La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

14 Noviembre 2006

Ayudante de Mago 6

Querid@s Mí@s:

El otro día me volvieron a invitar a ir a Nueva York y dije que ni pensarlo siquiera, que yo ahí ya, es que no vuelvo. Y he dicho que no vuelvo, y es que no vuelvo, ¿eh?.

Y es que la última vez que estuve lo pasé fatal por la culpa del botones del hotel de Manhattan donde me alojaba.

Patrick, que así se llamaba, cada vez que subía y revisaba si el servicio de la limpieza me había dejado todo bien ordenado, se dedicaba a hurgar en mi portátil (siempre lo dejaba conectado). Hombre, me diréis; te está bien empleado por dejarlo encendido, pero sinceramente, después de haberle hecho ojitos a Patrick numerosas veces, al menos por honor, tenía que haber desistido...

La cosa es que por aquel entonces, yo tenía muchas ganas de volver a Nueva York. La primera vez que fui con 12 años me sentía como una pulga en el mega “Cirque du Soleil”, es decir; como el ser más insignificante del planeta Tierra. Pero cuando regresé, no es que la cosa cambiara mucho, sino que yo me había hecho a la idea de que ahora lo vería todo diferente, y lo único que vi cambiado era el precio de las cosas...

Y de perdidos al río; me metí en un hotel muy “chic” que me sonaba de haberlo visto en alguna peli romanticona, y fue Patrick, “el botones”, el que me dio la bienvenida y me enseñó todo el hotel, mientras creo que me dijo que si quería entradas para los partidos de baloncesto que se las pidiera a él, que las tenía a mejor precio (son, al parecer, bastante más difíciles de conseguir que las de un “derby” Real Madrid- Barça)

La cosa prometía más que ninguna otra vez, porque en esta ocasión, ni había ido con novios, ni había ido sola; había venido a “La Cena Anual” de mi amiga Mónica.

Os pongo en antecedentes:

Mónica es hija de un afamado Cirujano Plástico, de hecho; es el único tío que ha visto en bolas a casi todas mis amigas sin necesidad de haberlas tenido entre sus sábanas. Y que después de pasar por sus manos, hayan quedado felices y sonrientes, y en mejor estado, que los pinceles de “Van Gogh”.

Mónica es la única chica de cuatro infernales hermanos varones (machistas y deslenguados), es la pequeña de la familia y la pequeña de todos los primos, así que; también era la mimada de su casa, y siempre recibía llamadas de sus abuelas preguntado por cómo estaba su “peluchita preferida”, “su gofrecito de chocolate”, “el amorcete de sus entretelas” (por cierto; ¿de dónde vendrá esto del amor por las entretelas de algo?), además de siempre tener peluches preciosos adornando, desde su coche, hasta el “sofá Chéster” de su vestidor...

Un día Mónica decidió hacer algo por sí misma (un día de hace dos años y seis meses), cuando vio por primera vez la serie “Sex and the City” y se hizo mega adicta, mega adicta a todo: a los bolsos “Prada”, a los vestidos estilo “Carrie Bradsaw”, a los zapatos “Manolo Blahnik”, a los cinturones de “Dior”, a los vaqueros de “D&G”... Estaba decidido; ¡tenía que irse a vivir a Nueva York!. Así que; “Papá Médico” y “Mamá Segunda” (la segunda mujer que tenía su padre, y de cuatro meses y medio menor que Mónica; prima de una amiga nuestra a la que también le retocó los pómulos y el mentón), pusieron el grito en el cielo. Su “Papá Médico”: porque la niña de sus ojos se iba de su vera y no podía persuadirla ni comprándole el “Audi Q7” con todos los extras habidos y por haber; y “Mamá Segunda”: porque se habían hecho muy amigas y sin ella, no se atrevía en absoluto a salir de marcha (era una incondicional de “Fortuny”)

Pero Mónica, ya lo tenía decidido; y su padre tuvo que llamar a un Colega de dudoso prestigio (hay quién asegura en su profesión, que fue el que dio el penúltimo retoque a la nariz de “Michael Jackson”), pidiéndole que le dejara su apartamento vacío (tuvo que salir “escopetao” , el pobre, tras el “cristo” de nariz que le había dejado; porque hasta la “Mafia Rusa” lo iba buscando para que dejara irreconocible al mismísimo descendiente de “Al Capone”). Así que, como “Papá Médico” tenía conferencia en “Las Caimán” y “Mamá Segunda” estaba con los primeros síntomas del embarazo; las amigas decidimos acompañarla hasta que se instalara, y así, no dejarla sola.

Durante el vuelo, Mónica nos soltó la primicia: se iba a rellamar “Monique Carrie Bradsaw” que le daba un toque de sofisticación muy “cool” y cada año ese mismo día, haría una “cena – ritual” de amistad: “La Cena Anual”.

Total, que ahí estaba yo, dándole la propina a Patrick y bajándome los pantalones; todo a una, para meterme en la ducha cuanto antes y no llegar tarde a la dichosa cena. En fin, que ya nada más salir del aseo, colocándome los pendientes y tocando el ascensor, me di cuenta que la cosa iba para largo (planta 21), y en cada parada se demoraba veinte minutos, que yo los tenía cronometrados con la esfera del “Patek Philippe” de un “yuppy” que estaba a mi lado. Así que me di cuenta, que Patrick seguía aún al fondo del pasillo, me fui derecha hacia donde estaba y le puse ojitos para que me dejara bajar con él en el montacargas. Aceptó y bajamos como pluma que mece el viento...

La calle era un maremágnum de gente, ¡qué gozada!; y entonces pensé para mí, que es cierto aquello de que Nueva York es: “La Ciudad que Nunca Duerme”...

Salí a la calle aventurándome a poder recordar cómo se iba a la casa de Mónica, pero obviamente me perdí, y el chico mexicano que me llevó con su taxi (vamos ya por más de veinte minutos de retraso) me decía: “no mames, ¡wey!, no llegamos antes de media hora, ¡wey!...” Qué gentío y qué de tráfico; ¡ríete tú de Madrid en “hora punta”!. Se nos atravesó en medio un tío con un carrito de perritos calientes, a una señora se le quedó pillada la correa del bolso con la puerta del coche, y unos tíos encabezonados con querer robárselo, y la señora dentro del coche aferrada a su bolso diciendo que ¡ni hablar de la china! (otro dicho que no sé si se refiere a que ellos no comparten el “hachís”, o que no quieren ni hablar de ese país exótico porque le pusieron unos “noodles” caducados; ¡vete tú a saber!), y ellos venga empujones con que sí, y ya la señora tenía la cara aplastada literalmente en el cristal de la puerta. A todo esto una madre gritó despavorida porque su bebé había soltado el sexto “globo personalizado” que le compraba. Y yo llegué irremediablemente con una hora de retraso.

Me apeo de mi súper “Taxi Mex” y mi nuevo amigo me dice que si no me gusta la cena o si directamente, no me dejan ni pasar; que conoce un restaurante muy cercano donde ponen unas enchiladas de muerte, y dicho esto; me alarga la tarjeta con los datos, y arranca a toda prisa, como alma que lleva el diablo, arramblando con todo el cambio...

El portero me deja entrar, y yo que no recuerdo el número del apartamento que era, me acerco a los buzones, y ahí leo atentamente:

“Monique Carrie Bradsaw. ¡NO LATINA!. European from The Moraleja in Madrid”

UPSSSSSSssss.... ¡¡Toma ya!!. Ahí está mi amiga; ¡marcando “pedigree”!...

“Monique” no me abrió la puerta, lo hizo su hermano el mediano, uno que de pequeña no paraba de tirarme del pelo y echarme a la piscina como si fuese un saco de pienso para las gallinas. Tras él, veo a Mónica con cara de espanto y con el abrigo puesto, y me dice que me estaban esperando para salir a cenar fuera; tras Mónica veo a las demás chicas con cara de mosqueo, y el “revientaplanes” en cuestión, me dice que si paso, o si me quiero quedar fuera...

Acabamos cenando en el “Very Small Mexican Restaurant” llamado “El chile que más pica”, siendo invitadas por un amable grupo de chicos que bebían tequila como si fuese agua, y más borrachas que ellos...

Total, que en cuanto pude y vi la oportunidad, dije que me iba a mi hotel, en el que con un poco de suerte, seguro que me encontraría con alguna chocolatina dentro del mini bar.

Llegué KO. No encontré taxi y andando andando a ver si encontraba alguno; me encontré enfrente justo de mi hotel. Pero claro, aquí con esta forma peculiar que tienen las calles, en cada esquina te viene una ráfaga de viento que te deja tiesa, patidifusa, petrificada y solidificada al instante, luego se pasa, y a la siguiente otra vez igual. Total, que me dolía la garganta, y los pies, y ahí estaba yo descalza, tacones en mano, aguantando heroicamente a que el ascensor bajase a tierra. Y de nuevo vislumbré a Patrick, le puse ojitos (que era monísimo el nene; tenía una cara súper tierna y súper “peque”) y me dijo que no podía subirme, pero vamos, me dio igual; le empujé hacia dentro y la puerta se cerró.

Cuando me di cuenta estaba en la lavandería, piso -38, justo cerca del infierno (que debía ser la puerta -39) ya que hacía un calor ahí abajo... Me dijo Patrick que esperase un segundo, que dejaba el carro y que me subía.

Así que, después de no sé cuántos minutos por fin estoy en mi cuarto, con los ojos como platos, despanzurrada en la cama jalando chocolate, y con el portátil encima tratando de leer, sin dar crédito, una nota que me habían dejado:

“Dear Rossio, enamorado estoy y soltero. Si quieres algo bueno hagamelo saber que yo tengo pasaporte bien y puedo irme a la España latina a vivir contigo, senorita guapa. Yo buena persona y mejor amante. With too much love, Patrick”

P.D.: ¡¡Sin Comentarios!!

P.D.1: Si alguno de ustedes se apunta a la “Cena Anual de Mónica”, es decir: “Cena Anual de Monique Carrie Bradsaw”, y promete no separarse ni un segundo de mi vera, igual si que voy porque realmente, y como siempre dice mi admirado “Allen Stewart Konisberg” (Woody Allen):

“... fuera del ‘smog’ y la crudeza de la gran urbe, aún persiste aquella idea romántica que tenemos de esta ciudad... el acelere de las calles, el tráfico, la neurosis de vivir encarcelado entre gigantes de cemento y cristal, dónde la posmodernidad es tangible y se manifiesta en cualquier esquina... las visitas dominicales a los museos, las cuadras largas que se deben caminar para llegar a tu departamento, la necesidad de comer comida rápida o ‘take out’ después de un día largo y tedioso... pero más allá de sus escenarios y situaciones diarias, Nueva York nos demuestra; por qué es difícil escapar de la realidad de aquella ciudad...”.

Nueva York: “The City that never sleeps...”

Besitos Dulces
RocíoMedina , Ayudante de Mago Profesional

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14 Noviembre 2006 | 08:40 PM

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Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw

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