Categoría: Músicas Leídas
14 Enero 2007
"AFINA LA GUITARRA" de DUQUENDE.
Ya se le conoce como grande entre los grandes, uno de los mejores para mí; quizá el mejor hoy en día.
Duquende es gitano, es desgarrador, y llora a herida sangrante en cada acorde de su garganta.
"Un fandango de Huerva" dicen sus gentes cantando, montando a lomos de sus caballos y pisando el polvo con desdén. Los trajes 'de bonito' destilan orgullo y salero, y de los charrés; olores a flores y sudor mojado en vino de esa sevillana recién cantá. Los mozos recorren al trote desde los Land Rover hasta la primera carreta que se dirige a Bodegones. ¡Mira que mi Huelva es bonita!, ¡qué arte más grande tiene...! y subimos la cuesta, y en "El Charco" la parada es obligada para cantarle un fandango a La Blanca Paloma. Entonces, 'ves' cuando la sangre se concentra en el corazón muy deprisa, y éste late, con fuerza para que riegue la vista, y ésta; deja surcar los ojos de lágrimas que minutos antes aprisionan la garganta anudando el habla. Los aplausos, la emoción, la alegría de la fiesta, el color, el camino encumbrado de pájaros y calor muerden lo cutre y allí todos son uno.
Los mozos se apean de sus caballos, los dejan descansar, los acarician y besan, les suavizan sus monturas de encaje de hierro y cuero, y las mocitas los rondan por si les dejan una subidita a lomos de tan hermoso pura sangre.
Las mujeres preparan la cena, y ellos; andaluces y rocieros, echan leña a la candela preparando la hoguera del cante.
Y llegas a la mañana, conmoción en el ambiente; "EL ROCÍO", esa aldea puretana rodeada de marismas y Doñana, y entre aplausos entra Huelva; triunfal, cansada y lenta, cantando por sevillanas.
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"ALMORAIMA" de JORGE PARDO.
Parece agua de lluvia cayendo por la cara de una diosa. Si Cleopatra ponía en su imperio una melodía, tenía que ser esta tocada por Jorge Pardo a soplo de flauta.
Es como la brisa que emerge del mar y se adentra en tu cuerpo cuando al atardecer el agua es de un violeta raro y el cielo es de un rosa anaranjado de imposible igualar.
Me recuerda a esas primeras sensaciones que tenía cuando de chica en el conservatorio me ponían a Vivaldi o a Beethoven, esa sensación de grandeza insuperable que se creaba en el ambiente, esa divinidad que del cassette brotaba en la clase y crecía y crecía hasta que se perdía en el infinito del éter.
El espacio se encumbraba como un todopoderoso, nos entraba vértigo, se nos acongojaba el alma apegada a las partituras de solfeo que se hacían borrosas de tanto mirarlas fijamente mientras dibujabas mentalmente notas inexistentes.
Un piano de cola, una cola de caballo en una niña mellada con aptitudes musicales pero sin demasiado entusiasmo que parecen estallarles las pecas cuando Vivaldi comienza el compás.
Era un conservatorio que poseía su música sobre un antiguo hospital, el terrible olor a humedad y el miedo empotrado en nuestro cuerpo cuando el ensayo prometido no había sido muy bueno parecía hacernos andar en cada paso, dos hacia atrás. Tener que ir a música... Uno de mis muchos profesores sufrió un ataque epiléptico en plena clase, pensé "¡Dios mío, lo he matado, prometo que si lo salvas estudiaré más!".
Esta es la música del estímulo, del ensayo continuo, del sufrimiento alegre que deja una larga satisfacción. Esta música es el arte en sí mismo, es un clásico de nuestro tiempo, es... una promesa.
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"ALEGRÍA DE VIVIR" de RAY HEREDIA.
Un llanto a la vida, un llanto de vida, una "alegría de vivir" triste, profunda, amarga. Un largo silencio, desconsuelo, agua agria, destilada fuente de vida que se escapa y de nuevo un silencio que recorre un largo camino desde la euforia hasta el olvido.
Él murió, y en su legado, ágil y flamenco, dejó surcos de notas rápidas y lentas, de armonías melódicas en ese "infierno de tu gloria que ha pasao dentro de mí", una "manera de sentir" como la profecía en luna llena.
Desde sus orígenes el hombre, gran desconocido para el propio hombre, se ha preguntado eso de "qué habrá dentro de mí"; ¡cómo no preguntárnoslo!. Los sabios de la antigua Grecia en su famosa frase del oráculo de Delfos: "conócete a ti mismo", ya nos invitaban a descubrirlo.
No sé si Ray Heredia, ha encontrado consuelo en el desconsuelo de su destino, no sé si la "alegría de vivir" existe en la no vida... él al contrario de Kafka: "No tengo ninguna de las cualidades que se necesitan para triunfar en la vida", si tenía cualidades; era buen músico, un genio para el flamenco como lo es Prince para el Pop.
Hay en sus letras esa sensación de invierno frío y abatido, ese último escaño de acceso a las flores y al regocijo que le hace a uno sentirse bien. En sus grandes ojos negros parecen pintarse los colores ocre del otoño y sus canciones me gustan porque son de melodía alegre pero de letra triste; de un triste corazón congelado por el invierno pero que late entre esa escarcha con ritmo de “rumba-pop”.
Sus letras son como el vaticinio de un penoso presagio, un festival con música creada con las partituras ensangrentadas y una mirada gitana que marca el fin de su esplendor. Ostentación ilusa, caminar rápido, morir deprisa, grito en el arpegio, golosina para un Dios inútil a la fe, torito pintado en lienzo de seda: endeble y bello, de fuertes rasgos e inquebrantable destino, con una voz que hace rogar las palabras al silencio.
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"730 DÍAS" de JORGE DREXLER.
Esta es la canción del amor por excelencia, es como deshacerse en halagos. Es como rondar a un primer amor a luz de luna. Es la canción de la luna, es el decir: "nuestra canción".
Jorge canta muy bonito, muy profundo, con mucho sentimiento, y toda esta canción, ni tan siquiera es letra, es un derroche de esa emotividad que florece seguida de lágrima.
Es la primera canción del desamor, la primera canción del primer afecto, la canción del amor inerte que compunge al alma y florece el recuerdo de la pasión vivida.
En el "vaivén" de Drexler, hay melodías preciosas, canciones con las que me identifico, pero esta canción la he vivido, habla de mí; habla de nosotros.
Son como las noches de San Juan vistas en fotos cuando él ya no está conmigo, esa agua incandescente sobre la que se refleja la propia hoguera de la libertad; mitad hechizo, mitad dogma. Y en esa brujería de la obsesión por no recordar, del amargo sabor del recuerdo, de la infinita distancia de tu puerta a la mía, de tu desamor al mío, de tu vida a la mía... En medio de esa distancia, nosotros; nuestros abrazos, nuestros besos, nuestras caricias, nuestras locuras, nuestro pasado, nuestras fantasías...
"730 días".
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"QUIERO CRUZAR LA BAHÍA" de Cantores de Hispalis
Es la sevillana por excelencia, es el recuerdo de mi infancia cuando me levantaba a las siete en ese Julio picarón de Huelva y me iba con mi padre de la mano a pintar los barcos al Rompido.
Recuerdo como nunca se olvidaba de cogerme ese enorme sombrero blanco o una gorra que aún conservo roja con minúsculos lunares blancos. Cómo olía mi caballete a barniz reseco, y cómo sonreía mi padre animándome a seguir pintando cuando lo que estaba era harta de tanto barco y tantas redes.
Me encantaba cómo pintaba mi padre, ¡qué marinas tan increíbles!. Me divertía tanto con él... era y es adorable, no paraba de hablarme y hacerme reír para que no tirase por los aires el pincel y abandonase el juego antes de las 11'30.
Esta canción es la canción, más que ninguna otra que define un poco mis recuerdos, mi añoranza se mezcla en las letras de este palo “lento” y me recuerda al sabor de los cangrejos a media mañana y a ese olor a pescado fresco y a vino blanco. A ese Tito José volviendo en moto con su perro Bobby detrás aterrizando casi a la entrada al chalé con la compra de marisco diaria y nuestras bocas...
Es Punta Umbría en verano, el paseo por la ría pidiendo dos duros para pipas, Caracoles, y el tinto de verano de la Tita Curra y de mi Tío Nicolás.
Son los amigos morenitos del verano, son los cacharritos y la música de chiringuito cuando acabas de venir de la playa y estás duchadita y arreglada y te das un paseo hasta la cena con tus amigos.
La sandía; roja y fresca, el sonido de los grillos y el sofocante calor, los chicos mayores que pasan frente a tu puerta y te sonríen, el picor de los mosquitos, los ronquidos de las siestas, los colores. Era el sabor a verano, a juventud, a niñez, a tiempos mejores.
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"UNICORNIO" de SILVIO RODRÍGUEZ.
"... ayer se fue ese unicornio azul...". Es la propia fantasía, es la historia de algo que no existe y que existió, es ese bolígrafo del arte en papel y después en música... es una fantasía.
Comienza la fantasía con la Sonata K545 de Mozart, y como la propia fantasía, se retuerce la clave, y la armadura musical, y se concentra el acorde en uno triste y vagabundo, en los compases perdidos de un viejo bloc pautado de notas.
Profundo, místico y casual... un unicornio azul vuela por el campo del ayer siendo buscado por el cazarrecompensas de un gastado poema gris.
Dicen los que creen en el pasado que aún sigue vagabundo y náufrago por las tierras del Sur, una tierra húmeda y de grandes extensiones pobladas por tribus indígenas. El unicornio, con una larga barba canosa y violeta, mantiene su singular mitología apartada del abismo del cuento, reposando tranquilo en los anaranjados pastos del atardecer.
Una mañana celoso del sol, enfrentó a la luna contra sus cálidos rayos y, emparentado con el nocturno astro, decidió salir sólo cuando el rey de la madrugada dejase de quemarle su piel plata con sus brillos.
Desde entonces, a la caída del sol, los buscadores de tesoros catapultados en mitológicas fantasías, van al prado verde tras él.
El unicornio azul, desde que se perdió por los lejanos vientos de la melodía, se esconde en su gruta de cristal húmedo para que nadie lo encuentre. Inmortal y noble, camina sólo llevando sus preciadas posesiones; una piel azul-plata y un único cuerno atravesando su frente. Él llora, grandes manchas lapilázuli hacen surcos en su ser... la lágrima sale, la Luna sale y con ella, Él...
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"DOS MIL RECUERDOS" de PEDRO GUERRA.
Pedro guerra es un juego de niñez constante en sus letras, mermadas tan sólo por la estrechez de espacio de un disco, que hace la guerra, nunca mejor dicho, a la superficialidad de las cosas sencillas.
Habla del gusto por lo cotidiano como un sabor delicioso que a veces cuesta probar, pero que está ahí, como lo más natural del mundo. Es un licor suave, de los que te queman y no emborrachan.
Me fascina de Pedro Guerra su sensatez, es canario "libre" y campechano, que se disfraza con coleta, que con boca grande exprime sus canciones con un tono dulzón de exquisito gusto y de refinada presentación.
Hace su música, compone de sus adentros, nos brinda sus "golosinas" y nos da sus "Dos mil recuerdos".
La niñez, la puericia, la no hostilidad de un niño, su liviana fantasía y su tímida inocencia. Son mis recuerdos, los dos mil recuerdos de cada uno de nosotros, nuestro pasado, nuestros orígenes; lo que somos, nosotros mismos, nuestro propio yo.
Son noches de lágrimas y diarios, noches sin cenar a puerta cerrada y de una mirada compungida fijada en la pared. Son las miles de canciones, poemas, relatos... creados bajo la influencia del estropicio de niño.
Es el recuerdo de la cabalgata de Reyes Magos de la mano de un emocionado abuelo, comiendo "palodú", mientras lanzabas miradas cómplices de inquietud a tu primo, que también sujetaba aquellas curtidas manos de vejez con gesto indefinido en la cuerda floja del pavor y del entusiasmo.
Es la ola que se desata en el mar abierto y te hace tragar agua mientras con los manguitos intentas salir medio paso hacia fuera para poder llegar a la orilla y dejar que te consuelen. La infancia, el candor... esa foto vieja en un viejo marco; el olvido.
Rocío Medina
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14 Enero 2007
"LA HORA MÁS DIFÍCIL" de CLARA MONTES.
Clara Montes no es gitana, su voz no se desgarra quebrá y repentina, su voz es fuertemente dulce, es entonada a luz de luna.
Clara canta clara, es canción, es como un susurro de rumba, como una exhortación pop. Ella canta despacio y bonito, con una honda pena en una letra suave.
Oigo su música y vivo entre el pasado y el presente, entre lo bello y lo sublime, entre lo terrenal y lo prodigioso. Es un desvelo al antojo de corcheas en un pentagrama transparente que arrolla la noche veraniega y satura a las estrellas.
La Montes, es como el monte en el desierto, una especie de milagro refrescante y dulce. Su voz lanza seda en vez de palabras, una seda que se alarga, y se alarga y se encumbra alto.
A veces, cuando la pongo muy flojita en mi cuarto, me inspira esa calle en blanco y negro, de esquinas salientes y de niños montando en bicicleta. Despacio, dormida ya en el dulce clímax de la noche, abro una ventana que da a esa calle y me asomo a tempranas horas de la mañana. La vecina del kiosco me saluda sonriente, y el niño de la bici abre el portón de su casa con la raya del pelo recién peiná.
Los sueños tardan poco en volatizarse, en su lugar aparecen 'cosas' sin sentido, que luego no puedes recordar, es "La hora más difícil", es "...la hora del adiós". Sospecho, caminando deprisa en ese despertar lento, que la música suena, y es verdad, aún sigue Clara, sonando clara, con su voz clara y entoná.
Con una música así no quiero levantarme, no quiero madrugar en absoluto, no me gusta tener que considerar la mañana como una melodía que se agarra tanto al sentimiento, a mí sentimiento. Me gusta soñar con ella estando despierta, en invierno, en otoño, en primavera... me gusta, digo, el soñar con sus letras... me gusta el verano, me gusta sobretodo esa hora, "La hora más difícil", me gusta la hora del sueño. Soñar.
Rocío Medina
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