Categoría: Mails Personales
7 Septiembre 2008
Querid@s Tod@s:
Estamos en verano, la gente guapa se adueña del sol y lo funde con cremas irisadas en torno al bronceado. Los foulares salen a cubrir los hombros perfumados en multitud de tonos, vestidos cortos, estilosas bailarinas en afluencia de colores alegres, mini caftanes y maxiblusones puestos con un cinturón y unas buenas sandalias. Los niños se ponen polos de colores palo, camisas blancas de algodón, los mocasines, las zapatillas de esparto… Pieles morenas y sonrisas blanqueadas, miradas clandestinas detrás de las hojas de palmera que adornan los locales estivales nocturnos, recogidos apurados que mendigan besos furtivos detrás del sudor y las copas…
El verano es ese amor taciturno que se esconde tras los mensajes que funden el cantar del gallo con el ‘politono’ resultón de moda adolescente. Es ese olor sabroso y comestible de las cremas protectoras, las boqueras del ‘dominguero’ que reparte la sandía entre su boca y su pectoral blanquinoso y peludo, los sudores que armonizan bajo la sombrilla los ronquidos severos del obrero que descansa las tres de la tarde con la fresquera, adornando su camiseta de tirantes de miguitas del pan del almuerzo, frente a la playa. El verano es esa nube roja que se detiene a ver la resaca del mar al atardecer y que cubre de pajitos al campo.
A mi me encanta el verano porque es como una primavera sin alergias, y con licencia para hacer “topless” y tomar mojitos casi a cualquier hora. Me encanta porque la gente sonríe más ante la perspectiva de un descanso bajo las chicharras de la sierra o sobre la tumbona que deja caer arena de los pies a la arena de la playa. La piel caliente y bronceada que se derrite al sol del medio día…
Siempre que pienso en el verano me lo imagino como un lago inmenso de agua cristalina cubierto de palmeras y pinos, y con un suelo verdoso de césped húmedo. Y veo las piedras de “Hansel y Gretel” hechas de piedras blancas pulidas de cantos rodados que bordean un camino de hamacas blancas de madera de teca, con mesas adornadas de jarras de hielo con hierbabuena y limón.
Mis veranos siempre comienzan en Sábado, a eso de las siete de la mañana, que es cuando mi padre, que tiene más paciencia, nos despierta remolones para tomar el desayuno y coger los bártulos para llevarnos a pintar. Mis mañanas de verano comienzan pintando barcas de pescadores mientras hacemos círculos imprecisos en la arena con nuestros pies descalzos, protestando continuamente por el fuerte olor a pescado crudo que desprenden aquellas redes que cosen y remiendan aquellos señores de piel curtida.
Mis veranos tienen color picota madura y huelen a eucalipto seco. Y se esconden en un lugar repleto de dunas de arena caliente o muy fría según se vaya posando el sol, entre pinos, bananos y palmeras. Con el griterío lejano de la gente que se queda de sobremesa en el jardín, o los ronquidos de las siestas. Miro de reojo al verano escondida entre una sábana vieja de algodón que me tapa hasta la cabeza mientras me balanceo en la hamaca a ver si me duermo de una vez por todas; pero nunca funciona, así que me conformo con escuchar el relincho lejano de los caballos cuando se acercan los perros muertos de sed. Y los campos de golf que amontonan ‘buggies’ chulos a los que mi padre jamás me deja subirme.
Los veranos son estancias maravillosas que se guardan en el recuerdo y en el anhelo de esas semanas que deseamos tener. Los pintamos con cielos azules y playas cálidas color turquesa, grandes barcos que despliegan velas impresionistas allá donde se funde el mar con el cielo, lujosos yates que aglutinan bebidas frías y pareos, y grandes llanuras a pie de montaña donde descansa un lago dormido. Son amores atrapados en los diarios de hace muchos años que deseamos reencontrar, flirteos inocentes que se mezclan con el ruido seco de las pelotas que impactan con las palas a ras de agua. Pero sobretodo; decir verano es hacer un canto al optimismo.
Al verano me encanta mirarlo desde el ángulo exacto entre la higuera y los olivos del primer jardín, porque al anochecer sólo se ve la luz de la luna y la de aquel inmenso castillo que a lo lejos se ilumina en tonos amarillentos. Es como si el tiempo no hubiese jamás escapado de aquel lugar y los higos fueran, un año tras otro, los mismos que salen a respirar verano después de las brevas. Las ranas y lagartijas que se hacinan en la charca posterior a la piscina resbalan de mano en mano croando muy enfadadas, y los nenúfares de “Monet” abandonan su historia de arte pedigüeño y salen esplendorosas al vaivén de aquel charco cubierto de moho y humus.
Los veranos son vestidos cortos de noche con sandalias de tacón y largos vestidos de algodón, blancos a ser posible, sin zapatos. También son camisas habaneras, camisolas de hilo de cuello ‘tao’, y mocasines o náuticos a pie de espetos con una gran jarra de vino rellena de melocotones fríos.
En verano es tiempo de pintar cuadros de colores alegres, de escuchar violines de orquesta de “Vivaldi”, y de tirar por el lavadero el “Lambrusco” y pasarse directamente al “Manzanilla” con un plato cubierto de aceitunas verdes aliñadas, mientras esperas que pase la mañana para ir después a los toros.
Eso es una manía muy mía; siempre asocio los toros y las corridas de toros con el verano. Me imagino a “Morante de la Puebla” en su finca, repartiendo vino fino en su picadero y platos de ‘jabugo’ antes de sacar al tentadero a un torito bonachón que brinda a sus amigos. Y también me veo compartiendo barrera con mi padre a un lado y con una señora peinada con moño, flor en el pelo, vestida de meretriz, y llorando a moco tendido cuando su torero de escarceos no muy ortodoxos sale por “la puerta grande” con dos orejas y el rabo.
Este verano está siendo un poco raro, hay poca gente en general en todas partes y la que hay es básicamente aquella que siempre sobra. Las mañanas son más silenciosas y madrugo más para ver desde el balcón de mi dormitorio a los deportistas haciendo ‘jogging’ a la vera del mar.
Esta mañana me despierta mi amigo Nicolas, un francés multicultural de pro que me envía este mensaje: “Hello querida! Am back from Fuijeirah we’ve been flying Cessna all day… Tomorrow Egypt!. Please come to 26-Aug 2-Sep to find me!! Very Relax…” Y claro, yo lo primero que hago es mirar el despertador y cabrearme lo suyo porque ayer estuve de cena hasta las 3:30 de la madrugada, eran oficialmente las 6:30 a.m. en horario español, y a esas horas yo no concibo que me despierten a menos que sea una cosa grave como que han saboteado las mejores zapaterías del mundo y algún o alguna indeseable se ha hecho con semejante botín por la cara sin haber contado conmigo previamente, o bien; que algún amigo y/o familiar solidario me quiera avisar de que en menos de dos horas vendrán mis tíos con el cargamento de críos a que se los cuiden porque se van a jugar al golf; para que me de tiempo a lavarme los dientes, echarme crema protectora, y coger las llaves del coche para salir pitando huyendo de la quema…
Así que ya no pude dormir más… Me levanté, y aún la asistenta no había hecho la compra, así que me conformé con tomarme unas galletas bañadas en coco y salir al jardín a ojear las revistas de decoración que había comprado hacía un par de días… Pensé que estaría bien irme con Nicolas, que tiene amigos por todo el mundo y siempre es una risa quedar con él porque todo es prácticamente improvisado… Pienso en enviarle un mensaje para informarle de que tal vez sea lo mejor que pueda hacer y pasar de ir a Jerez y a Marbella, pero decido devolverle la broma y esperar a enviarle el mensaje a las cinco de la mañana para que se fastidie por haberme despertado.
Papá desde el accidente está de mejor humor; ¡qué cosa más curiosa!, ¿no?... Yo creo que es porque la gente que le conoce le inunda de regalos y a estas alturas ha recibido tanta cantidad de puros que podría hacer una casa de “Cohibas” con ellos. Está silbando a todas horas y no para de pintar (obligándome a mí a hacer lo mismo como cuando era pequeña). Se coge sus muletas para no apoyar su pierna enyesada, y ahí que estoy yo con el sombrero de paja incrustado a ras de ceja (me lo suele encajar él porque siempre se me olvida y es la excusa que le pongo para poder regresar antes), con los caballetes portátiles, las poltronas de plástico con las toallas para cubrirlas, la sombrilla para taparnos del sol chicharrero… y así; como una mula de carga, me veo abriéndole el coche para que una vez que mi padre se ha subido, me empiece a increpar con su tono optimista que a ver si me doy un poco más de prisa o nos vamos a quedar sin paisaje que pintar… GRRRRRRRR!!!!!!!!!!
Mi padre es un padre simpático, generoso, de palabra ágil, fuerte vozarrón, y de un “charm” especial que le hace estar siempre rodeado de gente que le mima, le admira, le cuida y le adora… Yo quiero ser como él (en otra vida, ¡claro está!; porque en ésta sería un incordio tener sus años y haber vivido la mitad de la mitad de lo que ha vivido y aprendido él, o sea, ¡que ya llego tarde!), porque ser un hombre es un gran inconveniente en este momento en el que mis planes futuros se acercan más a tener un enorme vestidor de 10 x 10 metros, y una larga lista de playas exóticas a las que ir luciendo pareos y trikinis sin nada más por lo que preocuparme que no sea por comer bandejas repletas de todo tipo de frutas de texturas extrañas y desconocidas, y saber si me estoy echando o no la crema adecuada en cada momento del día rodeada de amigos.
Total, que mi padre se asoma por el balcón de su dormitorio y me dice: “¡Pequeñaaaa!, ¡Buenos días, Cariño!... ¿Nos vamos a pintar? (aquí no me da tiempo más que girar el cuello, levantar la mano y decir: “¡Buenos días, Papá!”) Venga, ¡coge las cosas mientras desayuno!”. Así que con las prisas se me ha olvidado el “Aután”, y como en Huelva los mosquitos ya nacen asesinos en serie a los que no les importa la hora del día que sea para fastidiarte, pues he venido llena de picaduras y con el pelo lleno de mechas verdes hechas al óleo (en un ataque mío desesperado porque no me picara una avispa, se me ha caído el sombrero y yo he aterrizado con la cabeza sobre el caballete). Mi padre, que ya os he dicho que ahora todo lo ve color verde campo (el de la esperanza, el del optimismo, el del buen humor y el del tiempo libre…) me dice: “Cariño,¡jajajaja! (esta risa me molestó mucho) ¡qué guapa estás!... ¡No importa!, ahora después te ayudo a quitártelo con el aguarrás, que éste es otro que huele a limón y así no parece que te has bañado en disolvente, ¡jajajaja! (esta risa me fastidió más que la anterior y echó por tierra la poca fe que tenía de pasar un día tranquilo y sin sofocos). El día no presagia nada bueno…
13:30 p.m. Papá está cansado de pintar (yo creo que le llega el olor del aperitivo y está deseando zafarse de aquí como sea, justo ahora que por fin he logrado que la montaña parezca una montaña y no saco de tierra desparramado por el horizonte de mi cuadro), me dice que lo mejor sería que nos fuéramos yendo a casa porque en breve el calorazo va a derretir las pinturas. No le hago la contraria, y se sienta bajo la sombrilla con su pierna tiesa y sus gafas de sol mientras yo limpio los pinceles, recojo las paletas con las briznas de óleo de tonos tierra expuestas en escalera, los trapos de lino llenos de aceite, los cartones bajo nuestros pies, pliego la sombrilla, mi tumbona, le ayudo a levantarse, le alargo sus muletas, cierro también su butacón, lo meto todo en el maletero, y me pongo furiosa al verme en el espejo del retrovisor las mechas verdes sapo.
Papá está cantando todo el camino por bulerías, sigue el ritmo dando golpes contra su escayola marcando el compás, y yo que pintar pinto poco y cantar aún menos y peor, intento sacar el tonillo adecuado pero mi progenitor me mira sonriente y con cara de: “Es mi niña, ¡pobre!, canta fatal pero al menos lo intenta…” así que me callo en seco y prefiero que sea él el que continúe hasta que llegamos a casa.
Al primero que veo es a mi primo Antonio, con los patines de su hermana Ana (él usa un 34 de pie y Ana un 37), pero a él eso no le importa y se los ha rellenado con 3 calcetines que a saber de qué habitación los ha cogido. “¡Primaaaaaa!, ¡mírame!... ¿Ves como soy mayor?. Ahora que sé patinar en línea puedo ser el amo del mundo porque llego antes que nadie a los sitios. ¡Prima!, ¡Prima!, ¡Rocíooooooooo!, como sigas siendo así de mala y no me hagas caso te piso con los patines para que te escayolen a ti también!”. Mi primo Antonio es un energúmeno, anda todo el rato diciéndole a mi hermana que es una falsa dentista porque no se ha dado cuenta de que ya se le han caído cuatro dientes, y que los colmillos a él no le salen, y que él quiere que le salgan pronto para ver si son con mucho pico como los del “Conde Drácula”. ¡Nos tiene fritos!. Mi abuelo ayer le dejó una corbata porque se empeñó en que quería aprender a hacer el nudo, y después de estar media hora enseñándole y que no le saliera, se enfadó y agarró la corbata y la tiró directamente a la piscina. Después, a la hora del baño se puso sus gafas de buceo y la sacó, y nos explicó a todos que para ser un mafioso tenía que saber hacerse los nudos de las corbatas e ir vestido de viejo (con traje y chaqueta), porque los que no visten así son pobres muy pobres, y los que visten “de viejo” como el abuelo, es que tienen mucho dinero; como los mafiosos… Así que después de bañarse, ató la corbata a un árbol, y se pasó toda la tarde con la cabeza agachada mirando al árbol y dejando la susodicha corbata hecha un trapo de tanto nudo como le hizo…
Después del almuerzo se ha subido como los demás peques a dormir la siesta, pero al cabo de diez minutos ha bajado con el cepillo de dientes en la boca diciendo que como se le había olvidado lavarse los dientes no se había podido quedar durmiendo, así que se sube encima de mi para que le acune y le cuente algún ‘cuento secreto’ (cuento inventado que cada vez tiene un final distinto o un argumento diferente), y se queda dormido encima de mi. Le cojo en brazos y lo tumbo en un sofá del porche, y entonces abre un ojo y me dice: “Prima, ¿es que te crees que soy tonto?. Yo quiero dormir contigo, si me acuestas aquí me despierto…”. Me siento en el sofá y él apoya la cabeza en un cojín puesto en mis rodillas y así aguanta media hora a duermevela hasta que definitivamente me dice que le ayude con los calcetines que tiene que practicar con los patines y después con la corbata. Finalmente acaba dentro de la piscina con los patines dentro del agua y sin poder salir porque le pesan tanto que no puede levantar los pies… Y finalmente acabo yo mojada perdida, con un moratón increíble en el empeine del pie porque no para de pisarme todo agobiado al no poder subir por las escaleras con esa cosa con ruedas…
Pese a todo tengo una familia divertida y sin mayores problemas, tengo un montón de primos de todas las edades que cuando no te dan la lata por una cosa, te la dan por otra. Tengo un montón de tíos y amigos de mis padres que también considero tíos porque desde pequeña siempre han estado por casa y se les ha considerado y llamado así: Tío Fulano, Tío Mengano, etcétera, etcétera… y que son un gran alivio cuando estoy sola en casa y no sé a quién llama mi padre para traerle el camión de leña, o cuando se ha roto en pleno invierno la tubería del agua, o cuando no funciona la calefacción, o cuando mi abuela se empeña en conducir (porque dice que a sus años, aunque ya no le hayan querido renovar el carnet, ya no la pueden meter en la cárcel), les llamo y son ellos los que median entre mi abuela y el coche, o los que localizan al fontanero, al electricista, o los que me traen gasolina cuando el coche me ha dejado tirada por algún camino de Dios… Esos Tíos son los mejores; están cuando tienen que estar y el resto del tiempo no andan molestando únicamente por el hecho de que pueden hacerlo al correr por nuestras venas la misma sangre.
A mi Tía Lola hoy le ha dado un ‘patatús’ justo después de que los niños merendasen y se acicalaran para salir a darse una vuelta, ella dice que el calor le da sofocos pese a no estar en edad menopaúsica, y se ha puesto muy aspaventosa meneando el abanico y suplicando sus minutos de tranquilidad para que nos lleváramos el resto a sus niños y a los otros a darles una vuelta. Yo creo que lo ha hecho con maldad, para que mis primos mayores y yo nos quedáramos con sus cuatro infernales niños y así quedarse ella a sus anchas respirando tranquilidad y silencio…
Total, que nos repartimos a los once niños que había esta mañana en casa. Mi primo Germán y yo nos hemos llevado a Antonio, su hermana Ana (que es una monada de niña de 11 años que cuida siempre de él), a Blanca y a Bertina. Mis Tíos ‘verdaderos’ se han llevado a Berenice, a Marta (hermana de Antonio y Ana) y a Bruno (los niños cuyos nombres empiezan por B son los hijos de mi tía la del “síncope falso”, que aseguraba que quería hijos que compartieran las mismas iniciales en nombre y apellidos: B. G.deB. M. ¡Cuánta tontería junta llevan mis genes!). Mis abuelos con mi padre y sus muletas llevan al resto que son más mayores y menos propensos a provocarles un infarto: Sara, Sofía, Clara y Manuel.
Germán y yo nos llevamos a “nuestros” niños a un pueblo de aquí cerca que está en fiestas, y allí los dejamos subirse sin descanso a todo tipo de “cacharritos” de la feria haciéndoles ir cogidos de la mano de dos en dos, y cada uno vigilando al otro para que al menos no se pierdan. Yo cruzaba los dedos porque se cansaran pronto y pudiera tener al menos diez minutos libres para que me diera tiempo a irme a la zona del mercadillo donde están los “hippies” (o sea; donde ponen todo tipo de cosas horteras que se repiten en cada mercadillo, de cada pueblo, y de cada feria; donde siempre se pregunta los precios de todo y acabas comprando a lo sumo un ‘foulard’ que únicamente te llevas a la playa para que te tape la cabeza del sol). Total, que como no se cansan y cuando mismo bajan de la susodicha atracción se ponen pesados para repetir, ya me veo en la obligación de ir al tío de la caseta y suplicarle hasta con lágrimas en los ojos que me de un descanso; le doy un billete de veinte euros y le ruego que: _“¡Por Dios!, No pare usted la atracción hasta asegurarse de que aquellos cuatro que se están tirando de los pelos acaban mareados, o sea; le estoy dando veinte euros para que esté diez minutos enteritos subiendo y bajando al ‘canguro’ ese sin parar”. Germán me dice que me vaya tranquila que ya se queda él, y justo cuando estoy preguntando en el segundo puestecillo por el precio de unos pendientes, ¡justo entonces!… “¡Prima!, ¡ya te querías deshacer de nosotros!, ¿eh?” (esto lo dice Antonio con gesto displicente después de haberme dado un puñetazo en el culo). “Nosotros también queremos comprar cosas, yo tengo cinco euros que le pedí al Tío Cosme hoy, si tú me compras lo que yo quiero después te doy un par de euros” (lo dice todo digno, el mocoso, mientras yo siento la vena que va del cuello al cerebro a punto de explotar, y busco con los ojos a Germán, que está en un segundo plano, para fulminarlo). Germán me dice que nada más irme, como los niños aún no habían subido a la atracción, que estaban haciendo cola, al verme, salieron pitando detrás de mi, él les dio alcance, pero por más que insistía en que yo sólo iba al baño, se empecinaron en seguirme desdeñosos a ver si era verdad o no…
Cuando pasé de nuevo por la caseta del feriante me dieron ganas de ir a reclamarle los veinte euros, pero la idea se me quitó pronto de la cabeza al ver a Bertina y Blanca (Ana que es lo más mono del mundo llevaba fuertemente aferrado a su hermano de la mano ante mi promesa de que le compraría al día siguiente una bolsa auténtica de “Hello Kitty” para irse a la playa) que echaban a correr para montarse en “los coches de choque”.
A la hora de la cena no había quien los recogiera y los pudiera meter en el coche, Bertina y Antonio, los más pequeños (tienen la misma edad) lloraban a moco tendido porque aún no habían repetido en una atracción, Ana protestaba porque a ella nadie le hacía caso y estábamos más pendientes de su hermano y de las primas que de ella (con toda la razón, la pobre…) y Blanca se empeñaba en que un chino le hiciera un tatuaje de “henna” con una mariposa…
Dentro del coche Antonio se quedó dormido. Cuando llegamos se puso a llorar porque al despertarse se dio cuenta de que los otros no habían llegado aún, y él ya estaba dentro de casa, así que la tomó con Germán que le había llevado en brazos hasta el sofá donde se despertó. Y las niñas se aunaron a su causa pidiéndonos que llamáramos a los Tíos para que vinieran pronto.
Total, son las doce y media de la noche y ya están acostados. Abajo el murmullo de “los mayores” resuena en palabras indescifrables mezcladas con risotadas, yo tengo picores por todo el cuerpo y me duele el pie como nunca por causa de ese moratón “in crescendo” que me hizo Antonio con sus patines pasados por agua…
Deseo volver a ese verano lleno de tranquilidad y de espuma, de flamenco suave y lejano, de paisajes bellos bañados por el mar, y de siestas reparadoras ajenas a los mosquitos y al pestazo del “Aután”…
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: No veo llegar el momento en que suene mi despertador a las 5:00 a.m. para enviarle el mensaje a mi amigo Nicolas y decirle que me espere para ya mismo…
P.D.1: ¿Qué tal está yendo vuestro verano?.
servido por rociomedina
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20 Abril 2008
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Querid@s Tod@s:
Se casa “Belén Esteban”, el mundo está consternado y las audiencias televisivas se disparan dándolo todo con un 24% de “share”; ¡lo nunca visto!. Pero ‘La Esteban’ está triste… A estas alturas de la vida ella proclama a los cuatro vientos que lo único que quiere es casarse de blanco; como debe ser y manda la tradición, pero la maldita odisea estriba en que no hay modisto alguno que quiera confeccionarle dicho traje.
La ex de “Jesulín de Ubrique”, en un intento por pleitear su mal fario, se ha unido a la proclama de “Tita Cervera” y ha hecho lo propio; encadenarse en Benidorm, su lugar de vacaciones (hay que aprovechar que se está de “Semana Santa” para probarse los vestidos de “Moros y Cristianos”), y denunciar mediáticamente su causa llamando con consternación a los reporteros de los diversos programas para ponerles al corriente de tal crispación.
Así que, después de los numerosos intentos fallidos, la chica encadenó a una farola que había por el paseo marítimo a un ‘guiri’ entusiasta, que ‘pinta’ de cerveza en mano, coreaba: “¡Ariba la Steban!”, y se largó al bar de su maromo a que le pusiera un bocata de panceta metiéndose antes dosis doble de insulina para prevenir…
Resulta, y esto me lo contó un colega mío de profesión que anda fascinado por esta “Novia sin vestido” (se encaprichó de ella la primera vez que la vio en su Canarias natal, y pensó que tal tipa de barrio, bajando barra americana estilo Demi Moore en “Streaptease”, mezclado con lo más ‘chacho’ de una Chiqui Martí, enfundada en las mallas de la diosa “Madonna”; era lo más grandioso que se había visto desde que Marujita Díaz rompiera las audiencias de los “mass media” echándole crema a José Manuel Parada en la entrepierna al borde de un catamarán pedigüeño) que Belencita, al parecer, quiere casarse como una chica normal, ¡tan abanderada ella de las musas de barrio…! Y no hay diseñador que quiera hacerle el vestido porque de risas y jarana “todo el monte es orégano”, pero una vez “con las manos en la masa”, la cosa cambia y esa imagen (la de “La Esteban”), no la quieren asociar a sus diseños. A lo que la futura esposa ha respondido que le cobrasen lo que hiciese falta (se ve que si eres famoso, que en teoría eres de los que pueden soltar la pasta para el dichoso vestido “uniuso”, entonces te regalan el traje; pero si eres un ‘desgraciao’, el diseñador se desentiende desde el momento en el que te presenta la factura llena de ceros y te manda con prisas a que pidas el préstamo al banco) pero que ella quiere un vestido normal y corriente, que ella suelta nudos ‘del taco’ y lo recompensa con su agradecimiento honorario en los sofás de su íntima “Ana Rosa”.
Así que yo, que soy una buena persona y me solidarizo con las causas perdidas, he echado mano del móvil y he llamado a mi sabia Abuelita que siempre tiene unos contactos de lo más apropiado para cada ocasión:
Abuelita: _ “¿Sí?, ¿quién es?
Rocío: _ “Hola Abu, ¡soy yo!”
Abuelita: _ “¿Quién dice que es?”
Rocío: _ “Abuelita, soy tu nieta… No, ¡esa nieta no!… No, no, ¡tampoco soy Celia!... No Abu, ¡tampoco Mar!... ¿Cómo que ya no tienes más nietas?; Abu, ¡que soy Rocío!”
Abuelita: _ “Ay!, Cariño, ¡es que por teléfono todas las voces son iguales!...”
Rocío: _ “Abu, hay un problemón importante a nivel mundial… No, no me refiero a nada político… Que no, Abu, ¡que no me he quedado ‘preñada’ de ningún ‘saharaui’!... No Abuelita, ¡no!,¡ tampoco de un rumano!… No, Abu, ¡no ha fallecido nadie todavía!… Bueno, es que resulta que necesito el teléfono con urgencia de esa modista tuya tan apañada… ¡Si!, ¡exacto!, Fina… Verás, es que Fina siempre se queja de que le dejan los vestidos sin pagar, porque claro, como conoce a todo el mundo en el pueblo donde tiene el taller de costura, la pobre siempre fía, y luego, a la hora de la verdad; la gente no le paga. Por otro lado está ‘Belén’, que es una señorita que todo el mundo conoce pero que tú seguramente no, porque como el Abuelito tiene como norma el prohibir que en casa se ponga otra cosa que no sea informativos y deportes, o algún documental, pues seguramente tú conocerás los dramas de los ‘Osos Polares del Ártico’, pero no el de ‘La Esteban’… Y sí, a ello voy, Abu, ¡no te me impacientes!… Resulta que esta chica anda como loca porque le hagan un vestido de novia al precio que sea, pero claro, nadie quiere hacérselo porque se lo quieren regalar y ella que es muy proletaria, no consiente que no le cobren, y ahí es donde yo he pensado en el asunto de Fina… ¿Cómo lo ves?”
Abuelita: _ “Hija, ¿sigues en Madrid?... Ah!, y, esto…¿no te han echado del trabajo?... Ah!, pero,¿tú estás bien?... ¿Y esta chica es alguna del ‘Telediario’?... Rocío, ¡dime la verdad!, ¿te estás medicando?... ¿Y las drogas?, mira que en Madrid hay mucha perversión, igual te han visto inocente y te han metido en el refresco alguna pastilla de la tensión o algo y se te ha disparado el sistema nervioso… Vale, ¡vale!, tranquila que te doy el teléfono de Fina… Espera que mientras lo busco te paso a tu Abuelo…”
Abuelito:_ “¡Rocío!, ¡Hija!, ¿cómo estás?... ¿qué?... Mira, este ‘sonotone’ me está tocando los ‘cojones’ todo el ‘puto’ día (mi Abu está bastante sordo, tiene muchas malas pulgas y es el único de toda mi familia que dice palabrotas, y además lo hace con arte: es capaz de soltar entre cada palabra más de dos o de tres, pero eso sí; es también de los pocos que hablan con propiedad)… No sé para qué narices (dijo otra palabra más “expresiva”) me pasa el teléfono tu Abuela, ¡si cada día oigo menos!… ¿Estás bien?, ¿necesitas algo de mí?, ¿quieres algo en general?, ¿no?... Pues nada, me voy a seguir con lo que estaba haciendo (normalmente llegado al punto en el que mi Abuelo coge el teléfono y suelta esas tres frases, se acaba la conversación y nos cuelga el teléfono. Para él toda conversación banal es perder el tiempo. Asegura que si estás bien, no necesitas nada de él, y no necesitas algo que él pueda proporcionar pidiéndoselo a alguien, es que ya no hay nada más que hablar…) Aquí tienes a tu Abuela, que le has hecho ponerse hasta las gafas de lectura. No me la cabrees, ¿eh?, que luego el que la aguanta soy yo todo el día quejándose… Ayer llamó tu hermana, la puso tan nerviosa que encendió la lumbre con mi periódico del día y tuve que volver a la papelería a comprar otro…Adiós, Hija, que seas buena, si necesitas algo llama a tu Abuelo…”
Abuelita: _ “No le hagas caso a tu Abuelo que sabes que ya ‘chochea’… Pues si me oyes, ¿por qué andas todo el día quejándote de que te han timado con el nuevo ‘sonotone’?... ¡Que quiero hablar con la Niña!, ¡no seas tan impaciente!, ya tendré tiempo después de ver ‘Los Informativos’ por la noche, ¿a mí qué más me da que haya empezado ya? (esto se lo decía a mi Abuelo)... Mira Hija (esto refiriéndose a mí), el día menos pensado me cojo la maleta y me voy de esta casa, ¡ya lo sabes!, que tu Abuelo está todo el día protestando y así no se puede vivir. El otro día tu Abuelo echó a la asistenta, dijo que él hablaba para gente inteligente, y más cuando era él el que pagaba su sueldo, que si era extranjera y no entendía que aguzara el ingenio, pero que no se iba a pasar el día entero repitiendo lo mismo; que ya tenía 88 años y no tenía tiempo para estar tirándolo así como así... Así que aquí estoy sin ‘Doméstica’, con un resfriado que no se me cura, un dolor de artrosis grandísimo, y sin poder salir a la calle porque está haciendo unos días de muchísimo frío… Bueno, Cielo, aquí tienes el teléfono de Fina, dile que eres nieta mía y te atenderá divinamente… Muchos besos, Preciosa Mía, te quiero mucho... Cuídate y come bien (no sería una abuela como Dios manda si no te dice que te atiborres de comer cosas con “sustancia”)… Adiós, Adiós…”
Tras colgar el teléfono me pongo melancólica al pensar en estos retratos familiares; ¡tan mayores y tan vitales aún!... Esa fortaleza tan grande para seguir aguantándose y queriéndose pese a todo a través de más de 50 años de casados… Pero trato de no pensar y volver a mi propósito de buscarle un vestido de novia decente a Belén Esteban, así que llamo a la “Señorita Fina” de parte de mi súper Abuelita.
Fina, que tiene nombre de niña pequeña de otros tiempos, como de rescatada de un orfelinato, me atiende con voz de pueblerina y ceceando todo el tiempo… Le pongo al corriente de los hechos, y ella, conocedora de dicha candidata al vestido nupcial de ocasión, pone su voz más profesional y me dice que ‘la empaquete’ y que se la mande en el primer coche de línea que vaya al pueblo. Así que cierro el trato y me propongo llamar a mi amigo del “Show Business Televisivo” para que negocie con su musa de “San Blas”. Mi amigo se ofrece encantado de la vida a darle la noticia, pero antes decide aumentar el precio a otro cero más para hacer cifra redonda y llevarse la comisión pertinente que le permita comprarse un buen chaqué para acudir como periodista intrépido al bodorrio de la madre de “Andreíta”…
Como a la media hora me llama muy consternado, al parecer; la susodicha ‘Esteban’ estaba manteniendo una conversación desaforada con la mujer de su ex, madre de los hermanos de su hija, y esposa del padre de la criatura que no se comía el maldito pollo ni a la de tres…
Mi amigo me reproduce la conversación: _”¡Coño!, ¡que ya he dicho que no mil veces!, que yo a ti no te doy explicaciones de nada a menos que lo haga en el plató de ‘La Ana Rosa’, que si tengo que decirte algo prefiero decírtelo allí con saña que jode más… Oye, ¡a mí no me vengas con ‘gilipolleces’!, que ya tengo bastante con aguantar al ‘Peñafiel’ metiéndose conmigo todo el rato. ¡Como no ha tenido bastante con meterse con ‘La Letizia’, lo tiene que hacer conmigo!. Es que mira que le gusta ‘al Jaime Peñafiel’ éste meterse con la clase noble de este país…Se mete con nosotras, las divinas, que sabe que no salimos al trapo, pero mira como no se mete con ‘La Aída Nízar’ ni con ‘La Patiño’, porque sabe que lo descoyuntan vivo ahí mismo… ¡Andrea!, ¡coño ya!, o te comes el ‘sanjacobo’ o te lo meto a empujones por la ‘trompa’…¡Que te tragues la pelota de carne de una puta vez!... Oye, Andrea, ¡no contestes así a La Mama! (dicho sin acento, tal como lo escribo)… ‘Campa’, que te dejo, Nena, que si quieres que discutamos de algo me llamas al teléfono de ‘La Quintana’, que tengo a un fan al otro lado de la línea… A ver, ‘Zagalico’ (expresión típica Murciana que se refiere a “Zagal”, “Muchacho”, o “Nene”, pero que ‘La Esteban’ aprendió en uno de los ‘tours’ veraniegos que hizo por Jumilla, donde tuvo la osadía de ir y no llevarse al menos dos tristes botellas de vino) dime qué coño quieres que tengo las manos llenas con la masa de las croquetas y estoy poniendo como unos zorros la puta encimera… Ah!, pero, ¿dónde hay que ir?... ¿Trigueros?, ¿un pueblo de Huelva?, mira Niñato, yo lo más que viajo es a ‘Eurodisney’ para que mi Andrea vea a la señora de ‘Shrek’ y piense que es ‘La Campanario’ con el tifus, ¿estamos?... ¡Me ‘cawen la puta’!, ya me ha saltado el aceite a la teta y me ha dejado un chorreón en todo el ‘sostén’, ¡y como se me quemen las jodidas prótesis verás tú!… Bueno, te dejo, que estoy viendo que me voy a tener que bajar al parque a darle allí la comida a ‘La Andrea’, que si no se distrae con los columpios no me come ‘na’… ¡Andrea!, mete el ‘sanjacobo’ en papel ‘albal’ que ‘La Mama’ te lo va a dar allí en el parque…”
Así que mi amigo y yo nos quedamos con “el gozo metido en el pozo”…
Pero como no quiero desistir en mi buen propósito de ayudar a nuestra ‘Belén’, he puesto unos carteles por mi ‘urba’ pidiendo prestado algún vestido de novia. La señora de mi portero se ha ofrecido la mujer a ayudarme, pero cuando ha visto su estatura y se ha mirado ella en el reflejo de la puerta de la entrada a mi portal, ha reculado visiblemente afectada… Le he aclarado el asunto, asegurándole que era para una chica famosa, muy rubia y muy temperamental, que era madre soltera y quería reconvertir su ‘mala vida’ casándose como debe ser. La señora se apiadó y prometió ayudarme, y propuso hacer un ‘collage’ con todos los vestidos de comunión salvables de sus hijas (tiene cinco), para hacerle un vestido personalizado a ‘Belencita Esteban’…
Hoy me ha llamado mi portero, me ha pitado sutilmente como hace siempre (con el dedo apretando el interruptor hasta que descuelgo el auricular), y he salido pitando de la ducha dándome un traspiés en la entrada, con los pies mojados, que me ha proporcionado un moratón trasversal a lo largo de todo el muslo derecho. Contesto, y ‘Don Fernando’, mi portero, me dice que vaya a su garita lo antes que pueda, que su señora (la señora en cuanto él la nombra, pega la cara a la mirilla del interfono dejándome ver todos sus poros abiertos y su nariz aplastada) quiere verme de inmediato y tiene mucha prisa que aún no ha comprado la cena.
Regreso a la ducha, me enjuago, me seco, me visto, y voy con “Helmut” meneando la cola (es mi perro, y la cola también es la suya; lo digo para que no haya malentendidos) dirección al centro de operaciones de mi portero. Cuando llego, su señora me hace agacharme hasta la altura de mi cintura para darme dos besos (es una señora de lo más agradable, hacendosa y simpática), y alarga la mano mirando hacia atrás para que su esposo le acerque el vestido…
Le doy las gracias y regreso a casa, cuelgo el vestido en lo alto de la puerta de la habitación donde escribo, y cada vez que paso por dicha puerta, me entra un aire frío y sobrecogedor por todo el cuerpo (más o menos parecido a la sensación que se tiene cuando se está visualizando la película de “El Orfanato” de J. A. Bayona). Es un vestido como a recortes, como si fuera una de esas mantas inglesas que siempre nos seducen a la idea de lo acogedor, hechas con mil retales, pero de tejidos disímiles y distintos tonos de blanco; desde los ‘blancos rotos’ con todas sus modalidades grisáceas, hasta los ‘beig ‘con manchas de fresa incluidas… Así que; ¡a ver cómo le explico yo este despropósito a ‘La Esteban’!, con la mala sangre que tiene cuando se mosquea… Pues nada, que opto por enviárselo como anónimo al programa de su jefa y que sea lo que Dios quiera…
Ahora ando nerviosísima, tragando culebrones después del “Telediario” y esperando como sea, que salga alguna novedad en el mundo de esta diva post moderna. En cualquier caso, si alguien sabe algo acerca de mi ‘Esteban’ querida, que por favor me lo haga saber cuánto antes…
No obstante y mientras espero, por si hay algún alma caritativa que conoce a alguna modista cercana a Madrid y ‘de bien’, o tiene algún vestido nupcial que no tenga intenciones de volver a usar, y siente una gran desazón por el cuerpo y no puede soportar la idea de dejar a esta noble y bella damisela sin un buen vestido de novia; aquí os dejo las medidas e información extra de la mencionada en cuestión, adjuntando otros datos necesarios para que podáis hacerle una dedicatoria o incluir una nota con buenos propósitos:
Belén Esteban
-Madre soltera muy a su pesar, que tuvo la osadía inquieta de preñarse de un torero Jerezano cuyas orejas y premios taurómacos eran canjeados en las taquillas de entrada por bragas y sostenes.
-Contertulia y ‘Opinadora’ de sofá mañanero acerca de los pormenores de la vida cotidiana.
-Peleona de salitas de espera, y Feminista reaccionaria que se abandera de Madre única e inigualable en este país, despotricando contra el padre de su hija y soltando los culebrones y miserias de su ex familia política.
-Musa del ‘pollo’ y adoradora de los ‘tacos’ en su justo momento para que den más fuerza a cualquier conversación.
-Legítima “Sufridora” allá por los mundos que bajo cheque bancario, te llenan los ‘platós’ rosas de aplausos fervorosos de las ‘maris’ que acuden a ver a “Jaime Cantizano”.
-Inigualable espécimen femenino que combina como nadie el ‘pearcing’ del ombligo y su tatuaje de ‘Osborne’, con un vestido de gala comprado al modisto que confeccionó el traje de novia de la señora de “Farruquito”.
Medidas:
-1.65 centímetros de estatura.
-37 de pie.
-Talla 36 de pantalón o 34 (esto según los disgustos a los que haya sometido a su cuerpo esa semana).
-Talla 90 de contorno de pecho.
Otros datos de interés:
- Enamoradiza acérrima.
- Piensa que Benidorm es el ‘Palm Beach” Español.
- Su hija Andrea no se come el pollo ni a la de tres, y ha optado por atiborrarla de ‘sanjacobos’, porque como es pequeña, aún le quedan muchos años por delante para que las arterias se le saturen y le venga un ataque ciclópeo de colesterol.
En fin, queridos amigos, que no podía vivir sin transmitiros lo realmente concienciada y solidarizada que estoy con la tragedia de ‘Belén Esteban’’, y es que fíjate tú; teniendo un problema nacional como este, que traspasa fronteras allá por los canales internacionales, y ocupa parrillas y horas de televisión de “Prime Time”, cualquiera se preocupa con esa problemática banal y absurda de tener un país grandioso como es el nuestro en manos de una pandilla de descerebrados…
Así que, después de pensar mucho en el asunto, he concluido que la culpa de ‘la inflación’ y del desbarate de España la tiene ‘Belén Esteban’, que comprando tanto pollo y tanto refrito de carne, hace que suban los productos básicos y tengamos que echar mano a los puñeteros conejos para que no se nos desajuste la economía nacional…
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: Convoco desde hoy mismo una manifestación masiva a la entrada del barrio de “San Blas”, porque mientras ‘La Esteban’ no esté satisfecha; este país ni duerme, ni descansa, ni hace nada productivo…J
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18 Abril 2008
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Querid@s Tod@s:
Últimamente se ha puesto muy de moda el que las “Celebrities” nos cuenten sus malditos trucos de belleza, y así, sin más, la periodista y/o personajillo de turno anda preguntándole: “Menganita, la gente quiere saber tus trucos de belleza… ¿qué haces para estar tan estupenda?”. Y ‘La Estupenda’ en cuestión abre la boca llena de fundas hiper-mega blanqueadas y suelta: “¿Yo?, jajaja, ¡es que la gente me aprecia tanto!… (aquí golpe de melena a lo ‘Carmina Ordóñez’ y un cierto rubor en las mejillas) No me cuido casi nada, de hecho; me encanta el chocolate, aborrezco el gimnasio, pero trato de andar muchísimo, en fin, me regalan cremitas, pero prefiero la mascarilla natural…” ¡Maldita Mentirosa!, pienso yo; si no puedes sonreír más porque el “bótox” se te va a correr al lagrimal y te va a poner las lentillas mirando hacia La Habana, además, yo también adoro el chocolate, detesto los gimnasios, me echo todo tipo de cremas, y no me parezco en absoluto a tí…
Pero en un acto generoso e idealita por pensar que soy yo la que he confundido el mensaje, me planto en mi cocina dispuesta a prepararme la mencionada “Mascarilla Natural”:
-Un yogur natural
-Cáscara de pepino triturada
-Un huevo entero y una clara de otro (más que nada porque la yema se me rompió y rescaté lo que pude)
-Sal (para que haga “peeling”)
Me pongo ese emplaste como puedo, guardando dos rodajas de pepino que una vez tumbada me pongo sobre las cuencas de los ojos… No puedo moverme, porque ese despropósito de cosas naturales se ha quedado líquido y si me muevo lo mancho todo, pero no importa; después de dejármelo media hora tendré el mismo cutis que la ‘lolita’ de “American Beauty” por lo menos…
Va pasando el tiempo, y como tengo los ojos entumecidos y noto en mi cara cómo el apósito se me ha fijado un poco, prefiero aguantarlo una media hora más y decido que mientras tengo esa cosa extraña en el cutis, en vez de andar, voy a empezar a subir escaleras, que así evito el distraerme mirando escaparates y gastarme dinero tontamente, y además; todo el mundo sabe que subir escaleras es buenísimo: por eso nos hemos hecho a la moda del ascensor (el ser humano es masoca).
Me pongo un gorro que no sé por qué narices está en mi casa ni de quién es, pero me tapa lo suficiente las raíces del pelo como para que nadie piense que soy un bicho mutante que me voy despellejando, ya que ese es el aspecto que tengo con el yogur cortado por el huevo y el pepino… Me pongo las gafas del sol, el abrigo, y abro la puerta de las escaleras para comenzar a subir. Previamente, he tocado al ascensor para saber cuántos pisos había, e ir mentalizándome de lo poco que cuesta subir el sexto, el séptimo, y el octavo, porque después viene el noveno, que es cuando ya te sientes el culo duro y no sientes las piernas, y llamas al ascensor veintisiete veces seguidas a ver si sube de una maldita vez porque no puedes tenerte en pie…
Pues ahí estoy yo, con el sombrero puesto, las malditas zapatillas de deporte horribles, el abrigo para que no me reconozcan y piensen que soy una visitante y no una inquilina, y con el móvil en el mano a ver si me llama mi amiga “Su” de una puñetera vez… Voy subiendo por el tercero y empieza a picarme la cara, me la rasco y ¡error!, con la sal me he hecho un barrido tal que comienza a picarme más aún, vuelvo a rascarme mientras empiezo a martillear el ascensor, y dudo instantes entre si bajar andando o en ese elevador rojo tan feísimo… Obviamente bajé en ascensor que tiene un espejo potente y me puedo ver el ‘Cristo’ que me he debido hacer…
Se abre el ascensor, un chico está dentro hablando por el móvil, toco a mi piso pero antes me deja en su rellano, que es el sexto, y le escucho diciendo:
_” No sé, tío, porque yo verla siempre en falda me da mal rollo, creo que voy a dejar de llamarla… Es que no sé, tío, a mí me van más los vaqueros, con las faldas se disimula todo, pero con los vaqueros se le ve por lo menos cómo tiene el culo… ¿Tú crees?... no sé, yo lo único que te digo es que me mosquea un poco el tema ya… No tío, que no es eso, si a mí gustarme me gusta, si de cara es muy mona, pero siempre la veo con vestidos cortos pre-mamá o con faldas, y aún no tengo una visión clara del culo que tiene la pava…”
Llega a su piso, y cuando se baja le dice al amigo: _ “Tío, te dejo, que en casa no tengo cobertura… Hasta luego, tía (esto me lo decía a mí)…”
Yo: “Hasta luego, y que tengas suerte con lo del tema de la falda…”
El tío del ascensor: “Ya ves, por cierto; suerte tú también con lo de tu cara… ¿algún accidente doméstico? (Ja, ja, ja, y ja!, ¡qué graciosillo!)
Yo: “No, es más bien un tratamiento de belleza…”
¡Mierda!, a este paso seguro que se convertirá en eso… Le sonrío y le cierro la puerta en las narices, vuelvo a presionar el botón de mi piso y cuando abro la puerta de mi casa me voy derecha al lavabo… ¡Menudo desastre!; la cara como un tomate maduro…
Bueno, ahora que ya sé que mi cutis no va a ser el de la ex del hijo no reconocido del Cordobés, decido meterme en Internet a ver si es que al principio el cutis se ha de mantener en este estado…
Pues no, resulta que la muy ‘petarda’ que aseguró echarse esas cosas horribles en una conocida televisión donde pagan lo suyo por conceder entrevistas, se sinceró y empezó a contar sus verdaderos trapos sucios, GRRRRRRRRR
-Crema hidratante comprada en “Asia Class” de María Gallard (se vende en Madrid en la Calle Lagasca,10)
-Tratamientos de belleza en “Marta Boira”
-Jabón facial de “Kanebo”
-Color corporal y cabelludo en “Peque”
-Tratamiento para el cuerpo en “Amaya San Gil” (es el único sitio que realmente conocía y en el que había estado haciendo lo propio) en la Calle Capitán Haya de Madrid, donde se somete a “mesoterapia”,”LTG” y “Vela Smooth” que es lo más de lo más…
-Entrenadores personales en la agencia “BE OK”
Después de leer anonadada esto, entiendo el que no se puede ser una “Celebrity” y que te dejen hablar en un programa de televisión si estás buena; porque confundes al personal… Yo hasta llegué a pensar que el chocolate que compraba a mí me lo daban con otra composición nada más verme porque les caía mal.
Es cierto; ¿cómo se nos ocurre pensar que las famosas ‘buenorras’ no hacen nada para estar así?… En fin, que como me pongo a echar cuentas de lo que costaría mantenerme a raya con ese nivel de tratamientos y comienzo a deprimirme, necesito encontrar una solución rápida para no caer en depresión profunda, a lo que voy en busca de la ayuda pertinente para mantener el pensamiento ocupado abriendo la nevera a ver qué me puedo comer para quitarme el disgusto… Un vez tengo el estómago lleno de nuevo y me vuelven los remordimientos, me cojo el abrigo y el bolso, y me largo a comprarme “Carmex” para labios, “Magic Concealler” de Helena Rubinstein (que da buena cara al instante), y me meto en “Eskeption”, con la maldita suerte de que no había comprobado previamente mi saldo, y tuve que despedirme amargamente de ese ‘top’ del que me había encaprichado mientras la dependienta tiraba de él con más fuerza que “Margarita Seisdedos” de su bolso; así que no me quedó más remedio que curarme la dignidad y aplacar mi rabieta comprando al menos un lápiz negro de ojos de “Nars” de los que venden allí…
Así que he sacado en claro que si eres una deidad famosa y con dinero, te puedes poner las faldas que quieras estilo “J Lo” o “Beyoncé” que no necesitan hacernos creer que no tienen michelines, porque si son ellas; sus ‘muslamen’ y sus traseros marcan tendencia; es igual que sean paticortas y celulíticas, se hacen un par de reportajes diciendo que ellas cotizan alto porque además de divinas tienen un culo de mujer, y ahí las obesas del mundo se las quieren comer vivas a besos y hasta se pasean por sus papeleras para recoger los restos de helados y guardarlos en un “tupper” para hacer combinados caseros. Ellas pueden ir con faldas, enseñar la faja integral, y llevar la frente marcando entrecejo; los hombres piensan que así son más mujeres y que lo de ser cejijunto a lo “Frida Kahlo” las humaniza y las convierte en chicas de lo más natural…
Ahora bien, tú paséate por “Gabana 1800” con entrecejo, mostacho, y con un culo talla 46 que es el que tiene ‘La López’ y verás cómo no te dan la oportunidad de que te puedan escupir dentro, aquí directamente el portero te dice: “Perdón, señora-chico… bueno… ¡que usted no puede pasar!...Tenemos derecho de admisión, individuo por determinar…No, ¡no se puede usted quedar aquí frente a la puerta!, que esta acera es para los deportivos y usted no va a poder lucirse aquí… ¡Váyase o llamo a la policía!” Aquí nosotras nos entra el ataque de orgullo autocompasivo, y nos armamos de valor y les decimos: “Sí, ande, venga… ¡llame usted a la ‘poli’…” Y cuando la policía viene y nos mira, ni tan siquiera tenemos derecho a opinar, porque como los agentes de dicho cuerpo son hombres a esas horas, directamente nos vetan y dicen: “Aja!, ya comprendemos… o sea; que este individuo está molestando, ¿no?... (no, yo no molesto, yo es que simplemente carezco de personalidad definida, o sea; tengo el culo de “Jennifer López”, en entrecejo de “La Kalho”, y en este momento la autoestima por los suelos porque ningún tío me ha invitado a cenar todavía y pienso que si llevo falda y enseño las piernas, aunque sean gordas, igual puedo conseguir esa cita, es decir; soy fea, ¡joder!) Muy bien, venga con nosotros y saque de la mariconera su DNI… ¡Rapidito!, que no tenemos toda la noche…” (es un bolso y soy una chica… esto se le dice llorando a moco tendido).
Así que nada, como nos ven engendros que no pertenecemos a ninguna belleza concreta y definida, nos mandan a casa con una multa por molestar visualmente al personal que trabaja en el mundo nocturno.
Yo doy gracias a mi vecino, que ya me dejó claro de una manera indirecta que las mujeres tenemos que ir con vaqueros apretados a ser posible para que se nos vea antes el material; así que voy como una morcilla de Burgos cuando tengo una cita y si se me notan los michelines no me quito el abrigo aún a riesgo de desmayarme por exceso de calor…
El otro día tuve una cita, el maromo en cuestión era un amigo de un amigo muy apañado él… Me saluda cuando salgo por la puerta de mi “urba” y antes de que me diga nada, le dejo claro: “¡Hola!, ¿qué tal?... perdona que haya tardado en salir, es que le he tenido que dejar preparado a mi perro su cacharro del agua (recordad que las mujeres y la puntualidad son inversamente proporcionales). ¿Te gustan mis vaqueros?, es que son nuevos y me hacía mucha ilusión estrenarlos…” Así le dejo claro “a priori” que tengo interés en que la cita vaya bien, dándole permiso para que me pueda mirar el culo antes de nada y eliminar de una vez por todas la tensión de saber en qué momento se va a disponer a hacerme el ‘fichaje’ corporal, y pasamos a cosas interesantes…
Me sonrió con cara de alelado, a lo que yo pensé que igual no le gustaba mi culo, entonces le dije que me había dejado dentro el monedero, pero él volvió a sonreír y a decir que no importaba, que me iba a invitar él… Entonces mordiéndome los labios espero a estar dentro del coche, donde mientras él arrancaba yo abro la puerta y salgo corriendo gritándole por el camino que la lentilla me estaba dejando ciega… Salgo de nuevo, tardo sólo cinco minutos en cambiarme los vaqueros, y me pongo unos de mi hermana que se dejó para que los lavase yo porque en su lavadora no se acepta ropa que antes haya sido babeada por un perro entusiasta… No le digo nada de los vaqueros, porque total, él sólo se iba a fijar en el culo y estaba clarísimo que en cuanto tuviese que ir al baño iba a ser como “la Pataky” cuando posa: que estrangula el cuello de tal manera que ya ha dado a las venas de sí…
Una vez en el restaurante no aguantaba más la tensión, así que le pregunto:
_ “¿Por qué ya no se lleva el que las chicas usen falda?” A lo que respondió que él de moda no tenía idea… Vaya, un intento fallido. Me voy al baño, andando lentamente hasta que estoy en la puerta del aseo, entonces, como no tengo a ninguna amiga que entre conmigo o que haga de cómplice, me escondo tras la puerta rápidamente dejando una rendija por donde ver en milésimas de segundos si el tipo me estaba mirando el trasero o no… ¡Pues no!, no estaba mirando, estaba curioseando en su móvil o bien enviando mensajes…
Me retoco el “gloss“ y el colorete, y como empiezo a notar mi autoestima por los suelos, llamo a mi amiga Su, que ella siempre me da buenos consejos, y me dice: “Cielo, si ese idiota no te ha mirado el culo, dile que para el postre has quedado con unas amigas y nos plantamos las tres (Casilda, Milú y ella) a ver de primera mano de qué narices va ese hombre…”
Dicho y hecho, para el postre tengo aquí a mis tres niñas dispuestas a darlo todo en el tema “estudiar al enemigo”. Lo primero que hacen por un lado es preguntarle si conocen a Fulanito y Menganito (para saber con qué clase de gente se codea el susodicho y poder informarse sobre el mismo de manera más precisa), después acerca de sus fondos de inversión (por lo obvio, ya que mis amigas piensan que si el tío es un cutre que no invierte en fondos de energías alternativas, es que es un desconsiderado social que no merece la pena) y por último, le preguntan abiertamente: “Oye, ya que te estás sincerando tanto… nos gusta Rocío para ti, ¿qué opinas?” ¡JODER!, tanta información no era necesario… Pero sí, resultó, porque el tío escueto y práctico toda la noche, con escasez de diálogo y agilidad de palabra, aquí se hizo un lío lingüístico de mucho preocupar, mientras yo me había pegado a la botella de vino para poder soportar la vergüenza… Después de su discurso ya estábamos borrachas y sin ninguna conclusión más que el hecho de saber a ciencia cierta que ese tío nos odiaría para el resto de su vida…
Después me fui con ellas, pese a que mi acompañante insistió en que me llevaba a casa, porque no iba ser capaz de soportar la tensión en dicho carruaje, así que mis niñas y yo le mentimos, asegurando que nos íbamos a casa, y nos largamos directas a “Snobissimo” diciendo al portero que si veían a ese tío (mi amiga Casilda le hizo una foto de su careto anonadado con el móvil), que no le dejasen entrar que se ponía muy posesivo…
Hoy me ha llamado, invitándome a salir y preguntando por mis vaqueros como anécdota graciosa para romper el hielo, y yo no he tenido más remedio que volver a echarle una ‘mentirijilla’, asegurando que mis vaqueros se habían roto y que por eso no iba a poder quedar (lo cierto es que no me entran después de lavarlos y después de las numerosas y copiosas cenas a las que últimamente someto a mi mecanismo vital).
Para la próxima cita que tenga me aseguraré de llevar “leggings”, que es otra cosa novedosa muy de moda que aún no he probado qué resultado da…
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: ¿Qué opináis sobre el vestuario de mujer?. ¿También ustedes preferís las chicas sin falda?.
P.D.1: ¿Algun@ sabe de alguna mascarilla natural más recomendable?
servido por rociomedina
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19 Marzo 2008
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Querid@s Tod@s:
Es de noche, una noche cerrada donde sólo oigo el trajín que me llevan los porteros de mi ‘urba’ con los cubos de basura. Uno de ellos se ha puesto a discutir con el otro porque siempre tarda un siglo en montarlos en el ascensor, y el otro le ha dicho que la culpa la teníamos los inquilinos porque no amontonábamos los cartones en el lugar indicado para ello. Así que el primero le ha amonestado gravemente, tras lo cual han concluido; que lo mejor en estos casos para ir más deprisa es subir antes los cubos de reciclaje y dejar la basura de toda la vida para el final, que como es lo que peor huele, seguro que el tipo la sube antes y así él se puede ir tranquilamente con su linterna a hacer la ronda pertinente…
Las noches son misteriosas y prosaicas, no me quiero poner profunda ni trascendente, pero las noches son estancias mágicas cargadas de horas inquietas y difíciles donde se puede hacer de todo, y además resultan mucho más productivas; al menos inconscientemente recreamos la idea de estar aprovechando más tiempo mientras el prójimo se dedica a roncar, a ‘hacer el amor’ (curiosa frase que jamás se sabe a ciencia cierta qué quiere decir, ya que el amor es un sentimiento que surge sin más y por lo tanto; hacer que surja es un hecho lingüístico sin fundamento. El amor es una recreación del sentimiento, fantaseado y poético; ‘hacerlo’ pues, no es más que la utilización de esa recreación en pro a un acto liviano de energías químicas convergentes que se amotinan en los lugares más diversos y variados), o tratar de saber cómo pasar la noche encajado en un sofá de dos mini plazas a modo de castigo…
Pero voy a volver a esa expresión que me ha hecho mucha gracia siempre (yo soy la primera que la utilizo)… “Hacer el Amor”:
¿Alguien sabe cómo se hace eso?, ¿hay alguna máquina específica que pueda hacer amor, crear amor, producir amor, liberar amor, cosechar amor…? Entonces, ¿por qué narices tenemos que saber el ser humano hacer estas cosas tan extrañas?. Los monos quieren a sus crías, ¿hacen el amor?... Aunque bueno, lo cierto es que la mayoría de la gente ‘hace el amor’ de cabeza, sí, de verdad… Amamos con la cabeza y no con el corazón.
Resulta que soltamos “endorfinas” cargadas de “serotonina” (la hormona de la felicidad) – esto no lo tengo resuelto del todo porque este proceso neurotransmisor yo no lo controlo nada-, y cuanto más “serotonina” tenemos; más felices estamos, y entonces queremos a todo el mundo sin ton ni son. Somos tan felices que nos queremos mucho, y como ya estamos hartos de querernos tanto, por extensión; nos mimetizamos con el de enfrente y le vemos guapo y deseable, y ahí estamos queriéndole mucho y haciéndole mucho ‘el amor’… Creo que la otra frase que tipifica ésta y la simula, pero quitándole de un plumazo el sentimiento conyugal, es una expresión aún más horrenda que ésta, así que no la voy a mencionar, pero propongo un esfuerzo por tratar de cambiar expresiones como “hacer el amor”, “darse un revolcón”, “echar ‘kikis’”, etcétera…
Vuelvo al tema de la noche, a ese crecer minúsculo de ruidos lejanos que siempre surgen más allá de tu ubicación, a la magia y misterios que conlleva lo oscuro, al poder de seducción que tiene el mundo cuando está sin luz, a esa sensación extraña que surge siempre desde lo más profundo del ser humano cuando nos encontramos ante un apagón en la nocturnidad.
La noche siempre es quieta y envolvente, pese a que hay una maraña de espectros fabulados que se esconden por las esquinas de los lugares más sinuosos, y pese a que hay de igual modo; todo un mundo moderno que trabaja a luz de bombilla. Esa oscuridad nos contagia un virus energético, que cuando en la penumbra nos despierta, nos hace poderosos y sensiblemente nostálgicos, y activistas de un mar de cosas intempestivas que nos ponemos a hacer.
La semana pasada sin ir más lejos, allá por la una de la madrugada, mi vecina echó a su marido de casa. Ese día yo sabía que el hombre había faltado al trabajo, no sé el motivo, pero cuando fui a sacar al perro lo vi salir de su portal dirigiéndose a la zona recreativa cargando con su raqueta de pádel. Más tarde, cuando salí a mi terraza a regar mis macetas (sólo tengo dos y están pachuchas), le escuché decirle a su señora:
_“No sabía si hacer una tortilla de patatas o hacer una paella; que es lo único que se me da bien cocinar”…
Y la señora le dijo: _“Pues yo me he puesto a dieta justo hoy, así que no pienso comer nada de eso a menos que lo hayas hecho con ‘tofu’, soja, o algas deshidratadas”…
El hombre le contesta: _“Mira cielo, he tardado tres horas en hacer la tortilla, no me vengas con eso ahora… ¡Pues si!, porque las patatas estaban tan pasadas que con el ‘mondador’ no he podido pelarlas y lo he tenido que hacer con el cuchillo. Después me ha llamado tu madre, ya sabes lo pesada que es, así que casi quemo hasta la sartén, y he tenido que volver a pelar más y freírlas de nuevo. Después la cebolla, ¡manda ‘cojones’!, he llorado más que cuando ‘Alfonso Pérez’ marcó el gol de la ‘Eurocopa2000’ en el último minuto; ¿y ahora me vienes tú con esas?... ¡Si una tortilla más que menos no se te va a notar!”.
Aquí es cuando yo, que estaba emborrachando de agua literalmente la maceta, mientras pegaba la oreja a la conversación y casi inundo mi patio entero, decía para mí: “¡La fastidió!… Ahora a ver cómo sale de ésta”. Con lo fácil que hubiera sido decirle: “Cariño, como tú eres una reina y te mereces lo mejor, y mi especialidad son las tortillas y las paellas, no sabía con qué debía deleitarte. Opté por la tortilla, que con la cebolla me pongo a llorar, y aprovecho esa catarsis para pensar en mis errores contigo… Yo tengo la culpa de todo, Amor, así que pelé pacientemente las patatas pasadas, lloré lo suyo con la cebolla, y aquí tienes una tortilla, Cariño mío, para que veas lo mucho que te quiero… ¿Cómo no te la vas a comer con el capricho que he puesto al hacerla?... Además, llamó tu madre, ya sabes lo que le gusta conversar, así que se me pegó la tortilla, casi quemo tu sartén preferida - esa con la que me amenazas a veces cuando no te echo cuenta al ver el fútbol - y para colmo, tú me dices que te has puesto a dieta hoy… Pero Cielo, ¿aún no ha quedado claro que me gustas tal como eres?...” Pues, ¡no!, el tipo le increpa con su gordura, llama pesada a su madre, y compara sus lágrimas de emoción con el puñetero fútbol… ¡Si es que cuando tenemos esos resbalones filológicos no deberíais echarnos cuenta!…
La Señora: _“Muy bien, Cielito mío, me tomaré tu jodida tortilla, ¿pero puedes mantener tu culo fuera de mi vista hasta que lo haga?... No es por nada, Amor, sino porque no quiero vomitarla, total, tortilla arriba, tortilla abajo… ¡Como no se me va a notar…!”
El marido: _ “Si, Cariño, ¡cómo no!, me voy a ir al bar a dejar que te atragantes con la puta tortilla mientras me tomo unos calamares”.
Yo recojo el agua de la maceta, del patio, y seco al perro con su toalla mientras no se está quieto con la pelota en la boca… Al cabo de una hora y media más o menos, escucho un portazo bestial que viene de arriba y pego la oreja a la ventana; como no se oían bien las voces tengo que abrirla:
Mi vecina: _“Cariño, ¡qué pronto vienes!, ¿no?. Creía que iba a tener la suerte de que ya no aparecieras… ¡Fíjate que hasta he llamado a mi madre para darle la noticia!…”
Marido de mi vecina: _” Oye, ¡que si quieres me voy!, ¿eh?... Qué pasa, ¿qué tienes la ‘regla’?... ¡Pues a mí no me vengas con chulerías!, que si estás de mala ‘hostia’ la culpa la tienes tú!”. Aquí el tema de las culpas siempre viene bien el cargárselo a la otra persona, ya que haces una cosa; ¡hazla con convicción!. Y si no estás seguro; te armas de valor y echas cosas en cara, que siempre para defenderte es imprescindible, a falta de argumentos, los ataques masivos con directas o indirectas… O el mencionar si tenemos esa ‘enfermedad’ sintomática llamada “menstruación” cuyo estigma nos hace paranoicas y desequilibradas.
Vecina: _”No, Cielo, ¡cómo voy a querer que no aparezcas!; ¡ni muchísimo menos!... ¡A ver si encima de aguantarte voy a tener que hacerte las maletas yo!…Venga, Cariño, que estoy muy contenta de que hayas regresado, ¡ponte a hacer las maletas cuanto antes, que he llamado a mi madre y está de camino!... Como el coche me lo voy a quedar yo, le he pedido que viniera para ahorrarte el dinero del taxi, que lo voy a necesitar para hacer la compra, que ya he visto que tienes razón y las patatas están pasadas… Recoge la maleta roja del trastero que es la única que has comprado tú, que las otras son mías; ¿recuerdas que me dijiste que para qué coño compraba tantas maletas en Mallorca el verano pasado?... ¡Pues eso!, que la tuya es la roja, lo que no te quepa en esa te lo metes en bolsas… Ah!, y no me esturrees la ropa, que te recuerdo que la asistenta cobra por horas y como tenga que arreglar el desaguisado que hagas será un extra más que tendrás que pagar tú…”
Así que, mi pobre vecino, a la una de la mañana se puso a llorar, y esta vez no por la cebolla, sino por la que le había caído encima. Para colmo su suegra se adelantó y empezó a despotricar contra él, mientras el pobre chico pedía clemencia e indulto sin ningún resultado.
Pasadas dos horas escucho el ascensor en el silencio de la noche, las luces domóticas se encendieron y pegada a la mirilla le veo salir del ascensor con su maleta roja, una mochila a la espalda con su raqueta de tenis, y un par de bolsas más por donde asomaban corbatas y zapatos… Minutos después escucho lo propio y veo bajar a su suegra, susurrando por el móvil: “Si, Alicia, ya ha bajado el muy cretino, ¿le digo que ya puede subir, que le perdonas?... Pues no sé, Cielito, yo creo que le deberías dejar un par de semanas sufriendo un poco, a ver si así espabila y para recompensarte te paga la ‘lipo’… No, hija, ¡qué se va a ir con otra!, si entre que hace números a ver cómo te va a mantener y pagar su hotel y demás, estará jodido y bien jodido durante unas semanas… ¡Déjalo que sepa lo que es sufrir unos días!, ¡haz caso a tu madre, Querida!”
Esta noche ha regresado, me lo he cruzado en el ascensor justo cuando yo subía del ‘parking’. Estaba con la cabeza cabizbaja y el semblante serio, parecía un gatito asustado o un perro con cara de delito que hace pucheritos a ver si le perdonas sin más represalias… Me voy pitando al sofá, abro la ventana y afino el oído:
Señora del marido ‘prodigo’: _”Bueno, ya has visto que soy muy comprensiva y te he dejado regresar, espero que sepas valorar mi esfuerzo por intentar de nuevo lo nuestro”.
Marido ‘Pródigo’: _”Si, Cariño”
Señora del ‘Pródigo”: _”Reconocer los errores es un buen comienzo, te lo voy a recompensar, después de que coloques tus cosas en su sitio, con una buena cena baja en calorías; que te estás poniendo muy fondón…”
Pródigo: _”De acuerdo, Cariño, tienes razón; hacer dieta nos va a venir genial”
Su Señora: _”¿Cómo que nos va a venir genial?... ¿Me estás llamando gorda otra vez?...”
Marido apretando los dientes: _”Ah!, no, no… Perdona, no quería decir que tú necesitaras dieta, sólo que he pensado que es una idea estupenda empezar a cuidarse…”
Señora desdeñosa: _”¿Cuidarse?... ¿Así?; ¿dicho en general?... Perdona, Bonito, pero aquí el que tienes que cuidarte eres tú, que yo llevo más de una década echándome cremas, y haciendo ‘body pump’ ni se sabe… Si hago la jodida cena baja en calorías es porque me parece inaceptable el barrigón que estás echando, así que no me vengas con ‘puñetas’ otra vez, ¿estamos?... Si no quieres la puñetera cena, te bajas al bar y te zampas un bocadillo de lo que te venga en gana…”
Marido a punto de reventar: “Oye, que no he dicho nada con respecto a la cena, ¡que quede claro!, que aquí, a la única a la que le gusta discutir es a ti…”
Señora del Increpado: _”Mira, ¡imbécil!… ¿Se puede saber para qué has vuelto?. Yo no he empezado esta discusión; ¡has sido tú!, que has despreciado mi cena, me has llamado otra vez gorda, y no sé para qué narices has tenido que volver, si ni te arrepientes de nada, ni has cambiado en nada…”
El Increpado Marido: _ “Alicia, ¡estoy de ti hasta los mismísimos!... ¡No te he llamado gorda!, aunque lo piense y sea evidente que cada día que pasa tus michelines aumentan. No me he metido con tu dichosa ensalada de mierda; aunque me apetece comérmela igual que el aguantar a tu puñetera madre. Y por cierto; si no te gusta mi barriga, no haberte casado conmigo, que por si no te has dado cuenta, es la misma que tenía el primer día en que tuve la maldita desgracia de conocerte…”
Señora del Marido fuera de sí: _”Muy bien,¡pues ya está todo dicho!… ¡Mi madre tenía razón!; ¡eres un cretino!, un cretino y un gilipollas. Vete de esta casa que mis michelines y yo no te necesitamos para otra cosa que para pagar facturas; y para eso sólo tienes que ir al banco e ingresar la ‘pasta’… Por cierto; dime a qué taller tengo que llevar el coche que le he jodido la ‘transmisión’…”
Marido fuera de sí: _”¿Cómo?... ¿Qué has dicho?... ¡Repite otra vez lo que has dicho!;¿que has jodido mi coche?... ¡Lo que me faltaba por oír! (lo otro en un momento dado le hubiera dado igual, pero cuando se trata del tema coche; es igual de molesto que una picadura de araña venenosa en mitad de una selva). Mira, yo ya de esta casa no me muevo… Te pongas como te pongas, Alicia, ¡no me sale de los ‘cojones’ irme!… Aquí tienes la maleta, no la pienso colocar, no pienso comerme la puta ensalada esa de césped vegetariano que me has hecho, no pienso dormir en el sofá, y como te pongas tonta; esta noche te echo un ‘polvo’ y todo… Así que deja de decir estupideces, ¡y llama a tu madre para decirle que ‘el cretino’ de su yerno ha vuelto!, a ver si ya que me has jodido la cena a mi, al menos se la puedes joder también a ella… ¡Y no hagas planes para el fin de semana!, que tengo una conferencia en Sevilla y estoy harto de matar solo horas muertas en el hotel; así que te vienes y por lo menos discutimos un poco…¿Te parece?, ¿qué dices?...”
Alicia, La Esposa: _ “¡Nada!, que voy inmediatamente a depilarme, Cielo…”
Y yo cierro la ventana y miro la hora: 3: 30am. Se han pasado discutiendo tres horas y veinte minutos para llegar a la siguiente conclusión:
Las mujeres siempre tenemos que llevar la razón, y el marido siempre tiene que medir sus palabras porque somos susceptibles y picajosas, tenemos hormonas descontroladas que atormentan nuestra psique y nos infunden inseguridades absurdas que nos ponen de muy mal humor.
El hombre debería ser conocedor de esta natural tendencia femenina y habría de optar por no malmeter contra nosotras hasta que se nos pase ese mal cambio de talante.
Los maridos finalmente lo resuelven todo con un “buen revolcón”; cuando se ponen autoritarios en plan “macho dominante” y resolutivo, y atajan las discusiones con un cambio de giro sorprendente; nos da igual que quieran fastidiar a nuestras madres, que no hayan hecho caso alguno a nuestras réplicas, y que se hagan los remolones cuando deben hacer tareas importantes como la de deshacer la maleta… Nos volvemos sumisas, entregadas y atentas, y mandamos al ‘carajo’ todo lo demás…
Así que por las noches se aprenden cosas sorprendentes de uno mismo y del ser humano en general, de los comportamientos legítimos e íntimos de cada uno, aprendemos a resolver conflictos interiores y en el ‘silencio’ pautado de la oscuridad, nos encontramos mucho antes, y de manera más barata, que quién decide irse de expedición por el ‘Polo Norte’, con nuestro ‘Yo’ interior…
Por las noches se entiende que en lo complicado de un matrimonio no está el hecho de discutir, sino el hecho de saber discutir bien.
La rutina envuelve las vísceras del nidito de amor post nupcial, y lo pringa con una gelatina viscosa llena de reproches anotados a sangre y fuego que irrumpen en puyas tópicas sobre las verdades y bajezas del ser humano; pero bien es verdad, que esas andanzas por los laberintos de las relaciones, nos acrecientan en la idea de posesión, propiedad y derecho del uno sobre el otro, que nos da el poder absoluto, enfundados en esa usanza anómala que conllevan las relaciones, y nos sumergen en esa “rutina” deseada por arrastre, a algo que a su vez nos vuelve a la cordura de romper con lo proscrito de la misma: creando un bucle anodino que nos ata con la misma fuerza con la que deseamos desatarnos. Así crece inhóspitamente la sugerencia del amor, entendido como sacrificio y esfuerzo, donde te has de entregar a la causa que te desmiembra como persona legítima, y te adhiere a ser la legítima de otro ser; convirtiéndose en su apéndice de por vida…
En los matrimonios bandoleros, donde lo facineroso (que decía “Jesús Gil”) se impone, la llama del amor se apaga sutilmente enfundada en los pormenores de la esencia gris de las relaciones entre los seres más resueltos, y aparece un sentimiento cargado de matices llenos de pancartas de proclamas a la libertad, a la defensa de la propia identidad individual, y afectos desdeñosos que nunca se dan por completo; en cualquier caso, de una manera u otra, siempre se denota un atributo de dolor…
Lo complicado de las relaciones cuando se interiorizan de noche, lo complicado de la palabra “Amor”, y lo complicado de ser un ser humano quién teorice sobre el asunto; es que siempre tenemos que tomar decisiones basadas en teorías, que no tesis, y cuya relatividad nos hacen sufrir de un modo u otro…
Es de sobra sabido que los grandes pensadores de nuestra historia han confabulado paralelismos entre la virtud de vivir y la maldición de sufrir, como partes en sí mismas del fascinante y milagroso hecho de estar en este mundo; y como una norma del juego de las elecciones que determinan los actos de cada ser. Pero, ¿cuáles son las decisiones que por estadística más nos conviene optar al ser humano para poder participar en esta recreación mundana?.
Vuelvo al tema nocturno, donde nos hacinamos en nuestro lado de la cama y conversamos abiertamente en ese lugar que nos separa de la almohada al sueño, y sigo pensando que la noche tiene algo más de mágico que el día. Pero también, ahora que lo pienso; tiene más de realismo, de veracidad, de pensamientos que por el día ocultamos porque a la propia luz se nos hacen imposibles de digerir, y por la noche, con la sugestión que trae la oscuridad; podemos acercarlos a nuestras propias convicciones de una manera más ágil y sincera…
En cualquiera de los casos, he dado por hecho que la propia vida en sí, más allá de las tareas diurnas o nocturnas, según el caso, que debamos llevar a cabo para proseguir con las reglas del juego impuesto en el mundo civilizado; que el Ser Humano consta de dos partes: la persona en sí que vive mendigando el “amor en estado puro” (que es lo que verdaderamente trae la sensación ansiada de “felicidad”), y sus propios “pensamientos” (que son los que nos sugieren la creciente necesidad, impuesta en su propio ente, de encontrar un sentido a este carrusel del mundo al que hemos venido a parar no sé sabe cómo).
Amor y Pensamiento, en sus diversas variantes y/o tergiversaciones, antagónicos como la Noche y el Día (ya que el término “amor” de por sí ya es irracional y el “pensamiento”, en su connotación más genuina, ya nos sugiere la idea de racionalidad); son la esencia misma de la persona: cordura e irracionalidad, desbarro, disparate, sensatez y razón, amar y odiar, pensar y cavilar, meditar, especular; absurdez y desatino. Razón y Pensamiento, Irracionalidad e Incongruencia. Friedrich Nietzsche postuló: “Siempre hay un poco de locura en el amor, aunque siempre hay un poco de razón en la locura”.
Incoherencias del Ser Humano, el “Homo Sapiens”, el legendario legado de Dios, “El Creador”, en la Tierra… El único ser capaz de amar “haciendo el Amor”. El único ser capaz de no saber cómo se debe pensar después de haber pensado sobre ello. El único ser capaz de amar el pensamiento, aún no sabiendo cómo se ama…
Mira Fair dijo: “Knowing love, I will allow all things to come and go, to be as supple as the wind and take everything that comes with great courage. Life is right in anycase”
En las noches calladas y ausentes, oscuras, lejanas e intimistas, nos asomamos al lado más vertiginoso de nuestra propia encrucijada vital, y nos despojamos del alo vigoroso y grácil que nos tapa. Nos enfrentamos entonces en nuestra soledad, a nosotros mismos, a nuestro más fiero oponente, a nuestro adversario más duro; nuestro pensamiento, nuestro propio “yo”. Tememos la vida, porque con ella llegamos hasta la muerte, ese lugar al que vamos y del que no sabemos nada. Y nos fastidia pensar por instantes que entre la felicidad que se escapa, formada por soplos de alegría sujetas a emociones relativizadas por el dolor, ese Nietzsche tenga razón cuando exclama en sus axiomas que “… la historia no camina hacia futuro alguno, sino que el mundo vuelve continuamente sobre sí mismo”. Que en su apasionada y contradictoria filosofía, que básicamente afirma que no hay más existencia que esta terrena, se sumerja el gran delirio de la vida.
Las noches nos traicionan enfrentándonos con nuestros fantasmas, el pensamiento nos embauca en la necesidad de ser fuertes para seguir viviendo, y el amor nos compensa de la desdicha de tener que hacerlo pensando, y de manera ‘cuerda’, en el verdadero valor de esta voluntad…
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: Y dejo que concluya Nietzsche, contradictorio y pesimista, que “Más allá del Bien y del Mal”, con su ‘apoemado’ estilo literario, reafirmó la defensa de la vida y atacó duramente a todo aquello que la destruye:
“Hedonismo o pesimismo, utilitarismo o eudemonismo: todos estos modos de pensar que toman por medida el goce del dolor, estados de ánimo accesorios, son modos de pensar primitivos y cándidos que el hombre, dotado de fuerza creadora… mirará con aire de burla y de compasión. Compasión de vosotros, ¡sí!... oprimidos y sediciosos que aspiran a la dominación llamada por ellos ‘libertad’. Nuestra compasión es más elevada: vemos que el hombre se empequeñece, que vosotros le empequeñecéis… No buscáis imposibles, y sin embargo, no hay mayor imposible que este de suprimir el dolor”.
“La felicidad, como un fin, sino el ¡fin!, significa…hacer ridículo y despreciable al hombre por hacerle insoportable la existencia…”
“Lo que se hace por amor se hace siempre más allá del bien y del mal”.
servido por rociomedina
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12 Marzo 2008
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Querid@s Tod@s:
Por expreso deseo de un gran arquitecto amigo mío llamado “Héctor González.” he decidido pasaros una chuleta estilo “voyeur” de lo que hacemos las chicas cuando nos metemos acompañadas por nuestras amigas en los lavabos femeninos (esto no funciona si te vas a los aseos de locales de moda estilo “Ramses”)
Recuerdo bien, no hace tanto tiempo, cuando en la universidad nos metíamos a los baños de tres en tres; siempre había una chica que se quedaba en la puerta esperando a que pasase el profesor o la tía a la que le teníamos manía porque andaba tirándole los tratos al tío que nos gustaba, otra se quedaba fuera haciendo de intermediaria entre la que estaba dentro del baño en sí, y la que estaba agonizando en el váter porque después de la juerga del día anterior la resaca se la consumía viva…
Entonces, mientras turnábamos a la que vigilaba y cuando ésta veía que ya el “profe” había pasado, y “ La Petarda ” en cuestión también; empotrábamos la papelera atrancando la puerta y nos hacíamos las dueñas de esos aseos estupendos que tenía el “CEES”. Hablábamos de todo, pero sobretodo; nos dedicábamos a pintarnos las uñas, a desparramar las pinturas sobre la encimera del aseo, y nos maquillábamos de todo tipo de tendencias para hacer las pruebas pertinentes sobre la clase de pintura que nos quedaba mejor; luego nos la volvíamos a quitar y entrábamos en la clase de “Economía” que la profesora era un callo duro de roer y pasaba lista nombrándonos por los apellidos completos.
También recuerdo, y esto hace mucho más tiempo, cuando en el “Colegio de Monjas” pedíamos permiso a “ La Madre Julia ” para ir al baño y ésta siempre le decía a alguna otra niña que nos acompañase: de ahí el que las niñas empecemos a ir juntas al aseo. La culpa de todo la tienen los “Colegios Bien”; y si no, observad cómo las niñas más “liberales” y resultas, mientras se colocan los calentadores y el “pearcing” de la oreja, van diciéndoles a las amigas: “No, no… a mí no acompañadme al baño que no voy a hacer mis cosas… voy ‘a otra cosa’, ¿no veis al pavo ese?...” (“El Pavo” al que se refiere es el ‘piola’ del barrio, con chupa de cuero, que espera en la entrada del lavabo con un pie sobre la pared y el otro sobre el ‘peta’ que acaba de apagar, y mientras se acerca la chica, está echando mano al móvil a ver si la siguiente “titi” va con prisas y no puede esperar a su turno). Pero en los “Colegios Bien”, nos educan para ir juntas haciendo tesis de la máxima de Edmond Dune: “Los gendarmes van siempre de dos en dos como la ley y la injusticia”:
_ “Sofía Velasco de Moncada, acompañe usted a la señorita Laura Martínez-Santos de Asensio por favor, que necesita ir al baño en este instante. Y ¡dense prisa!, señoritas, que la Profesora de Música está a punto de venir”.
Entonces salíamos juntas al baño, riéndonos un montón por la ocurrencia de “La Madre Julia” al habernos dejado salir a las dos juntas en vez de a una, y así tener una excusa más que convincente por haber tardado quince o veinte minutos en regresar: “Madre Julia, es que a Sofi le han entrado también ganas, y claro, entre que había otras niñas de otro curso y todo, hemos tenido que esperar un montón de tiempo… Usted perdone” (es lo que tienen “Los Colegios de Monjas” como era el mío; que o usabas el de las “Madres” o directamente tenías que conformarte con hacer cola en el único que había al lado del patio).
Los chicos iban solos, tardaban dos minutos, y como a las chicas siempre se les daba prioridad, “La Madre Julia” que era una monja bien firme, les dejaba salir a los pobrecitos míos sólo al final de la clase (que era cuando las niñas ya no salíamos, para evitar que nos encontráramos con especímenes del sexo opuesto en algún lugar no controlado, y pudiéramos sentirnos así, incómodas, sonrojadas y molestas), y claro; tardaban medio minuto en volver; o bien orinados encima, o bien regresaban para pedir permiso para recoger la fregona por haberse hecho pis en mitad del pasillo.
Lo del tema chicas y el lavabo es algo que como digo va educándose desde nuestra infancia, pero es que es verdad; las niñas no podemos hacer ‘nuestras cositas’ en ningún lugar que no sea un aseo (a menos que estés haciendo “El Camino del Rocío”, te pongas contento a lo María Jiménez, y ya te dé lo mismo quién narices te esté viendo levantarte los volantes, pelearte con ellos, quitarte las matas de jara del camino, y te esté aguantando la copa de “rebujito”). Claro, los hombres en cualquier sitio salís del apuro; os pegáis al árbol, al portal, a la rueda del coche, a la maceta de la vecina, o a la papelera de turno, y ahí que os aliviáis, pero nosotras no…
Nosotras necesitamos algo más higiénico; mirar antes que la tapa esté bajada, limpia, poner toneladas de papel en el aseo para que ni nos manchemos, ni nada se manche, ni nos salpique… Necesitamos también a quién nos sostenga el bolso, el abrigo, la copa, el ‘foulard’ y demás, y encima, a quién nos de conversación; que el estar en un baño que no es el nuestro nos pone tensas.
De todas formas es que los baños de los hombres están mal enfocados, tienen todos un tamaño muy extraño y son poco estéticos; nada más abrir la puerta ya tienes ahí el urinario con un boquete enorme en el centro que eso asusta al más pintado, con una barrera de tíos mostrando el culo ‘echao pa’lante’, el perfil rojo y a punto de reventar, y al instante; ya están haciendo ruidos de satisfacción como si fueran vacas en estado pre-orgásmico. Así que los hombres van desde la entrada bajándose la bragueta, llegan, depositan, y se marchan todo sofocados y cabreados por si en ese pasillo de entrada a los váteres, se encuentran con mujeres que entran blancas y salen como rosas maquilladas y no quieren quedar mal por no poder reconocerlas o acordarse de su nombre. Lo cierto es que ¿quién puede quedarse en el aseo de chicos más de tres segundos?; si además de horrorosos, que es ¡huelen fatal!...
Recuerdo de nuevo en aquella época de universidad cuando en “ La Residencia ” nos poníamos todas las amigas a hacer el “tour” pre-marcha: se venían a mi cuarto, les ponía flamenquito a las siete de la tarde, mirábamos qué nos íbamos a poner, bajábamos al comedor, nos íbamos al cuarto de “María Trigos” que era la más indecisa de todas y cuando la dejábamos arreglada; nos disipábamos entonces cada cual para nuestro cuarto a comenzar el ritual de ducha, depilación, colocar ropa encima de la cama, y volvíamos al punto cero: mi cuarto, para mostrar el primer “showroom” de vestuario que habíamos escogido. Así hasta las doce, que era cuando nuestros teléfonos de la habitación empezaban a sonar (en nuestra residencia había una línea privada de centralita de teléfonos en plan hotel, y marcando la extensión adecuada teníamos conversaciones a tres, a dos, a cinco, etc. Y encima gratis; era lo más de lo más).
Allá por las doce y cuarto de la noche los chicos empezaban a llamarnos desesperados preguntando que si nos faltaba mucho para terminar, que hacía horas que ya estaban en el ‘parking’ esperándonos. Entonces les mentíamos (cosa que también viene programada en nuestra genética: el mentir acerca de tiempo que nos queda para estar verdaderamente listas.
Los hombres debéis hacer una media para calcular la hora real (el momento en el que os decimos: “Me queda nada, ¡acabo ya!”), hasta que salimos definitivamente. Porque no se sabe bien el por qué, pero el asunto queda en que siempre tenéis que hacer la dichosa preguntita cuando estamos aún sin maquillar, y tenemos dudas sobre los zapatos que nos vamos a poner o el bolso que tenemos que llevar. Así que siempre cuando hacéis esa pregunta estamos a quince o veinte minutos de distancia entre nuestro último retoque, y el momento de veros con cara de cabreo –donde fingís que no pasa nada y que esperar es lo vuestro, y lo asumís con resignación absoluta- que es cuando tenemos que inventarnos cualquier excusa para poder tener la fiesta en paz y no desatar vuestra vorágine de macho impaciente: “Lo siento en el alma, Cielo, pero es que justo cuando salía me ha llamado la vecina para que viera lo bien que le ha quitado las durezas su podólogo, y me ha pegado la charla del siglo… Lo siento tanto, Cariño… pero justo cuando salía me he acordado de que era el cumpleaños de mi abuelita, ¡tan mayor la pobre!..., que he preferido darle un telefonazo ahora que no estar en el coche conversando con ella y no prestarte a ti la atención debida…) y les decíamos: “¡Ya estamos listas!, sólo nos falta ponernos los zapatos y bajar”. Y era cuando nos poníamos en plan trenecito pintándonos las unas a las otras durante veinte minutos corriendo mucho.
Cuando ya íbamos por más de veinte minutos de retraso, llamábamos al amigo en cuestión que estaba loco por alguna de nosotras, para que hiciera desistir al conductor y /o conductores de la idea de irse y dejarnos ahí tiradas, y justo en ese momento siempre había alguna a la que se le olvidaba algo: “Ostras, ¡no me he echado perfume!… ¡Dios!, ¡qué horror!; con este vestido me veo gorda… ¿Cómo?, ¿qué Felipe Lorenzo viene?; ¡joder!, esperadme que tengo que cambiarme, ¡no dejo que me vea así ni loca!…” Y entonces es cuando salimos a la una o una y cuarto, desde las doce que habíamos quedado, y es cuando los hombres nos suplican conducir a nosotras porque mientras esperaban, se habían bebido una botella entera de ron.
Llegamos a los lugares de moda elegidos, y antes de saber quién había dentro, nosotras, como somos precavidas, nos vamos a los lavabos directas a desarrollar y explicar debidamente los “comentarios” que los chicos habían ido haciendo en el coche con su estado ebrio. Entonces nos volvemos a retocar el maquillaje (porque nunca se sabe con quién nos vamos a encontrar), y si encima esa noche damos de bruces con la persona que nos gusta, nos vamos mirando unas a otras y con un sutil gesto; estamos a los dos minutos exactos todas juntas reunidas haciendo cola en los aseos para exponer la “estrategia” a seguir…
Los hombres en cambio no lo necesitan, porque no tienen estrategias que perseguir, simplemente miran a una tía y dicen al amigo: “Tío, ¡esta tía está buenísima”, el colega dice: “¡Ya te digo, tío!, ¡está que te cagas!” y ahí ya comprenden que pueden tirarle los tejos a diestro y siniestro, y el que logre ‘hacérsela’, será el ‘cabronazo’ suertudo y el otro tendrá, sin más solución, que ser el que se retire y el que se conforme con echarle los tratos a cualquier otra amiga. Así, sin más, entienden que el ser colegas es “compartirlo todo”, y ahí que se quedan pensando: “Tú, tío, haz lo que puedas y buena suerte, ¡vamos a saco con ella!”…
Las mujeres para eso tenemos otro código de honor: “Tía, ¡me ha gustado a mí antes!, y como te acerques a él y le mires más de la cuenta; te suelto una reputación de zorrón verbenero que no levantas cabeza en toda tu vida, ¡así que tú verás!… Es mío porque sí, ¡y porque sí!… Y a la que se le ocurra tener más de un saludo con él, le arranco de cuajo las extensiones”.
Así que el lavabo se convierte para una chica en un lugar de “conspiraciones”, “remodelación” personal de vestuario, y “santuario” de retoques varios… Ahí entramos para cotillear, maquinar, criticar, y volver a colocarnos los potes en su lugar correcto, o para hacerle a la desgraciada de turno la faena de ponerle buena cara, hacerle creer que nos cae divinamente, y como la queremos mucho por ser además de guapa, una tía de lo más estilosa del mundo; tenemos que “retocarla” con el maquillaje idóneo -que el que lleva de por si no le realza su color de ojos- y hacerla salir pintada como una puerta, imitando a “Liza Minelli” en la película “Cabaret”.
Los hombres para eso son más bondadosos, más limpios de ideas, más simples: se dicen unos a otros el cómo se lo montó con la tía el “finde” anterior, y aunque esté loco por ella; si a su colega se le ha antojado probar suerte, los buenazos le dan su bendición, y encima invitan al susodicho a copas para armarle del valor suficiente para que entre a la tía por la que suspiran… ¡Angelitos!.
Si eso nos pasa a nosotras, hacemos que la tía en cuestión se suicide a base de laxantes por lo menos; haciéndole creer a la pobre chica, que o se queda como una sílfide, o que el maromo no se fija en ella por más que tengamos constatado lo muchísimo que a él le mola la chavalita… Si nos gusta, aquí somos como “El perro del hortelano”; yo no comeré, pero si de mí depende, el resto del mundo se muere de hambre como yo me llamo “Fulanita Pérez”.
Los lavabos femeninos son templos de poder absoluto, como nuestros bolsos… En un lavabo no sólo ves ropa interior femenina, sino que ves y oyes todo tipo de cosas que son una fuente inagotable de sabiduría y de “secretos inconfesables” que nos generan a cada una, una información privilegiada y valiosísima de primera mano. He aquí los ejemplos:
Imaginaos cuando vais a un restaurante en una primera cita, obviamente ya tenéis superada la fase “física” de la persona en cuestión, o sea; un tío ya se ha fijado en el tamaño del busto, del culo, y se ha dado cuenta de que la tía tiene una cara “apetecible”. Entonces viene algo mucho más personal dentro de una relación “Interpersonal” con tu acompañante en sí, que es lo que se llama “Comunicación No Verbal”. De sobra es sabido que todo nuestro cuerpo es un indicador de nuestro estado de ánimo, de nuestra personalidad más íntima, de que una mirada ya comunica sin palabras, y de que según nuestra pose; comunicamos una cosa u otra: actitudes de rechazo, incomodidad, asqueo, bienestar… Factores que influirán a la hora de saber si tenemos “química” o no con la persona en cuestión.
Bien, estamos en ese restaurante, y la chica afortunada sorbe la sopa como si fueran los restos chupados a pajita de un granizado de limón, ¡Dios qué mal va la cosa!, es mona, pero ya sabemos que como mucho, la queremos para un ‘polvete’; poco más. Encima es de la que no se piden postre, pero están todo el rato fastidiándote tu “Mousse de Chocolate” con la cuchara dando vueltas alrededor de tu plato (entonces piensas en que te vas a ahorrar directamente las copas y te la vas a llevar al hotel en cuanto te traigan la cuenta). Pero no contenta con eso, la tía; después de que has desplegado encantos con ella, has tenido que dejar una propina del 10% como en Estados Unidos, te ha jodido el postre, y has tenido que pedir un “Tiramisú” después de haberle preguntado como tres veces: “¿Seguro que no quieres un postre?... ¿Uno para ti solita?...” y ella lo haya negado las tres veces como “San Pedro”, empieza a decirte que necesita ir despacito con un hombre, que su ex la ha dejado machacada del todo, y que ella no se va a la cama con nadie a menos que sea una relación seria. Entonces es cuando te quieres suicidar, y te dan ganas de meterla a empujones en un taxi y decirle a dicho conductor; que si no es mucha molestia, después de violarla y apalearla, que la deje tirada en la puerta de la cárcel de “Soto del Real” que tú con mucho gusto pagas el trayecto…
Bien, en los lavabos pasa algo parecido; las chicas esparcimos las pinturas, nos metemos al aseo con las puertas abiertas, y hablamos descuidadamente de todo aquello vital que en ese instante nos preocupa: bolsos, hombres, si el vestido nos hace gordas con la luz del local, si creemos que la tía que está hablando con nuestro “personaje” en cuestión lo hace porque le gusta, por fastidiarnos a nosotras, porque ya se lo ha ‘montado’ con él, o si el amigo del amigo del conocido que nos presentó al portero ha mostrado un interés claro en nosotras o bien es un ligón patológico…
Así que conocemos de primera mano a nuestra competencia; sabemos también de primera mano si la tía se depila, si tiene buen gusto para la ropa interior, si la lleva de marca, si la conjunta con el sujetador, si compra pinturas caras o es una dejada que va de “mega posh” pero los maquillajes son comprados en el “Día” o en el “Todo a un Euro”, si está interesada en el mismo que nosotras (esto lo sabemos escondidas las dos o las tres que hayamos entrado juntas detrás de la puerta). También preguntamos sutilmente si conocen a tal tío, si nos dicen que sí entonces mentimos como bellacas según si el comentario ha sido positivo (entonces pasamos del “pavo” y le vacilamos toda la noche), o negativo (ha dejado claro que le gusta o tiene interés); y empezamos a aconsejarla como las ‘buenas amigas’ que podríamos ser: “Cielo, tú eres Divina, ¡no me creo que en serio conozcas al tipo ese!... ¡Pero si es de lo más cutre y penoso del mundo!… Ja!, el muy cabrón… ¡No sabes lo que le hizo a mi amiga!, encima está liado con una chica lo más de lo más y la putea también… Yo, ‘Cari’, te aconsejo que huyas de él, de verdad de verdad… ¡No te conviene para nada!. Te lo digo porque me has caído divinamente, y entre tías tenemos que ayudarnos…”. Entonces una de nosotras la seguimos, cuando la tía pasa cerca del mencionado tío y le abofetea ahí mismo, avisamos a las demás, que acorralamos al tipo y empezamos a ligárnoslo y a hablarle del mal estilo que tiene “ La Bruja ” que le acaba de cruzar la cara delante de sus colegas, mientras nosotras somos unas niñas estupendas que sólo queremos protegerle de las “víboras” que se hacinan en ese local…
También en un lavabo nos ponemos al día de las últimas tendencias, escuchamos que una chica se acaba de ligar a un tío estupendo, salimos, echamos un vistazo y comprobamos que el muchacho está de ‘toma pan y moja’ verdaderamente, y regresamos a pegar la oreja a ver con qué estrategia se lo ha ligado la ‘tipa’ esa para hacer lo propio nosotras con sus colegas.
En un lavabo de chicas aprendemos de “Fútbol”; sabemos antes que los de “Aquí hay tomate” con quién se ha liado “Guti”, sabemos que el partido siguiente no es que vaya a perder ‘dos tonos’, es que directamente no se va a poder mover del banquillo… Aprendemos de “Política” y sabemos que “Zapatero” es un presidente que no interesa porque la chica que se repasa los ojos con “kölh”, asegura que se ha comprado unos zapatos igualitos que su “Sonsoles” y que sólo se venden en Milán…y entonces damos por hecho que si su mujer desprecia la calidad del calzado español y no valora que en “Elda” se hagan mejores zapatos, es que políticamente no vale un duro. También aprendemos lo necesario acerca del mundo “Taurino”, porque está la rubia de turno que se arrincona con las amigas en un lado y les muestra orgullosa los mensajes que le deja el torero en cuestión (al que se encarga de nombrar bien alto), y entonces es cuando damos por hecho que el susodicho torea en las plazas únicamente con “Mihuras”, dicho lo cual; es un torero de ‘pro’. Aprendemos de “Golf” y sabemos que si eres un tío con un “handicap” uno eres lo más, pero si eres una tía y no tienes un “handicap” decente, lo mejor que puedes hacer es conjuntarte bien estilo “Inés Sastre” y subirte a los carritos a ligar y a dar color, que los golfistas son muy agradecidos…
En fin, que los laberintos del saber son lugares muy variopintos y exclusivos, los hombres aprenden en “Timbas de pócker” y nosotras en los lavabos de señoras o con “Las Revistas Femeninas”, donde las encuestas “verídicas” nos proponen unos ‘test’ verdaderamente ‘fiables’ dónde aprendes por dónde van los tiros en cuanto a tu poder de seducción…
Así que chicos ya sabéis; si alguna vez en la vida queréis de verdad conocer a una mujer como Dios manda, utilizad el método más consumado del mundo (el de hacer un agujerito en la pared del baño de chicas), y empezad a tomar notas…
Besazo grande,
Rocío Medina
P.D.: Las Rubias normalmente van al baño con dos amigas (son más llamativas pero más inseguras). Las Morenas en cambio se sobran con sólo una…
P.D.1: Petronio dijo: “Confía la nave al viento, pero no el corazón a las mujeres, porque las olas son más seguras que la fe de ellas”
P.D.2: Pero también he de dejar clara mi posición en cuanto a esta costumbre tan legítima, y hacerme eco de una gran frase lapidaria de la escritora Merlin Stone: “Tal vez nos encontremos preguntándonos a nosotras mismas hasta qué punto la supresión de los ritos femeninos ha supuesto en realidad la supresión de los derechos de las mujeres” (libro: “When God was a Woman”)
servido por rociomedina
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4 Marzo 2008
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Querid@s Tod@s:
Aunque en “post” anteriores os relaté mi parecer en cuanto a los “Médicos de Verdad”, lo cierto es que ahora mis dudas salen a flote más que nunca…
El otro día, aprovechando el buen tiempo que destilaba Madrid, y que tenía todo un día libre (entre semana), para poder aprovecharlo a mi antojo; me diseñé un plan estratégico para que en las horas “productivas” (las que restan de las de estar durmiendo, dormitando, acicalándonos, llamando por el móvil o poniendo verde a la vecina que se empeña en asar sardinas con la ventana abierta y nos deja el pelo apestoso cuando nos asomamos a ‘echarnos’ un piti). Lo primero que pensé fue en la lista de amigos ‘oficiosos’ que tengo, los apunté por el número de móvil directamente, ya que me siento mucho más familiarizada con este dato que con los nombres, y me lié a llamarles para ponerles al corriente del asunto que debían formalizar conmigo en las horas donde encajaban según mi “planning”. Hecho esto, pensé que sería bueno quedar a tomar un desayuno en condiciones en un lugar estupendo donde cargar las pilas y venirte arriba; quedo en “Golf Park” de “La Moraleja”, que me pilla al ‘laíto‘ de mi casa.
Ahí sentada pensaba en lo maravilloso que es el tener tiempo libre y que haga un día estupendo; hacía solecito, veía a los señores y a los jubilados cargando con su bolsa con los palos de golf a pegar unas bolas, tan conjuntados y tan monos, y cuando mi amigo me preguntó por el “handicap” que tenía y justo en ese momento pasaba mi ‘profe’ y me saluda diciendo: “Rocío, en la cafetería te veo mucho, pero lo que es practicando… Mujer, que ‘18 hoyos’ no se hacen por arte de magia, a ver si cuando vienes haces un esfuerzo en pegar al menos 200 bolas… En fin, ¿qué tal todo?, ¿te vuelves a apuntar al curso que viene?...”, yo ahí maldije el momento en el que decidí quedar en este sitio, y maldije la mala suerte de que mi genética viniera programada con conciencia y mala conciencia, y me quedé los diez siguientes minutos con la mirada perdida, más pendiente de los zapatos de mi amigo Alfonso que de su conversación.
Lo siguiente que tenía apuntado era quedar con Andrés y ayudarle a elegir un ‘anillo de pedida’ para su novia, así que, después de que Alfonso estuviera media hora diciendo: “Rocío, Rocío… Rocío, ¡tía!... Rocío, ¡Rocío!... Rocío, ¿sabes que el gobierno ha prohibido las corridas de toros en toda España?” y que yo le contestara: “¡Bien hecho!”, se dio cuenta que me había quedado con alguna neurona ‘cogida’ que no echaba ni para adelante, ni para atrás (como cuando se te queda pillada la pantalla del ordenador). Me toca un poco mirándome fijamente a dos centímetros de mí y entonces reacciono y le digo: “¿Cómo?” y me dice: “Nada, quería saber si estabas atenta, pero ya me he dado cuenta de que estaba hablando básicamente para mí”. Entonces hablamos de los toros un poco más y le mando un mensaje a Andrés para que se pase a recogerme que vive cerca.
Andrés viene y nos vamos, elegimos un anillo lo más de lo más, y después comemos juntos en “El Gran Barril” de la Calle Goya. Más tarde quedamos a tomar unas copitas en “El Teatriz” con unos amigos. Y después de las copitas y dejando que los tacones me llevaran por la inercia de un día poco laborioso, dejo que mi impulso vital me lleve de tiendas, donde arramblo con todo tipo de cosas que obviamente no necesito.
Siguiendo con mi protocolo anotado; tenía que ir a mi ‘pelu’ a llorarle un poco a Marcos, mi peluquero, a ver si por el hecho de ser clienta fija me tiene la consideración necesaria como para colarme y atenderme sin haber cogido cita previa, pero me llama mi “Casilda” del alma diciendo que tengo que quedar con ella sin más solución, que ha quedado a cenar con dos amigos, y que “Milú” (una amiga morenaza ideal y guapísima que es diseñadora de joyas) también va a venir. Total, que libero a mi peluquero del compromiso de tener que atenderme de emergencias, y voy a casa a cambiarme…
Llego tarde a “La Cantina di… PULCINELLA”, el restaurante que eligió Casilda para cenar, y Casilda, copa de vino en mano, me saluda alegremente y me dice que por llegar tarde, tengo que llamar yo a Milú para meterle prisa y que no llegue para los postres…
Casilda come como una lima, tiene más energía que nadie que yo conozca, está delgadísima, y traga como si fuera ‘bulímica’; a cualquier chico que quiera conquistarla le compensa antes comprarle un bolso de “Prada” que invitarla a cenar, ¡ya os lo digo yo!. Pero ese día estaba desganada, cosa de la ovulación, que tiene esos caprichos clandestinos; que lo mismo le da por ponernos de malas, que por hacer compras compulsivas (bueno, esto es de sobra sabido que no es más que una excusa, porque ovulando o no, nosotras venimos al mundo con este error en nuestra programación genética), o nos da por comer como limas, o por echarnos a llorar ante cualquier desgracia ajena… Total, que no cenó, tan sólo bebía un vino “Rueda” malísimo, pero como ella es muy agradecida, aunque yo le dije al camarero que nos trajera otro, ella dijo que ya que se lo había echado “il italiano di Roma”, que se lo bebía y que ya se echaría ella otra copa del nuevo que trajo.
Milú viene tarde, sonriente como siempre, y con su melena azabache suelta, va impregnando de “Bvlgari” los aromas naturales de los platos servidos a los comensales que ahí se reunían. Así que claro, normal que ese día la única que se quejara (por lo del vino) fuera yo, porque el resto no sabían ni qué estaban comiendo. Había un señor al lado nuestro que cuando fue a catar el vino, directamente pasó a la cava de puros… Y una señora de detrás le dijo a su marido que no sabía qué tenía ese restaurante, pero que no había probado un “risotto” en toda su vida que le supiera a croquetas de almejas ‘crustillé’. Así que yo no tuve más opciones que decirle a Milú que pasara directamente al postre que es lo que iba a hacer yo, o haría estragos en el restaurante como tuviéramos que continuar ahí por mucho más tiempo.
Al final de la cena me encuentro dos mesas más allá con un amigo que sólo reconozco por la nuca y la oreja izquierda, pienso que es mi amigo “Traumatólogo” y “Cirujano Ortopédico”, y allá que me voy sin contemplaciones cuando su acompañante de dos metros de piernas y melena rubia perfectamente mechada se larga al baño. Voy a su mesa y le digo: “Fulanito, ¿qué tal?...” y el tío me mira mientras le da un trago a su copa de agua y me dice…”Me confundes con otro…” y yo pensando para mí; que después del puzzle de mesas que he tenido que sortear, tratando de no tirar ni los bolsos, ni los abrigos, ni en mi caso las compras (las traje para mostrárselas a mis amigas), ya es tener mala suerte si encima; después de disculparme y darme la vuelta, la rubia me ha oído. Pues nada, que le digo: “Ay!, ¡perdona!, es que por detrás eres clavadito a mi amigo, ¡cuánto lo siento!...” y ¡zas!, la rubia que pasa por la mesa, se sienta, y me lanza una mirada inquisitiva de querer arrancarme los rizos uno a uno con pinzas de depilar…
Vuelvo a mi asiento, y Casilda que ya estaba en su salsa (con la ‘chispera’ propia de quien aguanta veinte paellas de golpe y una tanda de pinchitos de tortilla, pero en un cuerpo tan ‘pequeñito’ el alcohol se siente el rey), me dice que ponga la pasta (nunca mejor dicho) y que nos vayamos ya a tomar copas, y que no salude por hoy a más nadie si no estoy segura de saber hasta su DNI. Total, que salimos y nos vamos de copas (para los que no lo sepáis: yo soy abstemia para los copazos, así que exceptuando el vino, yo no bebí más alcohol en toda la noche).
Los chicos propusieron un sitio en la zona de “Chueca” que pillaba cerquita, así que sólo tuvimos que abrir las puertas del coche de uno de ellos que estaba al lado del restaurante, para que yo abocara mis bolsas teniendo que darles un par de empujones para que cupiesen dentro y se pudiera cerrar la puerta, y nos fuimos.
El local era pequeño y ecléctico, demasiada luz a mi gusto, y estaba vacío. Llegamos los cinco y nos sentamos en la barra, donde cada cual se pidió sus copas y / o ‘cóckteles’ varios. Milú y yo nos cambiamos de sitio y nos sentamos en un sofá muy ‘chic’ que había al fondo, y Casilda y sus amigos se quedaron en la barra esperando a que “Marité” (una niña súper simpática, agradable, divertida, diferente…) viniera y se uniera a nosotros. El ‘barman’ era uno de los encargados, y una monstruosidad de mujer que se hacinaba a un lado de la barra era la otra encargada del local. La noche iba de italianos, porque el tipo era de “Rimini”, y ahí que nos dio la tabarra cuando nos mudamos de asiento, a Milú y a mí, con que nos invitaba a conocer a la bella Italia, y con que si le dábamos nuestro teléfono, que si nos parecíamos a no sé qué lindezas, etcétera, etcétera…
Después de media hora Marité vino, saludó a la entrada a los otros chicos y se quedó charlando con nosotras, y al cabo de la hora de estar ahí hablando de nuestras cosas, mientras ninguneábamos al Italiano que seguía hablando solo y soltando babas pringadas de “Bella Regazza”, uno de los chicos nos avisa de que Casilda está en el lavabo llorando como una descosida.
Resulta que las puertas de los aseos son de estas modernas y de grosor imposible, de las que se abren para ambos lados y de las que no están preparadas para que mujeres orangutanes y con tipo de camionera en apuros pegara un empujón bestial hacia dentro, cuando mi Casilda hacía lo propio hacia fuera, y le pilló la mano, dejándole los dedos ‘anular’ y ‘meñique’ de la mano izquierda más morados que un ‘palodú’. Y claro, entre que mi Casilda es poco sufrida, entre que había mezclado todo tipo de ‘cóckteles’, y entre que “la legionaria” no tuvo ni la amabilidad de disculparse mil veces de la forma debida (diciéndole a Casilda que como la veía tan mal ‘de lo suyo’ lo mejor antes de amputar sería llamar a la policía para que la metiese a ella en “chirona” por ser fea y además torpe, y a una ambulancia para ocuparse de su mano), estaba tirada en el suelo a lágrima viva, pidiendo que le trajéramos la copa a ver si se le pasaba el dolor, que así ella no iba a ir a trabajar al día siguiente con lo mal que queda llegar al trabajo con los dedos negros, y se puso a las dos de la mañana a llamar a su padre...
El buen hombre menos mal que no tenía el móvil operativo, pero si en ese momento coge el teléfono, al señor le da un síncope ahí mismo pensando en que a su hija, que no se le entendía un pimiento, dicho sea de paso, la habían robado, apaleado, violado y rapado el pelo a tirón limpio. El caso es que ella le dejó un mensaje en condiciones, más o menos así:
_“Pa… papá… ¡papá!, ay!, ¡qué daño!... Me duele, me duele… ¡me duele mucho!, ¡la mano negra!... ¡Qué daño!... La gorda, la gilipollas gorda ésta… ¡La gorda!... ¡Que sí!, que llamo a mi padre que venga a por mí que para algo es mi padre, ¡no os voy a molestar a vosotros que sois mis amigos!, ¡es su obligación de padre que para algo está!… Tú; ¡enciéndeme un cigarro!, y tú, ¡acércame la copa!… (a nosotros mientras estaba al habla con el contestador del móvil de su Señor Padre)… Ay!, ¡PapaaaaaaÁ!, ¡qué dolor más insoportable!... Ven a por mi… ¡VEN YA!... ¡Que me muero!...”
Cuelga el teléfono, decidimos llevarla a urgencias; y a la tía le da un ataque de risa mojado en lágrimas (o por las copas, o por el dolor, o por el tema de la ovulación; esto no se sabe con certeza).
El caso es que salimos fuera, despotrica contra ‘La Gorda’ y se mete con el color rojo- fucsia de su pelo, la llama cutre y desaforada, y me incita a que le pida la cuenta a ella de nuevo por haberle cobrado las tres copas que se tomó más el cóctel, la tranquilizamos, y Milú y yo la cogemos por banda para llevarla a urgencias.
Llegamos a su coche, lo conduzco yo, y la pobre está con un dolor pavoroso y llorando y riendo en la misma cuantía y casi al mismo tiempo… Su estado es grave, concluimos Milú y yo, así que piso el acelerador y nos vamos a la “Clínica Madrid” (clínica privada que parecía la entrada de lujo del “Lady Pepa” de la “Calle San Lorenzo”, con un homónimo del encargado bigotudo llamado Isaac). El ‘Isaac’ de la clínica era un armario de hombre con cara de malas pulgas, se asoma a la mirilla y cuando ve a Casilda agarrada a Milú y a mí, nos abre la puerta y nos dice que subamos. Arriba en una mesa estilo pupitre de la época de la “LOGSE”, nos atiende un médico lleno de “pearcings” que nos dice antes siquiera de preguntarnos qué nos ocurre, a qué seguro médico vamos a encargar la factura del coste de la urgencia en cuestión.
Casilda desparrama el bolso buscando el monedero (en los bolsos de las chicas es mejor siempre no hurgar, porque te puedes encontrar desde un par de medias, hasta un manguito del coche que como hacía un ruido exagerado y no nos dejaba escuchar el CD de “Luis Miguel”, lo hemos arrancado de cuajo y lo llevamos ahí por si un caso, hasta un cenicero moderno que hemos sisado de algún restaurante, pasando por los maquillajes de turno, las gafas de sol, la invitación de la boda de tu peor amiga – que la llevas para mostrar el mal gusto que ha tenido al elegir la tipografía de las letras- las muestras de mini perfumes que te regalan, y un muñeco “budú” para que a tu ex no se le cure la hernia de hiato ni en un millón de años).
Después de estar hurgando entre sus cosas como unos cinco minutos, ninguna encontramos la tarjeta de su seguro médico, así que le rogamos al susodicho doctor que comprobase los datos con “Sanitas” y “Asisa”. El tío faltón, no paró de refunfuñar y de decir: “Oye niñas, no me pienso pasar la noche comprobando de qué compañía sois, así que si en esta segunda no estáis, ya os podéis ir porque en esta Clínica no se os puede atender”. Casilda súper educada le dijo: “Oiga mire, yo estoy fatal, mire cómo llevo la mano, no puedo mover los dedos, y usted no tiene derecho a hablarme de esta manera cuando yo estoy aquí aguantando el dolor y tratándole con mucha educación”
El macarra éste, empezó a levantar la voz y a decir: “Pues yo estoy acostumbrado a tratar a los pacientes y sé lo que es hacer guardia, y hablo como me parece bien…” Total, que por tal de no darle una colleja que le hiciera empotrar su careto contra la pantalla del PC, y dejarle el “pearcing” de la ceja incrustado dentro, nos largamos a un hospital de la “Seguridad Social” con la idea de que nos confundan con “inmigrantes sin papeles” de los que tanto gustan a los secuaces del “PSOE” y así nos traten antes y mejor.
Una vez en la sala de urgencias del hospital elegido (al azar, simplemente por proximidad), nos atiende una recepcionista que nos dice que tenemos que esperar a que nos llamen de “Rayos” para hacer la radiografía necesaria. Nos llaman, pero no de cualquier manera, no, sino con una bocina por lo menos… Seguimos a un celador que nos dejó en un pasillo y nos dijo que no nos moviéramos de ahí al estilo “Mussolini” (lo veo más propio ya que la noche iba de italianos). De la nada aparece una señora que parecía un champiñón gigante (cuerpo menudo y cabeza estilo cardado años ’60), nos mira de arriba abajo a las tres y nos dice: “¡Qué hacéis aquí!, ¡esperaos ahí detrás sentadas!... ¡CoÑo, qué nochecita!” (esto dicho con un tono de voz, que uno de los pocos ‘Serenos’ que aún quedaban en Madrid, esa noche fue hospitalizado de paro cardiaco y le tuvieron que poner un “doble bypass”).
Hecha la radiografía nos sentamos a esperar, después de tres horas esperando pacientemente en urgencias muertas de frío, nos acercamos educadamente a ver si nos podía atender alguien, asustadas por si en vez de gritarnos y rompernos el tímpano, directamente nos metían una broca del doce en la oreja, la señora de recepción nos dijo que teníamos que esperar a que el médico nos diera la baja voluntaria (¿cómo de baja, Señora?… Si no hemos ni ingresado… ¡No entendíamos nada!). Ella insistía: _¡Niñas!, ¡que hasta que no venga un médico a daros firmados los papeles de la baja no os damos la radiografía ni nada de nada!, con que así es que, ¡iros si queréis!… Y resulta; ¡que estáis de suerte!, que esta noche ha habido cinco accidentes en la ‘N-V’ y no habrá ningún médico disponible hasta dentro de siete horas…¡Vosotras mismas!... Y quitaros de la ventanilla de una vez, que me obstaculizáis la visión y se me descontrola la gente” (¿Qué?, ¿y “El Segurata“ que pasaba por nuestro lado sin parar de mirarnos el escote lo tenéis para que dé colorido a urgencias o para que incomode al personal?). Total, que yo ya empiezo a cabrearme de verdad y a afilar mi “Pilot” pensando en las veinte páginas de reclamación que iba a poner, cuando veo a un chaval jovencito saliendo por un pasillo con cara de ser un “Médico en apuros serios”, y me voy derecha hacia él diciendo que si es médico, sea ‘Residente’ del año que sea y de la especialidad que sea, que nos firme el papel que haga falta y que nos ponga una “Post Data” con un “No volver jamás u os matamos en vez de curaros” si quiere, pero que nos dé la maldita radiografía para poder salir por fin de aquel infierno, porque directamente nos estaban tratando como si fuéramos unas apestadas.
El chaval se apiadó, y a los cinco minutos una chica súper simpática, ‘Residente’ de “Primero de Traumatología”, nos atiende súper educada después de estar en un turno de Urgencias de 24 horas (así funciona nuestra “Seguridad Social”, a la que debemos pagar todo hijo de vecino español de padre y madre), y después de mirar a Casilda sus deditos, le pone un vendaje con celo (cosa que en cualquier otra circunstancia nos habría parecido sospechosa, pero que dado el caso; era como si nos pusieran en una fría noche de invierno un “foulard” de ‘cachemira’ auténtico) y le dice que a las malas; o bien se le caería la uña o se la tendrían que pinchar para que supurase la herida.
Nos la queríamos comer a besos ahí mismo; yo me vine arriba y le dije que si la maltrataban como a nosotras, que la pasaría ’enchufada’ al “Asepeyo”, donde mi amigo, que es un “Médico Traumatólogo de Pro” (no el del restaurante, sino el real), la acogería con todo el amor del mundo, y que ya me las apañaría y ajustaría cuentas yo con él como fuese… ¡Qué mona!
Total, que radiografía y papeles en mano, nos vamos en el coche, Casilda mientras lloraba, nosotras para calmarla le dábamos por exigencia expresa de la propia lisiada un “Ibuprofeno”, y después de tres, y del aire frío de la noche, decía que ya estaba buena, que a trabajar no iba, pero que si sabíamos de algún sitio que a las seis y media de la mañana pusieran copas un martes, que la llevásemos sin dudarlo por cutre que fuera, que ella ya no estaba para ir así a casa. Total, que llama a su padre para aclararle lo del mensaje y decirle que estaba en casa de una amiga, y que todo bien, pero resulta que el padre ya había comprobado sus mensajes y no había ninguno de ella (¡a saber a quién habría llamado!).
Después de dejar a Milú en su casa, Casilda me obliga a llevarla a no sé cuantos sitios (todos cerrados), y acabamos en una gasolinera de mala muerte, comiendo unos bocatas horribles de morir, ‘deleitándonos’ la vista con todo tipo de revistas guarras que en mi vida había visto ni nombrar, y que estaban enfrente de la barra donde teníamos el bocata rancio que nos habían servido a medio calentar.
En fin, que de nuevo dentro del coche, apoquinadas y Casilda drogada a base de “Ibuprofenos”, con la calefacción y la música a tope, viendo como la gente normal y corriente sale a la calle para levantar el país, mientras nosotras seguimos confirmando la idea de que ser humano y tener que madrugar es un asco insoportable; convinimos que si en algún momento nos habíamos hecho a la idea de tener que lesionarnos para no levantarnos a esas horas tan europeas para ir al trabajo, estábamos erradas en la focalización del asunto: tendríamos que inventar una excusa mejor, porque pasar la noche en una sala de urgencias, sin un médico estilo “George Clooney” o el “Dr. Perk” (de “Anatomía de Grey”) que le de color al asunto, y sin una cafetería en condiciones donde poder ligar y no dar así como así el tiempo por perdido, era un remedio sin fundamento…
Así que ya lo sabéis querid@s: antes de salir; aprovisionarse de una buena petaca para matar horas de aburrimiento en estado sobrio. O haceros con la medicación de la abuela, que para un apuro; “a falta de pan, buenas son tortas”…
Besazo grande:
Rocío Medina
P.D.: Ya lo dijo“Samuel Butler”: “The man who lets himself be bored is even more contemptible than the bore”.
servido por rociomedina
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26 Febrero 2008
Querid@s Tod@s:
Como llevamos una vida de lo más interesante, hoy, después de mi odisea hospitalaria de esta madrugada (os lo cuento en otro “post”), he decidido salir un poco a inspeccionar de una manera totalmente invisible (voy de incógnito), lo que nos depara la noche madrileña para todos aquellos que abrumados de planazos, hayáis decidido quedaros en casa sin tener más ocupación que el mirar a cada cinco minutos el móvil y la “Blackberry” por si la ‘persona’ en cuestión ha dado señales de vida...
Así pues, me pongo mis trapos buenos de ‘Las Rebajas’ (todos a la vez) uno encima de otro, y me voy así de incógnito a los locales nocturnos de Madrid.
Al primer hombre que me encuentro es a “Humphrey Bogart”, como lo estáis leyendo. Me siento a su lado, refunfuña con esa mirada encallada de ojeras ahumadas y ojos encerrados en las ‘bolsas de la vida’ (esto siempre lo dice una amiga muy ‘pija’ cincuentona de mi tía, por no decir que le da pánico meterse en un quirófano y que le quiten las bolsas de los ojos, ella dice que son su identidad vital: “bolsas de la vida”. No tratéis de comprenderlo, porque yo a día de hoy, sigo sin entenderla. Imaginad, aunque me desvíe del tema, que ella jamás utiliza un vocabulario normal, ella no dice: “Ponme un vaso de leche frío”, ella dice: “Cari, por favor, tomaría ahora mismo un vasito de leche fresquita como recién sacada de una nevera”. Mujer, ¡por Dios!, estamos en verano, ¡en Sevilla para más inri!, lo de ‘cari’ me mosquea pero te lo paso, pero que pretendas que el vaso de leche esté frío sin haber sido metido en una nevera antes, es que es muy ‘gore’... ¿Qué quieres?, ¿qué te lo ponga con hielo picado o que me vaya con el ‘Tetra brik’ antes a Siberia a ver si allí toma la temperatura exacta?). Pues como decía; estoy ahí sentada al lado del Bogart, que me mira con ese gesto pétreo, inexpresivo, de mirada aburrida, encorsetado encima del taburete, y cuando reconozco de quién se trata, me largo a la máquina a cogerme un paquete de ‘Ducados’ negro. Regreso a su lado y le pido fuego, refunfuña sin decirme nada, me alarga su ‘zippo’, y vuelve a lo suyo meneando el hielo del ‘whiskey’.
Los hombres tipo Bogart son mercenarios del corazón, lo clavan y lo parten en dos como un ‘karateka’ profesional: no son guapos, ni habladores, ni tiernos, no son altos, ni tienen cuerpazos increíbles que lucir, sin embargo tienen un ‘algo’ imposible de transcribir; los rodea un halo de misterio frío, sobrecogedor, que nos hace temblar cuando les tenemos cerca. Nos transmiten pánico, un miedo aterrador, pero nos inyectan a la vez esa sensación de proyección invisible que se traspasa a través del oxígeno convertido en feromonas. Nos seducen sin hablarnos, sin mirarnos, sin estar pendientes, sin acercarse, sin hacerse notar... Y a la vez, su presencia, que no es nada; se convierte en algo imprescindible que inunda cualquier rincón.
Y mientras intentaba conversar con él, él ni me miraba, bamboleaba su media copa con elegancia sublime, y yo sabía que pensaba en otra, en esa otra “Ingrid Bergman” que se escapa con su media melena ondeante empapada en agua de lluvia para reencontrarse, quizás en otra vida... Y allí seguía yo; camuflada, invisible, en un bar lleno de gente, admirando a ese hombre Bogart con su cigarrillo perenne...
La madrugada estaba apunto de sucumbir sobre las teclas de “Sam”, y yo conseguí sacarle un par de palabras a mi amigo Humphrey. Le pregunté que si después de un siglo seguía viendo el panorama nocturno igual que recordaba... Pero borracha y mareada, sus palabras no eran entendibles, tan sólo el caer de su ceniza a la barra, donde sumergía medio cuerpo, le hacían vivo ante los demás... Nada corría deprisa, tan sólo la música sonaba en acordes volátiles que hacían brillar los zapatos de charol en mitad de la pista de baile.
Así que pensé que me quedaría con un hombre Bogart para toda la vida, sin hablar; rotundos y sinceros hasta dolerte, abrumados por el mundo, cabreados contra él, y sin embargo, masoquistas que degustan la doble vertiente de la vida: entre lo divino y lo humano. Sin más metas y pretensiones que la suya propia, sin pedir nada, sin exigir nada, sin tener que hablar ya comunican hasta sin apenas moverse... Tienen un estado imperecedero de duración más allá del tiempo y son adorados u odiados, pero siempre en el odio hay una parte de reconocimiento personal; la envidia se traduce en el éxtasis de despotricar al vecino porque tiene aquello que nos jode no tener a nosotros...
Entre el mareo de los cigarros y las copas, llamo a una de mis mejores amigas y le invito que vea a Bogart en directo; a mi hombre ideal, y ella me dice que no está del todo segura, pero que si no se parece al guapo rubito y con barbita de “Grey’s Anatomy”, que ya la puedo estar esperando sentada el tiempo que haga falta que no se menea de donde está. Pero mujer, le digo yo impaciente; que este tío es un clásico en el mundo del “Macho-Man”, y ella me dice: “Mira Rocío, ¡no me insistas!, a menos que sea el típico’ hombre-obrero’ sudoroso y tatuado de un anuncio de ‘Coca-cola’ , y que le vea cargando cajas de 70 kilos sin inmutarse, yo no me piro de aquí que le he’ echao’ el ojo a uno que dice ser de Miami, y ya sabes lo que dicen de ese sitio; que allí te llevan hasta en yate a tomar unas copas o un piscolabis...” Total, que miro a Bogart, le cuento lo que ha dicho mi amiga, y él hace un gesto de asco y de un sólo trago se bebe la copa del tirón. Entonces refunfuña, y pide otro doble de ‘whiskey’: ¡Así se hace, hombre!...
Cuando ya di mi charla por agotada, y le veía a él cansino, más de la cuenta, vagueando en el recuerdo de aquellos callejones oscuros, intentando encontrar algo que nos deshumanice y nos reconvierta en la patente búsqueda de no ser seres vivos con capacidad para amar y sufrir. Y pienso en lo rápido que corre mi tiempo y en la lentitud con la que circula la vida... De pronto, veo bajarse de un “Morgan” auténtico (¿o era un “Hurtan”?; la verdad es que yo de coches antiguos no tengo ni idea) al mismísimo “Retht Butler”, sin su “Scarlett O’Hara”, por supuesto; y antes de que mi Humphrey se de cuenta, me voy a la puerta a hablar con “Clark Gable”.
Clark es un hombre simpático, su bigotillo cuidado y minúsculo, que se arquea con su sonrisa de hoyuelos, ya me hace entender que tendremos una charla animada. Este hombre es de los “Elegantes Perpetuos”, con sus zapatos de cordones bicolor, con su traje de chaqueta oscuro, y sus increíbles ojos verdes agua, que mezclan la calidez de su gesta con la frialdad de la “turmalina paraiba”. Le sonrío y le pido un autógrafo, así de penosa soy yo cuando me encuentro con hombretones así… Pero dice que está desganado, que no está para nada porque acaba de venir de la “Segunda Guerra Mundial”, donde se alistó tras la muerte de su tercera esposa, la actriz “Carole Lombard”, y que ahí en casa se ha quedado su cuarta mujer; con el plato de sopa con tabasco puesto sobre la mesa, mientras él esperaba a que se enfriara un poco haciendo boca con un soda con hielo.
Clark es un galán, él no anda; él desfila más estirado que una vela y revolotea como un Dios divino alrededor de sus propios pasos. Elegante, alto, caballeroso, educado, con un magnífico porte y un gusto exquisito… Estos hombres son los que jamás tendremos; aparecen ante nosotras con tanta perfección, que sin duda sabemos que son los maridos o parejas de otras, y además, sabemos que debemos salir huyendo para no caer en las redes del corazón tiñoso que se afana en enamorarnos de los hombres equivocados, así que son de los que se miran, se idolatran, y como mucho; se les pide un autógrafo mientras vas sintiendo que el corazón se te llena de lágrimas en descomposición…
Ahora si que salgo de verdad, que se ha puesto a saludar a Bogart, y yo no soy quién para estar en medio de una conversación de hombres.
En la puerta, echándome encima toda el agua de un charco, se para “James Dean” y me pregunta que si sé dónde está “Sara Montiel”. Pero hijo de mi vida, le digo yo, que ‘Saritísima’ tenía hoy programa de televisión y salía en “Hormigas Asesinas”, o algo así… y él se atusa un poco el tupé, me da las gracias, y arranca su “Porche 550 RS Spyder” y se larga a ‘tó lo que da’…
Estos “Dean” son los hombres que nos gustan siempre para un “Cambio Radical” de vida. Son los que te dicen: “Niña, vámonos al monte a vivir como ermitaños, a plantar tomates, a ir en busca de olas a algún lugar remoto de Australia, a la selva tropical (esa donde “Karmele Marchante” se llenaría de picotazos de mosquitos matones y cabreados por interrumpir en su hábitat natural con tan poco respeto, así sin avisar de que va la tele ni nada, para al menos poder acercarse a la peluquería a echarse un moldeador en las alas y poder rizarse las pestañas…), a cazar tigres, a pescar calamares gigantes para hacer ‘business’ en ‘El Brillante’… ”, y tú les sigues sin dudarlo siquiera porque tienen ese poder de atractivo tan demoledor, que aunque sabes que es un canalla, que le da probablemente al “crack”, que deja ronchas de miles de dólares a sus amigos y encima tiene una dieta muy poco recomendable, tú no tienes voluntad ante ellos: eres un imán perdido y solitario que en cuanto encuentra un hierro así de potente, te pegas a él sin saber siquiera que está enrobinado. Y entonces te conviertes en la eterna amiga de ese grupo fanático llamado “Ratpack” y jodidamente enamorada del ‘chico malo’…
En fin, que como mi casa pilla cerca, me voy dando un paseo a ver si mientras se me seca la ropa, pero lo cierto es que los “Ducados” no son lo mío y tengo que pedir ayuda a causa del mareo. Alargo el brazo ya que veo venir un taxi muy negro y muy lujoso, y mira por dónde mi miopía ‘in crescendo’ va y me hace parar al mismísimo “Cadillac Corleone”, con ‘Don Vito’ dentro y el resto de sus secuaces de la mafia siciliana.
¡Cómo nos gustan los convictos!...
Tienen esa heroicidad peligrosa que a la vez les mantienen impolutos por encima del bien y del mal. Nos matan de miedo pero a la vez nos hacen sentir protegidas por lo fuertes y seguros de sí mismos que parecen. No temen a nada ni a nadie, resuelven los problemas como debe ser; de raíz, para que no retalle el asunto. Si me ha abierto la puerta, me ha servido una copa de “Cristal”, y dice al chófer: “¡Estúpido!, da la vuelta que llevemos antes a la señorita a su casa… ¡No imbécil!, a ese le matamos luego que no hay prisa…Disculpa los modales de Jimmy, luego me encargo de él…” es que le he debido caer en gracia.
Deniego la copa, por si acaso no me veo lúcida a la hora de despedirme y después de encargarse del ‘asunto’ y luego de Jimmy, le quedan fuerzas para ‘encargarse’ de mi, y ya lo que me faltaba (que soy joven todavía y aún no he pensado en ningún epitafio que me quede bien)…
Cuando me deja en casa ya pinta un poco la luz del día, mi portero me pregunta que de qué fiesta vengo, que me trae un “Cadillac” de lo más que hay, y que yo voy vestida un poco rara… “Nada Don Fernando, usted no se preocupe, es que hemos cenado en un restaurante donde si dejabas buenas propinas te incluía un paseíto en cochazo…Pues no recuerdo ahora como se llama… Oiga mire, ya puestos, si ha venido mi periódico démelo y no me lo tire más contra la puerta, que está clavando las grapas donde la mirilla y el cristal me lo tiene usted rayado… Gracias, ¡hasta luego!”.
Cuando me tumbo en la cama a pensar en mi peripecia de hoy, me doy cuenta de que estos son los prototipos de hombres más denostados, pero a la vez, los que más nos gustan a las chicas: “Macho-Man” al estilo Humphrey Bogart, los “Elegantes Perpetuos” a lo Clark Gable, los de “Cambio Radical” imperecederos al más puro estilo James Dean, y los “Mafiosos” estilo Don Vito Corleone. Luego hay otros muchos, pero estos son los más demandados… Veamos ejemplos inspirados en el Siglo XXI:
“Macho-Man”: Políticamente incorrectos, pesimistas, cínicos, molestos, irritantes, cabreados, ácratas, poco cariñosos, carismáticos, hirientes, con sinceridad demoledora, y con un sentido del humor negro muy peculiar: estilo ‘Greg House’ (incluidas sus zapatillas de presentación “ New Balance modelo 1300” y su cojera; todo tan perfecto no podía ser…)
Yendo un poco más lejos, también podría encajar aquí “Bruce Willis”, que es hoy en día el tío al que mejor le queda la calva del mundo, que nos gusta a todas pese a todo, y que es sin lugar a dudas el heredero universal de “Bogart” fumándose un cigarro. Pasamos por alto el que sea bajito, el que pueda ser putero, insolente o mandón; de “Bruce” nos gusta todo: sus muecas, su cara de cabreo, su sonrisa, su culo con vaqueros o sin ellos; hasta su ‘ex mujer’ nos encanta…
Un hombre ‘Bruce’ es ya un “Macho- Man” por derecho propio, es de los que al nacer ya sueltan tacos: _“Madre, ¡joder!, ¡me ‘cawen la puta’!, ¿no has podido parirme a otra hora?... Hoy juegan los ‘Knicks’, ¡maldita sea!” .
Te da igual que estén cabreados; siguen siendo ‘sexys’, que estén fumando puros con las botas llenas de tierra y apestando a gasolina, poniéndolas sobre la mesa llena de restos de cerveza, colillas, y ‘pizza’: es un tío ‘sexy’. Da igual que esté pegando gritos por teléfono a tu mejor amiga, a tu padre, o que te amenace seriamente en la cama con que o aprendes a poner posturitas poco ortodoxas o se larga con otra: es un tío tremendamente ‘sexy’… Como el “Dr. House”; no importa lo irritante que llegue a ser, que ahí estás tú estoica, como una ‘Cameron’ cualquiera, aguantándole sus despotricamientos varios, que aunque sólo sea por el hecho de que te permita llevarle el café, ya merece la pena tener que estar soportando lo que te echen (incluido los meses de talego que correspondan por haber allanado la casa de una paciente sin su consentimiento; porque sólo el hecho de que ‘House’ nos suba a su moto y podamos agarrarnos a él teniendo cuidado de que el bastón no tropiece con nuestros tacones y se nos caiga la moto encima, ya nos tiene satisfechas).
“Elegantes Perpetuos”: Sonrientes, encantadores de serpientes, fuertes, un ‘pelín’ canallas pero con gracia, superficiales, buen gusto para vestir, sutiles, enérgicos, guapos, buenas hechuras, altivos, dominantes, soberbios; estilo “George Clooney”, aunque si eres de las que te vas más por los derroteros modernos del ‘Hollywood’ romanticón de hoy día, pongamos que tu tipo encaja más con “Daniel Craig” o “Pierce Brosnan”.
Ellos son así porque lo valen: aquí no importa que tengan relojes buenos, cochazos impresionantes, ropa hecha a medida, abdominales sacados de la mejor portada del “Men’s Health”, y los mejores zapatos milaneses del mundo; son cosas que ya das por hecho. Ellos hasta desnudos pintan bien, incluso como que nos ‘pone’ un poco el imaginárnoslos con esa cutrez de ropa llamada “chándal”; porque es algo tan improbable que suceda que el hecho de imaginártelos hechos un asco nos despierta fantasías inconfesables. Ni para “Carnaval”…
Son esos golfos vanidosos que nos embelesan con su buen porte, nos hacen levitar cuando nos abren la puerta para que pasemos primero, nos tratan como señoras aún no siendo más que unas ‘pelandruscas’ del tres al cuarto. Nos conquistan delicadamente, nos miran de manera irónica; y esa mirada nos clava un sedal por dentro que nos llega desde las amígdalas hasta las tripas, y nos da todo vueltas de campana. Así que sólo pensamos en lo irresistibles que resultan hasta cuando se suben la pata del pantalón para sentarse correctamente en la mesa… Son de los que se levantan del coche y acuden a abrirte la puerta para ayudarte a bajar siempre. No importa que no seamos su tipo; él nos lo hace creer a pies juntillas y son los eternos galanes. Los únicos que sólo podríamos imaginar tener si están tras una vitrina…
“Cambio Radical”: Bromistas que desprenden un aire libertino tan salvaje como una ola brutal, aventureros, idealistas, soñadores, macarras, revolucionarios, libres, apasionados, canallas, indómitos, rebeldes, perturbadores, greñosos, ‘sexys’… Estilo: “Johnny Deep”, “Brad Pitt” en la película “El Club de la Lucha” (bueno, y en cualquier otra ‘peli’), y “Matthew McConneghey” (si eres de los nostálgicos recuerda a “Mickey Rourke” en “Nueve semanas y media” o en “Orquídea Salvaje”, y céntrate en Mickey y no en “Carré Otis” ni en “Assumpta Serna”, que aunque os parezca increíble actuó en este ‘film’).
Ellos son capaces de serte infieles, de reconocértelo sin tapujos mientras se quitan la camiseta llena de grasa de la moto, y cuando se dan la vuelta y te miran la cara descompuesta soltando pucheritos apunto de reventar, te meten un besazo a lo bestia y sin creerte siquiera cómo ha pasado, te escuchas diciéndoles: “Cariño, no importa, ¡no hay nada que perdonar!…Gracias por haberme sido infiel pero por favor, para la próxima vez al menos llega puntual a casa que la lasaña no puede esperar…”, y entonces es cuando te suenas los mocos, curándote la dignidad, y vas al espejo a quitarte el rimel corrido, y pegarte capones contra él por lo estúpida que has sido al pensar en que te ha puesto cuernos con mala fe…
Nos perjudican seriamente nuestra ‘psique’; nos embaucan de una manera tan global que podemos tirar por tierra nuestra escala de valores y pasar de golpe de ser una opusina recatada, a ser una pirada que planta macetas de ‘marihuana’. Por ellos, podríamos dejar de lado nuestro ático en “Velázquez” e irnos a Barbate a recoger ‘paquetitos’ por la bahía como si fuéramos ‘bosquimanos’. A tirar nuestros “Jimmy Choo” ideales y cambiarlos por botas estilo “Jon Bon Jovi” conjuntadas con vaqueros remendados, y enseñando los rabillos del tanga cutre del “Todo a Cien”…
“Los Mafiosos”: Convictos probados que logran parecer ‘sexys‘ pese a ser de los malos malísimos. No tienen por qué ser asesinos a sueldo, basta con haberse probado que han hecho ruindades muy gordas (“Oye, ‘Sr. Julián Muñoz’, ¿usted apártese ahora mismo de mi mente?, ¡que yo tenía proyectado otro tipo de hombre más a lo ‘Mario Conde’!…” ¡Qué horror!, de repente aparecía ante mí este señor con bigote y agarrado a una señora con volantes, mantón de Manila y flor rociera, paseando por las calles de Marbella con el palillo de dientes en la boca, y el pantalón con cinturón y tirantes; y casi me da una ‘parada ventricular’ aquí mismo!) Pero sí, logro visualizar a “Mario Conde”...
No me digáis que no mola tener un hombre como él (o como “John Gotti”, “Vincent ‘Mad Dog’ Col”, “Joe Rao”… todos de la misma quita de promoción del crimen organizado). ‘Mario’ es así: elegante, engominado, la gente le grita y le llama golfo (y demás insultos que no reproduciré), y él sonríe sin despeinarse siquiera, da las gracias como debe ser (que la dignidad y la clase no falten), y entra al juzgado acusado de no sé cuántos delitos, con su indumentaria de letrado (la “toga”), de terciopelo y de marca “deluxe” personalizada. Si este hombre en ese preciso instante se levanta del banquillo de los acusados y mata a tiro limpio a seiscientas personas, es igual de perdonable como si lo hubiese hecho un agente “007”; te dan ganas de tirarte a su cuello y comértelo a besos ahí mismo por lo macho que es. ¡Qué más da lo que haya robado!, a nosotras nos fascina el tener a un convicto entre nuestras sábanas porque nos recrea el poder absoluto de saber que estamos con un tío con carácter y unos ‘cromosomas’ bien puestos…
Tener un novio mafioso es lo más de lo más; son intocables, inteligentes y listos, altaneros, presuntuosos, granujas; y encima no lo tienen ni que esconder porque es como perder su signo de identidad vital.
Pero lo que está claro es que no sólo existen estos cuatro prototipos de hombres, existen muchos otros más; pero estos son los originales, los legítimos, los machos que siempre han dominado las estepas de las relaciones allá por los mundos. Siempre han existido estos tipos únicos de seres masculinos. El resto de la progenie existencial no es más que una variante de estos cigotos primigenios y genuinos.
En fin querid@s, que las disparidades de estos géneros, que son no menos interesantes, serán debidamente especificadas, aclaradas y comentadas en otro futuro ‘post’…
Un besazo,
Rocío Medina
.D.: ¿A cuál de ellos pertenecéis vosotros?, Comunicádmelo ‘please’; ¡nunca se sabe!…
servido por rociomedina
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5 Febrero 2008
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Querid@s Tod@s:
En la vida no hay nada más interesante que el tema chico busca chica, chica busca chico y de ahí; las combinaciones que quieran hacerse (chica busca chica, chica busca chico y chica, chico busca chicas, chico busca chico... etc. etc.)
Cuando os mandé el otro día un ‘post’ hablando del sexo masculino, me di cuenta de las cosas que me dejé en el tintero cuando mi amigo Ramón G. M. me escribió una frase lapidaria: “El que más quiere siempre es el que más pierde” y también me dijo, y ahí le doy la razón; que no se puede clasificar al sexo que nos gusta por tipos, porque depende del estado de ánimo, y de la parte que nos toque vivir (si estamos locas por ellos, o ellos por nosotras) pasamos a ser de un bando o de otro...
También mi amigo Fernon se sintió muy ofendido, tras leerme se clasificó él solito en cierto grupo, y aunque yo no estoy nada de acuerdo, a él le pareció que era donde debía estar... Y francamente, Ramón tenía razón; según el ojo ajeno que te mire (así que no te mires tú, deja que miremos los demás) en esa clasificación estarás... Y desde luego que no puedo obviar el comentario tan al caso que me envió Álvaro, un colega empresario acerca de lo mucho que estamos perdiendo las mujeres por hacer caso del progreso que trata de mimetizarnos en todo a hombres y mujeres.
Últimamente los estados de ánimo están muy alterados, no podía pasar por alto esta evidencia entre mis amigos y amigas (o sea; entre todos vosotros)... Tal vez sea la edad, o tal vez el trabajo, o sencillamente; que el mundo ha cambiado y nos ofrece tantas expectativas fabulosas tras las vitrinas, que cuando vamos a ‘comprarlas’, se convierten en los anuncios de antaño (que el muñeco que en televisión sin ningún tipo de referencias era un gigante articulado, en nuestra casa; es un enano acartonado que encima funciona sin pilas) O sea; el panorama en cuanto al ligoteo para gente mayor de 27 años está fatal, fatal...
Mis niñas me aseguran que es porque los hombres que les gustan, son los maromos con ‘pintas’ bien, educados, con buena conversación, con un ‘algo’ interesante... y esos chicos, obviamente; exigen algo más que una chica mona y “tontita” en cuanto a una relación seria se refiere. Pero claro, una vez que la chica mona saca dotes para conversar con un cierto nivel cultural, el hombre recula, y o bien se afana en el tema: “vayámonos a la cama ya”, o bien la deja más tirada que una colilla en un campo de fútbol porque piensa que son de las mujeres peligrosas que pueden llegar a “cazarle” sin que se de cuenta... Y venga con la manía de “cazar” (¿no podríais dejar este término aparcado cuando os venís de las monterías?).
Mis amigos aseguran que la cosa no está tan clara, que es que las mujeres ya no esperan que se las conquiste como antes, sino que desde el minuto uno ya te andan con exigencias soberanas y o son capaces ellos de alcanzarlas para poder ofrecérselas a las hembras, o éstas se van con el primero que llega. También me confirman que las mujeres hoy en día nos hemos vuelto peligrosas según ese “status o cliché social” al que me he referido antes; y que o se quiere a un tío para el mamoneo (y le da igual lo pillados que los hombres estén) o los quieren para padres de sus hijos (así, sin término medio) y claro, eso como que asusta hasta al más pintado...
De todas formas, hay un hecho que debo poner en claro como mujer; no importa lo que la vida haya progresado en estos temas, que la modernidad nunca nos hace renunciar a una buena conquista. Me explico: todas las chicas hoy en día sin excepción, aseguran que el “hombre conquistador” ha desaparecido, y que tal vez, por mucho que el progreso nos haya elevado por méritos propios a puestos directivos, una no deja de ser mujer, con sus roles de mujer, y no deja de ansiar que sea el hombre el que se lance a la conquista... Y el hombre en cambio; asegura que ya no sabe cómo conquistarnos porque estamos tan a vueltas de todo, que en cuanto intentan lo que sea, nosotras nos adelantamos y sabemos de sobra sus propósitos, y al final, acabamos ‘descojonándonos’ de ellos en su cara, pasando olímpicamente de quedar, y haciéndoles sentir ridículos y arcaicos... ¿Dónde está el límite?.
Pues tras horas de conversaciones con individuos de ambos sexos, he ahí la conclusión:
- La conquista por el hombre está, no socialmente en alza, sino que tras haber pasado la época de los ’60 donde el amor libre estaba muy bien, la época de los ’80 donde la revolución femenina nos oprimía el ansia de querer ser conquistadas y experimentar el ser nosotras quien conquiste, y la época de la “Madonna” de los ‘90 donde el ser ‘virgen’ era un asco tremendo; estamos en crisis aguda y necesitamos que regresen esos hombres de “Eau de BRUMEL” que nos hagan volver a creer en machos protectores y en príncipes azules.
- Las mujeres necesitamos saber que pese a que esta nueva era del 2000 nos traiga toda clase de progresos y adelantos; donde se puede ser madre soltera, de alquiler, tener una familia multicultural, adopciones de ‘gays’, matrimonios de lesbianas, y programas televisivos donde especificar no sólo tus ‘polvos’, sino los de los demás, y que encima sea algo rentable económicamente y sociablemente aceptable, que también las mujeres seguimos siendo mujeres y por eso se nos perdona, y que podamos mantener nuestra identidad y defender las diferencias de Hombres y Mujeres. Porque somos radicalmente distintos y necesitamos ahora más que nunca defender esa diferencia, nos cuenten lo que nos cuenten los “abanderados de la cultura y lo progre del país”...
- Las chicas echamos de menos a esos hombres de antes, que nos seducían con las miradas, nos piropeaban educadamente, nos invitaban a cenar de una manera absolutamente relajada y elegante, y nos conquistaban a base de palabras con buen gusto, conversaciones ingeniosas, y nos permitían rendirles pleitesía mientras nos extasiaban contándonos sus proyectos de futuro, sin necesidad de pensar en ese momento incómodo que surge cuando te dejan en casa y no sabes si debes decirle: “Adelante, ¿quieres entrar y tomar una copa?”, o simplemente despedirte. Hoy en día, si dices lo primero; da por hecho que no le verás más, y si dices lo segundo, da por hecho que es prácticamente lo mismo, porque si estaba indeciso y encima le haces pensar que no te lo podrías ‘tirar’ esa misma noche después de haber estado desplegando encantos contigo; es que eres una ‘estrecha’ y no mereces la pena... Así que, ante esta lotería; ¿qué se debe hacer?.
- Los chicos echan de menos a esas mujeres de los años ‘hippies’ de nuestros padres, que aseguran una noche feliz sin más comederos de cabeza, pero a la vez se quejan de que ahora somos todas tan ‘lanzadas’ que el ligar con chicas y el intentar conquistarlas ya no tiene mérito, así que no encuentran a “Miss Right” ni poniendo anuncios en el periódico que rinde homenaje a los seguidores de “Don Jose María Escrivá de Balaguer”. Quieren que cuando están ‘cachondos’ seamos unas lobas, y cuando están en plan ‘depre’ porque el trabajo les agobia, sus amigos empiezan a casarse, y las facturas se les amontonan porque no han sabido hacer un buen balance de sus ingresos y sus gastos; seamos esas niñas adorables y recatadas, con caritas de muñeca, que parpadean y sonríen todo el rato, les decimos que sí a todo sin preguntar y que cuando nos suban la camiseta para meternos mano; nos asustemos y salgamos corriendo para que ellos se sientan en la obligación de salir tras nosotras, abrazarnos como a princesitas y prometernos seriamente que jamás osarán a hacernos esas “cochinadas”.
Estamos fatal, eso ya os lo digo yo. Así que tendremos que hacer examen de conciencia entre todos y mirarnos un poquito más por dentro a ver si damos con lo que realmente nos hace felices y lo que realmente podemos hacer por cambiar. O nos veremos todos dentro de setenta años (siendo muy optimistas) más solos que la una, escribiendo la suscripción para pedir asilo en “Fortuny”, jajajaja. ¿Os lo podéis imaginar?... Veríamos a “Merino” con su traje gris como siempre, tan serio como siempre, y habiendo convertido su palacio en una “Residencia del Inserso” sin necesidad de mantener las tarjetas VIP, y cambiando las botellas de ‘champange’ por vasos de leche.
De cualquier manera, voy a no ser tan tremendista, la buena noticia es que hoy en día no se es ni joven ni viejo; siempre se está en el punto exacto para aquel o aquella que nos mira con buenos ojos.
Para los chicos: Ya está bien de pensar que las tías que os gustan son unas interesadas que se fijan más en vuestro “Patek Philippe” (“Hamilton”, “Omega”, “Rolex”, “Cartier”…) que en vosotros. Y ya está bien de pensar que sólo nos dejamos invitar a una cena porque estamos ansiosas por “cazar” marido. Pensad que a veces también nos sentimos abrumadas por el trabajo, deseosas de una conversación interesante en una velada estupenda compartiendo un buen vino, y que tal vez queramos ver algo más en vosotros que no sea vuestra cartera y vuestro coche con el que venís a recogernos... Simplemente, pensad que nos atraéis porque sois estupendos y tenéis cosas interesantes que contar y que compartir.
Para las chicas: Ya está bien de creer que si un tío nos invita a cenar es porque está desesperado por llevarnos a la cama (bueno, esto pensadlo siempre porque más vale prevenir que curar... jajaja). Pero os puedo asegurar que hasta el tío más lujurioso, está ansioso por encontrar a una chica interesante que le aporte algo más que una cama en la que retozar unas horas. Así que hay que relajarse un poco más y dejar que nos descubran; que somos estupendas y tenemos mucho que ofrecer (aunque lo siento por los tíos; la relajación sólo dura hasta el postre de esa cena, después ponemos la barrera natural que la “Diosa Naturaleza” nos concedió para protegernos de esa misma índole con la que os dotó a ustedes, los varones, que es la de ir plantando semillas a diestro y siniestro).
Las cosas están así: nos tenemos miedo los unos a los otros porque no nos podemos fiar de nadie. Y es que las expectativas sociales están tan elevadas en todos los terrenos, que siempre nos generan la idea de competir, de ser mejores, de estar en nuestro mejor momento, y el hecho de no ser robots programados para la perfección absoluta a veces no conjunta demasiado bien con ello. Somos seres humanos y no podemos imponernos los unos a los otros el estar siempre dando un diez en todo para no defraudar a los demás ni a nosotros mismos, para que las expectativas que el otro pone en nosotros se vean disminuidas si estamos pasando por una mala época, y nos negamos este derecho a estar deprimidos o con una gran crisis existencialista, única y exclusivamente porque nos dejamos llevar por la marea que nos impone nuestro ritmo de vida profesional; así que somos incapaces de sentirnos débiles también ante los demás, y eso acaba por mermar nuestra verdadera personalidad de ser humano y a veces frágil, impresionable e incapacitado para todas aquellas cosas que nos exigimos cumplir y alcanzar.
Estamos a la defensiva; hemos creado una barrera tan enorme alrededor nuestro, que es impenetrable hasta que se nos trata mucho y nos permitimos el flaquear, y cuando esto pasa; ya es demasiado tarde y con nuestra muralla, también se ha mantenido al margen esa persona con la que habíamos generado expectativas.
Al final todo se resume en desconfianza, haber perdido la Fe en las relaciones de pareja, y en el sentirnos fracasados y frustrados ante el hecho de no poder asumir que somos imperfectos y que tarde o temprano; los demás también lo van a descubrir...
Dicho lo cual, creo que entre todos deberíamos cambiar y volver a asumir que hombres y mujeres somos Diferentes, iguales deseos, sentimientos parecidos; pero distintas maneras de proceder en la vida... Y sentirnos felices con esa diferencia porque ello hace que la vida sea como es, que siga ese curso vital que nos ha mantenido con vida durante millones de años, y que no perdamos nuestra esencia, por más que el mundo vaya cambiando...
Flaubert dijo: “El porvenir nos inquieta y el pasado nos retiene. He ahí por qué el presente se nos escapa”...
Besazo a todos,
Rocío Medina.
P.D.: “It’s better to be hated for what you are than to be loved for what you are not”, Andre Gide.
servido por rociomedina
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