Ayudante de Mago 7
Querid@s Tod@s:
El otro día al hablar con una de mis abuelas por teléfono, me hizo acordarme de un suceso que me pasó este verano bajo el calor infernal de Andalucía, en el que fui con una tía mía anciana a un “mercaíllo” (una de esas tías que desde que te alcanza la memoria siempre la has recordado vieja, y con pinta de vieja, oliendo a pachuli y almizcle; una de esas parientes tuyas cuyo parentesco, ese que une su sangre de alcanfor con la tuya, no sabes jamás). Algo de parte de abuela...
Desde que era pequeña no había vuelto a ir a ninguno con ella, y te aseguro que fue toda una experiencia el volver a ver a mi tía (pariente inexplicablemente), regateando como pez en el agua. Yo tirando de ella...
Rocío: _ "¡¡Tíaaaaa déjalo ya...!!, ¡ha dicho que 15 euros...!"
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: _"Ya hija,¡ pero es que seguro que acaba dejándolo en 10!"
Mi Tía (pariente inexplicablemente) erre que erre... y el pobre morito que sudaba la gota gorda dentro de su túnica, más negro que un tizón (ya estaba empezando a pensar que la genética africana no tenía nada que ver, que era por culpa de mi Tía -pariente inexplicablemente- que estuviese así de moreno) haciendo esfuerzos porque mi Tía (pariente inexplicablemente) comprendiera que era su última oferta y se acabó...
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: _"Pero que te repito que es caro... 15 caro y ¡NO! ( Tía -pariente inexplicablemente- cerrándose en banda y soltando el bolso en medio del puesto, mientras gesticulaba, a punto de darle un mal) 10¡ SI!... con 10 te compro 2 y uno me lo llevo de regalo..."
Yo, a todo esto, no sabía dónde mirar... Si miraba para atrás había un gitano patriarca, de los de bastón y sombrero, sentado no se sabe si sobre su bigote o sobre una caja de fruta, que tenía pinta de hacerte ver en un “Santiamén” lo que vale un peine... Si miraba a mi izquierda, había una señora que tenía ganas de meterme en un sujetador de la talla 200, de esos sujetadores que una no sabe si son para una fiesta de disfraces, o para cuando “La Chicholina” venga a comprar “Souveniers”, o bien un paracaídas...
Rocío: _ " ... No, no, señora gracias, no es mi talla seguro ( y yo pensando en la dependienta de “La Perla” o de “Christina Davó “¡igualitas...!) ya... gracias, señora, pero seguro que no lo es..." La señora me pone mala cara y me mira como echándome “el mal de ojo”, como molesta porque su ojo crítico haya confundido mis pechos con la pechuga de un ballenato, o con la de la modelo de los quesitos “La Vaca que Ríe” que lo mismo es... GRRRRRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!!!!!!
Y si miro a la derecha hay un tío de esos que te pone la música de “Los Panchos”, mezclada con el último “single” del verano a “tó meter”, como si los ataques al corazón y la contaminación acústica no fueran con él. (Éste seguro que me hubiera querido vender el CD del "Último Cuplé" de la Montiel ahora que había rebajas). Total, que decido poner cara de no tener cara, y tratar de esconderla todo lo que pudiera debajo de mis gafas de sol, mientras mi Tía (pariente inexplicablemente) continuaba a la gresca haciéndose entender, ahora medio echada encima del puesto, y con el bolso apretado bajo la axila, con más énfasis que nunca...
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: _"¡No!, porque ese es más barato, pero feo... ¡ese feo!, el otro no, el otro lo dejas a 10, ¡15 mu caro!; ¡tela de caro! (aquí gesto de disgusto, frustración y de estar maquinando el primero de una cadena de asesinatos crueles y sangrientos...) yo quiero comprar, ¡tú no quieres vender!, tú luego quejarte de hambre, pero vendes caro y no vendes ( y aquí, es donde me doy cuenta, que fruto de nuestro egoísmo consumista, perdemos los papeles y confundimos a un africano con un “Indio Siux” ...) Oye, ¡que me voy!, luego no te arrepientas que tengo la rodilla mala y no estoy para estar yendo y viniendo sin ton ni son... ¡ale!... ¡adiós!... tú luego hambre, conque así es que... ¡ya lo sabes...!"
Y mi Tía (pariente inexplicablemente) todo digna, se recoloca su bolsón mientras me repizca el brazo hasta conseguir despellejarme el poco moreno que me había otorgado la ventanilla del coche durante las siete horas del viaje. Según caminábamos me iba guiñando un ojo como diciendo: “¡verás como ahora se arrepiente y quiere que vuelva!, ahora que yo... ¡yo no pienso ya volver!, porque tengo la rodilla mala...”
Acto seguido vienen una serie de reproches sobre "lo despegá" que soy y lo independiente, que si voy a mi aire, que si no le pregunto que por qué está mala y qué le ha dicho el médico acerca de un diagnóstico que incluya una dolencia de todos los huesos del cuerpo, pasando por los músculos, tendones, cartílagos y demás cosas susceptibles a ocasionar algún dolor agudo...
De pronto se para y se le olvida que ya iba hablándome que de seguir así, el médico le amputaría la pierna a la altura del gaznate para que no pueda retallar el daño, y echa a correr cuesta abajo porque pese a tener los ojos "que ya no me valen pa ná..." ve a la tendera de las sábanas bajeras, las mantelerías de algodón y poliéster, y las fundas de los cojines del “Todo a Cien” a más de 300 metros de distancia... y no quiere dejarla ir, sin antes asegurarse, que la señora ha traído de esos “grandes almacenes fantásticos”, el camisón de algodón 100% que le prometió traer, como a mi Tía (pariente inexplicablemente), a 400 “Señoras De Bien”, hacía como seis lunes atrás (digo yo que igual el “alunizaje” de sus hijos no dio los resultados esperados... dicen que los calores son malos para los “golpes” perfectos...) Así y con todo, la señora le quiere vender unos pololos hechos a mano y un delantal donde pone: “O Comes O miras, pero fuera de mi Cocina...”
La indignación de mi Tía (pariente inexplicablemente) no tenía límites, iba creciendo a medida que aumentaban los grados de temperatura... así que, cansada y sedienta, mi Tía (pariente inexplicablemente), arrastra su buen traje y sus buenos tacones por las sendas atiborradas de gente en chanclas, en bañadores y en “ ‘batujas’ de andar por casa”, y a golpes de abanico, se abre paso entre ellos, arrastrándome a mí de mi brazo ya pelado y hasta con sangre, a una heladería ( sirven de todo más que de helados), donde, y yo creo que más por el calor, que porque la senilidad estuviese llamando a su puerta (a la joven y tierna edad de más de 200 años...), le pide al chico que le ponga un vino blanco, unas aceitunas y unas gambitas; no sin antes, por supuesto, haberle preguntado por su tía Silvina que al parecer tenía el tremendo disgusto de haber llegado a los 42 y verse preñada de gemelos "... y con 2 hijos que tiene ya mayores en la universidad, ahora le viene un soponcio de estos... ¡tu me dirás!; ¡qué disgusto!...”
Bien, yo me siento y hago de tripas corazón, y le aclaro por quincuagésima vez, que no quiero vino; ni en copa, ni en chato, ni en vaso, ni en cristal de Bohemia, ¡que yo quiero un limón granizado y punto!. Acabé bebiendo vino; ¡por supuesto!, ¡ menuda es mi Tía (pariente inexplicablemente)!.
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: “Bueno hijo, pues da recuerdos míos a todos, ¿eh? (la gente en los pueblos es tremendamente “cumplidora” como Dios manda) ... si, si... y de beber a la shiquilla le pones otra copita de vino que viene sequita de sed”. ¡Olé ahí!, ¿para qué me empeño en decirle que no quiero nada que lleve alcohol?... la miro, le sonrío, y por dentro me acuerdo del por qué jamás recuerdo su nombre, ni el parentesco exacto (entonces pienso que tal vez estaría mejor debajo del camión de la fruta, después de haber sido irremediablemente atropellada un par de veces por el transportista, ese que siempre confunde “la primera” con la “marcha atrás”...)
Mi Tía (pariente inexplicablemente), empieza a hablarme de lo estropeada que estoy, y de que es una pena que no le parezca a ella en cuanto a lo que a genética se refiere (al parecer, allá por la época de los dinosaurios, ella fue elegida dos veces consecutivas – y me remarca que sin ser ella presentada – “Miss Algo”). Me muestra su disgusto por mi falta de maquillaje (donde me asegura que sólo debo pintarme y vestirme “como una señorita” en Madrid, porque por el Sur, voy “hecha un trapo”...), a continuación me increpa un poco más porque al parecer, con 14 años, mandé a su sobrino más directo (otro primo mío de dudoso parentesco) a algún pueblo perdido entre Pinto y Valdemoro “... y el niño era un buen partido que con 25 años estaba encaprishaíto perdío contigo... “ y eso ella, aún no me lo había perdonado, y más cuando su sobrino estaba estudiando para Notario (el susodicho logró aprobar Notarías, seguir así con la tradición familiar, y quedarse calvo y con tripa cervecera antes de cumplir los 30; claro que continúa siendo igual de “tocón” que entonces). También me comenta que sigo “flaca” (para estas Tías -parientes inexplicablemente- la anorexia jamás habría existido porque una nunca está lo suficientemente gorda a menos que padezcas de obesidad mórbida) “... a los hombres no le gustan las mocitas así, shiquilla, le gustan más metiítas en carne, no en pellejo... ¡a veeee!... Y esa manía tuya con llevar las greñas a lo salvaje en vez de llevar el pelo peinado...” (es decir; dejarme el pelo como Dios me lo puso, o tener que estar achicharrándolo con la plancha para que parezca una tabla y poder así, hacerme una estilosa raya al lado bien “plantá”, o más bien por la cepa de la oreja que por otro sitio, para que más que yo, pareciese a la sucesora de “Laura”, la famosa protagonista y musa de la canción “Amo a Laura”...)
Aquí decido ya de una vez por todas desconectar, ser grosera por dentro y “una chica bien” de colegio de monjas por fuera, y cada vez que pienso en la siesta bajo las palmeras, en el cuerpo resbalándose en el agua, en el olor a coco de mi crema solar y en las noches de flamenquito arrumbado de “El Tabla”, mi Tía (pariente inexplicablemente) me mete la mano en el costado mientras me sube la falda hasta las ingles...
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: _ “ Shiquilla... ¿me estás escuchando?... ¡ojú con esta niña!... pues que le sonrías al mozo ese, ¿no has visto que no para de mirarte?, ha pasado ya dos veces por aquí delante... ese que sepas tú que te pretende... ¡anda y sonríe, niña...!” Y de nuevo otro “aguijonazo” con los nudillos secos y escuálidos de mi Tía (pariente inexplicablemente), y hecho con saña en todo el costado...
Me reincorporé más derecha que una vela sobre mi asiento, me pegué un tirón del vestido tal, que cuando llegué a casa, me di cuenta que le había saltado todas las costuras del bajo. Decidí que debía tener más de cuatro palabras seguidas con mi Tía (pariente inexplicablemente), y ésta de mala gana volvía con lo mismo...
Tía (pariente inexplicablemente) de Rocío: _” ¡Así cómo vas a querer casarte algún día...! Yo no entiendo a esta juventud, hija, ¡no te entiendo!, ese es Rafaelito, el hijo de Rafael, nieto de Don Rafael “El Oculista”, la de veces que le he hablado de mi sobrina la de Madrid, la más tal... la más cuál..., la nieta de D... (aquí puso cara de querer decir: la que tristemente trabaja en un lugar que debe ser cercano para ella a un gran “puticlub” de lujo y perversión, cerca de no sé cuántos miles de personas drogadictas, libertinas e innobles. La que se ha depravado codeándose con gentuza que le ha comido la cabeza con ideas de una vida loca y no la casamos ni “p’atrás”, la que le dio calabazas a mi sobrino de 25... -cuando el muy cerdo pederasta pretendía a su primita de 14 años cada vez que se escaqueaba de la novia de turno que le acompañaba a la finca cogidos de la mano-)
Y después de dos remesas de gambas, una copa de vino blanco, ella, y yo, “abstemia”, de tres; observa con decoro su precioso reloj de oro de la época de “Tutankamon” y dándome un golpe en la chepa con su abanico, me culpa de lo tardísimo que es. Así que, sin más dilación, mi Tía (pariente inexplicablemente), hace tambalearme entre mis tacones y el peso de su cuerpo, mientras le hace una mueca “al joven Rafaelito” (que debe estar rondando la cincuentena), en señal de que estoy aún disponible y en edad de procrear, adornándola con una amplia sonrisa, de esas que sólo las “Señoras De Bien” saben echar...
Así pues, y tras este suceso tannnnnnnnnn amargooooooooooo de mi vida, di por concluido un día de compras y de “mercaíllo”, hasta dentro de otros 20 años, allá cuando mi Tía (pariente inexplicablemente), me haya hecho de nuevo olvidarme del por qué no había vuelto a ir con ella de compras...
P.D.: ¿Alguien tiene una tía así?
P.D.1: ¿Alguien conoce a “Don Rafaelito”?
Besitos Dulces RocíoMedina , Ayudante de Mago Profesional
