primavera y tan sólo queda recibir lo mejor del año: la Semana Santa sevillana, la Semana Santa de Málaga, las Cruces de Mayo granadinas, las fiestas de Moros y Cristianos, el día de Los Caballos del Vino, la Feria de Abril, la Feria de Jerez y por supuesto: "EL ROCIO"; ¡toma que toma!...

La Primavera es un arte en sí mismo; ¡un arte español!, donde el buen tiempo nos broncea la piel, el sol nos levanta el ánimo, los gimnasios hacen su negocio como debe ser; con el cuento chino de "ponerse a punto" para bendecirnos ante el espejo por lo bien que nos queda el bañador este año, y nuestra ilusión se concentra en el hecho de hacernos auto-presión por mantenernos a dieta. Además, es la época donde toda la gente comprometida anuncia su boda a bombo y platillo, y donde todos aquellos hartos hasta el gorrete de tanto amor ilícito anuncian su divorcio para emprender la puesta en escena en las fiestas de verano solteros y liberados; ¡tirititrán, tran, tran!...

Mi amiga Sara esta Semana Santa se va de yate, así mismo me lo ha dicho y se ha quedado la tía más a gusto que cuando acabas de coleccionar todas las ventanas, parras, ladrillos y púas en el "FarmVille" y orgullosos plantamos la casa en medio de esa granja llena de ovejas rosas que nos regalaron por San Valentín. Así que mi amiga Sara, como es guapa de morir y no tiene problemas ni con las dietas, ni con la caída de glúteos, anda agobiada porque : " _ ... me voy de yate en Semana Santa y me mareo, me voy a pasar el día en cubierta mirando al horizonte con ojos de Simbad acechando los barcos que van a Siracusa; o sea: ¡mirando al norte!, porque como mire más cerca me voy a tener que tirar al agua para no vomitar, ¡qué horror!, empastillada viva me veo todo el día con la dichosa ‘Biodramina'". Así que la pobre estaba anotando fehacientemente todo tipo de remedios caseros como llenarse el estómago de aceite, tomar patatas a porrillo, no beber alcohol ni leche, y atiborrarse de almendras o cualquier fruto seco en cantidad elevada: ¡olé!...

Verdaderamente los planes de cambio de horario son fabulosos. Cuando estamos en horario invernal las opciones más optimistas siempre son las monterías, la chimenea en el campo y una fiesta estupenda en el casoplón de algún amigo. En cambio en época estival, lo suyo es hacer cualquier cosa que nos apetezca pero sin resentimiento, sin ganas de que la brocha se te incruste en la cara a ver si así coge un poco de brillo natural nuestra tez pálida y sin que nos entre una pereza de morir el simple hecho de salir a la calle.
Con el buen tiempo se activa nuestro abotargado metabolismo, nos entusiasma cualquier plan en general y además, no nos da nada de pereza arreglarnos para salir aunque sea a comprar tabaco.

Sara me dice que poner tabaco queda mal, que ahora ya no se lleva, pero yo le digo que me da lo mismo porque soy una nostálgica del Hollywood de los '50 donde fumar era sutil y elegante; y a eso siempre lo acompaña un coche antiguo descapotable y una rubia con ondas en el pelo. Sara pone cara subversiva y sigue en su portátil buscando en la "Wikipedia" potingues caseros para no vomitar en los yates. En este instante me lee en voz alta, distrayéndome, toda la clase de tonterías que la gente subraya en los ‘post' a modo de Consejo- PadreNuestro. Hay uno que se hace llamar Doctor Cascorrín que asegura que como lo del mareo es cosa de oído lo mejor para no perder el equilibrio del pabellón auditivo medio, que es el que causa la sensación de vértigo, es subir al yate con una ‘Ipod' y no cargarle ninguna canción romanticona para no estar sentado ni ponerte tan melancólico que tengas que entrar al interior a echarte un rato mientras sueltas lágrimas, porque si no las echarás por las tripas que es bastante peor, y que una vez venido el mareo ya no lo para nadie. Total, que dice expresamente que se descargue a "Las Grecas", "El Tsunami" de Karmele Marchante, o la banda sonora de las tres de "KillBill" que pone las pilas y no te dejará ni un segundo estarte quieta. Y yo, según Sara me lee esto me la imagino tal cual baila ella, sin arte ni compás, moviendo brazos como La Thurman y descoordinada como Karmele que estoy hasta por darle una colleja y todo para que se centre.

Cierto es el hecho que Sara está preocupada, además, me dice que si bien el verano tiene ventajas y la primavera es fabulosa, no menos cierto es que las alergias son un gran engorro del que no logra zafarse ningún año. Asumo que tiene razón...

A mí me encanta la Semana Santa, sobretodo la de Sevilla. Si cogiésemos un helicóptero y viésemos la ciudad desde esa altura, sería algo así como una ciudad amurallada entre naranjos, gentío con capirotes nazarenos y sin ellos, grandes palios que desfilan a golpe de cansancio, fe e incienso, y un brillo especial que es el que da la belleza de las tallas y la elegancia propia de esa ciudad cortada por un río: ¡ese barrio de Triana!.

Y luego la Primavera, y sus siestas sin calor ni frío, y ese sol radiante que empieza a brillar silencioso mientras los almendros cogen color: con sus morados como los penitentes y sus blancos como los vestidos ibicencos... Y las terracitas llenas de gente agotando sobremesas, y las calles llenas de gente que pasean sandalias nuevas en pies aún blancos. Ah!, y me apunta Sara: _ "... y las uñas pintadas en colores eléctricos y ácidos que son lo más de lo más": ¡arsaaaa!.

Pues yo estoy ya oficialmente de primavera, a la espera del calor y el moreno, sentada entre la ensoñación de Sara con sus imágenes del yate y mis folios aún sin teñir. Y me pongo tensa porque según cuento esto veo cómo mi amiga subraya con alevosía la parte donde ha puesto patatas y entre paréntesis: preguntar si pueden ser fritas porque no quiero morir en cubierta a base de purés.

Y saltar, saltar con las flores y la luz envolviéndonos mezclando los perfumes suaves con el nuevo color teñido de nuestra piel; y guardar los abrigos... Y las mariposas flotando a ras de seda, pequeñas, frágiles y radiantes con alas de arcoiris: ¡aire!, ¡aire!.

Pero también es cierto que la primavera nos da unos disgustos horribles, porque ciertamente cuando se pasa la primavera lloviendo tantísimo es una ascazo sideral, que tenemos las sandalias recién compradas de la nueva temporada y nos da una rabia descomunal no poderlas estrenar. Y también ocurre otra cosa desde mi punto de vista tremenda, que es el hecho malvado que empieza a hacer calor y vemos el verano a la vuelta de la esquina con kilos demás en carnes y de menos en los bolsillos; ¡operación bikini al canto!, pero claro, también la depresión porque o gimnasio y culo prieto, o vacaciones en la playa... ¿Qué debemos hacer?.

Aunque lo que está claro es que si eres un chico te gustará la primavera porque las niñas empiezan a quitarse más capas de ropa y las alegrías se sueltan al mirar los recovecos de los escotes encremados con brillos sueltos. Aquí mi amiga suspira en alto y me dice que es bien cierto, que si ya cuesta bastante hacer que un tío haga como que te escucha mirándote los ojos cuando claramente los párpados se van bajando hacia abajo para intuir cómo son tus curvas delanteras, con escote es misión imposible; da lo mismo que le llames cerril que anormal sin clase, el tío te va a sonreír y como mucho se fumará un pitillo a ver si el filtro absorbe las babas: ¡porompompero peró!.

Total, que llego a la conclusión menos drástica de todas; disfrutar de los días que son más largos, que hay más luz y te puedes broncear gratis en los parques, que aún no tienes que apurarte por no tener dinero este año porque aún falta un poco para el verano y las vacaciones... y las terracitas llenas de bote en bote.

Sara: _"Y los amores furtivos y los ‘rollitos' de primaveraaaa!... AAaaaa... Aaaaachússs!". Pues dicho queda.

Sara: _ "Si, dicho queda pero dime dónde tienes un pañuelooo ¡aaaaaaaaachús!, jodida alergia...!".GRRrrrr

Besazo Grande,
Rocío Medina

P.D.: Si alguien sabe de primera mano cómo paliar los mareos en yate que me avise, que Sara está calculando las calorías de todo esto y está a punto de echarse a llorar.

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3 Enero 2010

La Navidad

Querid@s Tod@s:

Es Navidad. De sobra es sabido porque no puedo salir a la calle y dar un paso sin que me pare alguna señora ofuscada con tirar del marido y de sus compras. Ahí que siempre hay alguna buena mujer atareada en la búsqueda del regalo perfecto: cualquier cosa que abulte mucho y parezca que vale un dineral, y cuyo precio, y más en tiempos de crisis, no suba de a lo sumo cinco o diez euros. ¿Y las caras de cabreo?. Eso es otra cosa de la que debemos hablar... Mucho espíritu Navideño pero aquí las señoras van cabreadas a todas horas.

Hoy, cuando he salido a dar un paseo con Helmut, me ha parado mi portero para Felicitarme la Navidad. Y justo cuando me iba le he escuchado decir en voz alta: _"La Navidad es una mierda... ¡Oye¡; ¡dejad de una puta vez de pisar los rosales que me tenéis hasta los ‘webos'!. ¡Qué ganas tengo de que vayáis al colegio de nuevo!. ¿Y vuestros padres?; ¡también se nota que están hasta las pelotas de aguantaros que os lanzan al jardín a que hagáis el indio!. Como os volváis a meter donde están las plantas vais a ver... ¡Estos críos del demonio!..." Y yo mientras luchando porque no se orinase mi perro hasta llegar al parque de enfrente.

Una vez en el parque baja una señora del asiento de su coche dirección al maletero, yo estaba llamando por teléfono a mi Tía Amparo para decirle que paso la Nochevieja en Madrid, y justo cuando ha dejado en el suelo la última de sus cuarenta bolsas, me sonríe y me dice: "¡Feliz Navidad!, ¡Qué bonito tu 'can' " (las señoras -aún no sé cómo describirlas-, se ve que ya no llaman perros a los perros; los llaman ‘Canes' que queda más ‘pro'), y cuando le doy las gracias, acto seguido le oigo soltar por el móvil: _ "Mira, llevo media hora apañándomelas como puedo para coger todas las bolsas, pero yo sola no tengo fuerzas, así que hazme el favor de bajar... Si, ¡hombre!, después de que he estado toda la mañana con las dichosas compras... ¡No sabes cómo estaba ‘Mercadona' de gente!, y luego ‘El Corte Inglés' ya ni te cuento... En fin, al menos he logrado comprar todo menos lo de tu hermana y tu madre, que lo dejé para el final, porque como son tan suyas... Claro, Nene, ya con la hora que es no me ha dado tiempo... Si, porque he pensado que mejor solucionar los regalos cuanto antes y ya sin prisas, ir escogiendo bien el regalo de tu hermana y tu madre, pero ya no me ha dado tiempo, ¡mira qué horas se me han hecho!. ¡Y baja de una vez!... (aquí me sonreía mientras yo disimulaba no escuchar la conversación). Mira, me estoy congelando, voy a meter otra vez las compras en el coche y baja cuando te de la gana. Aquí le cuelga, y mientras mete el móvil en el bolso dice : _"¡Qué puto asco de Navidad, Coño!" )

En fin, que todo el mundo adora la Navidad, sueñan con que será un año maravilloso y que sus casas serán bendecidas y fabulosas, cual película navideña de la "Metro Goldwin Mayer", pero a la hora de la verdad, todo el mundo está deseando que la Navidad pase lo antes posible. El hombre de la casa porque está harto del dineral que se ha gastado, la mujer de la casa porque está berreando con los hijos, aguantando a la suegra, y poniéndole caras de ser buena persona y soportar a dicha cretina. Los abuelos porque los padres le ‘encasquetan' a los nietos todo tiempo y ya no saben qué hacer con ellos (claro, antes unas canicas o unas muñecas, o tal vez una sesión de clases de cocina para preparar el alfajor venían bien, pero ahora, ¿a ver cómo el abuelo se hace con el manejo de ‘la playstation' o de la ‘wii'?). Y para colmo de males tienes que dar una cena en honor a tu cuñada, que viene de Milán (donde se fue a vivir con un marido guapo y millonario), a esa que no soportas, y encima en tiempos de crisis donde no está la economía para derrochar encantos falsos... Claro, te quieres morir del ataque de pánico escénico aunque sea ahorcándote tú misma con los filamentos de los huevos hilados que vas a poner en el "Roastbeef".

Pero la Navidad es muy bonita, hay que verlo por el lado positivo. Paseas por las calles y te ponen esos villancicos que tenemos: "La Virgen se está peinannnnnnndo, entre cortina y cortiiiina, los cabellos son de ooooro, y el peine de plata fiiiina. ¡Pero mira cómo beben los peces en el Río!... ¡Pero mira cómo beben por ver a Dios Nacido!"... Y aquí lo dejo no vaya a ser que os queráis emborrachar también vosotros. Si es que es normal, en España tenemos un enfoque de las cosas muy desencaminado. ¿Qué tendrá que ver el peine de la Virgen -dando por hecho que sea la esposa de San José de la que hablamos y no otra que no ha conocido hombre por alguna tara en la que no voy a entrar ahora- con los dichosos peces?. ¿Por qué beben los peces por ver a Dios?... Y ¿de dónde venía La Virgen para tenerse que peinar el pelo?. ¿De dónde sacó las cortinas y el peine de plata, si en el pesebre de Belén no había nada más que una mula y un buey?. Pero lo más triste del caso es que el villancico en sí es feísimo, con esa letra y con esa música... Tú te vas a Inglaterra, y tienen villancicos con sentido, aquí tenemos ese y el de "Hacia Belén va una burra... ¡ring!, ¡ring!... Yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité..." y claro, a ver éste cómo lo traducimos para que un irlandés de pipa, mejillas coloradas y ‘tea with milk' lo entienda. ¡Es que no puede ser!.

Llegamos al día de ‘Nochebuena', donde después de la cena hay que hacer el ‘paripé' moderno que han traído nuestros estilos consumistas más internacionales y mundanos, y tenemos que echar al más gordo de la familia a la calle, con un traje de "Papá Noel" comprado en un "Todo a Cien" para que se haga pasar por "Santa Klaus" y le de a los críos de la familia los regalos convenidos. Este año en casa se ha hecho mejor que nunca; le tocó a mi tío Nicolás y simplemente se levantó a hacer pis, y aprovechando que estaba levantado, hizo sonar el timbre de la puerta y dejó fuera el gorro de ‘Papá Noel' a su vuelta del baño. Cuando mi tía se dispuso a abrirla, él le hizo un gesto y llamó a Ana, una de mis primas pequeñas, y ésta, toda emocionada, volvió corriendo diciendo con su media lengua: _"¡Ha venido Papá Noel!, y como estábamos cantando villancicos tan alto no le hemos oído entrar... ¡Se le ha caído el gorro al salir!. ¡Tengo el verdadero gorro de Papá Noel! y ¡huele a Papá Noel!... ¡Vamos a buscar los regalos!". Claro, obviamente todos seguimos a nuestro ‘champange' y nuestros dulces, y sólo le ayudaron a encontrar los regalos aquellos progenitores que se los habían escondido; mientras el resto seguíamos con los villancicos flamencos y esas cosas.

Pero aún así, la Navidad es maravillosa, comes como un cerdo, te hinchas a comer como si jamás en la vida hubieses visto comida en tu mesa, y cuando entras a una tienda y te encuentras esas bandejas con mazapanes y mantecados al lado de los vasitos de plástico del licor café, te lanzas a la susodicha remesa de dulces que en tu vida normal ni pruebas porque no te gustan nada, como si jamás de los jamases hubieses deleitado a tu paladar con tal cantidad de azúcares y grasas, ¡pero como estamos en España y son gratis!...

Y si, la Navidad es entrañable, porque al margen de pasar de los setenta kilos de peso a los noventa en tiempo récord, también encuentras tiempo para cotejar con el vecino quién pasa un tiempo de ‘Pascua' más molón: que el anormal ése se va de vacaciones con toda su familia; tú te vas con toda la tuya y en vez de al chalet de los abuelos te vas a la finca de tu súper tía millonaria, que el cretino del jefe se va con su familia a Baqueira a esquiar invitados por unos amigos; tú te vas a Punta del Este con toda tu familia, incluida la política, y con un grupo de nórdicas de quitar el hipo invitados todos en el jet del suegro de tu amiguísimo... Que a la novia de tu amigo le han regalado unos zapatos ideales de morir; a tí te han regalado unos "Christian Louboutin" que ya los quisiera la princesa ‘Leti', y así sucesivamente...

Lo que nunca falla en Navidad son los propósitos de Año Nuevo y las cenas para celebrar la Navidad. Siempre andamos quedando bien y apuntándonos a todas las cenas, almuerzos y meriendas con gente que no aguantamos por tal de hacer algo para con el Espíritu Navideño. Nos enfundamos en ropa negra, escandalosa y dorada, nos maquillamos como para una sesión de fotos en el "Vogue Tendencias", y nos plantamos a la cita a ver si vemos con otros ojos a los ex compañeros pertinentes o nos enteramos de que al buenorro de la sección financiera le va el matrimonio de culo y podemos meter baza... Así que ahí estamos, dejando el sueldo que hemos cobrado del plus de Diciembre y que nos recortarán junto con el finiquito de Enero de nuestro contrato, montadas en unos tacones que nos matan los pies, y sonrientes, perfumadas y monas, para darlo todo en esa cena pre- Navidad...

Los propósitos de Año Nuevo están para saltárselos, siempre lo he dicho... Para pasarlos por alto de una manera realista y para crearlos en nuestra mente de una manera jocosa e irónica; dándonos pie a pensar en algo verdaderamente más positivo para con nuestra psique de lo que vayamos a pensar en todo el año. O sea; para revitalizar nuestro mal de conductas y para reírnos a gusto de nosotros mismos, ejemplos:

- Dejar de morderme las uñas (eso se dice mordiéndote la penúltima y haciéndote sangrar el padrastro que te ha salido)
- Llamar más a mi abuela (mientras lo dices, retiras sutilmente el móvil de la mesa y lo guardas en el bolso; ¡ya llamarás a tu abuela mañana que ahora estás aplicada con lo que tienes que hacer para el próximo año)
- Pedir perdón a mi amiga Lorena; no estuvo bien arrebatarle al novio de esa manera (y se vislumbra en tu cara esos ojillos vidriosos de mala recordando cómo le metiste mano en la casa de tu amiga y cómo te lo ‘trincaste' después en el despacho de su padre. Y acto seguido piensas casi al borde de las palabras: "Que se fastidie por sosa y por bruja... también ella me quitó a Miguelito en octavo de EGB y no se lo tuve en cuenta).
- Dejar de tener amantes, que tenemos un marido ideal que se está matando por pagar todos mis caprichos (pero piensas al instante: "¡Mierda!, le dije de quedar hoy y no estoy depilada"... Cariñooooooo, tengo que salir a comprar tu regalo de Reyes, no me esperes despierto que en Navidad los centros comerciales cierran de madrugada..."y acto seguido llamas al amante para el último homenaje del año y luego a la esteticien).
- Perder peso, eso es un clásico... Y como voy a perder peso me lanzo a la bandeja de los turrones con ahínco.
- Apuntarnos al Gym, otro clásico donde los haya. Este año para verano voy a lucir el mejor culo del mundo; ni las lolitas de catorce años van a tener que ver conmigo... Me apunto al gimnasio nada más pasar Reyes, bueno no, que me voy a ir a esquiar y tengo ‘buffet' libre con los gastos pagados, pero para Febrero seguro... Bueno, el 2 de Febrero es ‘La Candelaria' y en El Rocío se come mucho... y para pagar medio mes... Marzo. ¡En Marzo me apunto!...
- Dejar de ser tan gruñona con mi marido y tenerle más paciencia... joder, es que, por mucho que quiera, es superior a mis fuerzas: _"¡Pepe!, ¿has llamado ya a mi hermana a Felicitarle la Navidad o estás esperando a que marque yo el número?... ¡Pepe!, ¿Me oyes?... ¡Y yo qué sé si estás durmiendo la siesta!, si te pasas el día entero durmiendo... ¡Pepe!, y haz el favor de no comerte todos los bombones de licor que son para las visitas, ¡coño!, ¡que son carísimos!...
- No malgastar dinero porque soy una compradora compulsiva, estamos en crisis y hay que mantener una compostura para con los gastos... Pero eso después de Navidades, que me tiene que comprar mi Pepe las botas de Jaime Mascaró y la capa Española para la Candelaria, para ir yo toda ideal en plan "Luces de Bohemia".
- Quedar más con las amigas de toda la vida, que últimamente las tengo abandonadas por las de "Clases de Pilates" y "Yoga para Principiantes" (y claro, justo en ese momento la fatalidad del vaticinio de ‘Murphy' llama al móvil, entonces le das a silenciar y dices: "¡Joder!, ¡qué pesada es esta tía!, ¡está toda la vida igual!... ¡Depílate el bigote de una vez y sal del jodido pueblo!, que ya va siendo hora de hacer algo interesante por una misma... Mierda, y mierda, seguro que se ha enterado de que la Nochevieja la paso con mis padres y se va a empeñar en que salga después con ella y el sosorrón de su marido... Le digo que no estoy y punto pelota, no pienso estrenar mi vestido nuevo en ese pueblo cochambroso, o mejor; no la llamo y en paz, que piense que no he ido".
- Y desde luego, hacerme rica, eso cueste lo que cueste, que lo de andar con dos hipotecas y tres créditos personales es una ‘chachada mortal' donde las haya, así que me voy a ir al hogar del pensionista de Marbella a ver cuántos viudos o solterones ricos están en condiciones aún de ser vigilados por si un caso... Total, mi marido sólo me sirve para arreglar ñapas y llevar algún día suelto a los críos al colegio... Cosa que pensándolo de otro modo, también puede hacer un jubilado octogenario...

En fin, que desde luego las Navidades son bonitas pero no por nada, sino porque es la época más que nunca donde estrechamos lazos de humanidad y nos reconvertimos a la fe de nuestros progenitores...

Allá por finales de Octubre nos damos cuenta de que estamos en Pascua porque los centros comerciales nos lo anuncian a bombo y platillo, así que nos vamos al "Todo Cien" a comprar un pino antes de que nos quiten los grandes, que eso adorna mucho en una casa de cuarenta metros cuadrados y ayuda a que el polvo no se vea tanto. O bien nos vamos al pueblo y talamos unas cuantas ramas de pino, o a lo sumo talamos uno pequeño que hay muchos y no se nota; esto se hace mandando a nuestro Pepe a hacerlo con un hacha y nosotras vigilando con la música de "Marta Sánchez" o los Villancicos de "La Pantoja" en el coche a todo meter, por si viene algún forestal con ganas de fastidiar un rato. Luego vamos al "Ikea" a comprar manteles navideños, que los del año pasado siguen con unas manchas horribles que no hemos podido quitar por culpa de las almendras garrapiñadas que pusimos del año pasado y que no se las comía ni Dios, y cargamos con luces (que a saber en dónde hemos dejado las del año pasado), lazos, bolas y demás enredos que el consumismo nos pone a pie de caja de pago. Y después de estar toda una tarde poniendo las luces y las bolas, lo suyo es cabrearse porque nos ha quedado el pino hecho un adefesio con tanto cable liado y tanta bola apiñada, así que llamamos al Pepe, que después de habernos regañado porque el pino es más grande que el salón, nos tiene que echar una mano para quitar las luces, ponerlas bien y hacer que funcionen sin hacer saltar los plomos.

Nuestro Pepe que es un cascarrabias pero también un santo varón, acomete contra su tarea sin mucho entusiasmo renegando y venga renegar, y entonces le decimos que mueva un poco el pino, después de estar hora y media recolocando las cosas, porque también vamos a poner un "Belén" y todo no nos cabe; entonces nuestro Pepe del alma nos manda más allá del "Monte de los Olivos" y se baja al bar a tomarse unas cañas y a jugar un rato con las ‘tragaperras".

Tenemos ya nuestro árbol, tres semanas antes de la verdadera Navidad, y entonces saca el "HOLA" en portada a nuestra "Preysler" con un árbol auténtico detrás de su juvenil silueta, y nos da un ataque de rabia que queremos morirnos ahí mismo... "O sea, ¿que ahora se llevan las bolas plata y el árbol moteado con falsa nieve?...¡Menuda Mierda!... ¡Pepeeeeeeeee!, ¡Pepeeeeeeeee!, ¡Corre!...¿Cómo que qué quiero?, te estoy diciendo que vengas, ¡coño!, ¡siempre igual con este tío!. ¡Que vengas y punto!. ¡Ven!, ¿quieres venir de una vez?... Mira Pepe, el árbol hay que quitarlo, tenías toda la razón del mundo, este árbol en esta casa; ¡como que no!..." Su Pepe sacude la cabeza pero no tiene ánimos para discutir, y menos aún porque esta noche hay fútbol, así que le dice: _"Maruja, ¿entonces qué hago?, ¿lo quito?... Mujer, si ya está puesto, eso se dice antes, pero ya da lo mismo, ¿no?... Pero Maru, después de la odisea que pasé cortando el maldito pino, que me metí un hachazo que tengo dedos de milagro, que me dieron veintisiete puntos; ¡uno detrás de otro!, ¿ahora me haces quitarlo?..." Maruja le pone caras, y con los brazos en jarras se va yendo a la cocina con las zapatillas en chancleta, y el delantal colocado encima de la bata de guatiné, y desde allí le dice: _ "Pepe, ¡tú haz lo que quieras!, pero ya sabes lo propensa que soy yo a las jaquecas... ¡Pues si!, porque a mi con los disgustos se me pasan las ganas de ir a cenar a ningún sitio, y menos a casa de tu madre... Pepe, ¡que quites el maldito pino!, ¿o es que no ves que no va bien para el salón?..." Y Pepe que no quiere discutir, se sube a la silla de mala gana y va desenredando pacientemente las luces, colocando la bombillas en la caja, cargando con el pino como puede, lo lleva al lavadero para no bajarlo a plena luz del día a la calle, y ve salir a su Maruja del alma, con el chándal puesto, el abrigo y el cuello de piel de conejo encima, los botines marrones a juego con el bolso imitación piel de cocodrilo pintándose los labios y entonces le dice a su marido: _ "Pepe, espérame en casa hasta que vuelva, que voy a necesitar que me eches una mano. Ah!, y ya me ha dicho La Manoli que esta noche has quedado con su marido a ver el fútbol, ¿no pensarás ir en serio, verdad?... ¡Pues si!, ¡si que me da!, porque tengo muchas cosas que hacer en casa y necesito que te quedes y me ayudes... Mira Pepe, ¡haz lo que te de la gana!, pero ya sabes que como te vayas me pienso cabrear!... Y he puesto a cocer patatas para la ensaladilla rusa, en media hora apaga la olla, y quita los pies de la mesa, ¡coño!".

Al cabo de las tres horas y media aparece Maruja, con dos tíos detrás custodiando un pino, su Pepe tiene las órbitas de los ojos desencajadas y le dice: _"Maruja, ¡por Dios Santo!, ¿qué es lo que me traes ahora?, y Maruja, toda orgullosa dice: _"Sabía que te iba a gustar Pepe, he traído un pino de verdad como el de ‘La Isabel Preysler', quita el sillón ese y mételo en el cuarto del crío...¡Pues yo qué sé!, si no cabe prueba a meterlo en el trastero..." Y Maru, toda emoción y ansiosa, empieza a apilar los muebles del salón para que quepa el pino de tres metros, al que tiene que sacar la copa por la ventana porque no cabe, y cuando regresa su Pepe de meter la mesita auxiliar en el baño, su mujer le dice: _ "Pepe, paga cuanto antes a estos señores y venga que tienes que poner las luces y las bolas como están en esta revista". Y ahí es cuando Pepe mira el pino y quiere tirarse ventana abajo.

En fin, la Navidad es preciosa, desde Madrid o desde una ciudad grande sobretodo, porque pasas por la calle que te crees que estás en plena "Ley Seca" y tienes que hacerte con provisiones, porque ves desfilando por las calles más bolsas que personas. El tráfico ya no existe, es como cuando tienes pecas en la cara y tratas de verte un lunar; ¡pues igual!. Y claro, las tiendas tienen colas de veinte metros de largas, los coches ya no respetan las dobles filas que tienen que aparcar en triples; bueno, eso lo hacen los maridos para que no les pongan ya más multas a su mujer. Y luego están las señoras, que se empeñan en enseñarles al marido lo que van a comprar para ‘Reyes' y sacar el jersey fuera para probárselo: _ "Señorita, pues que no pite tanto la alarma, ¡leches!, que tengo a mi marido esperándome en el coche y ¿cómo quiere que le compre el jersey si no se lo prueba antes?... ¡Que no!, ¡que no me voy a ir sin pagar!... Pues mira, quédate con mi crío si eso... ¡Jonathan Jesús, quédate con esta chica mientras ‘La Mama' va a probarle ‘Al Papa' el jersey!, ¡y no des guerra!, ponte ahí a jugar con los nenes de aquella señora". Y ahí que sale Maruja a probarle a su Pepe el jersey sorteando los coches de primera y doble fila hasta llegar a donde está su Pepe fumándose el undécimo pitillo.

Y con tanta cola de gente Maruja no halla a su crío, el jersey a su Pepe, con tanto polvorón y tanto mantecado no le vale, así que lo tira ahí mismo al suelo, que como ya hay una capa prominente de ropa en pre-rebajas, da lo mismo, y llama a grito ‘pelao' a su nene armando la ‘marimorena': _ "Jonathannnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, ¡Jonathan Jesús!... -sale un segundo a la puerta y hace aspavientos con el bolso a su Pepe, que parece no entender la desesperación de su Maru- Pepeeeeeeeeeeeeeee, ¡el crío que no aparece!... JOooooooooonaThAAaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnn... ains hijo, que no te veía, ¿pero qué haces ahí tirado debajo de una montaña de ropa?... Venga, ¡vámonos!, que aún tengo que comprarle a tu abuelo y a tu padre unos calcetines por Navidad... ¡Jonathan!, vamos, ¡coño!, ¡levántate ya del suelo!..." Y regresando al coche, Maruja le dice a su Pepe: _ "Mira Pepe, tu crío es imposible, me dejas en la tienda de abajo y quédate tú aquí con él, que si no, no me cunde ‘ná'... ¡Qué ganas tengo de que empiece otra vez la escuela!". Total, que ya que Pepe tiene que estar jodido esperando horas en el coche, al menos se jode con su propio hijo dándole la criaturita la tabarra por puro aburrimiento...

Total, en este sarcasmo de vida nos movemos todos, o casi todos, y ahí que odiemos las Navidades, casi tanto como no podemos pasar de vivirlas, pese a que un año tras otro, nos juramos no hacer nada especial en estas fechas, pasar de hacer compras inútiles, y a lo sumo; gastarnos el dinero de los regalos en hacer un viaje familiar más productivo. Pero es que claro, al marido le dan la prima, tu amiga te insta a acompañarle a hacer sus compras, tu tía del pueblo te da el Domingo una caja llena de alfajores, los escaparates están muy bonitos; adornados con motivos navideños, las calles se llenan de luces, las aceras se enmoquetan con ‘Papás Noeles' que venden lotería o que regalan caramelos a los niños, la gente te empieza a felicitar la Navidad... Y claro, te dejas embaucar tontamente en las garras de ese espíritu Navideño, se te llenan los ojos de emoción al ver que con la crisis, empiezan antes las ‘Rebajas de Enero' y claro; de perdidos, al río de la emoción consumista...

Y para Reyes, siguen estando los calzoncillos y los calcetines para el padre, la colonia para el suegro, el popurrí de pétalos de flores para la abuela con sus sales de baño y todo, la bufanda y los guantes para la cuñada, las muñecas para la nena y las pistolas para el nene, las zapatillas de casa para el abuelo, la bata y un camisón para la abuela, para la madre una nueva batidora y una bata de estar por casa, para la vecina una caja de dulces caseros del pueblo, y para el portero su botella de vino. Y todo esto, adornado con mensajes reiterativos, ahora vía SMS, donde no faltan los buenos propósitos para año nuevo.

Así que lo dicho, que yo voy a ser menos que nadie: ¡Feliz Navidad! a todos y ¡Próspero Año Nuevo!.

Rocío Medina

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11 Septiembre 2009

Las Lentejas

 

 

Querid@s Tod@s:

 

 

¡Nada de nada!, como ahora se peguen las lentejas verás tú qué risa más buena… Llevamos tres horas esperando a que las dichosas lentejas se ablanden y nada; ¡que no hay manera!…

Mi amiga Cuca acaba de venir de Alemania, y dice que allí hay de todo, pero que lentejas no, y le ha entrado el mono y no hemos podido hacer nada para evitarlo, ni Theese, ni yo.  Así que Cuca ha llamado a su abuela y ésta le ha pasado con su ‘doméstica’, que al teléfono, le ha dicho que echase laurel y chorizos para dar consistencia, que si no sabrían a brebaje compuesto de agua sucia, pimientos y ajos… Así que aquí estamos las tres con una copa de vino en la mano mirando como borbotea la cazuela donde las lentejas no se pasan de duras a estado comestible, y donde flotan una cantidad imposible de ajos sin pelar, pimientos y chorizos descompuestos dejando flotar hilos sueltos. Yo no he querido decir nada por no echar más leña al fuego – en este caso a esa cacerola que chorrea ‘aguachirri’ hirviendo por los extremos, llenando la vitrocerámica de manchas que al caer desparraman por la cocina un intenso olor a quemado- pero yo ese despropósito de  caldo con tropezones duros y atestado de ajos no lo pruebo ni loca.

Theese me mira con cara de drama y cuando Cuca mete las narices en la olla llenándose la cara de gotas de vapor, aprovecha para decirme que si estoy pensando en escaquearme que ni se me ocurra, que Cuca ha puesto mucho entusiasmo… Si, si, ¡si entusiasmo ha puesto!, pero será para matarnos de ardor de estómago; que con aquella olla de ajos no se acerca ni Paco Porras con su mata de perejil cogido al bisoñé del flequillo…

Media hora después Cuca en vista de que aquello se queda sin agua y sólo está cubierto por la capa de nutrientes antes descrita, resuelve que hay que añadirle una media botella de vino tinto que según nos cuenta, es muy socorrido para esas cosas… Y media hora justo después, se da cuenta de que la parte de abajo está pegada al perol,  que debía haber recaído en el hecho de que a la comida se le debe dar unas vueltecitas de vez en cuando, y que no por poner el fuego al máximo, las cosas se hacen antes y mejor… Total, la cazuela entera fue a la basura directa pasadas las cuatro de la tarde y tuvimos que llamar a un ‘chino’ para que cocinara por nosotras; o sea, llamar al restaurante chino que a aquellas horas tuviera la santa paciencia de explicarle a mi amiga Cuca que su problema con las lentejas no tenía nada que ver con él, y que no llamaba a un asiático ni a un japonés, sino a un restaurante chino donde por más que te empeñes, no te traen "tataki de atún".

A las cinco de la tarde y diez minutos viene la comida, no sabemos si la sirvió un 'chino' o un 'mandarín' porque no se quitó el casco de la moto. Theese abrió la puerta y cargó con la bolsa dirección a la cocina, y Cuca pagó soltando un bufido.

La comida no sabía nada bien y Cuca agarró un berrinche que le costó una jaqueca…

Las mujeres cuando nos juntamos y nos hemos tomado más de tres copas de vino, si no atienden nuestras necesidades como las requerimos y en ese preciso instante, todo sin excepción está sujeto a ser criticado y a provocarnos un disgusto de muerte. Recuerdo como una vez  mi amiga Cayetana, esperando a que abriesen la cafetería del aeropuerto durante más de cuarenta minutos, en cuanto abrió se abalanzó a los ‘croissants’ con lágrimas en los ojos de felicidad y agarró cuatro sin pensar en la dieta. Y cómo en cuanto probó uno, se fue derecha al encargado, y con más lágrimas aún –éstas de rabia- dijo que aquello era como un chicle endulzado  y calentucho, y que a ver si se lo cambiaba por algo que tuviese jamón ‘del bueno’. Y como jamón ‘del bueno’ tampoco había, se negó a probar bocado hasta que llegamos al destino, y del disgusto que cogió y la ‘zapatiesta’ que armó, la gente no paraba de mirarnos allá por donde fuéramos. De hecho, recuerdo en la sala para fumadores a un señor gordito que antes de que ella sacase un cigarro le ofreció él el paquete de 'Malboro' y el mechero, por si acaso la tomaba con él y también le daba el viaje.

Después de medio dormitar viendo una de esas pelis hechas para televisión a las que yo siempre llamo “de amor y lujo”, donde siempre pasa alguna desgracia con alguien apuesto, y donde siempre el más apuesto todavía resuelve el caso y se queda con la chica… empezamos a repasarnos las unas a las otras de arriba a abajo. Cuca dijo que tenía que ir a hacerse la pedicura con urgencia, porque llevaba las uñas esmaltadas en color berenjena y con las sandalias que se iba a poner por la noche no pegaba ese color. Theese dijo que iba a ponerse rulos en el pelo para hacerse un peinado de ondas lánguidas y gordas como el que saca Marta Sánchez en el ‘videoclip’ con el guapísimo Carlos Baute, y yo directamente pensé en no salir porque mis amigas se habían encaprichado de los dos únicos vestidos que estaban disponibles para la fiesta de esa noche… Al final Theese me dejó un vestido suyo que se negaba a ponerse porque ya lo había usado en dos ocasiones, y ella estrenó el mío. Cuca como digo escogió el otro que era una monada con corte griego, y después de la decisión y horas antes de salir, los teléfonos empiezan a sonar…

La cosa de los teléfonos es algo muy curioso,  yo en persona puedo hablar horas seguidas pero por ese cacharro, soy como un coche de control remoto sin pilas; arrastro las palabras y me cuesta lo suyo tener una conversación decente, pierdo el hilo varias veces y otras tantas estoy a por uvas. Así que cuando me llaman digo a Theese que coja el teléfono y la muy petarda acepta en mi nombre el que un tipo llamado Gus pase a buscarnos a casa para llevarnos a la fiesta. ¿Gus?, pero ¡qué clase de hombre decente se hace llamar Gus!. Gus de ¿gusano?, ¿la rana Gustavo?, ¿Gumersindo como el panadero de un cuento?...  Pues eso, Gus era Antonio Gusando, un pesado con el que compartía clases de golf hace algún tiempo, cuando era una persona normal y respetable que se hacía llamar por su nombre: Antonio. Le perdí la pista al curso siguiente, cuando cogí clases particulares e iba sola y al preguntar por él me dijeron que se había casado y se había ido a vivir a Palma de Mallorca. Tiempo después me lo encontré en un restaurante, me dijo que se había separado y me dio su tarjeta, y tiempo después le llamé confundiéndolo con otro Antonio de otra tarjeta de trabajo, y ahí es cuando dijo que no le llamase Sr. Gusando, que como mucho le llamase Gus… Y a partir de ese tremendo y caótico error, fue cuando Antonio, ‘Gus a Secas’, empezó a llamarme más de dos días seguidos para quedar, y cuando desconsideradamente por mi parte, fue cuando anoté su teléfono en la agenda del mío para saber que si me llamaban de ese número no debía coger la llamada.

Pero llegamos al presente, mi amiga Theese no tenía ni idea de mis rarezas en cuanto a los nombres horteras, así que vio “GUS”, cogió la llamada, y en menos de dos horas tendré a este tío en la puerta de mi casa, y viéndome en la obligación de inventarme excusas para no haberle cogido el teléfono. Estas cosas las odio, ¿por qué me tengo que sentir obligada a tener que dar explicaciones ante algo tan simple?. Pues inquietantemente, es algo que los hombres de un modo u otro exigen, porque aunque la respuesta la conozcan de sobra siempre pretenden autoengañarse pese a estar la cosa más cristalina que el “Evian”.

Theese busca como loca una aspirina, se había puesto los rulos tan tirantes y tan llenos de laca para que se le quedasen las ondas bien hechas, que los últimos rulos se los había tenido literalmente que arrancar de la cabeza, y ahora era una cosa así como un pibón rubio con peluca enmarañada y ojos perfectamente delineados con Kölh y sombras ahumadas corriendo histérica en bragas por toda la casa.  Cuca estaba soltando humo por la boca sin parar y tenía el pelo negro tan perfectamente brillante y laceo que parecía sacada de un anuncio “Pantene PRO-V”, y yo estaba enzarzada en la odisea de no saber en dónde había puesto las sandalias mientras  Theese me distraía una y otra vez diciéndome que a ver qué iba a hacer ahora con el pelo así.

Gus asoma su cara por el interfono, las niñas entusiasmadas porque no es tan feo como yo lo puse –no dije que fuese feo, sino que no me gustaba- y cuando entra las dos al unísono le dicen: “¡Hola, Gus!”, y el Gus que yo conocía dijo al instante que se llamaba Antonio y me miró con cara de incredulidad. Estaba guapo vestido de ‘smoking’, pero claro, eso era algo que no se le podía apremiar porque tanto el ‘smoking’ como un buen traje de chaqueta hacen guapos a cualquiera…

Gus va a la cocina a por hielo y dice que huele a quemado, y todas gritamos… _“¡Las lentejas!”.

Gus se sentó entre Cuca y yo, y Theese no paraba de levantarse a cada dos minutos para ir al baño a mirarse el pelo; se ponía de espaldas al espejo con uno pequeño en su mano derecha para poder verse en el reflejo cómo le quedaba por detrás la melena. Y regresaba con el morro más pintado y torcido en una mueca de desaprobación máxima. Yo no lo se lo veía tan mal… Después de que Gus se terminó la segunda copa Cuca dijo alegremente que levantásemos el pandero que íbamos a llegar tarde, y Theese salió pitando nuevamente para el baño a darse el último retoque y desde ahí me grita que si puedo entrar un segundo.

Y yo sigo dándole vueltas a las lentejas, ahora que se me ha quedado el vestido de Theese pillado en el tacón de las sandalias, creo que la vida es como las lentejas; les pones entusiasmo y no se cuecen, les metes prisa y siguen duras, y cuando ya te llenas de paciencia; ¡se te pegan!… Las mujeres somos las lentejas y los hombres el condimento de chorizos, pimientos, laurel y ajo; sin toda esa mezcla las lentejas aún cargadas de nutrientes no hay quien se las coma. Y por ende, sin haber dado con un buen hombre-pimiento, un buen hombre- laurel y chorizo, y un buen ajo de hombre; estamos perdidas vagando por los cuentos de la cacuela al rojo vivo donde el agua se ha consumido y un vino avinagrado trata de sacar sustancia a aquella cosa tan poco apetitosa a la vista.

Pero yo ando ahora con el bajo del vestido de Theese metido en el tacón, Theese que es una santa pero por santa que sea, se apega a sus cosas, siente una punzada de dolor intenso que se vuelve contra mi con un gesto de disgusto colosal y me dice: _“¡Ya te has cargado el vestido!, ¿no?”, a lo que yo ciertamente cabreada y compungida  digo: _ ¡No, Theese!, ¡tu vestido la ha tomado con mis sandalias! – aquí es muy rollo tía el desquitarse y echar las culpas a otro; lo que sea basta para redimirte- ¡Y sólo se ha descosido un poco el bajo, eso se arregla!… ¡Jo!, Theese, ¡lo siento! – seremos tías pero también amigas, y el sentimiento de culpa cuando es tu amiga la que lleva tu vestido no estrenado por ti sino por ella se apodera de nosotras y nos hace eximirnos de la mejor manera posible- ¿me perdonas?”. Theese me sonríe y dice: _ “¡Pues claro, boba!, Cuca… ¡pásame un cigarro!. Gus, digo… Antonio, nos dejas fumar en tu coche, ¿verdad?”.

A Gus no le hacía ninguna gracia que nadie fumase en su coche, había venido a recogernos con el coche ‘niquelao’, y desde luego se notaba que en ese auto nadie fumaba; pero es que no hay tío alguno en el mundo que vaya a recoger él solo a tres chicas y se pueda negar a dar un capricho tan tonto como ese si además la que lo pide es una rubia impresionante que le ruega poniendo morritos mientras se ha dado sola la respuesta encendiéndose el cigarro a la misma vez que cierra la puerta de un portazo.  Veo cómo las sienes le comprimen el cuello por donde la pajarita se mantiene derecha, y como sonríe complaciente mientras toma asiento y baja el volumen de la música que se prende sola con el motor.

La fiesta no pintaba nada bien, porque nada más llegar, vislumbrábamos tales filas imposibles de coches aparcados en triples y cuartas filas medio apelotonados; que lo que inexorablemente nos fastidiaba era el hecho de que Gus no nos pudiese dejar en la misma puerta y se fuera por su cuenta a tratar de aparcar el coche. ¡La leche!... ¡Qué follón y qué desidia!, que tenemos que quedarnos abajo del todo subidas a unos tacones imposibles, recogiéndonos la cola del vestido, el bolso, y haciendo malabarismos para no caernos mientras con una mano sujetamos todo eso y con la otra –en el caso de Theese y Cuca- los cigarros. El caso es que esa visión no sucedió porque no nos bajamos del coche.

Gus se había terminado por cargar el poco entusiasmo que las chicas habían adquirido sobre su persona en un primer momento; ahora Gus era  “el gusano de Gus”, que se negaba a dejar el coche, “¡su súper coche!”, aparcado en cualquier sitio y de cualquier forma pese a que nosotras insistíamos en que ahí no iba a venir ni la grúa, ni nadie a llevárselo y que todos los coches estaban igual de mal aparcados. Pero él, venga y venga dar vueltas con el coche; quería un sitio exclusivo donde la puerta del piloto tuviera espacio suficiente para meterse él y no tener que hacer ningún tejemaneje, la del copiloto y asientos traseros con espacio suficiente para que si llegábamos borrachas nos pudiésemos meter perfectamente y tener espacio para abrir la puerta sin temor a rayarle el coche, y por ende, para que el vecino del coche de al lado no hiciera lo mismo al abrir borracho la puerta del suyo y le diese un golpe a su ‘luxury car’… ¡Qué mal que nos estaba cayendo!.

La verdad es que no conozco a un sólo tío que llegado el caso en que no sea obligatorio dejar el coche al portero y no vea previamente en qué lugar lo va a ubicar, deje su preciado objeto en manos de otro. Se ponen irritables y es que no se fían, y preguntan una y otra vez…:_ “Ya pero… ¿dónde lo va a aparcar usted?, no, no… ¡dígamelo y ya lo aparco yo!... Si no es que no me fíe, ¡que sí me fío!, pero yo prefiero aparcarlo ahí en medio de las dos columnas, que es que este coche es muy grande… Bueno pero si luego molesta ya lo quita usted… ¿En ese hueco de ahí?, ¿ahí?... ¿dice usted que ahí cabe mi coche?, ¡pero cómo va a caber mi coche en ese hueco?... me da igual que ahí haya aparcado un todoterreno, este coche es más ancho seguro, ¡más ancho!, es que los todoterreno engañan mucho… “. Y cuando ya resignados tienen que dejarle las llaves, es como la suegra que no suelta la mano del hijo cuando se despide de ella después de la paella del domingo y piensa para sí: “Mi pobre niño de mis entrañas que se va con esa pelandrusca… ¡qué le hará esa petarda que cada día está más flaco y menos repuesto!”. ¡Pues lo mismo!… porque el coche de un hombre, es como la prolongación de su mano derecha, como una costilla, como un hijo, como ese ser pequeñito y débil que si ‘papi’ no lo baña, le cuida, y lo llena de mimitos y caprichos es un ser humano pésimo de mayor. Así que los hombres son los padres de sus coches y hacen lo propio: los limpian cada fin de semana, les compran las llantas último modelo del mercado, y lo miman a base de tías que dejan resbalar sus traseros redondos por la tapicería para sacarle brillo… Definitivamente los hombres sonríen más cuando te recogen en un buen coche –aumenta su ego y es como decir: _ “Chata, ¡que no vengo a recogerte solo!, jejeje… ¡que vengo con el Porsche!”, y esto reafirma su ego hasta limites insospechados porque se sienten más acompañados-. En cambio si van con un coche de los normalitos tirando a cutre, lo primero que hacen –antes incluso de darte un beso y saludarte- es echar balones fuera y excusarse por el coche que llevan, que además como ya les ha dejado el ánimo por los suelos ni se molestan en limpiarlo (es el hijo tonto que se le esconde por vergüenza, y como es tonto y nadie le tiene la fe suficiente para que demuestre nada, pues las camisetas de marca se le compran al hermano y al ‘tonto’, les dejas las de “merchandising” de la cerveza “Mahou”). Y claro, pues no vienen con tanta sonrisa ni el ánimo puesto, sino que como mucho te abren la puerta del coche y ni se esperan a que estés sentada para cerrártela, te dejan que te montes mientras ellos siguen hablando de que el coche bueno está en el taller y bla, bla, bla… ‘Ofú’, ¡qué pereza!. Se sienten solos en un coche que creen que no les aumenta el estilo, y entonces andan como perdidos y se hacen el jaleo padre mientras intentan besarte, y sin querer, echan la noche a perder.

Cuca ya se ha bajado hasta con el coche en marcha, ha visto a un amigo suyo y le ha dicho a Gus que le den, bien alto y bien claro, que es un jodido pelmazo; que la que está por rallar el coche es ella… Theese hubiera querido hacer lo mismo, entre lo que le hice al vestido y el bajón que teníamos todos ya, habría agarrado el bolso de diario –ese que es enorme y va lleno de todo tipo de bolígrafos, chicles, anticonceptivos, barras de labios, tarjetas, tampones, tapas de zapatos, medicinas, cremas hidratantes para manos, neceser de maquillaje, ropa interior de repuesto, prótesis para rellenar el sujetador, botellas de agua vacías, ‘kleenex’ usados y sin usar, revistas tamaño reducido, los cien mecheros que vamos cogiendo de cualquier parte sin darnos cuenta... - y le abría soltado un bolsazo en plena cabeza, mientras le gritaba que a ver si paraba de una puñetera vez para que pudiera bajarse... Pero él nada, seguía buscando el sitio apropiado hasta que iba tan despacio que pegué un tirón del freno de mano y le dije que ahí se quedaba.

La fiesta era un tumulto agresivo de gente guapa, tan guapa que te lloraban los ojos de ver el panorama tan saturado de hombres apuestos en ‘smoking’ y de mujeres mostrando sonrisa, bronceado y vestidos fantásticos a juego con los complementos más ideales… Entramos llenas de expectación y de cerca, las caras no eran tan estupendas, siempre pasa, pero lo bueno es que al fondo veíamos a Cuca muy bien acompañada y nos dirigimos hacia allá con una copa de 'champagne' en la mano que nos ofreció un chico del 'catering' nada más entrar…

Cuca nos presenta y continua hablando con gran convicción de que el verano no es verano, ni las vacaciones son vacaciones, si por medio no hay una fiesta como esa ni una estancia tostándose al sol en la cubierta de un barco. Pero las únicas que más vacaciones habíamos tenido éramos Theese y yo, y ninguna de las dos habíamos subido a barco, lancha, catamarán o yate alguno este año; así que nos miramos y tuvimos ganas de estrangularla ahí mismo.

La fiesta continuó animada, y las copas nos hicieron el favor de hacernos sentir más alegres y más guapas, a pesar de que yo ya me había tropezado varias veces con los tacones y llevaba el bajo del vestido haciendo doce centímetros más de cola, y a pesar también de que el remedio de última hora que se hizo Theese en los bucles del calor se había deshecho y ahora llevaba el mismo ‘look’ que Tina Turner… Cuca permanecía impoluta pero más borracha y andaba pidiendo cigarros a todo hombre guapo que veía con cara de fumador empedernido con “zippo” personalizado en plata.

Y por fin llega el hombre de la fiesta, el señor Gus, que se nos acerca y dice que por fin ha aparcado el coche… _ “Ah!, ¡pues fíjate qué bien!, ¡cuánto que me alegro por tu jodido coche!...¡espero que lo dejases en el aparcamiento del Ritz!”, pero Gus, con gesto de dolor agudo dijo: _ “¡Pues no!, al final es que era imposible y lo tuve que dejar en el primer sitio que vimos, al lado del niñato aquel que meaba en las ruedas del Audi”

En fin, así son los hombres… no podemos tratar de comprenderlos porque es imposible. Dan vueltas y más vueltas buscando algo que a todas luces es absurdo para al final quedarse con lo primero que ya tenían a mano. Son prácticos y tratan de ser productivos, pero cuando les falla la logística del momento según la tenían planteada, no les hagas entrar en razón porque son como el caballo del picador; no ven más allá y tratan de calzar un pie talla 44 en un zapato del 36…

¡Como las lentejas!; si las quieres las comes –duras o como estén- y si no, las dejas – que ya llamaremos a un chino…

Besazo Grande,

Rocío Medina



 

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30 Junio 2009

Día de Golf... y Maquillaje

Día de Golf… y Maquillaje

Querid@s Tod@s:


Voy con muchas prisas, prisas y a lo loco… Son oficialmente las ocho en punto de la mañana y ya me ha pitado la alarma del despertador del móvil cuatro veces; no lo puedo alargar más. Hago un esfuerzo porque mis párpados se abran de par en par y no me hagan el feo ahora de quedarse ‘sopa’ pero no me hacen ni caso, y mientras los vuelvo a cerrar me digo: _“¿Habré apagado la alarma del móvil o directamente le he dado a re-llamarme dentro de otros diez minutos?”. Vuelvo a abrir el párpado izquierdo que siempre es menos vago que el otro (no sé por qué, pero a la hora de tener que mirar las cosas con un sólo ojo, el izquierdo es el primero siempre que está dispuesto a hacerlo. Aquí podría hacer un comentario irónico como que será porque ‘los de izquierdas’ son más ‘serviles’, pero me lo voy a ahorrar). Lo había apagado, ¡menos mal que me he dado cuenta!, y ya no tiene sentido seguir alargando, y estirando, y robando, y agotando minutos al tiempo; ya sabía que pese a faltar un par de horas para venir a recogerme iba a llegar irremediablemente tarde.

Había quedado con dos amigos míos y un amigo de ellos a jugar al golf, o sea; estrenar mis palos nuevos que me hacía mucha ilusión e iba con un cargamento de bolas, que es lo suyo en mi caso, por si los ‘búnkers’ me jugaban malas pasadas y me las perdían. Mis amigos son un poquito “regulares” en esto del golf, o sea: ‘handicaps’ uno y dos… y yo voy con mi pedazo de ‘handicap’ al límite de veinticuatro y casi echando humo por el tiempo que llevo sin practicar. Me animan: uno, un famoso futbolista en activo (chupa horas de banquillo injustificadamente) y el otro, se retiró hace dos años; el colega que les acompaña es un as de los negocios inmobiliarios (simpático, callado, pero con ojos pequeños: no me fío mucho de los hombres de ojos pequeños y juntos… parece que al mirarme sólo quieren hacerme rabiar). Yo les advertí de mis circunstancias en el mundo del golf: muchas clases, poco practicar y como sean más de nueve hoyos me pongo tensa.

Nos montamos en el coche de mi amigo “en activo” al que llamaré “P” (más que nada porque así es la inicial por cuyo nombre responde), mi amigo retirado se llama “A” (inicial de su nombre igualmente), y el amigo de ambos se llama “Andrés C-H” (y nada que ver con “Carolina Herrera”, ¿estamos?).

Bien, yo como ya sabía que llegaría tarde me dejo el rimel, el colorete y los labios para atacarlos después; es lo más fácil de pintar, y la base me la echo en casa y me la restriego a la misma vez que contesto el tercer ‘sms’ donde les pongo la tercera excusa para no haber salido ya hacía diez minutos: _” Salgo ya!!, que no encuentro las gafas de sol y se me acaba de meter algo en el ojo y me he tenido que volver a quitar las lentillas”. En realidad reviso el bolso y me aseguro que todo el maquillaje va dentro, las gafas de sol ya las tengo en la cabeza, me miro de nuevo el ‘modelito’ subida a la tapa del ‘water’ para poder tener mejor perspectiva del cuerpo entero, y restregándome la base de maquillaje al mismo tiempo…

Me monto en el coche arrastrando mi bolsa con los palos, las bolas y mi macro bolso tamaño XXL. Dentro del coche “P” sale de inmediato para abrirme el maletero de su 4x4 y me hace un comentario sobre el peso exagerado de mis palos de golf, le sonrío y le digo que son las bolas, que pesan mucho, se ríe y me dice que si me he metido los zapatos en el bolso o si pienso ir con los que llevo puestos (¡mierda!, me olvidé de los zapatos… aquí sonrisa y de nuevo digo que se me han olvidado). Caras de querer matarme, vuelvo a casa y regreso con una ‘coca- cola’ para cada uno, sobretodo para “P”, que es el que me lleva en el coche y sé que es adicto a las ‘light sin cafeína’ y yo de esas siempre tengo.

¡En Marcha!. Me siento delante, necesito el espejo para terminar de arreglarme, ja!, y como me lo han ofrecido a regañadientes, pero ofrecido igualmente, no lo pienso y digo: _ “Gracias, así no me mareo” (en la vida me he mareado en un coche, ni en un tren, ni en un avión…) Comienzo a abrir el macro bolso, ups!, no me doy cuenta y llevaba las manos con restos de maquillaje que dejo sin querer en el asiento del coche de “P”, mal asunto, como no lo quite disimuladamente me mata seguro -y llevo pantalones blancos y no puedo restregar el culo-“Rocío, tranquila, con un kleenex lo solucionamos, primero píntate, que aún falta para llegar a Aranjuez como poco hora y media”, esto me lo digo para tranquilizarme mientras voy poniéndome la brocha con el colorete entre bache y bache –“Gallardón” fue un desconsiderado al no pensar que la mayoría de las chicas nos maquillamos mientras conducimos y siempre los baches nos juegan malas pasadas; ¡con esa actitud jamás llegará a presidente del gobierno!, que a mi amiga Felisa se le clavó el “Black Eye Liner” en un ojo azul y parecía un cuervo bizco al llegar a su trabajo- yo me iba poniendo el colorete cada vez más arriba; al final parecía que tenía sarampión).

Por fin llegamos, “A” carga con mi bolsa de los palos de Golf y las bolas, y a mí me entran los nervios y voy repitiendo mentalmente: _ “Un ‘GREEN FEE’ es el cargo por un juego de 18 hoyos en la mañana. Un ‘TWILIGHT FEE’ es el cargo por jugar los hoyos que el cliente – o sea, yo- alcance después de las 14:00 horas y hasta que oscurezca (ojalá oscurezca cuanto antes), garantizando 9 hoyos. En este horario, Rocío, se especifica que no habrá ‘RAIN CHECK’… ¿Qué carajo es un ‘RAIN CHECK’?. Ah!, si, un RAIN CHECK es el cupón que se le da al jugador (bajo las condiciones que cada campo estipule y sujeto a la autorización del ‘mandamás’ o sea; del gerente) cuando se encuentre jugando y llueva… Rocío, Rocío… ¿y el ‘CHECK IN’?, ¿qué es eso?... Piensa, piensa rápido!. Uf!, sí, es el registro que el jugador realiza en recepción para comenzar el juego –¡vaya chorrada!, ¡me apuro por nada!, esto ya lo sabía- mmm a ver, ¿qué más tengo que saber y no olvidarme para no quedar como una paleta y hablar con propiedad?. ¡El ‘CADDIE’!, ¡casi lo olvido!: la persona que carga el equipo y asiste al jugador durante su ronda. Y el ‘MARSHALL’ es el que asiste a los jugadores (¡que sea guapo por DIOS!) asegurándose del buen flujo –no, ¡no lo pienses!, nada que ver con la ‘regla’- de los mismos en el campo y que aplica el reglamento. El ‘STARTER’ es el que se encarga de administrar el tiempo de salida de los jugadores… Somos un ‘FOURSOME’ – ‘single’, ‘twosome’, ‘threesome’- la cantidad de jugadores que pueden integrar un grupo (uno, dos, tres y cuatro), en nuestro caso somos tres y el tal “C-H”; éste que tiene ojos raros y mirada confusa…” El mismo que me interrumpe y me pregunta que si estoy lista… y me doy cuenta que me miran los tres con cara de alucinados. Pero yo sé que me dejo cosas y estoy muy tensa, profesionales de pro de práctica casi diaria y torneos semanales versus Yo; practicante ocasional que le pongo entusiasmo y entonces la `pifio` más… Tenía que seguir repasando: _”mmm ‘FAIRWAY’: el tramo de pasto que hay desde las mesas de la salida a los hoyos, que son los ‘GREENS’, y que cuando llueve, se restringe la entrada con los carritos a estas áreas, o sea; la regla de 90 grados… y…

P”: _ “…Rocío, nos vamos al ‘TEE BOX’, venga ya de una vez, ¡joder!,¿estás en Babia o qué?, ¿qué narices tramas?”. Y sí, pensé yo, me faltó repasar lo del ‘Tee box’ (o mesa, que es el nombre que recibe la zona de salida). Ay!, ¡qué horror!... ¡qué nervios!, ¿y ahora a estas alturas me puedo pedir ser el ‘Extra Rider’ (persona adicional en el carrito que sólo acompaña al jugador)?. Todas las inseguridades juntas y todos los nombres, posturas, palos, los números, distinguir las ‘maderas’, para cuándo se utilizan… ufff!, todo me rebotaba a la vez en la cabeza. Yo miraba a mis palos, éstos a mí, y las bolas se me descojonaban de la risa que yo lo intuía.

Aquí estamos, “P” va el primero, “C-H” el segundo, yo la tercera y “A” el último… Estoy estirando después de que los dos primeros hayan hecho ya su entrada triunfal al campo con un ‘swing’ perfecto, pero yo es que no me atrevo y me atengo a mi derecho de estirar un poco más hasta que noto que se me van a salir los brazos cogidos detrás de la espalda por el palo de golf de salida. El primer lanzamiento siempre se me ha dado mal… Me apuran, me pongo más nerviosa, y lanzo la primera bola directamente hacia el lado contrario. Lanzo de nuevo, ¡un ‘churro’!, pero ¡ahí va!, y luego lanza “A” y lo hace mejor que ninguno…

Así seguimos hasta llegar a mi cruz, un puñetero ‘búnker’ gigante, ¡mira que castigarme así Dios a mí -que bastante castigo era ya el llevar la cara rellenada de brochazos, el rimel en ojo sí, ojo no, y el pelo lleno de nudos porque no me dio tiempo a alisarlo- que me tiene que poner aquí en medio el ‘bunker’ más cojonudamente grande de la historia!... Miro a “A”, que parece tenso, concentrado y callado, con los pies clavados con firmeza al suelo y marcando gemelo profesional a través de sus “Dockers”. Doy a la bola un golpe, y tengo que repetir tres veces (os explico aquí que como estábamos más en plan amigos que en un torneo profesional, obviamente me pasaban por alto cosas que con menos, ya me habrían echado del campo cogida por una oreja y con un cartel en la espalda de “no acercarse a esta tía”). Tuvo que tirar él por mí finalmente, porque aquello era imposible, ¡qué cuestas!, ¡qué subidas y bajadas!... Oye, en serio, que yo no veía la bola, y dicho sea de paso tampoco la veía él, pero me decía claramente que la había mandado a hacer puñetas y él me escogía el palo exacto con el que yo tenía que golpear.

Seguimos, y Zas!, me quedo anquilosada echando bolas a diestro y siniestro en el maldito charco gigante… “A” de nuevo me saca del atolladero porque me estoy quedando sin bolas, y da bola él por mí. Mientras, yo agobiadísima, cometo la pequeña torpeza de apoyarme en el ‘buggie’ (dichoso carrito). Me apoyé sin mala intención, porque os tengo que decir que muchos piensan que jugar al golf es un deporte de viejos y no sabéis lo ‘jaba’ que hay que estar para aguantar tanto tiempo de pie y andando. Y claro, no me di cuenta, y el dichoso carro salió andando solo y fue a estamparse directamente contra un árbol; se cayeron las bolsas con los palos, y las bolas salieron desparramadas cuesta abajo y en tropel. A mi amigo casi le da un ataque al corazón y la sangre se le quedó atrapada en la cara, tenía el rostro rojo tomatoso y los ojos inyectados en furia asesina. Ahora sí que me la he cargado con todo el equipo; o por todo el equipo, ¡nunca mejor dicho!…

A todo esto, los del grupo de detrás nos iban haciendo señas de que estábamos atrasando su juego, mi amigo quería ahogarme y yo me zafé como pude esquivando bolas para llegar de nuevo a base, o sea; a la cafetería, a pedirme once tilas (finalmente fue un ‘fino’ y unas aceitunas). Aburrida de morir después de media hora, veo en la mesa de al lado sentados a unos rubios altos que hablaban raro, pero a esa distancia, y con un poco de viento que se estaba levantando, tampoco entendía nada. Así que me levanto y les señalo una silla en su mesa que estaba vacía y les pido permiso para sentarme, me miran y no me dicen nada, sólo sonríen, y yo me siento tan pancha diciéndole a la camarera que si me puede traer el segundo ‘fino’ y más aceitunas. Sentada me presento y me pongo a hablar, y después de no sé cuánto tiempo hablando de algo que ya ni me acuerdo, uno de ellos despega el pico y es para decir: _”¡Belgium!… no entiendo español, solo poquito… habla muy deprisa, ¡no entiendo!. Do you speak English?”. ¿Será cazurro el tío?... ¡Pues no que me tienen aquí hablando y después del rollo que les he metido me dicen que no entienden ni jota de español!. Pues ahora no estoy yo como para empezar a traducirles al inglés las sandeces que les he contado de mi odisea… a ver cómo les explico en inglés el sacrilegio del partido de golf que he jugado (en mi caso; no he llegado a jugar pero apuntaba maneras a que nos echaran a todos y a ellos les quitasen el carnet de socios). Así que me levanto y me vuelvo a mi mesa, la camarera mosqueada me pregunta que si me acerca de nuevo el vino, le digo que si, y ya me mira desde la distancia recelosa de que le pida algo más en los próximos quince minutos….

Va pasando el tiempo, no tengo buena cobertura, tengo frío y pienso en sentarme dentro, pero las vistas son bonitas y dentro no tanto, así que aguanto un poco más. Los belgas de vez en cuando me miran y el aburrimiento es como el demonio; se entretiene haciendo juego sucio, así que pienso varias veces en decirles que se acerquen y cuando estén aquí mandarlos a la mierda, pero prefiero pasar de ellos porque total, de mal humor mi inglés se llena de tacos y de un ‘slang’ barriobajero que me conviene sacar de mi vocabulario.

Por fin llegan; caras cabreadas, lengua fuera, y “C-H” me clava mirada de hiena en estado puro. Me pongo tan tensa que creo que se me van a saltar las lágrimas, pido disculpas y “A” dice que menos mal que el carro no lo van a tener que pagar, y “P” se acerca, me acaricia un poco el pelo, me da un beso en la frente, y me dice que no me preocupe. ¡Dios mío!, ahora creo que ya sí que estoy con la lágrima fuera de felicidad y alivio. Y ahora que están aquí me doy cuenta también de lo sola que empezaba a sentirme y me entran ganas de achuchar hasta al de ojos de cuervo moribundo. Pero como al que más cerca y cabreado tengo es a “A”, le lanzo un abrazo y le vuelvo a pedir disculpas hasta que me mira y me da un beso devolviéndome el abrazo y se echa a reír recordando el culazo que me di y cómo se estampaba el ‘buggie’ desparramando bolas a diestro y siniestro… Y todos se unen a la risa.

Piden comida, comida de verdad, no aceitunas. “P” que es muy estricto con la comida sana me las tiene prohibidas porque sabe que son adictivas para mí y que me puedo comer un bote de un kilo en menos de una hora y querer más. Así que llenan la mesa de comida y caen en la cuenta de que los belgas me miran. Les cuento el “suceso belga”, y comienzan a reírse sin parar. Yo no le veo tanto la gracia, dos gilipollas altos de piel harinosa están en España de vacaciones y jugando al golf, y no son amables con una chica que se sienta a su lado y se pone a darles un poco de conversación. ¿No creéis que desde el principio podrían haberme dicho que no sabían hablar en ‘Cristiano’?.

Me levanto para ir al baño, y “C-H” me pide que si le puedo traer tabaco al volver alargándome su mano con un billete de veinte. Me levanto para ir al baño y escucho de golpe carcajadas en manada. ¿Qué narices pasa?. “P” sin poder hablar de la risa se tapa la boca con el dorso de la mano izquierda y con la derecha alargándola en dirección a mí, me señala el trasero. ¡Qué infantiles!, pienso yo, y me largo sin darle importancia a las tonterías de estos ‘niñatos’ pueriles. Entro dentro y busco la máquina del tabaco, no sé cual comprarle, así que “Malboro”, si no fuma eso que se aguante y “ojos de rata” se levante a comprarse él mismo su propio vicio. Entro después al baño, guardando el cambio de los veinte euros del tabaco en el bolsillo del pantalón, y justo cuando voy a hacer mis necesidades; el día mejora mucho al caerse todo el cambio al retrete con la tapa abierta. ¡Genial!.

Salgo, doy el “Malboro” al bicho que se disculpa diciendo que en realidad fuma “Malboro Light” pero que no pasa nada, que no se acordó de decírmelo… y comienzan de nuevo las risitas. Cuento lo de su ‘cambio’ y ya son carcajadas. Pasan los belgas por mi lado que aún estaba de pie frente a la mesa y me dicen adiós en español con acento de chocolate rancio. Y cuando se han alejado un par de metros vuelven a mirar a mi lado y empiezan a reírse. _ “¡Joder!, ¿de qué narices os reís tanto?. El tema del puñetero ‘buggie’ y mis problemas con los ‘búnkers’ ya no da más de sí… y los Belgas todo el mundo sabe que si son hombres son estúpidos. Sólo las mujeres belgas son listas –bueno, esto no lo sabe todo el mundo y probablemente no sea cierto, pero da igual, yo lo digo y punto- porque son mujeres… ¿De qué os reís?”.

Y “P” me alarga su larguísimo brazo, me hace girarme, me toca el pantalón por la parte del culo y me dice que mire…

¡La de DIOS!, el dichoso césped al caerme por el dichoso ‘buggie’, por jugar al dichoso golf, me ha dejado el dichoso pantalón blanco con culeras verdes. O sea, me ha estampado en mi culo dos pedazos de globos verdes con manchurrones tierra. ¡Ahí!, ¡marcado con ganas!… Y más –las ganas, digo- de llorar a pierna suelta o a lágrima viva que tenía yo en ese momento… Ellos mientras, parecían doblarse en dos de la risa, ¡llorando casi que estaban!, imaginad mi estado terriblemente penoso que lucían mis pantalones con semejante sello ‘big, big size’ en el mismísimo culo.

Ahora mismo estoy demasiado enfadada como para llorar, demasiado cabreada como para echarme a reír también, y sobretodo; rabiosa de humillación. ¡Qué día de mierda!.

Seguimos comiendo y el aire me hacía tragar el humo del cigarro de “C-H”, yo no quise decirle nada pero “A” le dijo que apagase el cigarro ya o que le cambiara el sitio, le meto un pellizco con disimulo a “A” para que no me haga soportar al cretino de ojos raros de su amigo; pero éste ya ha apagado su colilla y como el cenicero no tenía suficiente agua y salía humillo “P” pide a la camarera que lo retire de la mesa…

Yo bebía más vino, y vino, y vino mientras ellos charlaban animadamente de su partida de golf. Después de comer y con la tripa llena de “filloas con crema y caramelo” y copita de “Oporto”, voy a repasarme el ‘gloss’, y claro, como el espejito era pequeño y yo no tenía ya mucho pulso, mis reflejos dudaron entre soltar el espejo (siete años de mala suerte) o dejar caer la barra de labios al suelo; y ¡alehop!, la barra fue a parar justo en la bragueta de “A” dejando en sus partes nobles un bonito siete en rojo. Le miré aterrada (su mujer lo mata seguro; ¡menuda es!), me miró que casi me ahoga allí mismo, y como no me dio tiempo a guardar la barra, sin querer le hice un par de pintarrajos más en el polo que llevaba, y en el cuello. ¡De esta no salgo!.

Camino de casa tensión máxima, sólo “P” de vez en cuando hablaba algo para relajar tensión, yo voy montada atrás con el de los ojos “rapantes” y fumador compulsivo de nicotina ‘light’ marca “Malboro”. Antes de llegar a mi casa dejamos a “C-H” en la suya (me han castigado a dejarme la última), y después con “A” y “P” ya solos en el coche, va “A” y me dice: _“Ro, déjame un Kleenex anda, que voy a ver si sale un poco más la mierda esta que me has echado en el cuello y en los ‘webos’”. Yo tensa, como es la primera frase que me dirige busco en el bolso rápidamente y le doy la primera cosa blanca y con buena textura que encuentro. Empieza a restregarse y estamos justo en la verja de la entrada de su casa; su mujer sale, nos saluda, y entonces caigo en la cuenta a la vez que él se baja del coche y le da un beso, de que le he dado el pañuelo con el que limpié mi maquillaje de la tapicería del coche y a la postre de mis manos, y con el que me quité un poco del brillo excesivo de labios y el colorete haciendo grumos estilo sarampión. ¡Oh!, ¡mierda!... Mujer de “A” ha bajado la vista directamente a su bragueta y de ahí a sus ojos, un daga hincada sobre el lomo de un conejo; ¡está muerto!. Y dando un repaso por su cuello, nos dice adiós con la mano, le lanza la segunda mirada y entra en casa pegando un portazo tal, que las pocas bolas que quedaban se pusieron a dar brincos dentro de las bolsas. “A” no entiende que el suceso sea tan grave ni entiende la reacción de su señora, y se da la vuelta para despedirse mientras yo ya tenía la cara fuera de la ventanilla, con pucheros y con lágrimas apunto de despegar, para darle un beso y decirle que lo sentía mucho. Y entonces lo vemos de esta guisa: lado derecho lleno de pecas rosáceas por el colorete, cuello manchurreado también de colorete y pintura de base “Brown bronze” oscura incluyendo también cuello de su polo con restos de barra de labios roja.

P” arranca a todo gas cuando vio la ‘estampa’ y dijo: _” Por los pelos te vas a librar de ésta pero como le eche su mujer de casa yo no quiero ser cómplice de nada…Rocío, ¡hay que joderse!. ¿Será posible quedar un día contigo y que no te metas en un jaleo?”. Aquí se echó a reír y yo recibí un sms:

“T Mato, t juro k te mato… sta noche no, kduermo en ksa de mis padres, pero cdo t pille veras”

Un Besazo Fuerte,

Rocío Medina

P.D.: ¿A quién no le ha pasado un incidente parecido?. Nobody is Perfect!!.

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4 Junio 2009

La Vida y La Muerte


Dedicado a Diego de Gregorio





Hoy envío este relato añadiendo este primer párrafo, dedicándolo como homenaje a un grandísimo amigo mío; ¡el mejor de todos!. Una gran persona y un ser humano que más allá de la sapiencia de sabio, alberga un corazón y una inteligencia emocional descomunal y serena… Le admiro muchísimo por su enorme capacidad de esperanza, por su grandísima sensatez ante la vida y las cosas, por su conciencia tranquila, y su capacidad de equilibrar la balanza hacia lo bello y lo positivo; por su manera de capear el temporal cuando la realidad se presenta difícil. Le quiero por su generosidad de espíritu, por su fascinante manera de decir las cosas, por lo empático y sensible que es ante el que sufre; porque con él no hacen falta las palabras para que te entienda y te ayude, porque cuando te tiende una mano en realidad te está dando todo su corazón… Porque él si que es un “ángel” atrapado en el cuerpo de un señor, de un hombre; de un mortal… Porque él es honesto de palabras y de actos, porque es sensible y está despierto a lo que pasa a su alrededor; porque tiene una inmensa capacidad para querer y siempre quiere bien… Porque con él jamás se acaba la esperanza, jamás llega la tristeza, y siempre te ofrece lo más grande que alguien puede darte; que es la sinceridad enmarcada con todo el cariño y el amor del mundo. Porque siempre ha sabido ser persona y amigo, porque siempre se ha sabido mantener en su sitio, porque siempre ha sabido perdonar; y porque con él he aprendido verdaderamente que lo bello, no pasa por apariencias distorsionadas de moda, sino que se encuentra siempre en la esencia de las cosas y lo divertido es saber descubrirlas paso a paso, como si de una valiosa antigüedad se tratase… ¡Te quiero!, Di.

 


La vida y la muerte… El proceso del enigma que da honor a nuestra existencia. Llantos derrapando sobre el lecho materno al dar a luz y ahogados en la sombra de la muerte…



¿Por qué nacemos para luego morir?. Desde que el mundo es mundo, los grandes pensadores se han cuestionado la existencia, viendo en los atajos de la época social una aparente y sugestiva respuesta a esta eterna duda. Culturas existentes han perpetuado sus bases terrenales y místicas alrededor de esta perenne cuestión. Creyentes “cristianos”, “musulmanes”… todos sin excepción no escapan a esta premisa solapándola con el hecho inviable de que permanecemos vivos mientras nos preguntamos por qué, y guareciéndonos en el hecho intrínseco de retrasar la hora de regresar a la muerte…



La vida es aquello que nos permite respirar e interactuar activamente con otros, mientras la muerte es aquello ‘no-nato’ que permanece expiado y lejano a nuestra razón y conocimiento. Teorías, tan sólo eso…



Pero lo cierto es que la vida sin la muerte es imposible de explicar, y sin la muerte; jamás habría vida. Porque para nacer se ha de estar muerto o ‘no-nacido’, y en ello perduran nuestras dudas, amén que el progreso retrase esa hora que los creyentes afirman marcada como destino; un sino imborrable en nuestro sello de natalidad.




Os contaré una historia…


“Hace bastantes años, mi madre dio clases de apoyo a una niña pequeña, no tendría más de diez años. Yo era un par de años menor e iba a otro colegio… Muchas tardes cuando salía de la escuela y lograba escaparme de la vista de los que venían a buscarme para llevarme a casa, corría con todas mis fuerzas hasta llegar adonde estaba mi madre; y muchas tardes la veía a Ella. Tenía el pelo muy negro, corto y laceo por encima de los hombros, un corte redondo y sin flequillo; se llamaba Cruz.


Yo siempre me quedaba impasible mirándola, mi madre se ponía histérica con eso y me decía que mirar a la gente así era de pésimo gusto; jamás le hacía caso cuando tenía a Cruz frente a mí. Era una niña diferente. Tenía la piel muy pálida, casi traslúcida, le podía contar las venas, casi sentir cómo burbujeaba la sangre con cada latido de su corazón corriendo por debajo de su piel. Yo me miraba, me veía tan “negra” a su lado que me daba rabia, y siempre cuando me duchaba al llegar a casa tras haberla visto me restregaba un par de veces más con la esponja a ver si se me aclaraba la piel…


Un día cuando llegué a ver a mi madre ésta no estaba en su aula, la esperé pacientemente dibujando en la pizarra – nunca me dejaba hacerlo- así que viendo que tardaba me puse encima de una silla y empecé a dibujar cosas. De pronto oí la voz de mi madre, un grito seco, ahogado a la vez, nombrando a alguien. Me bajé de la silla y eché a correr, cuando giré el pasillo recuerdo verla con toda la bata aquella que llevaban los profesores de ese centro absolutamente empapada en un líquido rojo, un rojo intenso… Corrí llamándola, y una profesora me cortó el paso y mi madre me dijo que no me moviera. Al poco vinieron unos hombres con una camilla, entraron en el baño, y a los segundos volvieron a salir con la camilla tapada por una sábana con alguien acostado ahí. Mi madre lloraba, y mientras forcejeaba con la profesora que me tenía agarrada vi el reloj de “Hello Kitty” que tenía Cruz; vi su muñeca dejándose caer por debajo de la sábana, su piel pálida, sus venas intensas… Le di una patada a la profesora y corrí hacia Ella, mi madre me dio alcance y me dijo que no pasaba nada.


Yo no entendía nada de la muerte, no sabía que una persona se pudiera ir para siempre; no verla jamás… No entendía que por muy bien que se escondiese, existiera un lugar donde alguien pudiera guarecerse tanto tiempo como para no ser encontrado nunca. No entendía que hubiera un sitio que no existiese; no entendía que en ese lugar inexistente, donde no se pudiera ir a buscar a alguien, a ver a alguien; que ahí fueran a parar las personas…


Lloraba y lloraba, seguía con la vista clavada hacia la nada, en dirección al reloj de Cruz y hacia su brazo pálido a pesar de que ya se la habían llevado y que la otra profesora se fue con aquellos hombres. Mi madre me dijo que Cruz se había ido al Cielo para siempre, y que por eso estaba tan pálida; porque se estaba convirtiendo en “ángel”… Y que su bata, que olía muy raro y muy mal, no estaba manchada de sangre; sino de pintura roja… Y jamás en la vida olvidé a Cruz, ni olvidaré nunca su cara, ni su cuerpo, ni su tono de voz; ¡imposible olvidar su mirada!…


Tenía leucemia, días atrás – esto lo supe siendo mucho más mayor – la niña fue al baño, vomitó sangre y mi madre llamó a sus padres alarmada. Sus padres le dijeron a mi madre que estaba enferma, que no habían dicho nada porque querían que la tratasen como a cualquier niño; que al menos merecía esa dignidad aunque supieran que iba a morir… La dignidad a veces pasa porque los demás nos consideren tal cual somos; iguales al resto aceptando nuestras propias diferencias. Cruz murió en brazos de mi madre, que la abrazó durante algunos minutos mientras rezaba, sufriendo más que por la niña por sus padres, por lo duro que sería informarles de algo así”…




¿Por qué nadie nos prepara para “vivir” la muerte?, ¿por qué nos esperanzamos e ilusionamos ante el hecho de traer vida al mundo y sin embargo nos embarga la desesperación cuando un ser querido enferma terminalmente o incluso muere?. La respuesta estaría en que aunque la vida que conocemos no sea un camino de rosas, al menos es algo palpable, tangible -¿quién nos asegura que será una vida fácil y llevadera?-, mientras que la muerte es algo oculto dentro de la nada, en un lugar igual de inexistente, impenetrable; tan misterioso que nos atemoriza -¿quién nos asegura que ese lugar inexistente no nos proporcione mejor “vida” que ésta que tenemos cuando traspasamos el umbral de lo intangible?-.



Me pregunto cómo actuaría el ser humano si supiera la fecha de su muerte, ¿seguiríamos siendo humanos?; ¿estaríamos sentenciados durante toda la existencia terrenal?... Creo que sabiendo el día en que volvemos a “no-existir”, realmente la “vida” carecería de sentido en sí misma… Jamás la viviríamos como la vivimos hoy; tan conscientes y a la vez tan inconsecuentes de que nacemos con un reloj invisible que nada más despertar nuestro primer llanto, activa la marcha atrás de nuestros días…



La vida es algo perecedero, algo caduco que ensombrece la esencia de la muerte que es realmente la de dar vida - el cómo, el dónde y el por qué jamás lo sabremos- y aunque nos aferremos a ella como la única realidad palpable, bien es cierto que albergamos una esperanza atónita para volver a renacer en otra existencia -llamadle dimensión si queréis- igual de caduca, que cierre un ciclo vital.




Una vez leí en un libro antiguo que compré en Londres, que cada persona tiene un ciclo vital despertado según las personas con las que conviva. Que cada una de las personas que pasan por nuestra vida (desde el tendero de la panadería hasta el que fue nuestro primer amor, pasando por nuestro vecino del ático y la señora que baja cada mañana, antes de salir tú al trabajo, a sacar al perro) tienen una importancia vital en nuestras futuras vidas, que siempre tenemos un número limitado de personas con las que interactuamos de manera más o menos activa a lo largo de nuestra existencia, y que despiertan roles sociales que ‘a posteriori’ cambiarán (el que ahora es nuestro padre quizá en vidas anteriores fue nuestro hijo), y que según nos interrelacionemos con ellos, así serán en nuestras futuras existencias (si hoy tienes un amor con el que te comportas de manera ilícita y en otra vida pasa a ser tu padre, cambiarán sus patrones de conducta). De modo que todos vamos variando a lo largo de nuestra vida de roles sociales, de sexo, y de lugares donde vivir. Las personas que viajan mucho tendrán una vida más larga -más dimensiones- porque irremediablemente habrán conocido a más personas con las que interactuar en el futuro, más allá de la existencia que al presente nos sujeta. Los pobres serán ricos, los ricos serán pobres, etcétera. ¿Mito o realidad?; ¡No se sabe!...



¿Dónde queda Dios en todo esto?. Dios es una figura sin rostro, un mar de sensaciones encontradas, una creencia de salvación antes que una certeza de muerte. Cambia de nombre, de origen, cambia de lugar; puede ser desde un “totem” hasta la esencia de una reliquia de madera añosa, desde un Alá que promulga guerras de Fe hasta un ser Misericordioso y “unitrino”. Pero lo que está claro es que es el timón de nuestras esperanzas, el reguero por el que caminar cuando se vive con tantas dudas, es el metrónomo del sordo, y el “lazarillo” del que no ve por dónde pisa…




La vida es un suspiro; poetas, antropólogos, sabios de la antigüedad… hablan de la existencia mundana como si fuera una lágrima que está a punto de caer, y cuando cae, ya no es lágrima, simplemente se fue; ¡se perdió la esencia!... Pero una lágrima, para ser lágrima debe de asomar y caer; resbalar mejillas abajo y estamparse en el suelo… La vida es esto; un segundo, un suspiro, una sonrisa… ¡una lágrima!.



La muerte es aquello que nadie ve, pero como dirían los filósofos; si se habla de ella, si la puedes imaginar, si puedes percibir su concepto; le estás dando vida. Y si vive existe, si existe es… Y por lo tanto, la recreamos en nuestra percepción magullada de dudas, perpetuando la idea agnóstica de que tal vez se erija en alguno de esos parajes exóticos que describía Platón en su “Paraíso Perdido”; escondida en una isla fugaz donde el tiempo se detiene…



Es paradójico y hasta siniestro pensar que la inmortalidad es perdurable a nuestra imagen; paradójico, digo, porque mi amigo Beli murió de cáncer linfático cuando tenía veintiséis años, y era tres años mayor que yo; y hoy yo soy mayor que él… Me pregunto si muchas abuelitas de hoy en día reconocerían a sus madres cuando aquellas murieron en edad temprana y hoy sus hijas le doblan la edad…



La vida es el misterio, no la muerte… La vida sólo son prismas de presente, posibilidades vacías de contenido, álgebras perdidas en los avatares de la econometría, funciones terrenales que no sirven para nada… La vida delimita las posibilidades de crecer, de creer, de querer… La vida son espejos encontrados que reflejan rostros y momentos que nunca existieron, porque tras suceder, pasan a ser pasado; y el pasado es algo que no existe, no es tangible, no se puede buscar, ni encontrar, ni retener… Las imágenes, los rostros… tan sólo son momentos fugaces de nuestra memoria, territorios explorados en los que recaemos para situarnos, localizaciones firmes que se solapan a momentos anhelados o falsamente vividos… Espejismos que tras ser “imaginados” o falsamente “rememoramos” estamos dando apariencia de existencia.




Lo último que Ella dijo fue: _“Seño, la semana que viene traeré caramelos que es mi cumpleaños”. Y al día siguiente ese “ángel” compró caramelos en el cielo, donde la esperaba, tal vez, otra vida, otro lugar, otro destino… Su reloj se quedó estancado en un cuarto de baño pequeño de un colegio donde se supone que te enseñan cosas para hacerte más ‘grande’ y mejor persona, donde te enseñan a relacionarte con los demás, ¡a vivir!; donde te preparan para un futuro… Un colegio ‘vacío’, sin pistas reales que nos lleven a dar con el por qué de las cosas que importan; aquellas que sí son ciertas, aquellas que no mueren, aquellas que siempre viven, aquellas que son tangibles: la vida y la muerte…



Me pregunto si Su rostro, el que yo vi y retengo en mi cabeza era real, si tú lo verías igual que yo lo vi; si lo recordarías tal cual yo lo revivo… Me pregunto si Su voz de trapo atrapada en su boca era de ella o de mi mente; ¿qué fue de los garabatos que dibujé en aquella pizarra?. ¿Qué sintió antes de morir?. ¿Qué pasó con aquella niña que se convertía en “ángel” mientras aún estaba viva?. ¿Cómo me veía ella a mí?, ¿qué pensaba de mí?... ¿Qué sensación le producía mi mirada expectante e impávida clavándole los ojos sin poder apartar la vista de Ella?.



Definitivamente vivimos en polos opuestos a nuestro espíritu que ansía perpetuarse, situarse en un lugar concreto donde siempre nos lleguen las cartas, y dónde siempre podamos abrirlas sabiendo que el remitente está en el lugar que marca el reverso. La vida nos demuestra que nada es eterno, pero que la eternidad existe y está plagada de esas pequeñas cosas que no vemos, tan sólo sentimos.



La vida y la muerte es una burla, expresiones terrenales que acaban en una nada llena de preguntas. La vida definitivamente es esa lágrima que cae al vacío, y el vacío es esa burbuja fugaz que se deshace y muere, vacua, silenciosa…



Y cuando percibimos un final cercano, la madeja tejida se convierte en seda virgen alcanzando todo su valor; observamos la vida con la nimia importancia que tienen las cosas que le dan color y la camuflan haciendo que nos adaptemos al medio. Comprendemos el valor de la amistad, de los afectos, de las sonrisas… la áspera sensación de las lágrimas ahogadas, el imperioso valor del silencio, el desconsuelo del dolor, la fuerza de las pasiones… Y cuando eso ocurre, estamos preparados para enfrentarnos al misterio, preparados para cabalgar a horcajadas y sin montura sobre un caballo sin domar; porque entendemos que mientras se bebe nunca se sacia la sed, que mientras andamos no hemos alcanzado aún el final del camino; que mientras lloramos la esperanza no se ha roto… Que mientras haya lágrimas derramándose, aún continúa la vida… Y que si existe ésta, existe la muerte; que tan sólo es una expresión, un término ignominioso carente de apología; y que con ella, hemos cruzado tan sólo la puerta que nos abre paso a un nuevo sendero…



Vivir y Morir… ¡Esperanza al fin y al cabo!


por Rocío Medina

Tags: sdc, 21

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19 Mayo 2009

Cuando Regreses Te Acunaré

Sigo castigada a no encontrarme contigo, a mirarte y hallarte escondido mientras haces perderme por los recovecos de esa cara que tan bien conozco; de ese rostro amigo que continúa hablándome de todo menos de él. Y sigo mirándote, buscando sin doblegarme la pista buena del sendero que me lleve a ese camino que forzosamente haría que nos encontrásemos de nuevo; pero no quedan, se han apagado con la sombra de tu pestañeo y se escapan hábilmente conforme de tu boca sale voz. Me he dado cuenta de que estoy pisando las mismas huellas una y otra vez; las mismas huellas que sin quererlo ni saber cómo me alejaron de ti cuando te tenía tan cerca que casi sentía escurrirse tu perfume entre mis dedos. Me doy cuenta que el agua es igual de salada que entonces y que la arena continua sucia y sedienta; me he dado cuenta de que nuestro universo es igual de grande y gélido. Y renace mi miedo mientras se me cae el tenedor y tú te agachas a cogerlo mientras el vino me hace resbalar las lágrimas desde la garganta hacia las entrañas en un intenso sabor amargo.

Ahora me sonríes nuevamente; y con la mueca de tu boca se escapa un ahogado llanto mío que ya no puedo parar; y brota desde mi alma otra sonrisa -esta es triste- para devolvértela con ternura mientras pides otro instrumento que pinche la carne y la ayude a desgarrarse como siento desgarrarse el corazón cada vez que te miro.

Me duele verte casi tanto como no hacerlo, me duele no saber de ti casi tanto como tenerte delante y saber que si te toco, jamás te sentirás tan vivo como me siento yo al hacerlo. Me duele saber que me haces sentir viva porque me dueles, y me duele saber que esa herida que me haces apacigua al mismo tiempo mi daño. Quiero no sentir, quiero tenerte delante y no sentir ni el viento ni el frío, quiero tenerte delante y no dañarme con tu voz ni tu sonrisa; quiero verte desnudo frente a mí como un niño pequeño, quiero sentir que caminas descalzo por encima de las rocas buscando tu amuleto como aquella primera vez, que te paras con los pies arañados y me miras sonriendo con esa boca que me acuna y me devuelve la intensidad de la luz.

Estoy escondida frente a ti pero no dejo de buscarte, te tengo delante y tú no notas nada, porque te sonrío mientras cenas y toco tus manos para saber que la que está ahí soy yo, que no lo estoy soñando. Y quiero hacerte regresar para poder tener un final, ese que tan sólo nos pertenece a ti y a mí, ese que tú no quieres darme porque crees que no lo necesito, y porque piensas que tu tiempo y el mío han corrido en paralelo, pero no es verdad; yo me quedé anclada en la arena cuando se terminó la noche y tú te despedías con el beso de siempre mirando a ese infinito turbio donde las cosas no tienen respuesta. Y ahí me quedé, rodeada de silencio y oleaje, rodeada de espuma y arena, escondida entre las rocas para que el agua no me enfríe más y el sol no siga quemándome aún en la oscuridad de la playa al caer la noche.

Dime qué hacer si cuando despierte al andar doy con tu casa y no tiene letrero, dime qué puedo hacer si allí no ha vivido nadie. Dime que puedo decirme si cuando te encuentre nunca has sido tú. ¡Cómo podré entonces aplacar mi llanto!...

Y mi niño de ojos oscuros se va cerrando poco a poco conforme se entorna la nube y el cielo oscuro se vuelve gris, y quiero que al irte ya no cierres la puerta, quiero ver tu estela marcharse; andando a gatas detrás de esa luz.

Nuestro oxígeno para mí se ha vuelto espeso, no puedo tragar...

Te tengo frente a mí y sigo sin verte, se posan frente a mí esos ojos cándidos en los que quiero reflejarme y que no me miran nunca si no es con un poso de aire frío. Tengo frente a mí la boca por la que suspiro un beso, por la que sueño cada noche adormeciendo una palabra de aliento; una búsqueda, un respiro... pero ella no me cuenta nada, tan sólo habla divertida, conversa sobre aquellas cosas que se le dan bien y no la implican, y yo sólo quiero que haya silencio. Y yo sólo quiero poder ser fuerte y continuar minuto a minuto suplicando a mi corazón que no se eche a llorar, que sea fuerte y aguante la sonrisa, que continúe callado, que no le mire, que no se haga daño, que no sienta más y que se duerma...

Ahí siguen tus rizos oscuros peinados en rebeldía, agolpando horas y minutos de vida de los que sólo he tenido un esbozo, ahí sigue tu piel, tus manos, tus pecas claras dibujando los surcos que mi mano acariciaba mientras te dormías.

Y mi alma se desborda, y mi mente aplaca el golpe como puede girando la vista hacia la ventana, y tu voz se mete dentro y se balancea triunfal dando saltos como un caballo de tío vivo dentro de mi estómago. Los cristales son finos y se cuela por la rendija que refleja la luna una cuchilla caliente para aplacar mi agonía, abofeteándome la cara y cortando la subida de mis lágrimas en tropel.

El verano regresa, pasea entre la muchedumbre dejando la piel seca y cargada de tinte oscuro, y los paseantes dominan los rincones escondidos dónde enamorarse a luz de farolas apagándose al amanecer.

Y hoy mi risa es un esfuerzo por contener la agonía, y hoy mi mente se ha empapado de sudor y mi piel se broncea por el imán que me atrae a tu cuerpo, pero tú ya no estás en él; te has ido o bien, nunca fuiste... Quiero permanecer horas sentada en aquella silla, retener tu cara entre mis ojos y que tu imagen se congele sonriendo en dirección hacia mí; y quiero poder borrar aquellas palabras que salieron de tu corazón debiendo haber salido tan sólo de la mente y de un alma enturbiada, aunque sé que eso es imposible.

Quiero devolver el tiempo a su lugar porque todo ha pasado muy deprisa, y no sé en qué momento debí haber desconectado, no haber andado más para seguirte; porque ahora estoy perdida y sin rumbo fijo, porque ahora he abandonado mi vida para seguir tu camino que sé que ya no es ni será el mío, pero estaré anclada de igual modo para siempre, como una púa que deja marca en una pared limpia.

Y con el desasosiego se apaga la esperanza, mientras veo por fin tus ojos transparentes en dirección a la nada, y con la desazón miro tu boca que ya no sonríe, y con mi mirada tú te encuentras dentro de mí confundido y roto. Y de pronto sabes que has desaparecido, desparecido de mi ilusión para siempre; y mi desgarro tropieza con tu rebeldía, y mis fuerzas apagadas han prendido mecha en el reloj de tu tiempo. Y ahora he sido yo la que ha salido corriendo dejándote atrás para siempre, y ahora soy yo la que no gira la cabeza. Y ahí estamos los dos mirándonos mientras esto sucede; inmóviles, callados, tristes...

La desilusión se recrea en la copa que balancea el vino, se decanta a sorbitos por las grietas de nuestra boca seca, y se acuesta en el paladar donde el regusto se marca fuerte y con sabor a cerezas y humedad. Y nuestras miradas han roto el cristal fino de nuestro iris, se han colado lentamente por la herida abierta; y nos damos cuenta de que ya es tarde, de que nos hemos perdido para siempre aún queriendo tan sólo habernos encontrado.

Mi corazón estalla en lágrimas y te quedas paralizado, de tu boca sólo salen frases de aliento y de perdón, y mi corazón se hace un nudo para dejar pensar a la mente que balbucea triste que ya ha perdonado, pero que no puede dejar que mi alma lata de nuevo; que la cuerda frágil que acompasa los latidos se ha quebrado al pasar por el pliegue más difícil. Y ya no quedan fuerzas para buscar la manera de arreglarlo todo sin dejar marcas, y ya no hay operación que pueda sanarlo, que ahora mi corazón: mudo y sordo, ha perdido el oído y el tacto, y ya no puede creer las palabras ni sentir la piel para atraparla y querer cuidarla para siempre...

La copa de vino está vacía dejando un responso de último trago, pero ya se sabe que la botella que no se abre bien suele dejar corcho en los remansos reposados y al esgrimirla salen a trompicones ensuciando el cristal fino de posos amargos.

La templanza sale en aquellos segundos intensos y cargados, en aquellos minutos de dolor triste. Y vuelvo a hacer crecer la ola de aquel océano donde perdiste el amuleto, y soy yo la que ya no deja salir la esperanza, y quiero regresar al lado de mi cuna, donde todo es seguro y huele bien, donde las sábanas son calientes y no da pereza dormirse; donde el miedo no asoma antes de rezar.

Y nos despedimos en mi calle donde ya no vi brillar la luna, donde las farolas encendidas se apagaron por primera vez, y desde mi puerta vi despedirme con tu mano fuerte, agitada impaciente detrás del cristal. Corrí al primer piso a verte de nuevo marcharte tras las ventanas de mi cuarto, como hice tantas veces, pero ya te habías ido. Y sentí que una mano me golpeaba a puño cerrado, dejándome sin respiración, en mitad de mi alma; y sentí cómo el corazón se caía al suelo hecho un harapo de lágrimas y sangre. Y vi entonces tu talismán, revoltijado entre mi esperanza, y para entonces ya era muy tarde para volver a seguirte; y mi fe ya se había consumido devorada por la sangre al desparramarse por el suelo...

Han pasado muchos días, muchos meses y hasta muchos años; y cada día recuerdo tu cara de ese primer día. Y cada vez recuerdo tu afán por recuperar tu talismán que era tu esperanza, y cada día que pasa pienso que no debí dejar caer mi corazón al suelo tan rápido, y cada día; cada uno de estos días de mi vida sin ti, me doy cuenta que con tu talismán entre mi sangre, jamás nos hemos perdido del todo.

Si vuelves algún día, si algún día existieras y aparecieras frente a mí no dejaría que te fueras, no correría escaleras arriba para verte marchar desde mi ventana; correría tras de ti hasta morir en el camino, y te lanzaría mi corazón para que lo cuidases tú. Nunca me fiaría de tus ojos, porque son con los míos con los que yo los miro. Nunca me fiaría de tus palabras porque las escucharía una mente convulsa en dudas. Nunca me fiaría del olor caliente que desprende tu cuerpo porque con él me dormiría y no podría cuidarte. Estaría despierta, ciega, sorda... pero dejaría que mi voz saliese para arrullarte con palabras, para decirte que "te quiero", y para asegurarte que sigo estando a tu lado; cuidando de ti como te prometí hacer, cuidando de que no pierdas tu talismán para siempre. Y ten por seguro, que jamás habría lágrimas de dolor mezcladas con el vino, sino parras enteras de vides que derramar sobre la cama donde despertarte cada día con un beso y donde acostarte cada día entre mis brazos...


Rocío Medina

Tags: sdc, 20

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Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw

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