La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

Categoría: Mails Personales

11 Septiembre 2009

Las Lentejas

 

 

Querid@s Tod@s:

 

 

¡Nada de nada!, como ahora se peguen las lentejas verás tú qué risa más buena… Llevamos tres horas esperando a que las dichosas lentejas se ablanden y nada; ¡que no hay manera!…

Mi amiga Cuca acaba de venir de Alemania, y dice que allí hay de todo, pero que lentejas no, y le ha entrado el mono y no hemos podido hacer nada para evitarlo, ni Theese, ni yo.  Así que Cuca ha llamado a su abuela y ésta le ha pasado con su ‘doméstica’, que al teléfono, le ha dicho que echase laurel y chorizos para dar consistencia, que si no sabrían a brebaje compuesto de agua sucia, pimientos y ajos… Así que aquí estamos las tres con una copa de vino en la mano mirando como borbotea la cazuela donde las lentejas no se pasan de duras a estado comestible, y donde flotan una cantidad imposible de ajos sin pelar, pimientos y chorizos descompuestos dejando flotar hilos sueltos. Yo no he querido decir nada por no echar más leña al fuego – en este caso a esa cacerola que chorrea ‘aguachirri’ hirviendo por los extremos, llenando la vitrocerámica de manchas que al caer desparraman por la cocina un intenso olor a quemado- pero yo ese despropósito de  caldo con tropezones duros y atestado de ajos no lo pruebo ni loca.

Theese me mira con cara de drama y cuando Cuca mete las narices en la olla llenándose la cara de gotas de vapor, aprovecha para decirme que si estoy pensando en escaquearme que ni se me ocurra, que Cuca ha puesto mucho entusiasmo… Si, si, ¡si entusiasmo ha puesto!, pero será para matarnos de ardor de estómago; que con aquella olla de ajos no se acerca ni Paco Porras con su mata de perejil cogido al bisoñé del flequillo…

Media hora después Cuca en vista de que aquello se queda sin agua y sólo está cubierto por la capa de nutrientes antes descrita, resuelve que hay que añadirle una media botella de vino tinto que según nos cuenta, es muy socorrido para esas cosas… Y media hora justo después, se da cuenta de que la parte de abajo está pegada al perol,  que debía haber recaído en el hecho de que a la comida se le debe dar unas vueltecitas de vez en cuando, y que no por poner el fuego al máximo, las cosas se hacen antes y mejor… Total, la cazuela entera fue a la basura directa pasadas las cuatro de la tarde y tuvimos que llamar a un ‘chino’ para que cocinara por nosotras; o sea, llamar al restaurante chino que a aquellas horas tuviera la santa paciencia de explicarle a mi amiga Cuca que su problema con las lentejas no tenía nada que ver con él, y que no llamaba a un asiático ni a un japonés, sino a un restaurante chino donde por más que te empeñes, no te traen "tataki de atún".

A las cinco de la tarde y diez minutos viene la comida, no sabemos si la sirvió un 'chino' o un 'mandarín' porque no se quitó el casco de la moto. Theese abrió la puerta y cargó con la bolsa dirección a la cocina, y Cuca pagó soltando un bufido.

La comida no sabía nada bien y Cuca agarró un berrinche que le costó una jaqueca…

Las mujeres cuando nos juntamos y nos hemos tomado más de tres copas de vino, si no atienden nuestras necesidades como las requerimos y en ese preciso instante, todo sin excepción está sujeto a ser criticado y a provocarnos un disgusto de muerte. Recuerdo como una vez  mi amiga Cayetana, esperando a que abriesen la cafetería del aeropuerto durante más de cuarenta minutos, en cuanto abrió se abalanzó a los ‘croissants’ con lágrimas en los ojos de felicidad y agarró cuatro sin pensar en la dieta. Y cómo en cuanto probó uno, se fue derecha al encargado, y con más lágrimas aún –éstas de rabia- dijo que aquello era como un chicle endulzado  y calentucho, y que a ver si se lo cambiaba por algo que tuviese jamón ‘del bueno’. Y como jamón ‘del bueno’ tampoco había, se negó a probar bocado hasta que llegamos al destino, y del disgusto que cogió y la ‘zapatiesta’ que armó, la gente no paraba de mirarnos allá por donde fuéramos. De hecho, recuerdo en la sala para fumadores a un señor gordito que antes de que ella sacase un cigarro le ofreció él el paquete de 'Malboro' y el mechero, por si acaso la tomaba con él y también le daba el viaje.

Después de medio dormitar viendo una de esas pelis hechas para televisión a las que yo siempre llamo “de amor y lujo”, donde siempre pasa alguna desgracia con alguien apuesto, y donde siempre el más apuesto todavía resuelve el caso y se queda con la chica… empezamos a repasarnos las unas a las otras de arriba a abajo. Cuca dijo que tenía que ir a hacerse la pedicura con urgencia, porque llevaba las uñas esmaltadas en color berenjena y con las sandalias que se iba a poner por la noche no pegaba ese color. Theese dijo que iba a ponerse rulos en el pelo para hacerse un peinado de ondas lánguidas y gordas como el que saca Marta Sánchez en el ‘videoclip’ con el guapísimo Carlos Baute, y yo directamente pensé en no salir porque mis amigas se habían encaprichado de los dos únicos vestidos que estaban disponibles para la fiesta de esa noche… Al final Theese me dejó un vestido suyo que se negaba a ponerse porque ya lo había usado en dos ocasiones, y ella estrenó el mío. Cuca como digo escogió el otro que era una monada con corte griego, y después de la decisión y horas antes de salir, los teléfonos empiezan a sonar…

La cosa de los teléfonos es algo muy curioso,  yo en persona puedo hablar horas seguidas pero por ese cacharro, soy como un coche de control remoto sin pilas; arrastro las palabras y me cuesta lo suyo tener una conversación decente, pierdo el hilo varias veces y otras tantas estoy a por uvas. Así que cuando me llaman digo a Theese que coja el teléfono y la muy petarda acepta en mi nombre el que un tipo llamado Gus pase a buscarnos a casa para llevarnos a la fiesta. ¿Gus?, pero ¡qué clase de hombre decente se hace llamar Gus!. Gus de ¿gusano?, ¿la rana Gustavo?, ¿Gumersindo como el panadero de un cuento?...  Pues eso, Gus era Antonio Gusando, un pesado con el que compartía clases de golf hace algún tiempo, cuando era una persona normal y respetable que se hacía llamar por su nombre: Antonio. Le perdí la pista al curso siguiente, cuando cogí clases particulares e iba sola y al preguntar por él me dijeron que se había casado y se había ido a vivir a Palma de Mallorca. Tiempo después me lo encontré en un restaurante, me dijo que se había separado y me dio su tarjeta, y tiempo después le llamé confundiéndolo con otro Antonio de otra tarjeta de trabajo, y ahí es cuando dijo que no le llamase Sr. Gusando, que como mucho le llamase Gus… Y a partir de ese tremendo y caótico error, fue cuando Antonio, ‘Gus a Secas’, empezó a llamarme más de dos días seguidos para quedar, y cuando desconsideradamente por mi parte, fue cuando anoté su teléfono en la agenda del mío para saber que si me llamaban de ese número no debía coger la llamada.

Pero llegamos al presente, mi amiga Theese no tenía ni idea de mis rarezas en cuanto a los nombres horteras, así que vio “GUS”, cogió la llamada, y en menos de dos horas tendré a este tío en la puerta de mi casa, y viéndome en la obligación de inventarme excusas para no haberle cogido el teléfono. Estas cosas las odio, ¿por qué me tengo que sentir obligada a tener que dar explicaciones ante algo tan simple?. Pues inquietantemente, es algo que los hombres de un modo u otro exigen, porque aunque la respuesta la conozcan de sobra siempre pretenden autoengañarse pese a estar la cosa más cristalina que el “Evian”.

Theese busca como loca una aspirina, se había puesto los rulos tan tirantes y tan llenos de laca para que se le quedasen las ondas bien hechas, que los últimos rulos se los había tenido literalmente que arrancar de la cabeza, y ahora era una cosa así como un pibón rubio con peluca enmarañada y ojos perfectamente delineados con Kölh y sombras ahumadas corriendo histérica en bragas por toda la casa.  Cuca estaba soltando humo por la boca sin parar y tenía el pelo negro tan perfectamente brillante y laceo que parecía sacada de un anuncio “Pantene PRO-V”, y yo estaba enzarzada en la odisea de no saber en dónde había puesto las sandalias mientras  Theese me distraía una y otra vez diciéndome que a ver qué iba a hacer ahora con el pelo así.

Gus asoma su cara por el interfono, las niñas entusiasmadas porque no es tan feo como yo lo puse –no dije que fuese feo, sino que no me gustaba- y cuando entra las dos al unísono le dicen: “¡Hola, Gus!”, y el Gus que yo conocía dijo al instante que se llamaba Antonio y me miró con cara de incredulidad. Estaba guapo vestido de ‘smoking’, pero claro, eso era algo que no se le podía apremiar porque tanto el ‘smoking’ como un buen traje de chaqueta hacen guapos a cualquiera…

Gus va a la cocina a por hielo y dice que huele a quemado, y todas gritamos… _“¡Las lentejas!”.

Gus se sentó entre Cuca y yo, y Theese no paraba de levantarse a cada dos minutos para ir al baño a mirarse el pelo; se ponía de espaldas al espejo con uno pequeño en su mano derecha para poder verse en el reflejo cómo le quedaba por detrás la melena. Y regresaba con el morro más pintado y torcido en una mueca de desaprobación máxima. Yo no lo se lo veía tan mal… Después de que Gus se terminó la segunda copa Cuca dijo alegremente que levantásemos el pandero que íbamos a llegar tarde, y Theese salió pitando nuevamente para el baño a darse el último retoque y desde ahí me grita que si puedo entrar un segundo.

Y yo sigo dándole vueltas a las lentejas, ahora que se me ha quedado el vestido de Theese pillado en el tacón de las sandalias, creo que la vida es como las lentejas; les pones entusiasmo y no se cuecen, les metes prisa y siguen duras, y cuando ya te llenas de paciencia; ¡se te pegan!… Las mujeres somos las lentejas y los hombres el condimento de chorizos, pimientos, laurel y ajo; sin toda esa mezcla las lentejas aún cargadas de nutrientes no hay quien se las coma. Y por ende, sin haber dado con un buen hombre-pimiento, un buen hombre- laurel y chorizo, y un buen ajo de hombre; estamos perdidas vagando por los cuentos de la cacuela al rojo vivo donde el agua se ha consumido y un vino avinagrado trata de sacar sustancia a aquella cosa tan poco apetitosa a la vista.

Pero yo ando ahora con el bajo del vestido de Theese metido en el tacón, Theese que es una santa pero por santa que sea, se apega a sus cosas, siente una punzada de dolor intenso que se vuelve contra mi con un gesto de disgusto colosal y me dice: _“¡Ya te has cargado el vestido!, ¿no?”, a lo que yo ciertamente cabreada y compungida  digo: _ ¡No, Theese!, ¡tu vestido la ha tomado con mis sandalias! – aquí es muy rollo tía el desquitarse y echar las culpas a otro; lo que sea basta para redimirte- ¡Y sólo se ha descosido un poco el bajo, eso se arregla!… ¡Jo!, Theese, ¡lo siento! – seremos tías pero también amigas, y el sentimiento de culpa cuando es tu amiga la que lleva tu vestido no estrenado por ti sino por ella se apodera de nosotras y nos hace eximirnos de la mejor manera posible- ¿me perdonas?”. Theese me sonríe y dice: _ “¡Pues claro, boba!, Cuca… ¡pásame un cigarro!. Gus, digo… Antonio, nos dejas fumar en tu coche, ¿verdad?”.

A Gus no le hacía ninguna gracia que nadie fumase en su coche, había venido a recogernos con el coche ‘niquelao’, y desde luego se notaba que en ese auto nadie fumaba; pero es que no hay tío alguno en el mundo que vaya a recoger él solo a tres chicas y se pueda negar a dar un capricho tan tonto como ese si además la que lo pide es una rubia impresionante que le ruega poniendo morritos mientras se ha dado sola la respuesta encendiéndose el cigarro a la misma vez que cierra la puerta de un portazo.  Veo cómo las sienes le comprimen el cuello por donde la pajarita se mantiene derecha, y como sonríe complaciente mientras toma asiento y baja el volumen de la música que se prende sola con el motor.

La fiesta no pintaba nada bien, porque nada más llegar, vislumbrábamos tales filas imposibles de coches aparcados en triples y cuartas filas medio apelotonados; que lo que inexorablemente nos fastidiaba era el hecho de que Gus no nos pudiese dejar en la misma puerta y se fuera por su cuenta a tratar de aparcar el coche. ¡La leche!... ¡Qué follón y qué desidia!, que tenemos que quedarnos abajo del todo subidas a unos tacones imposibles, recogiéndonos la cola del vestido, el bolso, y haciendo malabarismos para no caernos mientras con una mano sujetamos todo eso y con la otra –en el caso de Theese y Cuca- los cigarros. El caso es que esa visión no sucedió porque no nos bajamos del coche.

Gus se había terminado por cargar el poco entusiasmo que las chicas habían adquirido sobre su persona en un primer momento; ahora Gus era  “el gusano de Gus”, que se negaba a dejar el coche, “¡su súper coche!”, aparcado en cualquier sitio y de cualquier forma pese a que nosotras insistíamos en que ahí no iba a venir ni la grúa, ni nadie a llevárselo y que todos los coches estaban igual de mal aparcados. Pero él, venga y venga dar vueltas con el coche; quería un sitio exclusivo donde la puerta del piloto tuviera espacio suficiente para meterse él y no tener que hacer ningún tejemaneje, la del copiloto y asientos traseros con espacio suficiente para que si llegábamos borrachas nos pudiésemos meter perfectamente y tener espacio para abrir la puerta sin temor a rayarle el coche, y por ende, para que el vecino del coche de al lado no hiciera lo mismo al abrir borracho la puerta del suyo y le diese un golpe a su ‘luxury car’… ¡Qué mal que nos estaba cayendo!.

La verdad es que no conozco a un sólo tío que llegado el caso en que no sea obligatorio dejar el coche al portero y no vea previamente en qué lugar lo va a ubicar, deje su preciado objeto en manos de otro. Se ponen irritables y es que no se fían, y preguntan una y otra vez…:_ “Ya pero… ¿dónde lo va a aparcar usted?, no, no… ¡dígamelo y ya lo aparco yo!... Si no es que no me fíe, ¡que sí me fío!, pero yo prefiero aparcarlo ahí en medio de las dos columnas, que es que este coche es muy grande… Bueno pero si luego molesta ya lo quita usted… ¿En ese hueco de ahí?, ¿ahí?... ¿dice usted que ahí cabe mi coche?, ¡pero cómo va a caber mi coche en ese hueco?... me da igual que ahí haya aparcado un todoterreno, este coche es más ancho seguro, ¡más ancho!, es que los todoterreno engañan mucho… “. Y cuando ya resignados tienen que dejarle las llaves, es como la suegra que no suelta la mano del hijo cuando se despide de ella después de la paella del domingo y piensa para sí: “Mi pobre niño de mis entrañas que se va con esa pelandrusca… ¡qué le hará esa petarda que cada día está más flaco y menos repuesto!”. ¡Pues lo mismo!… porque el coche de un hombre, es como la prolongación de su mano derecha, como una costilla, como un hijo, como ese ser pequeñito y débil que si ‘papi’ no lo baña, le cuida, y lo llena de mimitos y caprichos es un ser humano pésimo de mayor. Así que los hombres son los padres de sus coches y hacen lo propio: los limpian cada fin de semana, les compran las llantas último modelo del mercado, y lo miman a base de tías que dejan resbalar sus traseros redondos por la tapicería para sacarle brillo… Definitivamente los hombres sonríen más cuando te recogen en un buen coche –aumenta su ego y es como decir: _ “Chata, ¡que no vengo a recogerte solo!, jejeje… ¡que vengo con el Porsche!”, y esto reafirma su ego hasta limites insospechados porque se sienten más acompañados-. En cambio si van con un coche de los normalitos tirando a cutre, lo primero que hacen –antes incluso de darte un beso y saludarte- es echar balones fuera y excusarse por el coche que llevan, que además como ya les ha dejado el ánimo por los suelos ni se molestan en limpiarlo (es el hijo tonto que se le esconde por vergüenza, y como es tonto y nadie le tiene la fe suficiente para que demuestre nada, pues las camisetas de marca se le compran al hermano y al ‘tonto’, les dejas las de “merchandising” de la cerveza “Mahou”). Y claro, pues no vienen con tanta sonrisa ni el ánimo puesto, sino que como mucho te abren la puerta del coche y ni se esperan a que estés sentada para cerrártela, te dejan que te montes mientras ellos siguen hablando de que el coche bueno está en el taller y bla, bla, bla… ‘Ofú’, ¡qué pereza!. Se sienten solos en un coche que creen que no les aumenta el estilo, y entonces andan como perdidos y se hacen el jaleo padre mientras intentan besarte, y sin querer, echan la noche a perder.

Cuca ya se ha bajado hasta con el coche en marcha, ha visto a un amigo suyo y le ha dicho a Gus que le den, bien alto y bien claro, que es un jodido pelmazo; que la que está por rallar el coche es ella… Theese hubiera querido hacer lo mismo, entre lo que le hice al vestido y el bajón que teníamos todos ya, habría agarrado el bolso de diario –ese que es enorme y va lleno de todo tipo de bolígrafos, chicles, anticonceptivos, barras de labios, tarjetas, tampones, tapas de zapatos, medicinas, cremas hidratantes para manos, neceser de maquillaje, ropa interior de repuesto, prótesis para rellenar el sujetador, botellas de agua vacías, ‘kleenex’ usados y sin usar, revistas tamaño reducido, los cien mecheros que vamos cogiendo de cualquier parte sin darnos cuenta... - y le abría soltado un bolsazo en plena cabeza, mientras le gritaba que a ver si paraba de una puñetera vez para que pudiera bajarse... Pero él nada, seguía buscando el sitio apropiado hasta que iba tan despacio que pegué un tirón del freno de mano y le dije que ahí se quedaba.

La fiesta era un tumulto agresivo de gente guapa, tan guapa que te lloraban los ojos de ver el panorama tan saturado de hombres apuestos en ‘smoking’ y de mujeres mostrando sonrisa, bronceado y vestidos fantásticos a juego con los complementos más ideales… Entramos llenas de expectación y de cerca, las caras no eran tan estupendas, siempre pasa, pero lo bueno es que al fondo veíamos a Cuca muy bien acompañada y nos dirigimos hacia allá con una copa de 'champagne' en la mano que nos ofreció un chico del 'catering' nada más entrar…

Cuca nos presenta y continua hablando con gran convicción de que el verano no es verano, ni las vacaciones son vacaciones, si por medio no hay una fiesta como esa ni una estancia tostándose al sol en la cubierta de un barco. Pero las únicas que más vacaciones habíamos tenido éramos Theese y yo, y ninguna de las dos habíamos subido a barco, lancha, catamarán o yate alguno este año; así que nos miramos y tuvimos ganas de estrangularla ahí mismo.

La fiesta continuó animada, y las copas nos hicieron el favor de hacernos sentir más alegres y más guapas, a pesar de que yo ya me había tropezado varias veces con los tacones y llevaba el bajo del vestido haciendo doce centímetros más de cola, y a pesar también de que el remedio de última hora que se hizo Theese en los bucles del calor se había deshecho y ahora llevaba el mismo ‘look’ que Tina Turner… Cuca permanecía impoluta pero más borracha y andaba pidiendo cigarros a todo hombre guapo que veía con cara de fumador empedernido con “zippo” personalizado en plata.

Y por fin llega el hombre de la fiesta, el señor Gus, que se nos acerca y dice que por fin ha aparcado el coche… _ “Ah!, ¡pues fíjate qué bien!, ¡cuánto que me alegro por tu jodido coche!...¡espero que lo dejases en el aparcamiento del Ritz!”, pero Gus, con gesto de dolor agudo dijo: _ “¡Pues no!, al final es que era imposible y lo tuve que dejar en el primer sitio que vimos, al lado del niñato aquel que meaba en las ruedas del Audi”

En fin, así son los hombres… no podemos tratar de comprenderlos porque es imposible. Dan vueltas y más vueltas buscando algo que a todas luces es absurdo para al final quedarse con lo primero que ya tenían a mano. Son prácticos y tratan de ser productivos, pero cuando les falla la logística del momento según la tenían planteada, no les hagas entrar en razón porque son como el caballo del picador; no ven más allá y tratan de calzar un pie talla 44 en un zapato del 36…

¡Como las lentejas!; si las quieres las comes –duras o como estén- y si no, las dejas – que ya llamaremos a un chino…

Besazo Grande,

Rocío Medina



 

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30 Junio 2009

Día de Golf... y Maquillaje

Día de Golf… y Maquillaje

Querid@s Tod@s:


Voy con muchas prisas, prisas y a lo loco… Son oficialmente las ocho en punto de la mañana y ya me ha pitado la alarma del despertador del móvil cuatro veces; no lo puedo alargar más. Hago un esfuerzo porque mis párpados se abran de par en par y no me hagan el feo ahora de quedarse ‘sopa’ pero no me hacen ni caso, y mientras los vuelvo a cerrar me digo: _“¿Habré apagado la alarma del móvil o directamente le he dado a re-llamarme dentro de otros diez minutos?”. Vuelvo a abrir el párpado izquierdo que siempre es menos vago que el otro (no sé por qué, pero a la hora de tener que mirar las cosas con un sólo ojo, el izquierdo es el primero siempre que está dispuesto a hacerlo. Aquí podría hacer un comentario irónico como que será porque ‘los de izquierdas’ son más ‘serviles’, pero me lo voy a ahorrar). Lo había apagado, ¡menos mal que me he dado cuenta!, y ya no tiene sentido seguir alargando, y estirando, y robando, y agotando minutos al tiempo; ya sabía que pese a faltar un par de horas para venir a recogerme iba a llegar irremediablemente tarde.

Había quedado con dos amigos míos y un amigo de ellos a jugar al golf, o sea; estrenar mis palos nuevos que me hacía mucha ilusión e iba con un cargamento de bolas, que es lo suyo en mi caso, por si los ‘búnkers’ me jugaban malas pasadas y me las perdían. Mis amigos son un poquito “regulares” en esto del golf, o sea: ‘handicaps’ uno y dos… y yo voy con mi pedazo de ‘handicap’ al límite de veinticuatro y casi echando humo por el tiempo que llevo sin practicar. Me animan: uno, un famoso futbolista en activo (chupa horas de banquillo injustificadamente) y el otro, se retiró hace dos años; el colega que les acompaña es un as de los negocios inmobiliarios (simpático, callado, pero con ojos pequeños: no me fío mucho de los hombres de ojos pequeños y juntos… parece que al mirarme sólo quieren hacerme rabiar). Yo les advertí de mis circunstancias en el mundo del golf: muchas clases, poco practicar y como sean más de nueve hoyos me pongo tensa.

Nos montamos en el coche de mi amigo “en activo” al que llamaré “P” (más que nada porque así es la inicial por cuyo nombre responde), mi amigo retirado se llama “A” (inicial de su nombre igualmente), y el amigo de ambos se llama “Andrés C-H” (y nada que ver con “Carolina Herrera”, ¿estamos?).

Bien, yo como ya sabía que llegaría tarde me dejo el rimel, el colorete y los labios para atacarlos después; es lo más fácil de pintar, y la base me la echo en casa y me la restriego a la misma vez que contesto el tercer ‘sms’ donde les pongo la tercera excusa para no haber salido ya hacía diez minutos: _” Salgo ya!!, que no encuentro las gafas de sol y se me acaba de meter algo en el ojo y me he tenido que volver a quitar las lentillas”. En realidad reviso el bolso y me aseguro que todo el maquillaje va dentro, las gafas de sol ya las tengo en la cabeza, me miro de nuevo el ‘modelito’ subida a la tapa del ‘water’ para poder tener mejor perspectiva del cuerpo entero, y restregándome la base de maquillaje al mismo tiempo…

Me monto en el coche arrastrando mi bolsa con los palos, las bolas y mi macro bolso tamaño XXL. Dentro del coche “P” sale de inmediato para abrirme el maletero de su 4x4 y me hace un comentario sobre el peso exagerado de mis palos de golf, le sonrío y le digo que son las bolas, que pesan mucho, se ríe y me dice que si me he metido los zapatos en el bolso o si pienso ir con los que llevo puestos (¡mierda!, me olvidé de los zapatos… aquí sonrisa y de nuevo digo que se me han olvidado). Caras de querer matarme, vuelvo a casa y regreso con una ‘coca- cola’ para cada uno, sobretodo para “P”, que es el que me lleva en el coche y sé que es adicto a las ‘light sin cafeína’ y yo de esas siempre tengo.

¡En Marcha!. Me siento delante, necesito el espejo para terminar de arreglarme, ja!, y como me lo han ofrecido a regañadientes, pero ofrecido igualmente, no lo pienso y digo: _ “Gracias, así no me mareo” (en la vida me he mareado en un coche, ni en un tren, ni en un avión…) Comienzo a abrir el macro bolso, ups!, no me doy cuenta y llevaba las manos con restos de maquillaje que dejo sin querer en el asiento del coche de “P”, mal asunto, como no lo quite disimuladamente me mata seguro -y llevo pantalones blancos y no puedo restregar el culo-“Rocío, tranquila, con un kleenex lo solucionamos, primero píntate, que aún falta para llegar a Aranjuez como poco hora y media”, esto me lo digo para tranquilizarme mientras voy poniéndome la brocha con el colorete entre bache y bache –“Gallardón” fue un desconsiderado al no pensar que la mayoría de las chicas nos maquillamos mientras conducimos y siempre los baches nos juegan malas pasadas; ¡con esa actitud jamás llegará a presidente del gobierno!, que a mi amiga Felisa se le clavó el “Black Eye Liner” en un ojo azul y parecía un cuervo bizco al llegar a su trabajo- yo me iba poniendo el colorete cada vez más arriba; al final parecía que tenía sarampión).

Por fin llegamos, “A” carga con mi bolsa de los palos de Golf y las bolas, y a mí me entran los nervios y voy repitiendo mentalmente: _ “Un ‘GREEN FEE’ es el cargo por un juego de 18 hoyos en la mañana. Un ‘TWILIGHT FEE’ es el cargo por jugar los hoyos que el cliente – o sea, yo- alcance después de las 14:00 horas y hasta que oscurezca (ojalá oscurezca cuanto antes), garantizando 9 hoyos. En este horario, Rocío, se especifica que no habrá ‘RAIN CHECK’… ¿Qué carajo es un ‘RAIN CHECK’?. Ah!, si, un RAIN CHECK es el cupón que se le da al jugador (bajo las condiciones que cada campo estipule y sujeto a la autorización del ‘mandamás’ o sea; del gerente) cuando se encuentre jugando y llueva… Rocío, Rocío… ¿y el ‘CHECK IN’?, ¿qué es eso?... Piensa, piensa rápido!. Uf!, sí, es el registro que el jugador realiza en recepción para comenzar el juego –¡vaya chorrada!, ¡me apuro por nada!, esto ya lo sabía- mmm a ver, ¿qué más tengo que saber y no olvidarme para no quedar como una paleta y hablar con propiedad?. ¡El ‘CADDIE’!, ¡casi lo olvido!: la persona que carga el equipo y asiste al jugador durante su ronda. Y el ‘MARSHALL’ es el que asiste a los jugadores (¡que sea guapo por DIOS!) asegurándose del buen flujo –no, ¡no lo pienses!, nada que ver con la ‘regla’- de los mismos en el campo y que aplica el reglamento. El ‘STARTER’ es el que se encarga de administrar el tiempo de salida de los jugadores… Somos un ‘FOURSOME’ – ‘single’, ‘twosome’, ‘threesome’- la cantidad de jugadores que pueden integrar un grupo (uno, dos, tres y cuatro), en nuestro caso somos tres y el tal “C-H”; éste que tiene ojos raros y mirada confusa…” El mismo que me interrumpe y me pregunta que si estoy lista… y me doy cuenta que me miran los tres con cara de alucinados. Pero yo sé que me dejo cosas y estoy muy tensa, profesionales de pro de práctica casi diaria y torneos semanales versus Yo; practicante ocasional que le pongo entusiasmo y entonces la `pifio` más… Tenía que seguir repasando: _”mmm ‘FAIRWAY’: el tramo de pasto que hay desde las mesas de la salida a los hoyos, que son los ‘GREENS’, y que cuando llueve, se restringe la entrada con los carritos a estas áreas, o sea; la regla de 90 grados… y…

P”: _ “…Rocío, nos vamos al ‘TEE BOX’, venga ya de una vez, ¡joder!,¿estás en Babia o qué?, ¿qué narices tramas?”. Y sí, pensé yo, me faltó repasar lo del ‘Tee box’ (o mesa, que es el nombre que recibe la zona de salida). Ay!, ¡qué horror!... ¡qué nervios!, ¿y ahora a estas alturas me puedo pedir ser el ‘Extra Rider’ (persona adicional en el carrito que sólo acompaña al jugador)?. Todas las inseguridades juntas y todos los nombres, posturas, palos, los números, distinguir las ‘maderas’, para cuándo se utilizan… ufff!, todo me rebotaba a la vez en la cabeza. Yo miraba a mis palos, éstos a mí, y las bolas se me descojonaban de la risa que yo lo intuía.

Aquí estamos, “P” va el primero, “C-H” el segundo, yo la tercera y “A” el último… Estoy estirando después de que los dos primeros hayan hecho ya su entrada triunfal al campo con un ‘swing’ perfecto, pero yo es que no me atrevo y me atengo a mi derecho de estirar un poco más hasta que noto que se me van a salir los brazos cogidos detrás de la espalda por el palo de golf de salida. El primer lanzamiento siempre se me ha dado mal… Me apuran, me pongo más nerviosa, y lanzo la primera bola directamente hacia el lado contrario. Lanzo de nuevo, ¡un ‘churro’!, pero ¡ahí va!, y luego lanza “A” y lo hace mejor que ninguno…

Así seguimos hasta llegar a mi cruz, un puñetero ‘búnker’ gigante, ¡mira que castigarme así Dios a mí -que bastante castigo era ya el llevar la cara rellenada de brochazos, el rimel en ojo sí, ojo no, y el pelo lleno de nudos porque no me dio tiempo a alisarlo- que me tiene que poner aquí en medio el ‘bunker’ más cojonudamente grande de la historia!... Miro a “A”, que parece tenso, concentrado y callado, con los pies clavados con firmeza al suelo y marcando gemelo profesional a través de sus “Dockers”. Doy a la bola un golpe, y tengo que repetir tres veces (os explico aquí que como estábamos más en plan amigos que en un torneo profesional, obviamente me pasaban por alto cosas que con menos, ya me habrían echado del campo cogida por una oreja y con un cartel en la espalda de “no acercarse a esta tía”). Tuvo que tirar él por mí finalmente, porque aquello era imposible, ¡qué cuestas!, ¡qué subidas y bajadas!... Oye, en serio, que yo no veía la bola, y dicho sea de paso tampoco la veía él, pero me decía claramente que la había mandado a hacer puñetas y él me escogía el palo exacto con el que yo tenía que golpear.

Seguimos, y Zas!, me quedo anquilosada echando bolas a diestro y siniestro en el maldito charco gigante… “A” de nuevo me saca del atolladero porque me estoy quedando sin bolas, y da bola él por mí. Mientras, yo agobiadísima, cometo la pequeña torpeza de apoyarme en el ‘buggie’ (dichoso carrito). Me apoyé sin mala intención, porque os tengo que decir que muchos piensan que jugar al golf es un deporte de viejos y no sabéis lo ‘jaba’ que hay que estar para aguantar tanto tiempo de pie y andando. Y claro, no me di cuenta, y el dichoso carro salió andando solo y fue a estamparse directamente contra un árbol; se cayeron las bolsas con los palos, y las bolas salieron desparramadas cuesta abajo y en tropel. A mi amigo casi le da un ataque al corazón y la sangre se le quedó atrapada en la cara, tenía el rostro rojo tomatoso y los ojos inyectados en furia asesina. Ahora sí que me la he cargado con todo el equipo; o por todo el equipo, ¡nunca mejor dicho!…

A todo esto, los del grupo de detrás nos iban haciendo señas de que estábamos atrasando su juego, mi amigo quería ahogarme y yo me zafé como pude esquivando bolas para llegar de nuevo a base, o sea; a la cafetería, a pedirme once tilas (finalmente fue un ‘fino’ y unas aceitunas). Aburrida de morir después de media hora, veo en la mesa de al lado sentados a unos rubios altos que hablaban raro, pero a esa distancia, y con un poco de viento que se estaba levantando, tampoco entendía nada. Así que me levanto y les señalo una silla en su mesa que estaba vacía y les pido permiso para sentarme, me miran y no me dicen nada, sólo sonríen, y yo me siento tan pancha diciéndole a la camarera que si me puede traer el segundo ‘fino’ y más aceitunas. Sentada me presento y me pongo a hablar, y después de no sé cuánto tiempo hablando de algo que ya ni me acuerdo, uno de ellos despega el pico y es para decir: _”¡Belgium!… no entiendo español, solo poquito… habla muy deprisa, ¡no entiendo!. Do you speak English?”. ¿Será cazurro el tío?... ¡Pues no que me tienen aquí hablando y después del rollo que les he metido me dicen que no entienden ni jota de español!. Pues ahora no estoy yo como para empezar a traducirles al inglés las sandeces que les he contado de mi odisea… a ver cómo les explico en inglés el sacrilegio del partido de golf que he jugado (en mi caso; no he llegado a jugar pero apuntaba maneras a que nos echaran a todos y a ellos les quitasen el carnet de socios). Así que me levanto y me vuelvo a mi mesa, la camarera mosqueada me pregunta que si me acerca de nuevo el vino, le digo que si, y ya me mira desde la distancia recelosa de que le pida algo más en los próximos quince minutos….

Va pasando el tiempo, no tengo buena cobertura, tengo frío y pienso en sentarme dentro, pero las vistas son bonitas y dentro no tanto, así que aguanto un poco más. Los belgas de vez en cuando me miran y el aburrimiento es como el demonio; se entretiene haciendo juego sucio, así que pienso varias veces en decirles que se acerquen y cuando estén aquí mandarlos a la mierda, pero prefiero pasar de ellos porque total, de mal humor mi inglés se llena de tacos y de un ‘slang’ barriobajero que me conviene sacar de mi vocabulario.

Por fin llegan; caras cabreadas, lengua fuera, y “C-H” me clava mirada de hiena en estado puro. Me pongo tan tensa que creo que se me van a saltar las lágrimas, pido disculpas y “A” dice que menos mal que el carro no lo van a tener que pagar, y “P” se acerca, me acaricia un poco el pelo, me da un beso en la frente, y me dice que no me preocupe. ¡Dios mío!, ahora creo que ya sí que estoy con la lágrima fuera de felicidad y alivio. Y ahora que están aquí me doy cuenta también de lo sola que empezaba a sentirme y me entran ganas de achuchar hasta al de ojos de cuervo moribundo. Pero como al que más cerca y cabreado tengo es a “A”, le lanzo un abrazo y le vuelvo a pedir disculpas hasta que me mira y me da un beso devolviéndome el abrazo y se echa a reír recordando el culazo que me di y cómo se estampaba el ‘buggie’ desparramando bolas a diestro y siniestro… Y todos se unen a la risa.

Piden comida, comida de verdad, no aceitunas. “P” que es muy estricto con la comida sana me las tiene prohibidas porque sabe que son adictivas para mí y que me puedo comer un bote de un kilo en menos de una hora y querer más. Así que llenan la mesa de comida y caen en la cuenta de que los belgas me miran. Les cuento el “suceso belga”, y comienzan a reírse sin parar. Yo no le veo tanto la gracia, dos gilipollas altos de piel harinosa están en España de vacaciones y jugando al golf, y no son amables con una chica que se sienta a su lado y se pone a darles un poco de conversación. ¿No creéis que desde el principio podrían haberme dicho que no sabían hablar en ‘Cristiano’?.

Me levanto para ir al baño, y “C-H” me pide que si le puedo traer tabaco al volver alargándome su mano con un billete de veinte. Me levanto para ir al baño y escucho de golpe carcajadas en manada. ¿Qué narices pasa?. “P” sin poder hablar de la risa se tapa la boca con el dorso de la mano izquierda y con la derecha alargándola en dirección a mí, me señala el trasero. ¡Qué infantiles!, pienso yo, y me largo sin darle importancia a las tonterías de estos ‘niñatos’ pueriles. Entro dentro y busco la máquina del tabaco, no sé cual comprarle, así que “Malboro”, si no fuma eso que se aguante y “ojos de rata” se levante a comprarse él mismo su propio vicio. Entro después al baño, guardando el cambio de los veinte euros del tabaco en el bolsillo del pantalón, y justo cuando voy a hacer mis necesidades; el día mejora mucho al caerse todo el cambio al retrete con la tapa abierta. ¡Genial!.

Salgo, doy el “Malboro” al bicho que se disculpa diciendo que en realidad fuma “Malboro Light” pero que no pasa nada, que no se acordó de decírmelo… y comienzan de nuevo las risitas. Cuento lo de su ‘cambio’ y ya son carcajadas. Pasan los belgas por mi lado que aún estaba de pie frente a la mesa y me dicen adiós en español con acento de chocolate rancio. Y cuando se han alejado un par de metros vuelven a mirar a mi lado y empiezan a reírse. _ “¡Joder!, ¿de qué narices os reís tanto?. El tema del puñetero ‘buggie’ y mis problemas con los ‘búnkers’ ya no da más de sí… y los Belgas todo el mundo sabe que si son hombres son estúpidos. Sólo las mujeres belgas son listas –bueno, esto no lo sabe todo el mundo y probablemente no sea cierto, pero da igual, yo lo digo y punto- porque son mujeres… ¿De qué os reís?”.

Y “P” me alarga su larguísimo brazo, me hace girarme, me toca el pantalón por la parte del culo y me dice que mire…

¡La de DIOS!, el dichoso césped al caerme por el dichoso ‘buggie’, por jugar al dichoso golf, me ha dejado el dichoso pantalón blanco con culeras verdes. O sea, me ha estampado en mi culo dos pedazos de globos verdes con manchurrones tierra. ¡Ahí!, ¡marcado con ganas!… Y más –las ganas, digo- de llorar a pierna suelta o a lágrima viva que tenía yo en ese momento… Ellos mientras, parecían doblarse en dos de la risa, ¡llorando casi que estaban!, imaginad mi estado terriblemente penoso que lucían mis pantalones con semejante sello ‘big, big size’ en el mismísimo culo.

Ahora mismo estoy demasiado enfadada como para llorar, demasiado cabreada como para echarme a reír también, y sobretodo; rabiosa de humillación. ¡Qué día de mierda!.

Seguimos comiendo y el aire me hacía tragar el humo del cigarro de “C-H”, yo no quise decirle nada pero “A” le dijo que apagase el cigarro ya o que le cambiara el sitio, le meto un pellizco con disimulo a “A” para que no me haga soportar al cretino de ojos raros de su amigo; pero éste ya ha apagado su colilla y como el cenicero no tenía suficiente agua y salía humillo “P” pide a la camarera que lo retire de la mesa…

Yo bebía más vino, y vino, y vino mientras ellos charlaban animadamente de su partida de golf. Después de comer y con la tripa llena de “filloas con crema y caramelo” y copita de “Oporto”, voy a repasarme el ‘gloss’, y claro, como el espejito era pequeño y yo no tenía ya mucho pulso, mis reflejos dudaron entre soltar el espejo (siete años de mala suerte) o dejar caer la barra de labios al suelo; y ¡alehop!, la barra fue a parar justo en la bragueta de “A” dejando en sus partes nobles un bonito siete en rojo. Le miré aterrada (su mujer lo mata seguro; ¡menuda es!), me miró que casi me ahoga allí mismo, y como no me dio tiempo a guardar la barra, sin querer le hice un par de pintarrajos más en el polo que llevaba, y en el cuello. ¡De esta no salgo!.

Camino de casa tensión máxima, sólo “P” de vez en cuando hablaba algo para relajar tensión, yo voy montada atrás con el de los ojos “rapantes” y fumador compulsivo de nicotina ‘light’ marca “Malboro”. Antes de llegar a mi casa dejamos a “C-H” en la suya (me han castigado a dejarme la última), y después con “A” y “P” ya solos en el coche, va “A” y me dice: _“Ro, déjame un Kleenex anda, que voy a ver si sale un poco más la mierda esta que me has echado en el cuello y en los ‘webos’”. Yo tensa, como es la primera frase que me dirige busco en el bolso rápidamente y le doy la primera cosa blanca y con buena textura que encuentro. Empieza a restregarse y estamos justo en la verja de la entrada de su casa; su mujer sale, nos saluda, y entonces caigo en la cuenta a la vez que él se baja del coche y le da un beso, de que le he dado el pañuelo con el que limpié mi maquillaje de la tapicería del coche y a la postre de mis manos, y con el que me quité un poco del brillo excesivo de labios y el colorete haciendo grumos estilo sarampión. ¡Oh!, ¡mierda!... Mujer de “A” ha bajado la vista directamente a su bragueta y de ahí a sus ojos, un daga hincada sobre el lomo de un conejo; ¡está muerto!. Y dando un repaso por su cuello, nos dice adiós con la mano, le lanza la segunda mirada y entra en casa pegando un portazo tal, que las pocas bolas que quedaban se pusieron a dar brincos dentro de las bolsas. “A” no entiende que el suceso sea tan grave ni entiende la reacción de su señora, y se da la vuelta para despedirse mientras yo ya tenía la cara fuera de la ventanilla, con pucheros y con lágrimas apunto de despegar, para darle un beso y decirle que lo sentía mucho. Y entonces lo vemos de esta guisa: lado derecho lleno de pecas rosáceas por el colorete, cuello manchurreado también de colorete y pintura de base “Brown bronze” oscura incluyendo también cuello de su polo con restos de barra de labios roja.

P” arranca a todo gas cuando vio la ‘estampa’ y dijo: _” Por los pelos te vas a librar de ésta pero como le eche su mujer de casa yo no quiero ser cómplice de nada…Rocío, ¡hay que joderse!. ¿Será posible quedar un día contigo y que no te metas en un jaleo?”. Aquí se echó a reír y yo recibí un sms:

“T Mato, t juro k te mato… sta noche no, kduermo en ksa de mis padres, pero cdo t pille veras”

Un Besazo Fuerte,

Rocío Medina

P.D.: ¿A quién no le ha pasado un incidente parecido?. Nobody is Perfect!!.

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20 Abril 2009

CÓMO LIGAR EN TIEMPOS DE CRISIS

 

 

 

 

Querid@s Tod@s:

 

 

Estoy con una desidia tremenda. La vida en el campo da para mucho, los días parecen eternos, y más ahora con el buen tiempo y el cambio horario; aunque también pueden desesperarte si en tu familia hay toda una procesión de visitas y de familiares histéricos que se unen a la sugestión masiva y procesional de los “semanasanteros” del Sur.

 

 

El caso es que ayer me llama una amiga mía para que fuera a ver la procesión con un grupito de amigos de toda la vida que se han dignado a parecer por aquí y dejar Sevilla; ¡hay que tener valor!... Yo estaba con fiebre, algo relacionado con montar a caballo, coger frío, y que te caiga un chaparrón encima y sigas calada durante quince minutos. Le digo a mi amiga que me duele la cabeza pero que aunque sea tarde bajaré, y mi primo Marcos que es pequeño, se empeña hasta ponerse rojo de la rabia y del llanto, en que se tiene que venir conmigo. Me lo llevo, cojo el coche de un tío mío que tiene una sillita adaptada de esas para niños, y me bajo con Marcos a ver la procesión.

 

 

Cuando llego al lugar no encuentro sitio y tengo que dejarlo lejísimos… ¡cuestas y más cuestas!, pero hacia abajo. A medio camino Marcos dice que ya no anda más, que él está muy cansado y que los nazarenos pasan por todos sitios, que él se queda ahí sentado que no hay gente esperando a que pase la procesión. Le hago entender que por ahí no van a llegar los nazarenos, y después de preguntarme veinte veces el por qué de todo (“¿pero por qué no pasan?, ¿por qué el Cristo no cabe por esta calle?, ¿por qué los nazarenos éstos no dan caramelos como los que yo vi el año pasado?, ¿por qué tus amigos no vienen en coche a recogernos?, ¿por qué no había sitio más cerca?, ¿por qué has dejado el coche tan lejos?, ¿por qué no me llevas a mí en coche y luego te vienes tú andando?, ¿por qué no me puedes llevar tomado que no me canse?, ¿y por qué no tienes fuerza y no puedes cogerme en brazos como los primos mayores?, ¿y por qué no me quieres comprar lagartos de caramelo?, ¿y por qué no podemos volver a casa?....”), etcétera, por fin acepta que sigamos pero cargándomelo en los hombros (llevo ya la lengua fuera).

 

 

Llegamos, llamo a mi amiga porque entre tanto barullo y lo tarde que llegaba no les veía donde habíamos quedado. Sale Ismael, que me ha visto desde las cristaleras de la cafetería donde estaban y me dice que nos han cogido sitio; que se han ido turnando porque todo está de bote en bote. Marcos le pregunta si él puede cogerlo en brazos que yo no tengo fuerza, Ismael lo coge y me hace gesto de sorpresa al verme con el crío. Le devuelvo el gesto de respuesta de ¡mejor ni preguntes!, y entra para dentro subiendo las escaleras de dos en dos y Marcos sacándome la lengua con su cabeza enana llena de rizos oscuros pegada al cuello de Ismael.

 

 

Sentados, mi amiga dice que está en su cuarta crisis del mes, y sólo llevamos unos días de estreno del susodicho. ¿Qué te pasa?, preguntamos al unísono, y nos dice que esperaba que estuviéramos todos para contarlo (esto más que nada seguro que iba por mí, que siempre me dice que cuando me cuenta las cosas luego le pregunto ochenta veces porque quiero todo lujo de detalles; me hace pensar que Marcos ha heredado esa posibilidad genética de tendencia al “preguntismo”. Si lo hago es sin mala intención). Nos cuenta que su puñetero ex (para mí más que puñetero era un desgraciado misógino y cabrón) se dedica ahora que ha encontrado novia a ir de ‘amigos’ por la vida y que le restriega su entusiasmo a mala fe. O sea; le manda mensajes y la llama preguntándole qué tal le iba la vida y dejando caer que la suya era fabulosa: _“Sofi, estoy esquiando en Beirut,¿qué tal lo llevas?. Sofi, me voy de Semana Santa con Sofía –sí, hay que tener mala leche para que tu novia se llame igual que tu ex y muchas agallas para que lo sea a un mes de distancia de haber roto con ella. ¡Qué macabro es el destino!- Sofi, ¡mucho ánimo!, verás como pronto encuentras trabajo… ¡fíjate yo! a mi jefe directo lo han echado y me han dado su puesto. Me pagan pastón…” etcétera. Así que la pobre estaba desolada. Y claro para colmo, no tenía superada la última conversación donde él por error (o no) llamó a la ‘Sofi’ equivocada (o sea, a mi amiga), y le dijo: _ “Cielo, me acabas de mandar un sms para que te compre tampones, pero tía, estoy en la farmacia y hay de muchas clases, ¿cuáles quieres?...” y mi amiga tuvo el tremendo lapsus de decirle: _ “¡Pringao de mierda!, has llamado a la otra Sofía, ¡pedazo de cerdo!… eres igualito a una almorrana con patas. Pruébate tú uno de cada clase metiéndotelos en el culo y decide cual se te adapta mejor!. Y claro, sorprendido, él le dice: _”Sofiiii tía, jeje. Lo siento, ¡qué carácter!, sigues sin echar un polvo durante este tiempo, ¿verdad?. Oye, que me he confundido al marcarte, ¡no te pongas así!…” Y ella: _“No seas tan cretino, que ya eché los polvos pertinentes cuando estaba contigo, tuve sobredosis. Aunque no me importaría repetir con tu amigo el rubio de Ibiza…”. Y él: “¡Qué pedazo de putón eres!, ¿de qué coño estás hablando?, ¿te has tirado a Tomás?. Ella: _ “La verdad, si no hubieses estado tan ocupado entrándole a todas las tías de Madrid te lo habría contado, y tampoco me dio tiempo a saber cómo se llamaba, pero no creo que te tenga que importar, ¿no?. Ahora tienes novia y hasta le compras los tampones, y a mí porque una vez me vino la regla y estaba que me moría de dolor y se me ocurrió preguntarte si podías ir a comprarme támpax pusiste el grito en el cielo… ¡Vete al carajo!”. Él: _ “¿Te tiraste a Tomás o no!” Y mi pobre amiga toda triunfal le dice antes de colgar la llamada: _ “¡Que te den!,¡imbécil!, se lo preguntas a él… Por cierto, con lo inseguro que tú eres, espero que jamás te quedes en pelotas con él delante en el gimnasio o no levantarás cabeza…”

Total, estaba hecha polvo… Le había creado dudas sobre su virilidad poniéndose ella en el centro de la diana. Se había autoproclamado infiel, puta, infantil, resentida, y lo que es peor; le había dejado claro que pese a ser ella la que le dejó (llevaba más cuernos que ‘la Bosé) seguía loca por él. El caso es que ella no es tonta, sólo propensa al autoengaño, y claro, por más que había evidencias claras de que él le tiraba los tratos a todo bicho viviente con vagina, ella no se quería dar por enterada y buscaba mentalmente el modo de disculparle. Ahora lloraba, y Marcos le acercaba servilletas de papel para que se sonase la nariz y se limpiase las lágrimas, y cuando ella seguía enérgica soltando lágrimas y enfatizando sobre la metedura de pata que había tenido, Marcos le restregaba él mismo la servilleta (en el fondo es para comérselo de bueno) arrastrándole el rimel hasta la comisura de la boca.

 

 

 

Mi amiga Susana Córcoles le dijo que la cosa tampoco era para tanto, que encima debería darle las gracias por haberse quitado a un tío que sólo tenía sentimientos en la entrepierna, y que eso ya era un suponer, porque si encima la tenía pequeña, más que dudoso era el hecho de que tuvieran que agradecerle algo a alguien y pasarse directamente a compadecer a la nueva adquisición: “la otra Sofi”.

 

Marcos andaba dándole vueltas al zumo, decía que su madre lo sacaba de un cacharro que hacía ruido y que trituraba la fruta entera sin pelar, y que él no se fiaba de ese zumo que tenía sabor a lata. Le pregunté que si es que él alguna vez se había comido una lata para saber qué sabor tenía, y me dijo muy serio que si es que yo era tonta. Decidido: era tonta por no preguntar antes al crío qué quería tomarse. Se lo pregunto y le digo que no se beba el zumo si no le gusta, y me dice que quiere un ‘whiskey’ solo. Le digo que eso es para mayores y él me dice que ya es mayor que el primo Antonio. Vuelvo a decirle que no es suficiente, que tiene que ser por lo menos mayor que yo, y me mira y me dice que quiere un ‘cola cao’. Tomándose el ‘cola cao’ de rodillas encima de la silla y haciendo ruido con la pajita…

 

 

Sofi va por el segundo ataque de histeria de la velada. Nos cuenta que además está a un ‘tris’ de perder el trabajo, que entre que su jefe ya avisó del recorte de plantilla en Enero y que la pilló toda una mañana en distintas horas a lágrima viva hablando por teléfono, la miró mal y que desde entonces se dedica a ignorarla de manera descarada en las reuniones; tan sólo albergaba la esperanza de que la volviese a hablar para extenderle el sobre con el finiquito. Mal asunto. Y peor aún porque se lo contó a su novio en un descuido que lo pilló siendo amable y comprensivo con ella, y ahora estaba arrepentida por haberle inducido a pensar lo ‘tirada’ que estaba.

 

 

Marcos dice que se aburre, que quiere ir a la feria. Varios ‘por qués’ más acerca de por qué no había feria, y por qué no estaban los ‘cacharritos’ puestos si era fiesta y no había ‘cole’, y por qué se había muerto Jesús si era tan bueno, y por qué a la gente le hacía gracia y le aplaudían cuando salía en calzoncillos muerto y atado en la cruz.

 

 

Sofi dijo que a ver ahora qué iba a hacer sin trabajo, sin novio, y sin dinero para comprarse ropa de verano ahora que había conseguido adelgazar ocho kilos con tanto esfuerzo (¡mentira!, más que del esfuerzo era del estrés y del dolor: si algo bueno tiene tener que dejar a un novio como escarmiento y a modo de que vea ‘las orejas al lobo’, con intención de retomarlo habiéndose aprendido la lección, y darte cuenta que en el fondo, era lo que el tío quería pero que era un cobarde para tomar él la iniciativa de cortar; es el hecho de que adelgazas. De que andas todo el día como una colilla arrastrada por el viento; te mueves por inercia, dejas de lavarte el pelo, saltas de la cama al sofá y del sofá a la cama. Te olvidas de comer, de llamar a la gente, de que tienes que comprar papel higiénico y tampones, y de que tu abuela está en el hospital apunto de irse al otro barrio. O eso, o directamente de la cama al congelador a comer helado como una poseída, de ahí al sofá a comer sin sentido cualquier cosa que haya por casa y que no te haga vomitar; y acabas con la crisis del ‘dolor de hombre’ para empezar la crisis del ‘dolor de michelines’ XXL que acabas de aglutinar en tu tripa y con la angustia de ver tu cartucheras cual morcilla apretadas en los vaqueros). Y que a ver qué iba a hacer ahora: se acercaba el verano y estaría otra vez sin novio, sin dinero, y sin posibilidades de pasear su escultural figura por playa alguna; que de la depresión volvería a coger los ocho kilos más tres de propina, que su vida era un asco, que se odiaba, que odiaba la crisis, y que ahora no ligaría jamás. No ligaría primero porque había decidido cortar el mamoneo con ligones y machorrotes de medio pelo, cortar con el trato ilícito de reírle las gracias a los guapos de turno y dejar que la mangoneen a cambio de un polvo (ella que es propensa al autoengaño como digo siempre, piensa que acabarán enamorándose, y aunque meterse en la cama de buenas a primeras lo ve precipitado, acaba cediendo y practicando la resonancia de los orgasmos para llamarme a la semana y decirme que el mastodonte con gomina no ha dado señales de vida). No ligaría porque tiene treinta y cuatro años, tardaría en fiarse de un tío por lo menos dos; biológica y socialmente muerta para un tío: inexistente para los que le gustan (mentalmente preparada para aceptar la derrota de su vida y tener que echar a la basura algunos de sus niveles de exigencia), lleva una especie invisible de ‘letra Escarlata’ que sólo ven los tíos donde debe decir: “¡Cuidado con ésta!. Especie en vías de extinción que se agarrará al primero que pille por banda para que se convierta en padre de sus hijos en menos de un año. Con poderes y malas artes de seducción para alcanzar tal propósito. Óvulo maduro a punto de ser infecundo, huir, huir, ¡huir!”. Luego ahora tiene que subir la media de la edad de los hombres a una década más, dar por hecho que tendrá alguna tara, o a lo sumo; será un gilipollas sin remedio y con poco pelo. O eso, o dar con un tío lo suficientemente sin personalidad, cabrón y miope, que la confunda con una réplica de su madre, y quererla tener como una más de sus concubinas; nada de exigir fidelidad (mi amiga pone cara de asco ante esta posibilidad y accede a contar la siguiente). Y tampoco ligaría porque la realidad es que ya no se fiaba de los hombres, así que andaría con tanto resquemor y miedo, que eso imposibilitaría totalmente una fluidez y relación normal con cualquier tío (a estas alturas el nivel del listón del tío ya va por: calvo y poco viril, con halitosis, alto ‘complejo de Edipo’, cabrón de mala muerte y rotundamente viejo, o joven pero con un montón de hijos y una ex esposa bien molesta).

 

 

Marcos dice que se aburre mucho, empieza a hacer pucheritos y además tiene sueño, se restriega meloso contra mí como un cachorro de ‘labrador’ ojitos incluidos; lo cojo y lo siento encima, le voy dando besos y me dice que mi amiga es igual de llorica que la tía Almudena. Mi amiga dice: _”¡Mocoso!, lo peor es que este crío es un candidato a hacer llorar a las mujeres, igual que tus primos mayores, Rocío, que son unos cabrones… ‘los espatarradotes con encanto’ –así los llaman mis amigas y yo no puedo decir nada porque confieso avergonzada que tienen razón- ¡Mira el crío éste!, tan guapo, y sin posibilidades algunas de tendencia a la calvicie… ¡en tu familia no hay ninguno calvo!, es guapo, listillo y ya apunta maneras que me ha tocado el culo antes…”. Mi primo la corta y le dice que no sea mentirosa que no le ha tocado el culo, que era para saber si llevaba caramelos en el bolsillo. Sofía levanta el trasero un poco y se da cuenta avergonzada que el niño tenía razón y tenía los pendientes en el bolsillo del vaquero haciéndoles surcos raros. Marcos pregunta que si podemos irnos. Todos a la vez dicen que ¡no!, y Marcos apabullado se queda callado de repente y haciendo pucheritos… finalmente llora y empieza a ponerse histérico dándome patadas inquieto en un ataque de rabia y puñetazos a la mesa. Cuando le calmo me vuelve a decir que quiere un ‘whiskey’, le pido unas patatas fritas y dice que me las coma yo; se las comen los demás. Y él se pide una sopa sin tropezones. No hay sopa, Marcos se levanta finalmente, se vuelve a subir a la silla y empieza a hacernos dibujos de monstruos con nuestro nombre en cada uno en una libreta que llevaba yo en el bolso que él registra cada dos por tres buscando el móvil para llamar a su madre y sacarme el dinero del monedero y guardárselo en un bolsillo de su abrigo descaradamente.

 

 

Sofía, con los ‘martinis’ y a estas alturas, dignidad cero, comenta en voz alta como desafiante y buscando aprobación que debe hablar con su ex y pedirle disculpas. Le quitamos el móvil y muy seriamente le vamos diciendo uno a uno que olvide el rebajarse más y hacer más el ridículo; que pase de él…

 

 

¡Pasar de un tío!. Bien, qué frase más pragmática, rotunda y recurrente, ¿no es cierto?. ¿Por qué narices ha de tener encriptadas tantas preguntas al respecto?: Vale, ¡pasar!, ¿pero eso a qué se traduce?; ¿a que puedo enviarle sms despreocupada para que vea que no me afecta?, ¿a que puedo enviarle mails spam?, ¿a que tengo que hablar con sus amigos pero ignorarlo a él cuando lo encuentre en los pubs de turno?... Vale, vale… ¡ya lo sé!, a que sepa que hago mi vida sin necesitarlo ni echarlo de menos; ¿pero cómo narices puedo hacer eso si no tengo contacto con él para decirle que paso de él?. Igual piensa que un ‘txunami’ se metió en mi ordenador y borró todo rastro de mis amigos; igual por eso es por lo que no le dejo mensajes en el buzón, ni le escribo en el muro aprobando entusiasmada su último ‘status’: “… en el caribe con mi nena, vuelvo en 3 semanas”. Y lo mismo si no le envío un sms o le llamo va a pensar que en la peluquería me mojaron el móvil y por eso no tiene señales de mí; pero para nada pensaría que estoy pasando de él. Y otra cosa; ¿no pensará que si no doy señales de vida en vez de ignorarlo lo que hago es hacer que piense que voy de “ofendida” y que sigo más pillada por él?.¿Pero no será…?

 

 

Sofía llora de nuevo: _ ”¡Quiero llamarle! (ligero ‘hip’), porque quiero dejarle claro que no estoy pirada por él… quiero llamarle porque quiero que sepa que paso de él… ¡Dejadme llamarle!... (ya veis; dignidad cero patatero y unido a mucho alcohol: cerebro rígido).

 

 

Marcos ha dibujado a Sofi como un reptil gigante con ojos saltones y lágrimas gordas rellenadas con manchurrones negros de la tinta del ‘pilot’. Cojo la hoja y le digo que haga otro en la nueva en blanco, dice que le gusta esa y trata de dibujarle colmillos a esa cobra alienígena. A Ismael lo ha dibujado con una cabeza gigante, cuerpo larguirucho y tres ojos, debajo le ha dibujado tres palos con dos círculos con alambres dentro y una especie de puro machacado que viene a ser el tubo de escape de la moto que el propio Marcos ha tuneado. Y así sucesivamente hasta que ha llegado a Susana Córcoles y la ha dibujado con cuerpo de persona (es muy guapa, tal vez sea por eso), y la dibujó larguirucha y con unos enormes zapatos (como si fueran los de un payaso) con tacones. A mí me dibujó con mucho pelo, era un monstruo con mucho pelo, dos globos gigantescos haciendo de orejas, y una cuerda larga donde atado del cuello iba un mochuelo al que puso en una especie de bocadillo con letras torcidas: ‘Guau! Guau!, soy Helmut!.

 

 

La verdad es que demasiado bueno es el peque para protestar tan poco con el tiempo que llevábamos ahí. Por fin decide levantarme el castigo y se vuelve a acercar para que lo suba en mis rodillas y me dice bajito en el oído que quiere “una fuente de hamón” (acento ‘andalú’) para él sólo. Pido un plato de jamón, el camarero lo pone en el centro y Marcos empuja el plato hacia sí, se aferra a él con fuerza, lo huele como un profesional (yo le regaño y le digo que no se meten las narices en el plato), y dice que el jamón está rico. Se come tres trozos de jamón nada más pero dice que los demás no pueden comer porque no se debe meter la mano en el plato de nadie. Nos saca la lengua todo orgulloso y está expectante y vigilando el plato durante un rato. Luego todo dulzura se acerca de nuevo a mi oreja y me dice que si nos podemos ir ya que está cansado. Pienso en que tengo el coche lejísimos, y voy oficialmente despidiéndome de todos mientras Marcos está de pie en la silla y le dice al camarero que le guarde el jamón para otro día. Lau nos va a acercar hasta nuestro coche porque su plaza de garaje está a la vuelta de la manzana y no le importa llevarnos. Marcos cambia mi mano por la de Lau a modo de agradecimiento y Sofía vuelve a derrumbarse porque no se quiere quedar sola.

 

 

En casa, Marcos quiere dormir conmigo y dice que tiene hambre. Se pone el pijama él solito y cuando está en la cama sale pitando al cuarto de baño y desde allí me pregunta que dónde está el peine, me levanto y me acerco pero ya lo ha encontrado y está peinándose. Le pregunto que por qué se peina para acostarse, y me dice tranquilamente que tiene que estar guapo porque Dios y la Virgen María lo ven y no les gustan los niños despeinados (es lo más presumido del mundo). En la cama me dice que no le cuente un cuento, que le explique por qué Sofía lloraba tanto, si es que la habían castigado sus padres. Le digo que es porque tenía un novio y que se portaba mal con ella. Marcos pregunta que si es porque le pega y no quiere jugar con ella; le respondo que algo así pero sin pegarle. Y le digo a Marcos que me tiene que prometer que cuando sea mayor se portará bien con las niñas, que no las mentirá y no les hará daño. Me dice que me lo promete, pero que si le despeinan o algo se enfadará mucho y ya no querrá ser amigo de ellas; asiento y digo que lo entiendo, que despeinar a un chico no está bien. Marcos se va quedando dormido, y cuando le muevo la almohada para que pueda dormir mejor me dice que lo he despertado y que le cuente un cuento...

 

 

“Una vez había un príncipe muy guapo que iba con un caballo a buscar a la princesa de sus sueños, que vivía en el hermoso castillo de su padre, un hombre muy poderoso: era rubia, con ojos azules, esbelta…” (¡Mierda!, ¿se pueden usar más tópicos en una frase?... reculo al darme cuenta que por mi culpa estoy incentivando la creencia popular de que los hombres son príncipes en potencia, de que las mujeres han de quedarse sentadas esperando a que ‘El Príncipe Azul’ las busque y las conquiste; metiéndoles desde pequeños la idea de que son mejores princesas las niñas rubias con ojos azules y delgadas… ¿Quién va a querer así a una morena, gordita y bizca?, ¿cómo le vamos a introducir en la sesera a un ser de por sí, carente genéticamente de inteligencia emocional, que la belleza está en el interior?).

 

 

“Había una vez una princesa muy lista, tenía ojos de pez y los brazos rollizos. Se quedó sin trabajo, y no tenía dinero, y un día cogió el ‘bonobús’ y se fue a Getafe a buscar a un príncipe… (Marcos después de otra tanda de ‘por qués’ dijo que ese cuento era un rollo, que las princesas no trabajaban y siempre tenían dinero, y que los príncipes vivían en castillos enormes y sólo montaban a caballo en el jardín de su casa). Dicho esto, me sube la fiebre, llamo a Sofi con voz baja desde el baño, y acabamos las dos llorando a lágrima viva.

 

 

Besazo Grande,

Rocío Medina

 

 

 

P.D.: ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?.

P.D.1: Aprendamos de esas diferencias del “hombre y la mujer”, y consigamos convivir felizmente con ellas… ¡Sin Acritud!.

 

 

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31 Marzo 2009

EL "Sí" DE LOS HOMBRES

 

 

 

            Querid@s Tod@s:

 

 

 

            No quiero ser muy quisquillosa, pero resulta que estoy en una reunión importante y el "Gran Jefe" (en realidad es el ‘Segundo de Abordo', sólo que él hace creer que lo es únicamente porque el "Gran, Gran Jefe" está en una reunión en "Melborne" y le ha dicho casi echándole el humo de su pestosa colilla que se hiciera cargo del barco - así mismo se lo ha dicho que yo lo oí- y bueno, el "Gran Jefe" se entusiasmó tanto que en este instante vamos por la segunda hora de "La reunión de Contenidos de Primera Hora" (la que de sobra es sabido que no dura más que media hora con el "Gran, Gran Jefe").

 

 

El "Gran Jefe" es tan sólo un pelota más que está deseando que el "Gran, Gran Jefe" vuelva a despeñarse en moto acuática y se vuelva a romper la pleura- y que siempre va vestido con calcetines del color "humor" (si los lleva negros es que está en tono neutral, a la expectativa; como un buitre al acecho. Si son morados directamente su conversación será ácrata, impersonal, y profundamente cargada de insolencia. Si son rojos está pensando que tal vez hoy tenga suerte y probablemente la chica a la que ha estado taladrando el coco con SMS en plan masivos vaya a contestarle y acceda a quedar por fin con él. Si son naranjas seguro que tiene alguna idea creativa de lo más estrafalario que hará gracia al "Gran, Gran Jefe", y nos mantendrá jodidos durante unos días al resto de empleados para poder llevarla a cabo. Si son verdes como la última vez,  igual está acatarrado y en vez de café, se pide un poleo menta y afortunadamente tendrá un día poco hablador -tradúzcase a que igual no nos dará mucho el ‘coñazo'- y dejará su nariz olfateando tan sólo la mesa de su escritorio... Y así sucesivamente con todos los tonos posibles. El traje siempre es gris marengo que combina con gemelos a juego con el color de sus calcetines).

 

 

            ¡Por Dios!, llevamos dos horas y cuarto, y literalmente ya me ha dado la vejiga de sí. A mi derecha está sentada Carlota de Bernardo, rubia sin igual, con escote sin igual, con zapatos sin igual, con novios sin igual, y con un sin igual tono estridente de voz. Y lo peor de todo, no es que lleve tan sólo cinco meses y dos semanas en la empresa y ya haya pasado de ser una mera secretaria a ser la secretaria del "Gran Jefe", sino que encima va camino de cobrar más que yo... Le meto un codazo con disimulo y le digo que si no se hace pis ni nada, y ella me sonríe y dice en voz alta cuando el "Gran Jefe" enfatizaba sobre la necesidad de ser meticuloso a la hora de comprobar las estadísticas de la competencia: _ "Necesito que hagamos un descanso, se me ha quedado el elástico de los ligueros pegado a la silla de plástico y como siga más tiempo sentada, al levantarme se me van a romper". Y ¡zas!, el "Gran Jefe", que minutos antes me había mirado como si fuera un perro pulgoso a punto de contagiarle la rabia cuando me ha visto moverme incómoda en la silla dos puñeteros segundos, va y dice en tono desenfadado: _"¡Por supuesto!, gran idea, Carlota... ¿ligueros?, jajaja... ¡qué ocurrente! . Si, tomemos un descanso, a ver si así tu compañera (yo no soy su compañera, perdón. No es que sea nada grande dentro de la empresa, pero tampoco soy su compañera, de hecho sólo coincidimos en los baños, en la azotea para fumar, o cuando voy al despacho del señor "Calcetines color humor") se tranquiliza un poco (¡joder!, ¡y yo estoy tranquila!; tan sólo me orino a más no poder... ¡Menudo Gilipollas!).

 

 

            Los tíos está comprobado que dicen "Sí" únicamente cuando traman algo malo, burdo y tendencioso. Dicen ‘Sí' a casarse porque piensan que es la única manera de poder tener amante. Dicen ‘Sí' a los descansos de las reuniones únicamente cuando pretenden ir a hurtadillas y decirle a su secretaria más tarde que esté sentada sin moverse durante horas a ver si después de la jornada se le rompen literalmente los ligueros espatarrada encima de su mesa con un dedo en la boca. Dicen ‘Sí' a los viajes de negocios cuando piensan que probablemente la azafata del vuelo estará disponible para un flirteo con acusación de ‘polvo' sin complicaciones. Y sobretodo; dicen ‘Sí' a las rubias sexys con escotes amplios.

 

 

            Entro en la cafetería, me encuentro al "Gran Jefe" aullando de felicidad, con ese aire impertérrito que tienen los enanos de medio metro cuando se les pone una medallita (en este caso un cargo por unos días) donde les otorgan el Don y el Poder absoluto. ¡Tiene cara de besugo!... Y ahora parece un "Cara Besugo de medio palmo subido a las alzas del poder que le dan una estatura de medio palmo más". Paso por su lado y me dice: _ "Medina, hoy has estado muy callada en la reunión, espero ideas frescas para cuando entremos, ¡ve pensando!..." ( y yo hago lo que me dice, efectivamente, y pienso que es un gilipollas de hombros estrechos).

 

 

Siempre he pensado que hay varios tipos de hombres: los que se casan para tener amantes, los que no se casan para conseguir aplomadamente la idea de ser fieles a sus novias, los que no lo hacen - casarse, digo- porque son los eternos "Peter Pan" que siempre piensan que casarse con la que tienen será a la larga renunciar a la siguiente que ha de ser más y mejor (hasta que llegan a una determinada edad y se dan cuenta de su craso error y pasan a ser de la lista de los "incolocables" y andan despiadadamente dando el ‘coñazo' a chicas veinte años más jóvenes a ver si las pueden engañar con su ‘status' y su dinero), los que son ‘gays' o ‘bisexuales', y los tíos de hombros estrechos... Éste es sin duda de los últimos de este ‘ranking'

 

 

Pasa Carlota, y echo un vistazo de reojo al "Gran Jefe", que le da un codazo al  ‘mandamás' del Departamento Legal; ambos ríen, y entonces ya sé claramente que en la mente de ambos estaba ahora Carlota con los ligueros metidos en el cajón del despacho y enseñando el color de sus bragas a la vez que la alarma del simulacro de incendios se ha disparado por los niveles altos de testosterona precipitados en el ambiente opaco, gris y sin vida del despacho del "Gran Jefe".

 

           

            Ahora "Gran Jefe" lanza miraditas a su secretaria, y ésta confunde las señales y se acerca a ponerse a hablar con el ‘mandamás' del Departamento Legal. "Gran Jefe", siente la presión del ridículo en sus mandíbulas y aprieta la cucharita de plástico del café con sus dientes de pichón baboso. En otro tiempo me habría sentido celosa de Carlota, me gustó el ‘Mandamás' del Departamento Legal nada más entrar a trabajar en la empresa. Es alto, con aspecto desenfadado y a la vez serio, rezuma un aire de hombre importante y a la vez despreocupado; siempre me lo imaginaba saliendo impecable de la oficina con su traje de "Loewe" y su maletín de "Prada",  y al llegar al aparcamiento quitárselo y meterlo hecho un harapo en el maletero ridículo de una "Harley Davidson" y ponerse ahí mismo unos ‘jeans' prietos y desgastados, y largarse del ‘parking' a doscientos kilómetros por hora mientras suelta la moto para empotrarse el casco de un sólo golpe; ¡catapún!, casco integral puesto y perfectamente abrochado, con las gafas de sol oscuras incluidas, aunque fuera sea de noche. Captáis la idea, ¿no?. ¡Pues eso!... Pero en este momento no me preocupa lo más mínimo que esté flirteando con Carlota, con tal de ver la cara de pasmado y de gusano miserable que se le está quedando al "Gran Jefe", que quiere meter baza por algún lado en la conversación y no sabe ni qué decir. Dos palmadas al aire, y la indicación de que volvemos a entrar en la reunión. ¡Mierda!. Me ha lanzado mirada de asco, de ascazo total, éste hoy la paga conmigo, verás que me pregunta qué idea he estado pensando y seguro que mi vejiga vuelve a martirizarme y de los nervios y la ansiedad voy a soltar algo como: _ "Pienso que tiene cara de besugo y es de los de hombros estrechos... Carlota es una diosa libidinosa y no tiene vergüenza, y el ‘Mandamás' de Legal está buenísimo y le aguanta la conversación porque en el fondo le da pena la manera tan absurda  que tiene de tratar de ligar con tías imposibles. También es un idiota, o sea; no idiota como usted, sino simplemente idiota. No debe saber que existo excepto porque hice un ridículo espantoso cuando coincidimos hace dos meses, siete días y tres horas y cuarto en el mismo restaurante a la hora de pagar, y toda resulta dije que me habían dado mal el simple cambio de cinco euros y medio, y ni con los dedos lo supe contar - esto es totalmente cierto, pero mi estado era crítico; venían unos tíos de "Ouzbekistan" y yo me puse tensa y eché la reunión a perder confundiendo horarios de aviones, taxis y hoteles...

 

 

            Nos sentamos en los mismos asientos, y de nuevo los vasos de café de plástico se ubican en la mesa mezclando el tibio aroma del café caliente con el de los "post it", los folios, la tinta de los ‘pilot', y el estridente olor de los ‘limpiacristales' que usan las señoras de la limpieza para abrillantar el tablero. "Gran Jefe" me mira y yo disperso la mirada haciendo una pregunta que pareciera interesante a mi compañero de la izquierda, aunque en realidad le dije pegándole la boca al oído y gesticulando con las manos sobre uno de los folios que nos había pasado Carlota el día de antes sobre el asunto de la reunión: _"¿Cuándo carajo vamos a terminar con esta tortura? - él se ríe. ¡Mierda, no!, se supone que soy una ejecutiva intelectual y que merezco el sueldo que gano, y hago preguntas y sugerencias interesantes- En serio, como tenga que escuchar un gruñido más de este tío seguro que me pongo a ovular". "Gran Jefe" escucha la risotada de mi compañero y dice que su comentario de preocupación sobre las estadísticas no tenía ninguna gracia. Compañero se disculpa y ahora él también me mira mal. Me pego con el cuerpo a Carlota, que pese a no haber calefacción en esa sala (creo que "Gran Jefe" la quita para que el sudor no le juegue malas pasadas y le haga brillos a esa cara de tortuga ‘pocha' que tiene, y como método infalible de que a esas horas de la mañana ninguno estemos dormitando, sino bien despiertos y tiritando de frío  -sólo las tías, que ya sabemos que los hombres tienen un termostato bien distinto- ) ella está caliente como una estufa de butano en la casa de una abuela. Y ésta me mira de reojo, mostrando su cutis bien hidratado al que no se le corre el rimel, y me dice por lo ‘bajini': _ "¿Qué pasa?; ¿te meas otra vez?"...

 

 

            Reunión acabada, espero que salga "Gran Jefe" antes que yo para no tener que arriesgarme a que me pregunte algo o me dicte algo nuevo que hacer que me mantenga ocupada todo el día y no me pueda centrar, como una buena ejecutiva, en perder el tiempo con los ‘mails', marear con llamadas gratis a amigos donde finjo estar ocupadísima y liada, y visitar las demás páginas y comunidades ‘web' donde la gente en general tiene vidas apasionantes y maravillosas, y unos jefes ideales bañados en sudor de hombre y no en perfumes ‘baratija' comprados a precios de órdago absolutamente impersonales. Jefes de verdad, de esos de película; de esos que tienen gafas oscuras de pasta y entienden que pases de salir a las siete porque has de salir a beber unos "martinis con menta con tus amigas en un nuevo local de moda. Es más, son de esos jefes ‘molones' que hasta se apuntan a ir más tarde y te pagan las copas mientras sonríen todo el tiempo y hacen que tus amigas se mueran de la envidia por el ‘boss' que te ha tocado en suerte.

 

 

            "Gran Jefe" antes de cerrar la puerta repara en el detalle de que tengo la cabeza clavada a la puerta, culo en pompa a punto de despegar de la silla, pero que no termino de arrancar porque algo me frena -¡él!- así que dirige su voz de "Capitán Garfio" y me suelta: _ "¿No sales?, ¿estás preparándote para otra reunión?... Necesito que termines tú el informe para mañana. Así que apura a los demás para que te den los datos y me lo redactas tú. Lo necesito en mi mesa mañana mismo... Ah!, y dile al de Legal que pida un mensajero o lo que sea pero que mande la dichosa carta a Win Yo para que firme el dichoso contrato de una vez; estoy pillado de pies y manos sin ese contrato listo para cuando venga Alfonso - Alfonso es el "Gran, Gran Jefe", él se permite tutearlo porque no sabe que en realidad es un perrito faldero, tan sólo es como una de esas perras con embarazo psicológico- ¿de acuerdo?. ¡No lo olvides". "Gran Jefe" sale de la sala y yo dejo de tener el trasero en pompa; cabreada porque me manda el peor trabajo: apremiar a la gente y atosigarla para jorobarle la tarde haciendo trabajo, y confusa: "¿en serio?... ¿he oído bien?. ¿Voy a ir a hablar con el ‘Mandamás' del Departamento Legal?".  

 

 

            Salgo pitando a mi mesa -mesa horrible de contrachapado con pico roto por las veces que al pasar me he tropezado con él hincándomelo en el muslo con resultado de cardenal maduro durante unas semanas- y desde ahí marco la extensión de Carlota (la única chica lo suficientemente femenina y lo suficientemente guapísima, como para soltarte verdades crudas a la cara -si eres muy insegura la odiarías, pero ella no lo dice con maldad- sino en plan: _"Efectivamente necesitas un poco de anteojeras, claro que te lo presto, pero eso no es lo peor: tienes los poros abiertos y el corte de pelo te favorece muy poco..." o también: _ "Ei, tía, se te transparenta un poco el sujetador y es un espanto de cosa con tirantes y elástico dado de sí... prueba a comprarte uno con relleno y encaje cuando te plantees volver a ponerte esa camisa", etcétera.

 

           

            Carlota viene a mi mesa,  yo que en este caso quiero discreción absoluta se hace imposible por el ruido de sus tacones y por la manera en que marca las caderas de su culo prieto al andar. Tardo cinco minutos enteros en dispersar las miradas que siguen a Carlota hasta mi mesa sin pico, y después medio segundo en que nadie preste atención a lo que yo pueda decir por centrarse en su culo y en su delantera inclinada sobre mi mesa. Carlota con voz agrietada e hilarante (las rubias perfectas y con talento también tienen derecho a tener defectos), me dice: _ "Dime Cielo, ¿quieres un ‘támpax'?. Re ¡Mierda!, ahora encima de pensar todos que Carlota es una diosa, por imposición y comparativismo, también piensan que la diosa Carlota está hablando con una tía demacrada, meona y con la ‘regla'  (la mayoría son tíos y para un tío, ¡ya se sabe!: no hay nada peor que imaginarse a una tía "enferma" con el ‘periodo'). Otros cuatro minutos y medio para que nadie mirase y le digo: _ "Carlota, tengo una emergencia a nivel mundial, colosal, enorme... sé que estoy hecha una birria, ¡ahórrate los detalles por favor!, hoy no necesito más crueldad, tan sólo necesito que cojas tus pinturas y te vengas al baño a dejarme la cara lo menos necesitada de vida que puedas - esto no lo entendió mucho, pero captó la idea- ¿podrás ayudarme y ser discreta? - esto tampoco lo asoció al hecho de no tener que comentar nada en voz alta ni armar escándalo con sus tacones, su pedazo culo y sus tetas pomposas- ¡por favor!..." Y acto seguido, Carlota:_"Claro que sí, encanto, dejaré esa cara demacrada lo mejor que pueda, pero no puedo hacer milagros... ¿Se puede saber dónde vas a ir un lunes a las doce de la mañana pintada como una mona?. Porque tendrás que conformarte con que te pinte como una mona, no puedo hacer nada más cuando tienes la cara deshidratada y sin ‘bótox'". La mañana empezó siendo un asco, y verás tú como no mejora; ahora mismo autoestima por los suelos, soportando la mirada vomitiva de los demás colegas que me acusan descaradamente de no ser igual de guapa, resultona, y pecho alegre y airado de Carlota, y encima pensando que me consumía el terrible mal de tener la "regla". En este momento me encantaría mandarlos a todos al cuerno y celebrar grandilocuentemente el que dentro de unos años todos estén de la próstata y soportando bolsillas llenas de pis pegadas a su pierna.

 

 

            Carlota me pone la cara como vaticinó, y bueno, no es que yo sea una tía sin criterio, sino simplemente estaba sin autoestima, sin fuerzas para batallar entre ella y la brocha, y con el tiempo de hora y media pegada al ‘secamanos' clavándome el tubo en la espalda; o sea, que estaba sin tiempo y el "Mandamás" del Departamento Legal seguro que para mejorar el día, se iba a largar a almorzar sin que yo hubiera podido robarle al menos cinco minutos entre que digo lo que tengo que decirle del trabajo, y entre que le dejo caer que los miércoles está invitado a tomar ‘cócteles' conmigo y mis amigas (el nombrar ‘conmigo' primero es un claro ejemplo de mi estado de desesperación)... 

 

           

            "Mandamás" del Departamento Legal sorprendido al ver a "Heidi" vestida de ejecutiva y nerviosa como un flan. Titubeo un par de veces entre sentarme a su derecha (la luz de la ventana me dará directamente en la cara y difuminará mi exultante e injurioso colorete) o a su izquierda (la luz me da justo en la nuca, es mi lado bueno, pero claramente verá en primer plano mi humillante maquillaje, efectivamente: como el de una mona de circo). Resuelto: me siento a su derecha. Mala elección, el sol me radiaba los ojos y ahora no sólo le hablo titubeando, sino que una vez me he arrancado a hablar, estoy tartamudeando y guiñándole los ojos como si tuviera un ‘tic' nervioso (estoy deseando largarme de ahí o por la ventana o directamente por el retrete suicidándome a base de laxantes por lo menos). "Mandamás" simpático me pone su mano de hombre - ¡pedazo de mano de hombre!: caliente, firme, tostada y abierta- sobre la mía, y me dice que si me estoy híper ventilando (¡Dios mío!, yo sólo quiero morir. No quiero híper ventilar, ni quedarme muda de repente, ni que se disipe el maquillaje por completo corriendo río abajo con el sudor del ridículo para estamparse en el cuello de mi camisa  -¡coño!, también la camisa está llena de manchurrones de colorete por culpa de la jodida brocha de la jodida Carlota- ni quiero tan siquiera que el culo le arda en la silla y se quede el redondel pegado a ésta para compartir humillación. ¡No!, yo sólo quiero morir en este momento. Que Dios se apiade de mí y me alargue un brazo por la ventana y me ahogue ahí mismo y me haga desaparecer). Pues no, no me estaba híper ventilando, tan sólo estaba haciendo el ridículo como hacemos todas o casi todas las tías cuando tenemos a un ‘pavo' como aquel delante de nosotras mirándonos con cara de preocupación, intriga, expectación, y con gesto paciente y sereno: tanta atención absoluta nos descentra, nos descoloca, y nos pone nuestro mundo de dudas patas arriba.

 

           

            Por fin salgo, no sé cómo me he mantenido en pie con los tacones mientras giraba la manilla del pomo de la puerta de su despacho; y él detrás. Me alarga la mano antes de irse y me da un apretón fuerte, tan fuerte, que volví a sentirme mareada y a punto de caerme al suelo. Sonrió con aire desenfadado -aquí volví a imaginármelo en un ‘lapso' mínimo de tiempo sacudiéndose la cabeza con la ‘Harley' a ‘' lo que da, segundos antes de empotrarse el casco y salir pitando a ‘zumbarse' a un par de ‘tías buenas' que le esperan en el rellano de su ático a punto de empezar la juerga sin él. Y me dice: _"Bueno, lo de la copa del miércoles pinta bien... te mandaré un mail" ... ¡Joder!, ¿le había dicho algo de la ‘quedada' de chicas?. Ya no recordaba lo que le había dicho, pero había dicho que ‘sí' ¡seguro que hay gato encerrado!.

 

           

            Estuve el resto del día sin dar palo al agua como suele decirse, al carajo con el informe, tenía la excusa de la ‘regla', y el piojo del "Gran Jefe" en cuanto a tema de mujeres propiamente dicho no sabía un pimiento y siempre que hablábamos del asunto en relación a algo puramente profesional, se ponía tensísimo y entraba en ataque de tos masivo. No paré de llamar a mis amigas, que me tranquilizaban diciendo que aunque no recordase lo que le había dicho, que seguro que no habría dicho nada fuera de tono. Aunque claro, bien pensado, me hacían dudar, si me ha dicho que "sí", seguro que era porque intuía que había de haber algo de ‘fandango' encubierto en la quedada.... Nervios, nervios, nervios... No paro de mirar la bandeja de entrada del correo.

 

 

            Día siguiente, bandeja de ‘mails' llena de porquería, bueno, porquería propiamente dicha no; asuntos de trabajo, estadísticas que he de redactar en informes con cierta coherencia, súplicas de colegas para que les envíe de una vez tal o cual cosa, pero ni rastro del "e-mail" que yo quiero recibir. Le doy veinte veces seguidas a la tecla hasta bloquear el maldito sistema de correo ‘intranet', tengo que bajar al departamento informático y apremiarles severamente para que lo arreglen cuanto antes como si fuera cuestión de estado el tenerlo operativo en diez segundos. Con la misma prisa con la que "Zapatero" enviaría un mensaje de texto contestando al SMS de "Bush" donde lo manda a freír espárragos a perejil, y éste apresuradamente le contesta: "Gracias Señor Bush, tendré en cuenta su recomendación, pero antes, estoy esperando a que Solbes indague sobre el pequeño problema nacional. En breve le mandaré una postal desde allí".

 

            Tiempo después: correo arreglado y sin el "mail".

Día siguiente al día siguiente, "e-mail" del "Mandamás" del Departamento Legal sigue sin llegar. Recurro a mi ingeniosa cabeza destrozada de dudas y le pregunto si sería del todo humillante el arrastrarme hasta su despacho para con la excusa tonta de saber sobre el mensajero y la carta  de Win Yo, poder confirmar si no era producto de mi imaginación y realmente tenía pensado el aparecer mañana a tomar esa copa. Decido que no, que hay que tener orgullo y saber aceptar el haber sido "mareada" por un tío.

 

 

            Miércoles, las niñas están esperando a que después de dar la tercera vuelta con el coche a la manzana, encuentre un minúsculo sitio libre aunque sea en ‘vado' y me arriesgue a tener que recoger mi coche en el depósito. Aparco y entramos disparando miradas a todas partes, ¡no está!. Nos sentamos en nuestra mesa de siempre, al lado de la barra, al fondo del todo; música relajante pero lo suficientemente alta como para que las sienes me tiren con fuerza hacia el centro del cerebro y sienta cómo si una púa se me clavase dentro y los dos últimos golpes fueran a rosca. Pasa el tiempo, me abandono a la idea de que no va a aparecer, así que pienso que es un cretino, y ya estoy lo bastante ebria como para que no me importe decirlo en voz alta perdiendo toda dignidad:

_ "¡Es un Cretino!. Es un cretino presuntuoso con cuello ancho - se me olvidó decir que también estaban los hombres de cuello ancho. O sea; los de hombros estrechos y los de cuello ancho, duro, terso, y con venas gruesas apunto de reventar- y sí, desde luego... sin ninguna duda el ‘tío bueno' del "Mandamás" del Departamento Legal es un auténtico inmaduro y un Gilipollas".

 

 

            _ "¡Hola Rocío!... ¿qué tal chicas?. Perdona que no te avisara que iba a venir, pero tuve que salir de viaje a arreglar el asunto de Win Yo, ¡ya sabes!, y claro, no tenía tu correo personal. Ya sabes que el intranet fuera de la oficina no funciona... ¿todo bien?" (aquí sonrisa amplia y cara irónica -‘Cretino' al corriente de que me gusta, de que le he llamado cretino y gilipollas, de que me he emborrachado esperando a que viniese, que había estado esperando hasta las nueve y media por él, y que mis amigas eran cómplices de que el Dios ‘Harley Davidson' me gustaba hasta para quitarme el hipo; en mi caso para provocármelo de manera ininterrumpida-  y mirada complaciente hacia mí). Ya está, ya me puedo dar por jodida... Ahora o a bajarse las "braguitas" cuando el guapo diga, o directamente a curarse la dignidad e ir de ‘estrecha'; en cualquiera de los casos, estoy en sus garras, o sea: ¡Nada que hacer!...

 

 

            Concluimos la velada con el "Mandamás" borracho y yo completamente sobria de la conmoción.

 

           

            En fin, lo dicho: ser tía es un ascazo mortal. Cuando un hombre te dice que "Sí", siempre malinterpretamos su señales, hacemos una sentencia a nuestro "estilo tía" y retorcemos el asunto hasta el punto de "no retorno".

 

           

            Día siguiente en ofi: nos cruzamos la mirada en la cafetería, se acerca y dice hola con cara de resaca, yo refunfuño un hola parecido y salgo pitando a la otra punta muerta de la vergüenza. Se vuelve a acercar antes de que me vaya pasillo a través en busca de las escaleras que llegan a mi mesa, me coge de la muñeca estirando mi brazo a peso muerto. Me dice al oído que qué tal estoy, que si tengo resaca. Y yo, condenada a ser una tía, y condenada a no entender las señales "simples" de los hombres, antes de que empiece el tema y se abra la puerta, me encargo de echar el pestillo: _"Oye, siento lo que oíste, simplemente bromeábamos, pero que conste que ni me gustas, ni quiero tener nada contigo". Esto lo dije con espesa voz firme y sintiendo la bilis en la garganta a punto de vomitar por lo que conscientemente acababa de decir. Y entonces él va y suelta: _ "Es una pena, me gustas mucho... Me habría encantado poder invitarte algún día a cenar".

 

 

            ¡Catapún!, ¡chimpún!, se acabó: ¡maté al conejo antes de cazarlo!. Ahora que, eso sí, os aseguro, que no hay un día que pase que no siga dándole vueltas al hecho de que había gato encerrado. ¿Modo inconsciente de curar mi dignidad y autorreafirmarme en la idea de que no habría merecido la pena y simplemente intentaba ‘knockearme'  como un ‘jaque mate' de ajedrez?. No sé, tal vez sí. Pero, si alguna tía dijera que "Sí" algún día a un hombre que diga el "Sí" primero, ¿estaríais plenamente convencidos del resultado final?. Ahora es cuando las mujeres dudan y los hombres, todos, decís "Sí".

 

 

                                  

                                                                                               Rocío Medina

           

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24 Marzo 2009

EL COSMOPOLITAN VISTO DESDE UN FACEBOOK

 

Querid@s Tod@s:

 

 

            Tras varias reuniones de chicas donde se quedó bien clara la moción de que los hombres las prefieren rubias, y que entre esas "elegidas" ninguna íbamos a ser nosotras, zanjamos el asunto yéndonos a una peluquería atrayente a beber té helado y frambuesas glaseadas en copita de "Oporto". Una vez allí, las morenas dijimos que nos pusieran rubias (por si un caso) y las rubias que las tiñeran de reflejos en tendencia; ahí que el peluquero dijo que lo más de lo más eran los reflejos "mochilinos" (el violeta oscuro de toda la vida, pero en cuanto gritamos: _"Ay!, ¡DIOS MÍO!, ¡les has teñido el pelo de color morado!, ¡lila como un nazareno!", el peluquero se puso hecho un basilisco y dijo que era color "mochilino".  Y en cuanto oímos: "_ Ay!, ¡DIOS MÍO!; ¡las has teñido de rubio 'chacha'!", ahí supimos que durante un tiempo ya nos podíamos quitar de en medio del panorama ligoteo.

 

 

            Con el color "mochilino" dando el cante, y con el pelo cardado y frito color pollo, las unas y las otras nos largamos a "Richelieu" - un clásico en Madrid donde los haya - que ya nos conocían, a ver si podíamos llorar a gusto, y los camareros y el encargado nos consolaban a base de aceitunas, almendras y copazos de vino. Llegamos a "Richelieu", el encargado no estaba y nos bajamos las cinco al baño, a podernos consolar a gusto, sabiendo todas que mentiríamos como bellacas y que nos haríamos creer que en realidad los 180 euros con descuento gastados a conciencia, no habían sido en vano. Obviamente todas teníamos unas ganas locas de tirarnos de los pelos, quedarnos calvas, y lo que seguro existía en ese momento, eran las imposibles ganas de creer que aunque la una está fea, más horrenda está la otra con el pelo color yema de huevo de corral que le han plantado, y auto consolarnos de ese modo, por haber gastado el dinero de unas bragas nuevas con sujetador a juego en ese ascazo de pelo que ahora lucimos.

 

 

            Sentadas a la vera de la barra, haciendo tiempo mientras viene el encargado, decimos a los camareros (esto sólo se hace si eres tía y poniendo ojitos), que si ven llegar a algún tío competente, que por favor lo echen sin contemplaciones que estamos en estado de crisis aguda y no podríamos soportar para nuestra de por sí frágil autoestima, que un tío que nos guste nos imprima inseguridad tratando de averiguar de qué narices nos hemos venido a disfrazar.

 

 

            El caso, y esto os lo cuento en confianza, es que a las tías nos pasan estas cosas por tener una autoestima limitada, me explico; siempre pensamos que si no estamos a la última de las tendencias habrá otra que sí lo esté y nos "robe" al chico que nos gusta o pueda gustarnos, porque creemos a pies juntillas que la máxima para ligar con un tío está siempre en el simple hecho de gustarle físicamente (cosa más que comprobada que es cierta. Porque para nosotras basta con que sea simpático, y le encontremos un ‘punto' interesante o atractivo; pero ellos, los hombres, si no nos pueden tildar de ‘tías buenas' no hacen ni el amago por conocernos a menos que lo que quieran sea llorar en nuestro pecho -esto nunca falla- para que le demos una opinión o consejo de por qué su novia lo ha dejado más tirado que una colilla y se ha ido con el amigo de su colega, que vale que tenga un "porsche", pero tiene unas entradas descomunales y el poco pelo que le queda lo lleva peinado como si tuviera una rata muerta acostada en la coronilla). Así que hacemos recetas caseras para mantener la celulitis a raya (la última amiga mía que probó un potingue de esos se quedó todo un verano a base de modelos con pantalón y pernera hasta las axilas por culpa de la reacción alérgica que sufrió por culpa de las flores de azafrán mezcladas con pimienta rosa y las infusiones de jengibre en ayunas que se tomó). Compramos revistas de chicas compulsivamente a ver si en alguna nos da la receta "exacta" de cómo ligarse "exactamente" al tío que "exactamente" te gusta (mismo horóscopo, misma estatura, mismo nombre, mismo número de pie, y con el mismo excitante perfume), en el día exacto en el que vas a salir y sabes que le verás (y casualmente la luna está "exactamente" en cuarto menguante, y Capricornio visita a Venus "exactamente" a la hora en que lo ves), y además de eso; te dice qué ropa ponerte, con qué lenguaje hablarle (dando por hecho que estas "científicas" revistas también saben qué va a responder el "pánfilo" en cuestión), y además, te sugieren vía horóscopo, qué ropa interior le excita más y cuál es su juguete sexual preferido (si eres un tío y no te gustan los juguetes da igual, te aguantas que lo dice el "Cosmopolitan" de turno, y además vas y compras tú mismo las pilas).

 

 

            Dicho esto, es normal que cuando encontramos algún consejo en vías de ser llevado a tesis, queramos adelantarnos al suceso mundial en cuestión para que ninguna ‘lagarta' se nos adelante, y claro, a veces las primicias mundiales no son tan favorables en resultados como se espera...

 

 

            Y ahí estamos las cinco, dándole la ‘brasa' a uno de los camareros que ha soltado la bayeta y está con la cabeza afirmando todo lo que mi amiga dice, y con los dedos dejándose las sientes brillantes y pulidas de tanto meneárselas para quitarse el dolor de cabeza. Vemos entrar a un chico, _"¡ReDios!", que dice mi amiga... "¿pero no te hemos dicho que estuvieras atento?... ¡Y encima está buenísimo!, ¡y encima nos está mirando!; ¡es el fin del fin"... (y todas con la autoestima a la altura de los calzos de la mesa, encorvadas y hechas un guiñapo (es que no lo podemos evitar; es como si una grúa nos cogiera de la cabeza y tirara con fuera hacia arriba cuando se sabe de sobra que llevamos unos zapatos hechos con cemento armado y si tiran mucho, nos vamos a desenroscar), nos estiramos cual flor de loto, que siempre brilla a ras de ciénaga, y consigue mantenerse blanca, erguida y perfecta, dentro de ese mar presuntuoso de barro y porquería. Pues igual, nos estiramos aún sabiéndonos sin ningún tipo de posibilidad, no ya de conseguir algo palpable, sino un mínimo flirteo, y poniendo morritos, damos caladas al cigarro, o sorbitos a la copa, o le decimos al camarero (ahora que entra un tío mejor, y éste ya nos parece un cretino importante y un tío penoso) que tenga cuidado con la bayeta que la tiene puesta a ras de nuestro muslo y está apestando a liquidito de aceitunas). Camarero que no entiende nada, se levanta el pobre, cabeza gacha, y diciendo para sí: _"¡Quien las entienda que las compre!... ¡las tías están todas como una regadera!".

 

 

            El ‘tío bueno' que entra, como es un tío, seguramente en lo que menos se fijará será en los dichosos reflejos "mochilinos" o en sí las rubias tienen el pelo teñido a lo dorado, a lo ocre, a lo ceniza o a lo perla, sino que directamente se fija en si tenemos caras de ser golfas (por si puede haber "jaleo"), si tenemos buenas delanteras, o en si  tenemos unas piernas de escándalo acabadas en culo prieto. Total, entra, pregunta que si puede bajar a la sala de abajo, que espera a unos amigos, y nosotras que oímos la palabra "amigos", nos vamos lanzando miraditas llenas de entusiasmo, mientras ya no nos sirven de nada los consejos del camarero (al que hemos hecho un ademán de que ya no queríamos nada más, con ojos de querer ahogarlo como se acercara mucho), y nos ponemos en corrillo a comentar de qué manera hacer la jugada para conseguir, ahora que ya nos había visto "el buenorris", bajar abajo para poder estar lo más cerca posible "del ajo" en cuestión (dícese "ajo" cuando damos por hecho que los amigos de un "buenorris" han de ser igual de ‘tíos buenos' que él, y queremos estar lo más cerca posible del grupito para que de manera "sutil",  no se note que vamos a flirtear a saco con ellos y al final acabaremos sentadas en la misma mesa y consiguiendo que nos paguen todos los "Gintónics").

 

 

            Bien, mis amigas dijeron que lo mejor era la naturalidad; siempre te avisan en estas revistas de manual de chica del siglo XXI que la naturalidad es la clave de la conquista. Así que allá que vamos, las pelo pollo y las pelo nazareno, subidas en nuestros tacones, para hablar directamente con el chico, que sin mucho afán, apoyaba la cabeza en su mano izquierda mientras con la derecha jugueteaba con su "blackberry". Le saludamos alegremente, pero claro, tenemos orgullo, así que nuestra naturalidad (que no tiene por qué ser estrictamente sinceridad al cien por cien) a la hora de la verdad se fue al traste, y entonces la más "lista", sale de su ubicación "Cosmopolitan" y dice: _"¡Hola!, ¿estás solito?... uf!, ahora si quieres me siento un poco contigo, es que vamos al baño que ¡mira qué desastre de pelo le han dejado a mi amiga!" (eso se le dice a la que viene a ser tu rival más directo: a la guapa, a la resultona, a la más "cachonda", a la divertida, a la más estilosa, o directamente al más "putón verbenero"; según la ocasión). La muy rufiana se ha cargado de un plumazo la poca seguridad que tenía la chica, así que ésta muy digna, al cabo de unos minutos, se despide apremiada por la hora, no vaya a ser que vengan de pronto los amigos de éste "chulazo" y ya no tenga remedio ni forma de curar su dignidad ni salvar su autoestima para los restos de los restos. Y la ruin en cuestión, consejos ‘Cosmo' aprendidos como el "Padrenuestro", se ha sentado al lado del chico sin parar de hacerle todo tipo de preguntas...

 

 

            Llegados a este punto tengo que concretar lo siguiente:

 

            Dado el ejemplo manifiesto de lo anteriormente narrado, he de darle la razón a mi amigo "A. Chacel", que las tías tenemos una seguridad absolutamente carente de raíces propias; o sea: enclenque,  aburrida, debilucha y que necesitamos de revistas absurdas de cabecera para reafirmarla, reconvertirla, acrecentarla o estimularla manifiestamente (amén de otras cosas que en su momento comentaré).

 

            Dado el anterior ejemplo está claro que los hombres no se fijan en el pelo, más allá de si la chica es rubia o morena; como mucho alguno podría decir que es pelirroja, pero no llegaría a apurar si es pelirroja en sí, o directamente es un rubio raro.

 

            El anterior ejemplo también está puesto para aquellas desaprensivas que dando coces de órdago, se abren paso para estamparse ellas mismas con tan bajos criterios, de cara a un tío bueno que en principio; "sólo está bueno".

 

            También es un ejemplo de que la superficialidad está en la base de todo, y que ese ‘todo' pasa siempre por el caótico mundo sin respuesta de las cuestiones más "sexistas" y archicomentadas del mundo.  Así que también está claro que por la superficialidad del hombre, las mujeres nos volvemos infelices y buscamos respuestas donde no las hay.

 

            También podríamos afirmar que el hombre en sí, es más "simple" que la mujer, y tal vez por ello, le basta con que "esté buena". Y por ello mismo, nuestra seguridad personal pasa por extenderse a los gustos y tendencias del momento, y nos agarramos como posesas a revistas de cabecera, para poder atraer al hombre por el aspecto más "inconformista" y fútil del mundo.

 

           

            Pero no os voy a dejar así, os cuento cómo acabó la noche; ¡faltaría más!...

 

            El chico siguió ahí dándonos un poco de palique, lo cierto es que no mucho, se le veía aburrido y claramente tenía un plan en mente más interesante, porque cada dos por tres no paraba de mirar su móvil a ver si le llegaba un mensaje, tenía una llamada perdida por culpa de la maldita cobertura, o tal vez deseoso de que sus colegas llegasen cuanto antes.

 

 

            Escuchamos como a los veinte minutos las voces alegres y entrecortadas en risas de hombres que bajan las escaleras como dando trotes, y que se acercan a la planta de abajo donde nos ven y trasforman los ojos en dos huevos cocidos salidos de órbitas. Nos levantamos, nos presentamos, y cuando vino el camarero, pedimos más "Gintónics". Hablamos de las mechas en "mochilino", y uno de los amigos se reía de lo lindo y no hacía más que buscar en el "google" vía "blackberry" qué quería decir esa palabra... Después mi amiga se llevó un disgusto considerable al saber que el tío que le gustaba detestaba a las rubias desde que su ex lo dejó por un sueco de dos metros que encima era gangoso y hablaba con acento portugués; dijo al salir: _"Mañana mismo me acerco a un súper y me echo dos botes enteros de tinte negro cetrino" (buscamos en el "google" y la verdad es que negro cetrino igual no era solución, que era mejor no experimentar no vaya a ser que se le quedase el pelo verde oscuro como una aceituna aliñada; mejor negro a secas). La otra, la que se presentó en primer lugar, tuvo un ataque de remordimiento y mandó un "sms" a la amiga que se largó: "¿Qué tal, Cielo?... ¿Has llegado bien a casa?" (¡maldita pécora!, pensaría; después de querer echarme de la carretera en "Despeñaperros" por lo menos, me mandas un mensaje todo falsedad y ‘bienqueda', a lo que en realidad contestó:"Fenomenal, merci... mña. en cuanto salga de la pelu te llamo para quedar, ¿qué tal con los chicos?, ¿están buenos?" (eso lo escribiría pensando: ojalá fueran todos tuertos, gordos, grasientos, con granos, halitosis, y además; se te rompiera un tacón a la salida de "Richelieu" y tuvieras que joderte y no poder ir a la peluquería para que te arreglen el pelo de pollo adobado que te han dejado). La "amiga" de nuevo le contesta: "Son ideales, ¡qué pena que te fueras!... Creo que le he gustado a uno, está a punto de pedirme el cell. Aunque lo mismo no es muy de mi estilo, ya veremos... Y uno me encanta para tí  (el más feo y callado, ¡por supuesto!), tranquila que conseguiré que te llame y te invite a salir. Kisses".

 

 

            Después de una hora hablando de cosas insustanciales (por dónde solíamos salir de marcha, cómo nos gustan los hombres, por qué las mujeres nos hacemos las difíciles, por qué narices la tía esa tuvo que dejar al tío ese por el tío con acento portugués,  por qué los peluqueros de tendencia eran todos maricas...) ellos empezaron a hablar de cosas suyas y ninguna de nosotras podíamos meter baza a menos que habláramos de temas sexuales (entiéndase chicas, rollos, líos, cuernos, ropa interior, tetas de silicona, ingles brasileñas, y tías buenas con ropas apretadas, golfas redomadas, chicas recatadas a las que les faltaba -según ellos- un buen ‘polvo', y demás temas de esa índole); dicho lo cual, dijimos que teníamos que irnos y ninguna hizo el amago de pagar absolutamente nada. Pero claro, ¡tenemos nuestro orgullo!, y estos paletos no nos han pedido ni el número de teléfono, así obviamente no puede quedar la cosa, con lo cual, mi amiga del alma, saca el móvil, hace unas fotos y con la excusa fantástica que te prestan las nuevas tecnologías, dice toda resuelta: _"Oye, dadme vuestros nombres y os busco en el ‘facebook' para etiquetaros", ¡Zas!... el mundo global y ‘personalizado' se pone a nuestro lado y nos echa una mano para ligar en su justa medida salvando nuestra dignidad.

 

 

            Ahí que se quedan ellos, con las copas de balón llenas de hielo derritiéndose con el limón, la cuenta, y sus conversaciones de chicos; y nosotras con el Dios "facebook", que abre las puertas al diario "privado" de todo ‘quisque' hoy en día...

 

            A la mañana siguiente se abre el "diario" y ya sabemos sus  direcciones de "msn", dirección de correo personal, que están en la oficina, en el paro, que uno trabaja en el banco, que el otro es un empleado de Iberia con poco entusiasmo, que el otro no interesa para nada porque se dedica a algo que tiene que ver con una empresa de materia orgánica (eso no lo entiende nadie y hay muchos peces en el mar como para andar investigando de qué narices va eso). Si van con gente recomendable, poco recomendable o muy recomendable, si tenemos que ‘despacharlos' pronto porque algún que otro amigo está mejor que el susodicho, si las chicas les escriben muchos mensajes en el "wall" (mala señal; tenemos competencia, y buena señal; no es un tío penoso). También sabemos a ciencia cierta cómo viven: su casa, sus amigos, sus fiestas, la ropa que usa (ojo, es un arma de doble filo; controlamos las fotos y eso impone el hecho de no poder repetir modelito porque ya estará súper requete visto). También sabemos las chicas que les molan (si son todas estilo ‘modeluquis', incluida alguna famosa; superficiales, hedonistas, pretenciosos y básicamente son inseguros y merecen poco la pena... "tíos para un ‘polvete'", no buscan más, no encuentran más y si hayan algo distinto, normalmente les dura poco. Si son estilo ‘chicas bien', es un tío "prometedor", y sobretodo si las tienen de diferentes edades; con total seguridad es un tío estupendo que conserva amistades, es buen conversador, y además de eso, sabe escuchar y las mujeres le adoran. Probablemente sea fácil de ligar y difícil de conquistar. Si sólo tiene tías "impresionantes", un par de amigotes que le escriben de vez en cuando en el muro, y pone en la "barra de estado": estoy en el trabajo, viajo a Dubai, me retiro unos días de la circulación, o dadme toque al móvil... sabemos que es un tío poco transparente que además tiene todas las papeletas para ser "gay" -en oculto casi seguro- o ser a lo sumo "bisexual".  Si tiene la misma cantidad de tíos que de tías; clarísimamente es un tío " sin chicha ni limoná"; va a lo suyo, pasa de todo, tiene a sus amigos, y no le saques de su círculo porque se estresa y lo más que podrías llegar a sonsacarle sería que te borrara de su lista de amigos ).

 

 

            Total, que cuando ya tenemos la radiografía hecha del personal: horas a las que suben las fotos, amigos de amigos a los que conectan, comentarios que ponen, fecha de cumpleaños, lugares a los que van, páginas de invitaciones a preguntas y juegos que aceptan; tenemos la "ficha técnica" y el CV más personal de cualquiera... Así que, "facebook"; el gran espía descodificado y legal a nivel global, pasa a formar parte del DNI personal de cada quién. Y una vez controlamos esto, las mujeres, mucho más observadoras que los hombres, hemos alcanzado por fin el "codiciado" status irreverente de tener el poder visto desde otro prisma. Los hombres controlan el mundo a través de las finanzas, tal vez a través de los deportes más demandados, de los motores, de las empresas, de la política... Pero las mujeres, por fin, controlamos el mundo a través de la burbuja que el propio hombre ha creado en torno a la salvación del universo, la globalización de medios y el estado permanente de enfoque visual alternativo, donde interviene nuestra capacidad de observación, persuasión y resolución... El mundo ahora, ya no se mira a través de la televisión de pantalla plana, ni a través de periódicos, ni a través de los mítines de los políticos, ni de los ‘slogan' cañeros de los deportistas en anuncios fabulosos con los mejores recursos del ‘marketing'  más de  tendencia... Ahora el mundo es el "Cosmopolitan" visto desde un "Facebook" cualquiera, donde hay consejos para todos, vidas de todo tipo, y siempre, siempre... hay gente dispuesta a leerte, comentarte, hablarte, escucharte, y como poco; felicitarte por ser un año más vieja. La policía indaga sobre las vidas de los que "acusa", la gente busca inspiración en las vidas de los demás, visitamos las casas de nuestros amigos y los amigos de esos amigos, paseamos por sus músicas, visitamos con admiración  las mansiones que construyen, aliñamos nuestro perfil con fotos de nuestros últimos saraos, y además de eso; podemos encontrarnos con gente que negocia con las "sleepers" puestas y desde la mesa camilla de su casa el negocio multimillonario del país en época de crisis.

 

 

 

                                      Un besazo a todos,

                                                                         Rocío Medina

 

 

            P.D.: "Barra de Estado": Tengo sed, estoy cansada, y necesito un ‘antiojeras'. ¿Alguien sabe la aplicación que puedo usar para desconectarme unos lustros de este caos social?.

 

            P.D.1: "Comentario sobre mi ‘Estado'": Rocío, yo de esas cosas no entiendo un cuerno, pero tu ‘tamagochi' se está trincando al perro de mi vecina. Por cierto; a mi cuñada por fin le han quitado el uñero... ¿Sabes algo ya del ‘pringao' de tu novio? (Y ¡catapún!, con este comentario; todo Dios se ha enterado que soy una tía patética, que tengo un ‘tamagochi' que está más salido que la espada de un miliciano, que mi vida sentimental es un ascazo mortal, y que encima; estoy saliendo con un auténtico "gilipollas").

 

 

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8 Octubre 2008

La Visita Inesperada

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Querid@s Tod@s:

Estamos en plena cuesta abajo del verano, lo sé porque mi hamaca ya está maltrecha por la parte donde están los ganchos que regulan las alturas. Yo no puedo bajar a la playa a menos que haya hamacas buenas bajo unas sombrillas de cañizo donde siempre estiro un par de toallas, que son las que indican que están en un sitio desde donde una puede echarse la siesta y no perder del todo el “glamour”, y donde el hamaquero, que ya te conoce, te reserva las mejores de la primera línea de playa. En caso de estar en alguna playa lejana yo me cojo dos toallas y mi tumbona portátil; pero aunque me muera de sed, a lo sumo que llego a llevarme es una botellita de agua porque creo que no hay nada más hortera (práctico por otro lado) que el hecho de llevarse una nevera o similar, e ir cargada con bolsas de plástico donde guardar meriendas...

Hoy hacía un airazo tremendo, me he bajado con Bertina y su hermano Bruno a la playa, les he hecho mirar la bandera roja y los niños de la rabieta que han pillado por no poderse bañar, se han puestos hechos una furia y me han instado a que les llevara de vuelta a casa para bañarse en la piscina. Es lo que más me gusta de la playa en días de resaca; que me siento orgullosa de ser buena prima mayor porque nada más bajarles y ver que está la bandera roja, ya no tengo que estar pendiente de que se ahoguen o no; les digo que las olas son muy grandes y que ellos son muy chicos, y que las resacas quieren decir que el mar tiene mucha hambre y va arrastrando todo lo que pilla por su paso lentamente hacia altamar, entonces se ponen rojos como un tomate de la rabia, y se conforman con jugar a las palas hasta que alguno de ellos hastiado por tanto ir a recoger pelotas, y sólo haber logrado dar durante ese tiempo la del ‘saque’; me pide violentamente que le lleve a casa. La gente progre teoriza mucho sobre lo de no mentir a los niños, pero a ver cómo se hacen entender con dos mocosos que patalean tirándote arena a los ojos, empiezan a berrear como descosidos, dicen que les importa un pepino que esté la bandera del color que quiera, y tú estás ahí; luchando porque no salga volando la sombrilla, con las tumbonas y las bolsas pertinentes con cubos, rastrillos, palas, cremas, sombreros, agua, pelotas, toallas y bocatas, que no sabes si ponerte con el rastrillo a hacer un agujero para meterte dentro, dejarles hacer lo que les de la gana así se ahoguen, o darles una ‘castaña’ (o ‘zurrío’ como también se dice por aquí) en el culete para que se relajen un poco. Pero no, yo prefiero echarles una mentirijilla para conseguir que me hagan un poco de caso y luego ya si eso; que les arreen sus padres… De cualquier manera los que dicen que una azotaina a tiempo es un método bárbaro educativo, estoy convencida de que no son padres, o directamente que no lo son de unos retoños tan fieras como los críos que hay siempre por mi casa…

La playa estaba brillante, la arena estaba llena de conchas aún sin pisar; preciosos restos marinos multiusos. Había gente que andaba airosa a pesar del viento que se levantaba a océano abierto, y pisan la orilla con cautela por si el agua que va empapando nuestros pies desnudos se los tragan con la velocidad con la que la arena engulle agua salada. Multitud de chicos jóvenes se lanzan con la cometa de ‘kite surf’, otros se deciden por el ‘windsurf’, otros por el ‘surf’, y algunos menos entusiastas se conforman con enseñarles a sus mocosos a volar una cometa. Yo en cambio me quedo impasible, me tumbo boca abajo en mi hamaca tapándome el cuello con el ‘foulard’ y con el vestidito playero encima, y observo cómo el mar suelta espuma por la boca sin parar… El agua desde la lejanía parece turbia y grisácea, y las palmípedas desaparecen ante los estufidos que les da el mar.

Sigo mirando impávida, a pesar de que el sol que irradia claridad cegadora está escondido jugando con las gaviotas, y ya no necesito cubrirme los ojos para poder ver. Aún llevo las gafas de sol puestas, la arena que me golpea suavemente contra los cristales y la bruma, me hacen no ver absolutamente nada. Pero no importa, estoy escuchando los bramidos del mar y al papá desesperado que grita para que su niña suelte hilo a la cometa. Hay un chico que a lo lejos se divisa más valiente que nadie; cada vez entra más adentro con la tabla de ‘surf’, y cada vez que lo intenta acaba cayéndose y seguro que tragando agua. Después de una hora y media sale, le veo venir hacia mí con su tabla bajo el brazo y con su neopreno puesto. Cuando está a medio metro le sonrío, igual como yo no veo un ‘carajo’ pienso que no me ha visto, pero ha pasado de largo a recoger sus pertenencias que estaban a diez centímetros de dónde me cuelgan los pies y a unos siete centímetros de una parejita que lleva horas intercambiando lenguas de un lado a otro a medio palmo de mi; ¡como si no hubiese más playa!. ¡Es que la gente tiene unas ganas de fastidiar!...

Noto que el verano acaba porque los días van siendo más cortos y hay menos entusiasmo en la cara de la gente. Las tiendas estrenan nuevos carteles más luminosos dónde se puede leer: “REBAJAS, ¡CoÑo!. ¡Compren de una vez!. Todo a 10 Euros (pero podíamos rebajar a 3). ¡ENTREN YA!”. También lo noto porque los chiringuitos de verano ya no lucen tan festivos con los focos verdes, que al anochecer; combinan con los cócteles y las primeras copas a pie de mar e iluminando palmeras.

A mí me fascinan las palmeras, tienen frutos que se comen y son exquisitos y dulzones: palmitos (esto no es una fruta pero para el caso sirve igual), cocos y dátiles. Me fascinan porque son de un montón de variedades pero lo que nadie duda es que además de ser un árbol, también es una palmera. Yo veo una palmera y busco cerca algún chalet, o alguna playa, o algún oasis escondido en plena ciudad del que yo no me he percatado aún. Me sugieren alegría y espontaneidad, me recuerdan “Al Tabla” de Punta Umbría, tomando copas al son de las guitarras flamencas que los gitanos afinan por rumbas, bulerías y fandangos cuando se ponen “agustito”. Las palmeras mueven sus ramas y hacen figuras elegantes en las sombras provocadas por el sol al mecerse en sus hojas abiertas alguna sonrisa. Tienen un tronco ágil y abrupto a la vez, que invita a pensar que se está en algún paraíso tropical, o rezumando brisa exótica en la “La Martinica”. Me encanta dibujar palmeras, las mías no son como las de “Muher”, pero sin duda son palmeras más táctiles y pragmáticas... Las recuesto entre chumberas y las dejo días, meses, y hasta años macerar en blanco y negro, y a esbozos hechos a lápiz.

Mi amigo Nicolas ha venido a verme, me ha traído un par de besos y una sorpresa. Mi abuelo, nada más llegar yo de la playa, me mira muy serio y me dice:

_ “Hija, tienes visita... Es un amigo tuyo francés que viene de Egipto... Creía que no se me había olvidado el francés y me ha costado lo suyo mantener una conversación fluida... Está en el jardín hablando con tu padre”.

Cuando me voy acercando los niños se sueltan de la mano y empiezan a pedirle caramelos a mi abuelo, yo suelto las bolsas, con todo lo demás, y salgo pitando hacia el jardín. Ahí está el tío... sonriente, y comiendo... Yo siempre que pienso en Nicolas lo veo sonriente (da igual que diga: “I am in a terrible mood”), que lo veo con una sonrisa en la boca, con su gesto irónico y con hambre o comiendo... Está engullendo una ensalada de aceite, con un par de tomates y queso fresco con orégano (seguro entonces que ha sido él el que le ha dicho a Reme, la cocinera, que le parta un tomate con un poco de queso fresco, y que ya se lo aliña él: medio litro de aceite de oliva de sabor intensísimo recién salido de nuestros olivos, un poco de orégano por despistar, algo de sal... y mucho pan de hogaza). Nico me ve y de un salto se levanta en dirección hacia mí y me endiña un beso en la mejilla mientras me hace signos de que no puede hablar porque está tragando...

Se acerca Tío Cosme con una botella de vino en la mano, le sonríe y le dice no sé qué en francés que yo no entiendo, y Nico le contesta algo medio tragando y acto seguido mi tío abre la botella, mi padre llama a Reme que viene con una remesa de jamón y de gambas, yo sigo alucinando... ¡Pero esto qué es!. O sea; que es Nico el invitado, que no ha sido invitado y viene por sorpresa, pero que a su vez es amigo mío, y encima no me ha dicho ni ‘hola’ porque está comiendo como si en su vida hubiera tenido tanta hambre como ahora, y aquí parece que todo el mundo le brinda honores como si hubiera regresado ‘El Hijo Pródigo’... Encima como yo no hablo francés, cuando empiezo a medio entender lo que dicen, si es que lo dicen despacio, empiezan con otra cosa y no cazo ni una... Yo le digo a Nicolas en inglés un par de cosas, y él me sonríe y me dice en un castellano-italianense: “Ma Peqüiña, e no ti pongas selosa, mi amore... io ti adoro, mi Rooocio bella... tiene una bella familia molto simpática e molto caritativa...”. ¡Eso!; ¡tú dales coba y verás!... Acabas saliendo de aquí con una grúa... Eso le pasó a una amiga de mi Tía Constancia, que de tanta amabilidad y predisposición, salió tan agasajada que lo hizo un mes después y con ocho kilos demás...

Rocío: “Ey... Familia, siento interrumpir, pero lo cierto es que Nicolas habla seis idiomas y no es muy correcto que por culpa de vuestra amabilidad no pueda él practicar castellano que es a lo que ha venido... Right, Nicolas?. Pues deja ya de ser amable que si no, aunque luego quieras irte no te dejan ni poniéndote de rodillas... ¡Nicolas!. ¡QUÉ SORPRESA!”.

Nicolas es un encanto, la verdad es que si, y como en días anteriores yo tenía que enviarle un mensaje y cuando por fin lo hice de madrugada, en vez de darle a enviar, le di a llamar y le desperté; pues ya me quedé con él un ratito hablando, le conté que papá había tenido un accidente pero que pese a la desgracia y al susto, estaba bien... Como le llamé a esa hora y yo estaba medio frita, pensó que estaba deprimida y decidió venir a darme una sorpresa: ¡Y vaya qué sorpresa!.

Lo malo de Nicolas es que es otro de esos chicos perfectos para todo (excepto para casarse y demás; que sabemos todos que la perfección no existe): es guapo, inteligentísimo, simpático, educado, de buena familia, con una cultura impresionante, trabaja viajando por el mundo porque se dedica a la “especulación” (eso dice él siempre), su casa es el mundo entero y las casas de sus millones de amigos por todo el planeta, a los que cuida y de los que siempre está pendiente. Habla seis idiomas y chapurrea ni se sabe (dice que no habla español y mantiene una conversación absolutamente correcta con Reme, que de cacerolas y adobos sabe un rato, pero que de idiomas no la saques del “andalú cerrao”), es un tío que se lleva maravillosamente bien con los niños (de hecho ha estado con Antonio dándole euros mientras él hacía como que aprendía la canción de cuna que le estaba cantando en francés para que se durmiera), es buen amigo, tiene estilazo y unos increíbles ojos azules-violeta que cuando te miran parece que siempre están mirando a otra porque no puedes creerte que ese halo de luz coloreada y con vida se pose así sobre tus ojos a cada palabra que dice... Siempre tiene la palabra educada, justa, correcta, sabe de todo, y encima tiene un humor maravillosamente irónico e inteligente... Y además de ser un tío de mundo; es de derechas, jajajaja...

Aunque claro; como no tiene casa estable, las casamenteras enamoradizas que se pegan a él con ganas de hacerle sentar la cabeza, se tienen a la larga que conformar con aceptar que es un ave migratoria sin estaciones... que va movido por inercia, por impulsos, por lo más salvaje de las apetencias humanas... ¡Yo le admiro tanto!... Que mañana hay fiesta en Dubai; ahí está él al día siguiente con la ropa adecuada. Que pasado se debe quedar en Kenia para un almuerzo de montería: ahí que está él con todo el atuendo listo y sin arrugas... Yo siempre le pregunto que si es que tiene casa en cada uno de los lugares por dónde va o si allá a donde va a ir, se compra la ropa para la ocasión y luego la regala... Se ríe.

Lo cierto es que la mejor cualidad de Nicolas es la paciencia, no sé cómo logra entenderse con los críos y dejarse pintar tatuajes a rotulador (clavándole la punta a traición), sacarle una sonrisa a Reme que no sonrió ni cuando le tocaron dos millones de pesetas en la primitiva, esperar horas a remojo porque todos quieren jugar con ‘la novedad’ en la piscina, en la playa, en el jardín... y Antonio quiere que le enseñe él a hacer el nudo a las corbatas – no si, cuando se empeña... ¡es que el tío se empeña!- por si los franceses los hacen de una manera más fácil.

Antonio oficialmente ya sabe hacer el nudo de las corbatas, por fin lo ha conseguido y se ha colocado una para dormir encima de su pijama. Sonríe satisfecho enseñando su boca mellada y nos advierte a todos que ahora su primo favorito se llama “Nicolas”, que es el único que le hace caso (hace lo que él dice, cuándo y cómo lo dice) y le ha dado diez euros por tomarse toda la cena sin rechistar para poder comprarse antes la “wii”, que la que le regalaron por “Reyes” sus padres hace meses que falleció. Y además, nos advierte seriamente, casi al borde del enfado, que como sigamos regañándole por cualquier cosa se va con Nicolas a vivir con él y pasa de ir al colegio. Nicolas le mira divertido, sonríe, y Antonio se acerca, le da un beso y las buenas noches, a los demás nos saca la lengua, y se va a la cama estirando con su mano la corbata que le llega por las rodillas.

A esas horas empieza a refrescar mucho al aire libre, al menos para mí que soy muy friolera, y los farolillos que cuelgan por las fachadas de la casa iluminan tenuemente las ramas de las palmas y los cocoteros que rodean los porches del jardín. Miro sus hojas mientras recojo las revistas que había puesto esta tarde sobre la mesa, y las veo tristes y apagadas ante la calma nocturna que divisa el final del verano. Las fachadas se llenan de mosquitos que revolotean juguetones alrededor de los candiles, y de lagartijas que se arrastran hasta el tejado en busca de algún escondite en el que descansar.

Nos entramos a la bolera, en la parte de abajo para sentarnos cómodamente y hablar, allí siempre hace fresco; en verano el suficiente como para no pasar calor, y nos pusimos a hablar mientras Nicolas no paraba de hacer mojitos con la maceta de hierbabuena que le cogió a Reme de la cocina. Creo que los hizo mal, porque el azúcar moreno no se derretía y cada sorbito que le daba con la pajita, se me llenaba la boca de un pringue dulzón mezclado con un alcohol de sabor espantoso, así que yo me limitaba a escucharle y a comerme las hojas de menta de los vasitos.

Hablando y hablando de todo y de nada se fueron pasando las horas, mi Tío Cosme, allá por las tres de la madrugada bajó a tomarse un “whiskey”, decía que no podía dormir por culpa de la mala digestión de la cena (todo mentira, el Tío Cosme es lo más cercano físicamente a un mafioso de las películas de “los Corleone” de Sicilia sólo que a la española, y se sienta en un sillón “Chéster” a tomarse la copa enfundado en su batín y con sus gafas de pasta negra mirándonos serios mientras me dice que le acerque su caja de puros. No os digo más que, cuando murió su hermano mayor; el Tío Santiago, éste dejó previamente escrito en una carta a cada uno de los hermanos, que si vivían para enterrarle, que lo hicieran metiéndole en la caja fúnebre una botella de “Cardhú” de no sé cuántos años que tenía guardada ex profeso (un ‘malta’ de treinta años), y un revólver, por si no estaba bien muerto y se despertaba ya en el nicho del panteón ante esa perspectiva, poder tomársela entera y coger fuerzas para pegarse un tiro en los sesos... Y así se enterró). El caso es que al Tío Cosme le va la “bulla”, como se dice en el Sur, y no se quedaba durmiendo tranquilo mientras no se percatase de que ya no quedaba alguien ‘alternando’ cerca.

Yo al Tío Cosme y al fallecido Tío Santiago, los recuerdo siempre más jóvenes, con ese pelo oscuro teñido en colonia “Álvarez Gómez”, repeinadísimos hacia atrás (Tío Cosme con bigotillo y Tío Santiago afeitado en su barbero de toda la vida), delgados, corpulentos y altísimos, enfundados en su traje de chaqueta, con sus petacas de plata y sus puros, despidiéndose de nosotros porque estaban de vacaciones y se iban al “Casino de Montecarlo” en un respiro que hacían en sus negocios cotidianos. El chófer en la puerta, que previo aviso, repetía como un disco rallado que los señores iban a llegar tarde al aeropuerto. Y también recuerdo a mis Tías poniendo el grito en el cielo cuando se iban y más aún cuando venían y resulta que se habían jugado alguna finca y la habían perdido.

Ya os digo yo siempre que tengo una familia peculiar; tengo familiares de todo tipo: “kikos”, “del Opus Dei”, pinta de mafiosos, vividores empedernidos, listos embelesadores, buenazos tontorrones, buenazos a secas, empresarios, pintores, artistas, músicos, joyeros, matemáticos y físicos nucleares, y también los tengo letrados de todo tipo: magistrados, doctores en derecho, letrados a secas, jueces, notarios, registradores de la propiedad, y sibaritas de todo tipo de catas, ambientes, estilismos y derrochadores despiadados; de todo hay en la viña del Señor, y yo que soy de familia numerosísima, tengo más viñas de las que la gente pueda pensar...

Mi Tío Cosme, que tiene setenta y ocho años inhala su puro haciendo humo en forma de burbujas que acaban estrellándose contra los ojos color cristal oscuro de Nicolas, él le sonríe, y le insta a echarse una partida de cartas. Así que yo le miro con ojos de ¡ni se te ocurra!, pero ya es tarde y Tío Cosme animado, me pide otro “Whiskey” con hielo mientras alcanza la baraja de pócker que está en el cajón de la mesa de juegos. ¡Qué fastidio!, como yo no sé jugar me tengo que conformar con estar mirando un rato, hasta que el aburrimiento me hace bostezar un par de veces y mi tío me dice que me meta en la cama. Miro a Nicolas para sugerirle que si también tiene ganas de retirarse a descansar, pero ya empieza a hablar en francés con mi tío y eso es claramente que pasa de mi y que está encantado con lo que me tío, que dicho sea de paso; cuenta unas historias increíbles, y además ciertas (ha vivido mucho y se ha pasado la vida viajando) le ha tenido que decir y se dispondrá a contarle. Así que doy las buenas noches, los besuqueo a ambos, mi tío se mesa el bigote recortado, en plan médico antiguo de otra época, y yo me largo escaleras arriba a ver si alcanzo pronto la cama después de pasar por el suplicio de los mejunjes anti-arrugas, granitos, caída de pómulos, elasticidad, poros abiertos, seda dental, colutorio bucal, cremas para codos, pies, rodillas y celulitis, y después de este arsenal de cremas vertidas en mi cuerpo sin orden concreto, me meto en mi dormitorio no sin antes tropezarme con una muñeca de Bertina que me ha dado un susto de muerte...

A la mañana siguiente, cuando bajo a desayunar, mi primo Antonio y Marta (que está en edad adolescente y empieza a interesarse por los chicos), me preguntan por Nicolas. Antonio me dice que la corbata le ha dado una noche de perros: “Prima, casi me ahogo con la corbata, además que me ha dado mucho calor y hasta que no vaya al colegio ya no me la pongo más... Si, en el colegio llevo corbata, pero esa del uniforme a mi no me gusta, me voy a llevar la del Abu, que es más chula...” Le digo que no despierte a Nicolas, que anoche se acostó muy tarde, pero él dice que si no le despierta, que entonces le tengo que llevar yo hoy a la playa, que ayer llevé a los primos mientras él estaba en el dentista, y que hoy le toca a él ir antes de que el vigilante de la playa saque la bandera roja, así que aunque sean las diez y media de la mañana quiere que lo baje a bañarse. Le digo que tan temprano el agua está muy fría, pero él dice que como ya ha salido el sol no es verdad, así que, que le lleve que ya se ha puesto el bañador y todo. A regañadientes, después de desmantelarme cualquier excusa, le prometo ir si me deja desayunar, y él me dice que mientras va a coger la cometa y la crema, y que yo le coja el bocadillo, el zumo y su toalla. Baja a los cinco minutos con un patinete, y dice que ha pensado que lo mejor es esperar a que se despierte Nicolas que es más divertido que yo, que desayune lo que quiera porque total, ya no quiere jugar conmigo, así que se mete con el monopatín por el césped una vez que se ha cerciorado de que no hay ningún “mayor” que le pueda regañar por dejar el jardín hecho un asco. Y mientras respiro tranquila, viendo que por mucho que le diga a Antonio que no patine por ahí, no tengo ningún tipo de autoridad sobre él, y observando que se ha puesto las rodilleras y las coderas para estamparse con ganas, tengo a Marta a mi vera sometiéndome al tercer grado con todo tipo de preguntas acerca de Nicolas.

Veinte minutos después baja Tío Cosme, me sonríe y me dice: “Sobrinaaaa, ¡buenos días!, ese chico amigo tuyo es una joya. Lo que es jugar al pócker lo hace de pena pero es un gran chico... Por cierto, que me preparó un combinado de azúcar con hielo y ginebra que me hizo dormir mejor que un marajá” (si, ¡hombre!, ¡seguro que era su cócktel el que le hizo dormir y no la ‘tajada’ que llevaba encima!)...

A las once en punto bajó Nicolas, con su sonrisa de siempre y su cargamento de hambre, y yo me froto las manos pensando en lo rápido que se le pondrán las comisuras en su sitio en cuanto mi primo Antonio lo vea. Da los buenos días con sus pantalones cortos, sus “hawaianas” blancas, y su camisa de hilo blanca de cuello ‘tao’ arrugada. Antonio lo ve y como una flecha, salta de su patinete y se tira hacia su cuello pegando uno de sus famosos “saltos con efecto”, entonces le sonríe con sus mellas ‘caninas’ (anda preocupado el chaval porque no le salen los caninos como al “Conde Dracula”, como bien os comenté en un ‘post’ anterior, y tanto se empeñó, que ayer le tuvo que llevar mi abuela al dentista), y le dice: “Nicolas, mi prima Rocío dice que me lleves a la playa, que ella está cansada porque ya es muy vieja, así que he preparado la cometa, la tengo en mi cuarto, que como me enseñaste a hacerme el nudo de la corbata, yo te voy a enseñar a ti a volar una, que me sale súper bien... (aquí me saca la lengua) Pero mi prima y mi hermana Marta que no se vengan, ¿eh?, que son muy pesadas”. Nico intenta zafarse del asunto y le dice que no entiende bien lo que le está diciendo, y yo aquí, pongo ideas maliciosas en mi mente y por fin las hago salir muy a mi pesar, así que le digo a Nicolas lo que quiere el crío, y que no sea tan listo e intente darle esquinazo, que tiene al niño todo embelesado con él. Nicolas sonríe a Antonio que se empieza a poner serio y con amagos de pucherito, y ante su gesto expectante le dice que de acuerdo, y Antonio tan contento le acerca la taza del café echando la mitad desde la mesa hasta sus pantalones, pasando por su hermana Marta, que no le quitaba ojo a Nicolas, y quemándole el brazo.

Nos vamos a la playa, Marta se lleva su “ipod” y se tumba bajo el sol mientras sigue con su mirada tapada de “wayfarer” de “Ray Ban” de pasta blanca, los pasos de Nico. Yo abro la sombrilla, dejo las palas de Antonio y su bolsa con ‘sus cosas’, y me voy a darme un paseo mientras cojo conchas para que luego las niñas pequeñas las pinten con esmaltes y se hagan collares. Nico anda todo el rato pendiente de Antonio, haciéndole ver que no puede meterse en el agua porque de nuevo hay bandera roja, y como él es más listo que el hambre, desafía en pulso a mi francesito, y se pone a berrear como si lo estuvieran matando, hasta que consigue que Nicolas lo coja en brazos y se meta con él en el agua, donde Antonio se aferra como un poseso a su cuello y empieza a gritar: “¡Que viene otra olaaaaaa!, ¡levántameeeeeeeeeeeeee!”.

Cuando salen ambos, Nico me dice que mañana tiene que irse, le digo que no me extraña, y se ríe a carcajadas mientras Antonio va delante con su hermana Marta, que continúa colgada del “ipod”, y le va diciendo: “... Pues Nicolas es súper fuerte, tiene los brazos iguales que los del ‘Pressing Catch’, me levantaba súper alto y no he tragado nada de agua, le voy a adoptar como primo, si me das un euro le digo que tú también le quieres adoptar, ¿vale?”.

Total, que si antes Nicolas era uno de esos hombres aquejados de poseer el “Alelo 334 (un gen que está presente sobretodo en hombres que los hace peligrosos para las relaciones estables), ahora encima ha descubierto que esa cosa moderna de no querer tener descendencia es un mal que también le aqueja, al menos durante otro montón de años...

En fin, que mi amigo Nicolas se marchó, dejando a un primo postizo que no paraba de hablar de sus proezas, dejando a una adolescente suspirando por sus ojos azules y su sonrisa pícara, ilusionada ante la idea de poder hablar con él por “Messenger”, y dejando a mi Tío Cosme todo el día pidiendo a Reme o a cualquiera de nosotros, sus sobrinos, que le hagamos ese mejunje alcohólico tan digestivo.

Besazo Grande,

Rocío Medina

P.D.: Si algún amigo quiere venir a visitarme, yo encantada, ahora bien; tened en cuenta que Nicolas ha dejado al pabellón bien alto.

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4 Octubre 2008

A caballo por Doñana


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Hoy hace un día demasiado caluroso y plomizo, lo cierto es que en verano son los días menos apetecibles de todos porque siempre son sinónimo de que nos quedamos sin playa, o a lo sumo; sin poder tomar el sol.

Nada más levantarme bajé a desayunar al porche que da al jardín, allí el sol siempre te pilla esquinado a esas horas, y las hojas de la palmera cubren lo justo como para poder desayunar como Dios manda: con la mano sujetando la cabeza malamente plisándote la cara, con la silla echada hacia atrás todo lo que se puede (estirándote como si fueras un chicle “Boomer”, porque la idea es acostarte encima de la mesa directamente, y si me apuras; meterte dentro del café a seguir durmiendo un poquito más) y con la otra pasando hojas del periódico sin detenerte en nada concreto, a lo más que llego yo en estos casos es a estar, con el ojo que tengo abierto; avizor del periódico a la casa, y así… (porque en mi casa se nos cabrean cuando hacemos esas cosas; si por ellos fueran estaríamos desayunando todo ‘peripuestos’ como si lo estuviéramos haciendo en la cafetería del “Loevre”): ¡qué estrés!...

La palmera hoy estaba que no le daba la gana de taparme el dichoso rayito de sol, el poco que había estaba encaprichado con mi ojo izquierdo, y nada; que yo estaba por arriesgarme a una bronca si lo cerraba encima de la mesa, o por ponerme las gafas de sol a las diez de la mañana y arriesgarme a lo mismo; así que decidí no echarme café y directamente quedarme tumbada ojeando el periódico a ver cuántas desgracias, que no supiéramos, habían despertado hoy en el mundo… Las mismas: tíos que matan, apuñalan, golpean, y en el mejor de los casos acaban suicidándose, las películas con que nos deleitan en televisión que por edad seguro que se licenciaron en la misma universidad que “Tutankamon”, lo de los dichosos juegos olímpicos en ese país comunista horrible que ha expropiado a gente de sus casas, y por fin la política; que son como las gallinas de corral; que es para echarle de comer aparte…

Mi primo Álvaro llegó el día anterior de Jerez, vino con un cargamento de caramelos y globos de agua para ‘los enanos’, que descargaron el susodicho cargamento, como es lógico, encima de él… Álvaro vino cabreado, todo hay que decirlo, el tío es guapísimo y como familiar tuyo es todo lo aconsejable y probo del mundo, ahora bien, si eres una chica y no tienes lazos de sangre con él; sal corriendo porque tu estabilidad emocional y sentimental estará en apuros serios. Yo no sé lo que tiene Álvaro aparte de guapo, alto, inteligente, deportista, educadísimo, simpatiquísimo y un estilazo increíble (aquí yo pongo sonrisa de oreja a oreja porque según voy describiéndole le veo esa mueca tan típica suya cuando acaba de leer un mensajito ‘by mobile’ y le va a responder cualquier parida para tenerla contenta). El chico vuelve locas a las mujeres, y yo por eso no se lo presento, a menos que me vea forzada, a ninguna amiga mía o similar (amistades que te llaman y te cuentan su vida, te integran como parte ‘chic’ de su universo del ‘soirée’, pero luego les importas un pimiento y a la que pueden y encuentran un tío que las mime durante una temporada, pierden tu teléfono y dicho sea de paso; te despellejan viva, y todo lo que antes veían en ti que les fascinaba, ahora les horroriza más que despertarse una mañana y encontrarse a “Paco Porras” sirviéndoles el desayuno tapando sus partes ‘pudientes’ con un ramillete de perejil). Dicho lo cual; Álvaro es un caprichito de hombre pero yo por suerte lo tengo en mi familia, si no, seguramente pringaría como la que más…

Pues bien: resulta que andaba medio liadillo con la morenaza del turno veraniego, y mi Tío Miguel a regañadientes le dejó salir a navegar en su embarcación nueva, donde se fue con ‘La Morena’ y con la hermana de ésta (huelga decir que ninguna era de Jerez – ya las tiene a todas ‘recauchutadas’- ni hablaban castellano) y luego con un montón de amigos… Al día siguiente se enteró de que un amigo suyo se había liado con ‘Morena’s sister’, y entre ‘caladita’ y ‘caladita’ post-coital, el muy espabilado la había puesto al tanto de los prodigios de mi Alvarito, así que estaba ‘La Morena’ que trinaba en su idioma. Total, que como Álvaro a los histerismos femeninos sólo los aguanta si son de su madre, en un arranque de filamentos condensados de ácido desoxirribonucleico, agarró el coche y apareció en Huelva para la hora de comer, dejando a la ‘guiri’ hasta más ver.

Así que esta mañana después de mi ‘no desayuno’, Álvaro recién duchado y afeitado que parecía una rosa fresca de “Jericó”, bajó con el semblante optimista, se desayunó por lo menos cuatro rebanadas de pan de pueblo tostadas con tomatito, aceite de oliva y sal, y un tanque de leche. Acto seguido me pregunta qué plan tengo para hoy, le miro, y antes de poder responder, me dice que nos vayamos a “El Rocío” a montar a caballo que hace un día ideal para eso. Me pareció una idea estupenda, además que me apetecía muchísimo perderme por “Doñana” y desconectar un poco del barullo de la casa. Encima hoy venían unos amigos de mi Tío Vicente Luis que son casi octogenarios y en contra de todo pronóstico; los más ruidosos del mundo (como están medio sordos pues hablan gritando y al final de la velada lo único que han sacado en claro es que, o se quedan a dormir o tienen que salir a ‘cuatro patas’ de lo mucho que les gusta darle ‘al pirri’).

Entramos en la aldea de “El Rocío”, allí el aire huele distinto, sé que serán imaginaciones mías, pero es un sitio absolutamente envolvente, estemos o no en temporada de ‘Romería’, ‘Candelaria’, ‘El Rocío Chico’… La ermita siempre se ve reluciente y majestuosa con sus peregrinos a la puerta de la ‘Sala de Velas’, donde las luces cargadas de promesas desprenden un tufillo a cera del crematorio que se entremezcla con el inciso, la arena, y el salitre estancado de las marismas que a lo lejos dibujaban sombras de ‘flamencos’ que intentan almorzar.

En el mismo centro de “La Plaza de Doñana”, un par de casas más a la derecha de la que se ha comprado “Don Jesús Quintero”, está la nuestra. Aparcamos el coche a pie de casa, y abrimos la verja de hierro por la que entramos. Cada vez que regresamos siempre encontramos al mismo cuadro tirado en el suelo; mi Tía Abuela Bella, nos dice que en la casa se aparece “El Bisabuelo” tratando de tocar la moral de la gente. Ella nos ha contado montones de veces que “La Bisa”, esposa de “El Bisa”, trajo ese cuadro porque su madre se lo regaló y le tenía mucho cariño; es el típico cuadro con escenas de caza. “El Bisa”, que no soportaba a su suegra, sintió cómo le hervía la sangre al tener que quitar un trofeo suyo de caza, por poner semejante ‘pestiño’ de cuadro. Así que según mi Tía Abuela Bella, “El Bisa” seguía con el reconcome en su tumba.

Volví a colgar el cuadro y abrí las ventanas, la brisilla era calurosa y dejaba la piel lentamente pegajosa. Esperamos a que el cuidador, al que llamamos antes para que nos preparase los caballos, terminase de colocarles las monturas y mientras lo hacía, nos fuimos a las tiendas de ropa que están más abajo de nuestra casa porque Álvaro quería comprar unas pulseritas de cuero con la bandera española. Entramos en casa, me tomé una ‘coca-cola light’ con un paquete pequeño de galletitas de chocolate que encontré por la despensa.

Entramos en “Doñana”, hacía un calor espantoso pero corría un poco de brisa, y me pasaba más tiempo tratando de que no se me cayera el sombrero, que tratando de no caerme yo con el caballo a galope. Me encanta montar a caballo, es una sensación maravillosa de libertad y salvajismo neutro. Álvaro monta muy bien, se pasa días enteros montando en Jerez, y a veces tiene que esperarme porque en algunos tramos yo no puedo pasar con el caballo tan rápido como él. Cuando montas a caballo tu alma se funde con la del animal. El caballo es elegante, bonito, fuerte, salvaje, valiente, y a la vez noble e imprevisible. Es como un humano sin estocadas, con un espíritu indomable y distinguido.

El caballo regala a nuestra historia connotaciones muy diferentes a nuestra civilización; sin este animal, nuestra leyenda a través de los siglos hubiese sido otra muy distinta. Creo que el caballo, más que moldearlo nosotros al haberle comenzado a domesticar hace no más de seis mil años, nos ha moldeado a nosotros. Ese bello animal salvaje, esa bestia pulida que trota por los capítulos de nuestra historia salvando de los perseguidores a “Robin Hood” y a nobles damiselas fugadas en clandestinas noches de luna llena, trotando por adoquines de ciudades románticas y montañas perdidas bajo las órdenes de villanos. El caballo está presente en la imaginación, y con sólo escuchar su galope resonando sobre la tierra nos hace evocar batallas épicas cargadas de aventuras. El caballo ha modificado nuestro estilismo, y con ello ha predispuesto a la moda que vestía a Hernán Cortés, Francisco Pizarro, etcétera, de pantalones cómodos para prevalecer, más ágiles e impunes, sobre ejércitos mucho más numerosos que los suyos. Cambiaron la historia de la música, ya que gracias a ellos existen los instrumentos de cuerda frotada hechas con los pelos de la cola, originarios de las culturas de Asia Central. Tampoco la historia de la mitología hubiese sido la misma de no existir los caballos, porque no habría existido el centauro; mitad hombre, mitad caballo. Ni los unicornios; esos bellos animales que se esconden durante el día avergonzados por tener entre los ojos un gran y afilado cuerno enroscado. De hecho; ¿cómo podrían haberse escondido los soldados aqueos (ciudadanos de Acaya, Región al Norte del Peloponeso en la Antigua Grecia) en el interior de un caballo de madera frente a las murallas de Troya?. ¿Cómo habría “Brad Pitt” de yacer muerto en la película que emula esta historia?. Sin los caballos no habrían existido tampoco las películas “del Oeste”, esos “western” que exaltaron a la categoría de mito al famoso “Tom Ford”. Pero lo más importante, lo que más me llama la atención; es que la idea medieval de la nobleza está tan vinculada al caballo que no sólo los libros que enloquecieron al protagonista más famoso de Cervantes,“Don Quijote”, se llamaban “Libros de Caballerías, sino que aún hoy para cualquier cosa, hasta para ir al lavabo, a los señores se les llama: “Caballeros”.

“Su silueta grácil se repite a través de los siglos galopando siempre en la imaginación humana, en Altamira o en una talla de Mongolia, o en uno de esos escudos muy pulidos de piel de bisonte que decoraban los indios de las grandes praderas de América del Norte. Los caballos son presencias sagradas, muestras de riqueza y de supremacía, juguetes para niños...” Antonio Muñoz Molina.

Cuando la gente monta a caballo por primera vez, sólo aprecia si es más o menos manso, pero todos los caballos amén del color y la raza, les parecen iguales; lo cierto es que no lo son en absoluto. El caballo es uno de los animales más inteligentes del mundo, prueban siempre a su jinete, lo varean y lo tientan a ver quién puede más. Un caballo es un filósofo sin título ni dogma que dialoga con el que lo monta y mantiene conversaciones silenciosas con él. Le hablas y te escucha, le dices que te cuide, que esté tranquilo, que camine despacito, y él te entiende y hace lo que le da la gana si ve que puede más que tú; es cuestión de jerarquía. O sea; mi caballo parece que me quiere más que a nadie, pero en cuanto se monta Álvaro, está claro que pasa de mí y le hace más caso a él.

Estuvimos paseando por un bosque lleno de dunas y pinos, de marismas enjauladas que mezclan sangres impuras del “Río Tinto” y del “Río Odiel”, de montones de especies diferentes de aves que impregnan el aire de sonidos indescifrables que ornamentan el paseo a modo de banda sonora, que vuelven locos a los ornitólogos para poderlos clasificar. La brisa nos golpea cálida en la cara, por fin se me cae el sombrero y Álvaro, veloz como una gacela, desdibuja nuestras huellas marcadas en los altozanos de arena, y como si fuera un rejoneador haciendo un quiebro frente al toro, sin apearse del caballo, se descuelga por su lomo negro, brillante y sudado, lo recoge y se lo guarda (prefiere ir cargando con él, que el devolvérmelo y que a los diez minutos vuelva a suceder lo mismo).

El cielo es color plata rasa, los manchones de nubes tempranas se deshicieron en un blanco roto con parches añil que acabaron desapareciendo. El aire huele ahora a eucalipto seco, a jara, y a breña mohosa de las laderas de los marjales que adornan postales de romería “Rociera”. Me fijo en el camino mientras troto sin rumbo por las veredas fragosas que tan bien conocen los ‘Almonteños’, y me doy cuenta de que se han borrado los surcos de las carretas de los romeros.

Paseamos durante varias horas seguidas y sin descanso, creo que voy a morirme, siento que la sangre es la causante del calor que tengo, la noto en ebullición y tengo más sed que nunca. Álvaro me mira un poco mosqueado cuando le pregunto si él no tiene sed, si no tiene hambre, si no nota el calor, y entonces me dice: “Venga, ¡floja!, ¡vámonos ya!, nos vamos donde Curro y nos tomamos un vinito, y ya de paso comemos, que me ha dicho el abuelo que nos tenía que dar una caja de no sé qué para él… Pero eso sí; por la tarde si no llueve seguimos”. ¡Cualquiera le dice que NO!.

Curro es un antiguo capataz de una finca que tiene mi abuelo. Mi abuelo decía que como mayoral era un desastre, pero como persona es un tío increíble, total, que le daba pena despedirlo y lo ascendió a “Jefe de Capataz”, o sea; era el que le mandaba todo el día a un pobre chaval que acababa de terminar “Ingeniería Agrónoma”, y si no hacía exactamente lo que le decía se ponía al borde del infarto. Total, que mi abuelo porque no le tuvieran que poner el marcapasos ni tener que despedir al chaval después de todo lo que tuvo que sufrir -“Al Curro es que hay que aguantarlo”,que dice siempre su mujer-, tuvo que ascender a los dos y llevarse a Curro para que se encargara un poco de todo y de nada (cosa fácil ya que “El Curro” es bastante vago), y al aprendiz de “Curro” lo ascendió por enchufe directamente a ser el “El Jefe de Subalterno” de la finca de un famoso ganadero de reses bravas. En fin, que mi pobre ‘Abu’ tuvo que colocar a un señor que trabajaba mucho y lo tenía todo en orden, pero que cada vez que podía le daba por robarle racimos de uvas de las parras y esto a mi abuelo lo ponía malo.

Cuando llegamos entramos por el patio donde está la entrada de carruajes y allí nos esperaba Blasito para hacerse cargo de los caballos. Una ducha rápida y nos vamos a casa de Curro. Curro después de ser el recadero del abuelo durante un año dijo que se quería prejubilar, que con el dinero que le había dado mi súper ‘Abu’ durante años por no hacer prácticamente nada, ya le había dado lo suficiente como para comprar una casa en “El Rocío” vendiendo el piso que tenía en “Bollullos”, total; que después de tanta trifulca, va el tío y se jubila. En fin, que su mujer cocina muy bien y mi abuelo dijo: _“¡No hijos!, ¡no!, ir hasta allí y regresar para el almuerzo es tontería. Llamo a Curro para que me tenga preparadas las cosas que me tiene que dar, y ya que vais a recogerlas os quedáis a comer que él estará encantado”. Cierto es que su mujer, Paca, cocina fenomenal, y prueba de ello fue el puchero con cuatro kilos de tocino, no sé cuántos de mondongo, y yo creo que ya puestos dijo: pues voy a echar la vaca entera, que parece que si no, como que no tiene sustancia. Así que entre el calorazo que hacía que pedía a gritos lluvia, los vapores de la olla que puso sobre la mesa para servirnos ahí mismo, y lo pesada que se puso después para que nos tomáramos un par de “perrunillas” cada uno con el café de la sobremesa; yo cuando llegué a casa y Álvaro dijo que a montar otra vez, me tiré encima del caballo que quién me viera con un ‘finito’ o un “carajillo” demás, juraría que estaba rodando un “spaghetti western” y estaba ‘filmando’ la escena de cuando ‘El Feo’ y ‘El Malo’ se baten a duelo con “Burt Spencer” y acaban pegándome a mí, que soy ‘El Bueno’, el tiro en el culo…

Son las siete y media de la tarde y estoy dándole besos a mi caballo y agarrándome a él como si no le fuera a ver más en toda la vida. ¡Le quiero más!... Álvaro está al teléfono y echo una ojeada de última hora por la casa. En la mesilla de la cama de “Tío Cosme” encuentro los pendientes de gitana rosa palo con lunares blancos de alguna de mis primas pequeñas, y veo que el grifo de agua del lavadero tiene un goteo armónico y constante que no me gusta nada de nada. Cojo un pañito y hago fuerza para girar la manilla hasta que ésta se cierra completamente. Pego un tirón a la puerta de casa, y Álvaro, mientras sigue de charla por su ‘cell’, introduce las dos llaves y la cierra, sale, y tras él lo hago yo echando el cerrojo de la puertecita de hierro de la verja de acceso.

A la media hora aproximadamente estamos en casa, ¡Maldita sea!, pienso yo, se me había olvidado que había cena con los amigos del Tío. Aviso a Álvaro, y me dice que él pasa de todo, que él entra por el garaje y cuando esté dentro de la casa avisa a la cocinera de que se queda arriba. Así que cenamos a nuestro aire en la terraza del salón de arriba.

Estoy cansadísima, el cielo ha dado tregua y ha rebajado los grados de calor por las briznas de brisa templada, que a pies quietos, te obliga a ponerte una chaquetita. La luna, que lleva escondida horas y horas detrás de alguna nube juguetona, parece una ele torcida y color candela apagada, aparece coquetona a la hora de la horchata granizada y la película que Álvaro elige para poner en el DVD.

El caso es que los tíos; por ligones, penosos, guapos o poco agraciados, mayores o más adolescentes, todos; siempre saben que a la hora de escoger ‘peli’, cuantos más tiros, sangre, fantasmadas, efectos especiales y demás, mucho mejor siempre. Así que como “Daniel Craig” estaba emulando a “Bond” en estado puro, y yo a “James” lo prefiero en momentos menos productivos; me voy a mi cuarto desde donde os escribo revestida de “Aután” y sentada bajo la mosquitera de mi cama con un empacho tremendo.

Besitos Dulces,

Rocío Medina

P.D.: Por culpa de la “Coca-cola” que me tomé para ver si se me pasaba la pesadez del estómago, me desvelé, y ahora sólo escucho ruidos raros que provienen de algún lugar del jardín, y que me sobresaltan de cuándo en cuándo al pensar que tal vez alguno de ellos se esté atragantando con la dentadura postiza.

P.D.1: Definitivamente estoy con Álvaro en su cuarto jugando a matar a gente con “La Play”, si alguien quiere algo que llame al móvil de mi primo que el mío está cargando en mi cuarto, y ahora no me puedo dejar el puesto que sólo me quedan dos metralletas y una vida…. AaaaaGGGgggggg!, ¡Me MATARON!

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16 Septiembre 2008

Las Cosas del Verano

Queridos Tod@s:

Cuánto más lo pienso menos dudas tengo de que para pasar un buen verano una persona decente debería arrancar de cuajo los cables de la tele y anular la suscripción a sus revistas preferidas a menos que sean de caza, arquitectura o decoración. A lo sumo os dejo leer el “PRONTO”, que siempre da consejos útiles de cómo limpiar las manchas de velas de los manteles, cómo hacer que tu pelo grasiento, que hace dieta de agua y jabón, parezca recién salido de la peluquería con tan sólo echarle encima un bote de polvos de talco y pasarte la tarde entera cepillándolo con brío, cómo reutilizar los botes de cristal de los yogures y reconvertirlos en improvisados candelabros, cómo limpiar los surcos que el sudor y el desodorante deja en las axilas de las camisas… y todo esto adornado en la misma página por la receta de un sabroso pastel de carne con piñones y albahaca. Bueno, doy por hecho que sólo miráis eso y no los despropósitos de consejos que dan los tarotistas al final de la revista:

Bruja Amanda: “Hago amarres de todo tipo y soy especialista en temas de amor. Sólo digo la verdad; duela a quién le duela. Seré tu amiga y consejera. Llámame a cualquier hora”.

Veamos querida Bruja Amanda: yo de estas cosas sé poco, conozco mi horóscopo porque hay quién para ligar necesita con urgencia saber de qué signo eres, y ya viendo que era más que una moda, todo un dogma a seguir; me dediqué pacientemente a mirarlo e informarme, pero eso de “hacer amarres de todo tipo” a mí me suena a ‘chamusquina’. O sea; tú lo mismo amarras al susodicho a una cabra que a un caimán de Florida, que lo amarras al póster de la luz a ver si mientras se electrocuta recapacita de cuánto ha perdido dejando a la pesada, loca e histérica de la que se gasta el sueldo en llamarte, que amarras tres pelos del bigote de un gato y lo cueces con canela, excrementos de sapo, y haces un amuleto para que la persona en cuestión lo lleve siempre en el bolsillo junto con la pata disecada de alguna liebre cazada a traición…

Otra cosa: tú, querida Bruja Amanda, dices ser especialista en temas del amor, o sea; que doy por hecho que tu especialidad se debe a las clases lectivas que has debido recibir en alguna universidad donde te han formado bien y te han dado el diploma que te acredita lo suficiente como para saber qué hacer para que el tío que ha pasado de tí y te ha chuleado todo lo que ha podido y más, vuelva a tí como un corderito manso y encima pretenderás que la lleve de viajecito romántico a “Saint Tropez” y le ponga a tu clienta un ático en la calle “Claudio Coello" con asistenta y un “personal trainer" estilo “Darek” para que la ponga a punto por lo mucho que sus disgustos han condicionado su dieta… Yo le diría a la señora Bruja Amanda, que por qué no se amarra ella misma en algún lugar en condiciones y que se aplique ella sus teorías a ver si en vez de estar tan sola y tan ávida de ‘pasta’ fácil, se hace con un buen tío que pise con los pies en la tierra, que le quite tanta tontería junta, y la ponga de rodillas a meditar sobre si esta verdad es la que duele “pese a quién le pese”, o necesita que se lo digan con algún mapa explicativo donde se muestre una flecha desde su casa hasta un lugar llamado “Excremento” (sé que me he pasado de grosera pero verdaderamente estos temas me encienden. Es que cuando veo que hay tanta gente aburrida que en vez de aprovechar su dinero en cosas interesantes se dedican a tirarlo a la cuenta de esta gente tan cretina, se me va la mano a la tecla y no puedo parar, es como cuando te pica el brazo; no paras de rascarte y rascarte hasta que te dejas la piel bajo las uñas y un ronchón arañado y rojizo en el brazo).

Por cierto, Bruja Amanda: si se te ocurre tratar de ser amiga mía o consejera, te aseguro que antes llamaría a la “Guardia Civil” para que te lleven con urgencia a algún psiquiátrico… Además, que si tratas de ser mi amiga mejor que vayas replanteándote la dirección de las llamadas, porque mis amigas no siempre esperan que sea yo la que ‘cargue’ con la factura…

En fin, a lo que iba: que estar de vacaciones siendo un vulgar ciudadano es un ascazo tremendo cuando enciendes la tele y ves lo bien que se lo pasan los demás, que parecen que más que de vacaciones están concentrando todo un año sabático en un par de meses que no acaban nunca. Y todo a su lado es bonito, perfecto, sonriente, mágico, gente guapa que no sólo tiene cuerpos de escándalo, sino que deben ser simpática e inteligente de morir, a razón de las risas lujuriosas que no se apartan ni un segundo del famoso de turno. En las revistas es peor; porque esa imagen congelada hace que puedas repasar los detalles de la foto más de una vez con lupa (te enciendes porque no puedes criticar ni un ápice de ese trasero, te mueres de la envidia porque este año ha vuelto a descumplir cumpleaños y aparecen los acompañantes más guapos y rozando la mayoría de edad, te cabreas porque en una foto aparece un posavasos de un reservado de algún local de moda de Ibiza, en la siguiente posan despampanantes bajo la sombra de un toldo teniendo como telón de fondo un lujoso hotel de Marraquech, y en la última bajo un posado ideal, aparece en titulares la frase que te invita a suicidarte directamente: “Intento sobreponerme y coger fuerzas tras morir mi gata ‘Bloody Mary’, así que este verano he acortado mis vacaciones porque me inundaba la pena”. O sea; que si no se llega a morir su felino se pasa un año o dos de vacaciones a ver si descubre algún lugar exótico con cócteles aún sin catalogar, GRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!!!!!!!

Por eso he decidido que lo mejor es no encender la tele para no pasarte el verano de mal humor. Y es que cuando comienza el verano nos vemos optimistas ante los dos kilos de grasa corporal que hemos perdido gracias a ese milagroso concepto post-moderno llamado: “Operación Bikini”, y al que sólo seguimos a rajatabla las semanas previas a nuestras vacaciones. Porque antes son todo buenos propósitos que se aminoran ante la idea de que aún faltan tres o cuatro meses para las vacaciones y podemos invertir, más que en él, en los rayos UVA; que ya va haciendo tiempecito para lucir piernas bronceadas, saltarnos la dieta porque obviamente es ideal salir del trabajo y acercarte a algún local de moda a tomarte una copa con tu falso ‘look’ de ejecutivo (habiéndote pasado antes por casa para soltar de golpe el portátil y el teléfono de trabajo, ponerte el traje recién planchado, y cambiarte la camisa arrugada de todo el día por una nueva y limpita. Es decir; quitarte el maquillaje cuarteado de toda la jornada laboral, volver a pintarte, quitarte los zapatos de tacón medio y cambiarlos por los de ejecutiva agresiva a lo Demi Moore en “Acoso”, y echarte un perfume caro y matón). Así que para la dieta estricta sólo quedan las dos últimas semanas; que es cuando estamos obligadas a hacerla porque nos hemos gastado el presupuesto que nos quedaba en cremas de todas las texturas y todos los factores de protección según el grado de moreno que vayamos cogiendo, en bikinis con pareo a juego de la cesta y el sombrero, en “kaftanes” y vestidos de noche, en pedicura, manicura, ‘micropeeling’, exfoliante corporal para adecuar la piel al sol, y en la factura del teléfono porque hay que llamar a todo el mundo a informarle de que te vas de vacaciones. Así que si estás un par de semanas a dieta no pasa nada; sobretodo porque para meterte en los “mini-shorts” tan ideales que te has comprado necesitas forzosamente perder una talla (básicamente porque estos eran los últimos que quedaban y te han costado un pastón).

Así que llegamos humildemente a nuestro lugar elegido para las vacaciones, cargando orgullosamente con casi una decena de ‘trapos’, zapatos, bañadores y demás complementos por estrenar, encendemos la tele mientras hacemos tiempo para que la humanidad española despierte de su siesta, y de entre esa humanidad vengan los ‘nuestros’ a recogernos para irnos a la playa, y nos encontramos con que hay gente que se ha gastado más que nosotros, que tiene, no dos semanas de vacaciones, sino por lo menos veinte meses, y que encima cada día estrena vestimenta distinta, que está de vacaciones en un lugar que se llama como el tuyo, pero que seguramente es otro porque a esa gente, esas fiestas, y esos sitios no los recuerdas así de monumentales… Así que directamente te dan ganas de meterle un par de puntapiés a cada maleta, meterte un atracón de anacardos del minibar mezclados con las mini botellas de ‘champange’, y echarte a dormir la siesta hasta que sea la hora de salir a cenar y emborracharte para que se te pase el disgusto…

Claro que siempre hay gente más lista que ahorra en ‘trapos’, gimnasios y tratamientos novedosos adelgazantes, y se va a playas nudistas donde si a alguien se le ocurre mirar indiscretamente a tu ‘muslamen’ con celulitis aberrante, siempre puedes desquitarte diciéndole que peor es lo suyo; que tiene un pene del tamaño de un garbanzo o que tiene el pecho que parece un higo a punto de madurar en pasa.

También siguen existiendo los mal afamados ‘domingueros’ de turno que se llevan la nevera a punto de reventar, se apean en cualquier ribazo a ras de carretera bajo las chicharras y el solano cantando los cerca de cuarenta grados de calor sofocante, y le abren la banqueta a la suegra todo orgullosos para que la mujer estire las piernas antes de almorzar los melocotones que minutos antes han sisado de alguna huerta que les pillaba de paso. A mí esta gente me pone de los nervios (por no decir otra cosa) en la misma cuantía en que son capaces de sacarme una sonrisa benévola y proyectarme cierta ternura. Ves al tío con el palillo en el hueco de la boca que pese a los ronquidos ni se le cae, con el sombrero de paja hecho trizas encima de la cara para taparse del sol, a la abuela con la tapa del ‘tupper ware’ abanicándose, a su señora con los pies dentro de la acequia porque cree que el agua esa que corre fría viene de algún manantial y es buena para los callos (de los pies, ¡se entiende!), al hijo pequeño al que los otros tres mayores no le hacen ni caso, y ya de paso nadie en esa familia (como si fuera “Maggie Simpson”), que está jugando con un pie en el arcén y otro en la carretera, a la mujer haciendo crucigramas y pegando gritos a los niños para avisarles de que como se suban a los árboles y se caigan, encima ‘van a cobrar’, tirando el papel “albal” de los bocadillos hecho bolitas a los coches, que pasan a todo gas por la carretera, mientras les grita que a ver si tienen un poco más de cuidado, que si por causa de la gravilla o algo vuelcan, se les van a echar encima…

A mi me hacen mucha gracia, la verdad, no entiendo que después de estar como poco una hora en carretera soportando a la suegra que no puede con el aire acondicionado, diciéndoles de subir el cristal, luego bajarlo, luego que se orina, luego que se ha mareado, y un sin fin de etcéteras; que no sean capaz de dar una pequeña vuelta para encontrar un lugar más confortable donde pasar el día que no sea ese a ras de arcén. Cuando regresas por la tarde del “Club”, resultan que siguen en el mismo sitio; el crío que como ya ha ‘cobrado’ lo suyo sigue en el árbol sin moverse de ahí tratando de llamar como puede la atención de alguien aún a riesgo despeñarse, la señora que está comiendo pipas como una poseída y tiene los tobillos en lo alto de una piedra para ver si se les descongelan y las durezas se le caen de una, la abuela que hace lo propio y tiene los pies metidos en la acequia esa de agua congelada con las medias de calceta y todo puestas; no vaya a ser que le pique a pies descalzos alguna medusa (si ella dice que ahí hay medusas, es que las hay, y con lo que le cuesta agacharse para meterse las medias, que se queda ‘enriñonaíta perdía’, cualquiera le quita la idea de la cabeza). El macho ibérico que tienen por patriarca del clan está con su camiseta de tirantes mostrando michelín cervecero, y navaja en mano, ‘trinca’ como puede una rodaja de chorizo y otra de pan, y así hasta que la suegra que se vuelve a orinar, le pide que le acompañe a ir detrás de algún matorral donde pueda aliviarse sin que nadie la vea que ella para esas cosas es muy mirada…

Las otras tardes, cuando bajaba del chalet en dirección a la gasolinera a ver si podía llenar de aire las ruedas traseras del coche que las veía muy desinfladas, me veo a una señora de éstas haciendo ‘autostop’, o al menos eso parecía, porque estaba parada a un lado de la carretera, quieta como una estatua, sin mostrar signos de accidente grave ni nada por el estilo… Deduje que algo quería, así que, como no vi más que a esa señora, cuya edad no podría ser menor de setenta años, pensé que no habría menor peligro en parar y averiguar si necesitaba algo. Paro el coche en un rellano del camino como a siete metros de donde está la señora, me bajo y me voy acercando hasta donde está, justo cuando la tengo a menos de medio metro le pregunto que si está bien o si necesita algo. La señora me mira con gesto de incredulidad y me dice: “¡Qué va!, yo estoy divinamente hija… ¡No vé qué fresquito má wueno hay cuando pazan lóh ‘coshe!. Zi yo ziempre ze lo digo ar Paco, mi yerno, que ‘eh mu tonto, ¡pero qué le vamo a haser!; él ‘eh azín de canzino, noh pone al otro lao de la fanega donde no corre ni una mijita de aire ni ná… Yo er día menoh penzao no vengo máh; ¡tóh lóh zantízimoh Domingoh ejque ‘eh iguá!; ojú!, ¡qué Cruz de hombre!. ¡Oye Niña!, ¿tú quiere un gazpashito fresquito que he traío mushízimo y me va a zobrá?”.

Total, tirado por tierra el mito de que los domingueros no tienen ni puñetera idea de buscarse un lugar con sombrita cerca de algún prado verdoso, con algún riachuelo cerca donde poder refrescarse y a ser posible alejados del mundanal ruido, me he dado cuenta de que la que no tiene ni idea soy yo; que una señora como aquella, toda una experta en el mundo de los ‘Dominguers’, me ha hecho ver la clave del asunto: a falta de enchufes donde apoltronar un ventilador, mejor en el ribazo de cualquier carretera dónde si no corre aire; los camiones lo mueven a su paso, así que cuanto más cerca se esté de ellos mucho mejor…

Cuando llegué a la gasolinera no sabía cómo llenar de aire las ruedas, o sea; si que sabía pero no la cantidad que debía echarle, así que le pregunto al gasolinero y lo único que saqué en claro es que ante la duda; que le echara al turismo que fuera “dos kilos de aire”. Total, que como yo llevaba el ‘todoterreno’ de mi abuelo tuve que deshacer lo andado, con menos gasolina y con menos aire en las ruedas, y encima me cayó una bronca, porque tras ir a otra gasolinera que me pillaba de camino y estaba cerrada, decidí volver a casa sin echarle aire a las ruedas…

También cuando llega el verano uno ha de tener en cuenta otras cosas aparte de los lugares dónde pasar las vacaciones y la ropa ideal que debes llevarte. Por ejemplo:

-No elegir un destino cualquiera sin cerciorarte antes de que vas a tener fácil acceso al mundo de Internet (que es un mundo virtual que corre paralelo al nuestro donde todo es posible y dónde uno puede ser un rubio nórdico, delgado y con un paquete de acciones solventes, o una diosa de ébano capaz de provocar un ataque de celos a la mismísima “Naomi Capbell”). Porque nunca se sabe si vamos a necesitar hacer una reserva de última hora o necesitamos encontrar a alguien después de haber perdido el móvil al tirarnos desde el catamarán en estado ebrio con él encima…

-No salir de casa sin asegurarte de que en el citado lugar no te vas a encontrar con algún/a ex indeseable, o con alguna antigua “amiga” de tu ex, o directamente con el/la ex de tu “amorcito”.

-Prohibido ir de vacaciones al mismo lugar donde veranea tu jefe a menos que quieras ligártelo, para lo cual la cosa cambia y tienes que fastidiarte e irte a cualquier otra cala cercana porque obviamente; si te ve en la playa cubierta de arena, con los pelos pringosos de la sal, con algún michelincillo caprichoso que se empeña en afearte el bikini, o te ve rechupeteándote los dedos después de haber merendado una bolsa grande de patatas fritas como una ‘cerda poseída’, igual le entra la vena de despedirte, o lo más seguro es que ya no vuelva a mirar con deseo tu estudiado cruce de piernas a lo “Sharon Stone” en las reuniones y tengas que impresionarlo con argumentos de verdad. Así que tienes que conformarte con levantarte antes, irte más lejos, y que sólo te vea por las noches cuando estás divina de morir tras una sesión de dos horas de “protocolo femenino-social”. En los demás casos lo mejor es cerciorarte de que no veranea en el mismo sitio para no amargarte las vacaciones. Que lo mismo te lo encuentras en el descansillo del hotel con la mujer, y a ver qué cara le pones tú cuando te la presente después de saber que en horas menos estivales se ‘ventila’ a la de la fotocopiadora. Que te lo puedes encontrar embutido en un ‘neopreno’, tratando de atrapar tiempo de juventud con la misma ansia con la que se aferra a la cometa de ‘kite’, y no puedes contener la risa de lo penosa que te resulta la escena.

-Tampoco se puede ir uno de vacaciones así como así en los siguientes casos:

1- Si estás soltero debes hacerte acopio de tu lista de “amiguitas” de la zona y cerciorarte bien de a qué locales van. Porque alguna vez ya ha pasado que estás dos días detrás de grupo de rusas despampanantes cuyas piernas, que les llegan hasta el cuello, dan dos vueltas y aún sobran, y cuando por fin acceden a quedar y precisamente a la que más ojitos le echas acude sola, vas tú todo triunfal y te das de bruces con la “amiguita” a la que días previos a las “vacances” has atiborrado de mensajes dándole habida cuenta de lo muchísimo que te gustaría poder quedar a solas con ella, etcétera, etcétera (los tíos ya sabéis de qué va el asunto)… Total, que acabas más sólo que la una, uniéndote al tío más penoso del lugar que anda tan ‘tirao’ como tú, y ellas, que ya se han hecho amigas, han levantado un cerco alrededor suyo y de sus otras quince amigas tan “buenorras” como ellas, y te miran a la vez con caras de querer matarte.

2- Si estás comprometido y en plan ‘tranqui’ pásatelo bien y apaga el móvil, porque seguro que tienes a la ‘parienta’ todo el rato llamándote a ver si te van bien las cosas, recordándote que como “hagas algo” ya te puedes largar con otra, y tú, que no pensabas hacer nada, te dan ganas hasta de llamar a la primera ex ‘fulana’ que aún ‘ranquea’ en tu móvil y proponerle una cita lujuriosa para que tu novia te amenace, pero esta vez con razón…

3- Si estás en la situación anterior pero con ganas de ‘jarana’, acuérdate de salir de casa con dos móviles: Uno, que es el que siempre debes llevar encima atado con una cuerda y siete candados para que no se te caiga ni lo dejes tirado por algún sitio de borrachera (donde has introducido pacientemente todos los teléfonos de las ‘chatis’ que interesan). En el dos: únicamente anota el teléfono de tu “parienta” (para que no puedas llegar a enviarle mensajes confusos de esos que tú no ‘cazas’, pero que ella capta al vuelo desde la primera palabra), y ese déjalo siempre en la mesita de noche, y como un ritual, le mandas su mensajito mañanero, el de la siesta, y el de la noche, que es el que menos falla de todos: “Hola Cielo, stoy matao, éstos me han tenido toda la tarde haciendo surf y stoy roto, m meto ya en la cama. Pienso en ti, m gustaría q stuvieras aki conmigo. T imagino y m pongo malo. Mña m levanto pronto xa correr un poco, cuando regrese te pego toke xa no despertarte antes. T kiero, mi bomboncito sexy…” (aquí cualquier apelativo cursi que se te ocurra va bien), y entonces cierras el móvil, abres la caja fuerte para cogerte el reloj y las tarjetas, te echas perfume, y sales a toda prisa colgándote del cuello el otro teléfono que es más resultón…

4- Si eres chica esos últimos consejos anteriores ya sabemos que no sirven, pero lo que está clarísimo es que no puedes salir de vacaciones sin asegurarte que los amigos de tus amigos son tan increíbles como te han contado, porque ya que renuncias a algún rollete veraniego -de esos que siempre dan un poco de pereza pero que te prometen unas semanas ‘deluxe’ en algún yate mojado por el Mar Adriático- al menos que sea porque la cosa promete. Así que antes de salir busca alguna excusa como la que solía hacer una amiga mía (ahora casada y con un retoño), que era la de llamar al ‘Mengano’ amigo suyo y decirle que tenía que enviarle fotos de sus amigos para la clásica fiesta sorpresa de parejitas a las que ella era muy asidua. Así pues, su amigo le mandaba todo feliz las fotos de sus amigos (obviamente sin contar con ellos porque formaba parte de la pretendida “falsa” sorpresa), que son esas fotos que se hacen los colegas entre ellos y no las que se eligen con el perfil adecuado, y nada más recibirlas, nos enviaba un mensaje tal que así: “Cambio de planes chicas, estos tíos son penosos y a mis amigos los tengo ya muy vistos… Si no sugerís nada interesante yo me voy a Menorca que los Italianos para un apuro nunca fallan… Después quedo con Andrés y nos vamos a pasar con él unos días. No dejarme tirada que yo sola con éste no me voy ni loca… Besitos”.

Total, que el verano tiene una multitud de cosas maravillosas, pero también están esas otras cosas que te castigan a no bajar la guardia ni un segundo. Yo siempre pienso que estar todo un invierno embutido en tu jornada laboral pensando en el momento de dar carpetazo a todo y largarte de vacaciones es trabajar sin fundamento; porque nos volvemos muy poco productivos. Así que propondría el plan contrario: exigir el derecho a estar un mes entero trabajando, ocho meses a programar un verano como debe ser; incluyendo el echar la solicitud a ZP para que nos dé lo que nos corresponda de los cuatrocientos euros, el ir al paro porque estar tanto mes sin cobrar es algo que no tiene mucho fuste, apuntarnos a un centro de gimnasia pasiva -que estar dos horas diarias en el ‘gym’ da una pereza de morir-, incluir planes para salvar el mundo que sólo se cuecen en los locales de moda de la ciudad y no logran jamás salir de ahí (son como el hielo; reconforta el tener los cubitos para enfriar la bebida, pero una vez que ésta se agota; se tiran los hielos medio derretidos sin más miramientos). Hacer dieta más de dos semanas, a lo sumo cinco, o volver a echar más solicitudes para que nos alcance el dinero y nos paguemos la ‘lipo’ que es una solución menos dolorosa y más eficiente. Y ya vislumbras allá por Mayo el verano como debe ser: haciendo boca con la Feria de Jerez, la de Sevilla, el Rocío… y te pones en mitad de junio desestresada, fresca como una rosa, dispuesta a lucir tus modelitos, y te recuestas en septiembre bajo el paraguas de las lluvias recónditas maldiciendo tu suerte porque en octubre has de volver ‘al tajo’.

Paciencia queridos míos, que a este paso socio-político, esto, más que una teoría se hará una obligada realidad, y antes que nos demos cuenta estaremos más de uno como esos sabios “domingueros”; abanicándonos con el “tupper-ware”, al lado de cualquier ribazo, y rezando porque los capataces de alguna finca de frutales se vayan a echarse la siesta y podamos entrar a arramblar con todo lo que veamos…

Besazo Grande,

Rocío Medina

P.D.: ¿Alguien sabe cuánto aire tengo que echarle a las ruedas de un ‘todoterreno’?.

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