La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

14 Noviembre 2006

Borneo 10

BORNEO 10

He escalado el monte más alto del sudeste de Asia, está a 4100 metros, a 3000 metros todavía de manga corta, y a 2100 metros había una plantación de piña que dada su altura, la piña fermenta en azúcar de forma exagerada, resultado: una piña que sabe a crema de piña como si llevara cuatro cucharadas de azúcar… (En realidad es un “trekking”, sólo cuerdas al final, los últimos 600 metros, pero las cuerdas estaban puestas allí). Los últimos 1000 metros se escalan a la noche para ver amanecer en la cumbre, donde se ve la otra cara de un precipicio de 1021 metros de caída vertical… es una de las diez cosas más acojonantes que he visto en mi vida…

Nota para un amigo llamado Gonzalo: “Gonzalo, ¿recuerdas una conversación que tuvimos en la que te decía que me había acordado mucho de ti?, pues bien; me acordé de ti por lo que te dije, pero sólo te lo dije porque eso acababa de ocurrir. En realidad me acordé mucho de ti este día mientras estaba escalando…”

Nota para el resto: “Amén de un más de un millar de: “Cosas que decir sobre Gonzalo”, os diré que es un tío muy aventurero y que se atreve con todo tipo de deportes y actividades… Presume de ser un “crack” en la mayoría de ellos, y seguro que al menos por lo que se esfuerza en aprender “kite”, se le tienen que dar muy bien…”

Os contaré de Borneo que es como una jungla dormida, un lugar donde el chino, el malasio y el inglés, conviven entre moteles cutres, hoteles buenos, turistas experimentados y mochileros ansiosos de aventuras. Convivir entre la jungla y los hoteles más vanguardistas se convierte en una explosión rica en contrastes…

Está siendo un viaje intenso, tienes idea de lo que es escapar de viaje en busca de “algo”, pero parece que pese a los hoteles buenos, no se quita la sensación de ser una persona con una mochila al hombro perdida en algún lugar del que sólo tienes un mapa. Te pasa de todo; y un día estás cenando con una familia malaya y otro con una familia china, que te ha acogido, porque ha visto tu desesperación al perder el último autobús y llegar exhausta y con una mano vendada…

Un día “buceas” con tiburones, otros; río abajo haciendo rafting, otro conoces a una chica que sus padres tienen mucha pasta porque tienen plantaciones de palmeras. Otros días, haces una foto de un paisaje que te “caza” por completo a ti, y otro día conoces a gente que jamás volverás a ver en la vida y que ahora, suponen todo tu mundo (como Sebastián…). Son cosas difíciles de explicar…

Aquí se come mucha fruta, hay muchos turistas en núcleos - muchos australianos, canadienses, americanos… españoles ni uno (yo al menos no los vi), y también un montón de italianos (conocí a una chica que trabaja para “La Perla”)- y también un millar de actividades interesantes que hacer…

Hoy me ha pasado una cosa curiosa y os la voy a contar:

Iba caminando arrastrando una silla colonial enorme de madera maciza, tenía la intención de que me ayudara a subir a lo que posiblemente fuera el árbol con el tronco más liso del mundo, porque quería hacer un par de fotos.

Plano de situación: Llevo unos pantalones tipo shorts, un litro de crema protección factor 50 en las piernas (el sol es malo para las varices y no quiero ponerme muy morena, a mi en nada se me pega el sol y estar tan bronceada, me parece hasta vulgar, pero más que nada es por las varices, no quiero que me salgan… jajaja), llevo un enorme cinturón con cámara, objetivos, filtros, carretes de diapositivas – para hacer virados- y carretes normales, llevo una mano vendada porque el otro día me caí en no se sabe qué lugar del demonio, y me clavé algo, y en la sana, llevo la cámara de fotos también sujeta al cuello con una correa especial (prefiero ir apoyándome en la sana para que la que está vendada no tenga tentaciones de dejar caer la cámara al suelo).

No encuentro a Martín – seguiría durmiendo la siesta- para descoyuntarle vivo subiéndome a su chepa (que algo más hará que subiéndome con la silla), así que, sonrío al nota de las sillas, le pido permiso, y la voy arrastrando por todo el hotel. Llego al árbol, la pongo delante y con un pie en el brazo y el otro en la parte más alta del respaldo, trato en vano de estirarme como un chicle Boomer a ver si llego a alguna rama o algo; ¡nada!. Mientras me empiezo a desesperar, y me digo: “Rocío, no se puede tirar la toalla, aquí te quedas hasta que te subas al árbol”, mi otra parte cognitiva piensa en hacer alguna tirolina o algo, coger alguna cuerda, tirarla, y ayudarme con ella para lograr escalar esa mole de madera vieja. Llego 20 minutos poniendo la silla de todas las maneras posibles, pegando saltos y con las rodillas ya despellejadas de los restregones en el tronco… Ahora si que estoy cabreada y hasta que NO me suba, ya me puedo dejar las rodillas como un coladero de sangre… Pero se pasa una hora y media, y nada de nada…

Cabreada después de 3 horas y viendo cómo va cambiando el color del sol, noto una mano que me palmea el culo en pompa mientras me quitaba la sangre de la rodilla con los pañuelos para limpiar el cristal de los objetivos. Era el cachondo de Martín, sonreía pícaramente y no quiero decir lo que me dieron ganas de contestarle porque resultaría un poco obsceno; la verdad… Así que me vio sangrando congeló la sonrisa (la guardaría para otro momento), pegó un tirón del trapo y se arrodillo frente a mí para mirar la herida y curarme la sangre… Hacía tantísimo calor, que empecé a marearme (yo veo sangre y me desmayo, pero supongo que con el cabreo y la terquedad, la miraba pero no la veía… hasta que vi el pañuelo en las manos de él…) en fin; casi me caigo encima suyo, si me llego a caer encima de Sebastián lo mato, menos mal que Martín es un armario empotrado… Total, que me sostiene las piernas y yo deduzco que es mejor ponerlas sobre el tronco mientras mi cabeza se apoya en el suelo. Me recupero y una vez quitado el pañuelo de mi vista, veo que mi rodilla no sangra y que tampoco la herida era para tanto…

Me empeñé en subir de tal manera, que Martín tuvo que subirse al árbol ayudado por la silla y desde allí, él agarrado por los pies a una rama (en plan trapecista) mientras su cabeza se descolgaba tronco abajo estirando los brazos, tiraba de mi hacia arriba hasta que logré subir y él se bajó (creo que el peso de ambos hubiese roto las ramas). Por cierto, un inciso; ¿sabéis que aquí los parques naturales son salvaguardados o custodiados por el ejército?. Ya me gustaría a mí ver Doñana así de bien protegido…

Arriba todo parecía tan bonito, tan limpio, tan inseguro (me voy a volver a caer de un árbol y me voy a romper la crisma), tan violeta y gris… Apenas corre al aire, la atmósfera parece un planeta fosilizado donde no hay ni una burbuja de oxígeno, no hay viento ni nada, ni el calor fluye por el cuerpo, tan sólo sabes que hace calor; nada más. El horizonte está coloreado al unísono, un color tan intenso y uniforme que parece imposible que sea real… Empiezo a poner carretes en la cámara sin parar.

Nada duele más a los ojos que estar contemplando una vista tan enormemente bella, porque la voluntad por atrapar todos los detalles y convertirlos en sensaciones únicas, llega a cambiarse en un esfuerzo penetrante y de rabioso malestar placentero y raro…

Aquí pienso en Irlanda, no sé por qué, me recordaba al primer verano que me fui allí sola, con 10 años; cuando venía de la playa y de un Junio desértico, y radiante de calor y luz, pasé a estar dentro de un pulmón verde intenso que olía a lluvia y con un cielo gris y triste… Parecía que el paisaje había concentrado frente a mis ojos las mejores sensaciones de Irlanda, y había colapsado la coctelera que mezclaba aquellos otros recuerdos increíbles de mi tierra…

Estoy desbordada y atiborrada de sensaciones, borracha de todo lo que siento; tan ebria, que no puedo dejar de escribirlas…

Entre la magia del ser humano está el poder atraer los olores que impregnan los recuerdos de una forma tan real, que parecen haber sido pulverizados en el momento en que los convocas a la memoria, y ese frasco huele tal cuál olía antaño; tal cual huele siempre…

Irlanda huele a Iglesia antigua, y a soledad lánguida y reconfortante, a pensamientos madurados y a determinaciones fuertes. Irlanda huele a medusas, enormes y rosas, que yacen en las playas frías del norte. Huele a leche recién ordeñada, a galletas frías, a chocolates que se pegan a los dientes, a té hirviendo… Pero también huele a gorros de lana, a mejillas coloradas, y a las catiuscas de caña más largas que he visto jamás.

Huele a mesa de billar salpicada de cerveza, a letras extrañas que parecen sacadas de algún manuscrito secreto (de esos que evoca tu imaginación cuando piensa en las letras de los planos del tesoro del libro “La Isla del Tesoro”, de Robert Stevenson). Irlanda huele al País del Nunca Jamás, donde todo es posible, donde los colores rosas son azules si yo quiero, donde la lluvia no es tan triste, donde la soledad no parece tan terrible y donde beber mucho, tampoco es cosa tan de hombres… Irlanda es verde, pero también es blanco nuclear y gris plomizo. Irlanda son arroyos que mecen sus laderas verdes de caracoles enanos.

Subida al árbol pienso en Irlanda, y en lo lejos que está de aquí y en lo parecida que es a este alba. Es como si el cielo, fuera una enorme fotografía de ella, expuesta a la humanidad (mi mente es torpe, ya lo sabéis, y desvaría mucho…)

Bajé del árbol, y esta vez amenacé previamente a Martín con que si dejaba caer la cámara al suelo lo rajaría en dos y haría una buena escabechina con él… Le fui tirando la cámara; la cogió y la dejó en el sillón, el cinturón, y por fin; yo misma.

Cenamos una bandeja repleta de fruta cada uno (tenía más hambre…) y veía cómo poco a poco iba aterrizando la luna sobre el agua púrpura del mar. Sonaba al fondo una música, el eco débil de sus acordes se flagelaban unos contra otros tratando en mi mente de construir una melodía conocida; pero no funcionaba. Martín coge mi mano y tira de mi, me lleva a bailar de la mano mala… bailamos un poco. Unos americanos que son como las torres gemelas pero en rubios y con vaqueros nos miran tratando de imitarnos meneando sus grandes culos.

Estoy metida en el mar, aún no es noche cerrada, el agua está caliente y floto. Cada vez que me sumerjo por completo dentro de ella me da un poco de miedo, está demasiado oscura (lo sé aunque tenga los ojos cerrados), y la sensación de oscuridad ya sabéis el terror que me causa… Pero siento como si mi cuerpo entero fuera tragado por una arcilla hirviendo que me masajea. Salgo del agua y mientras me seco, observo que ya la noche ha caído, e imagino que a lo lejos, donde creo que el sol se despide, estáis vosotros; más allá del océano, más allá del mundo, mucho más allá de todo.

Imagino que en ese más allá todo sigue igual, que hay carreteras rompiendo los caminos, que hay ropas de tejidos raros cubriendo vuestro cuerpo, que hay recipientes donde el agua, aquí caliente, se congela… Imagino que hay ordenadores entorpeciendo vuestra mente, imagino que hay infinidad de ruidos endureciendo la llamada salvaje de la voz atronadora de la naturaleza. También imagino que hay millones de amigos desconocidos en vez de desconocidos amistosos, imagino que hay un millón de cosas muertas en un mundo que se cree vivo, imagino, que detrás de cada cortina del mundo asomáis vuestras caras y comenzáis planificadamente a vivir vuestra vida en vez de vivirla vagando entre mapas con anotaciones a lápiz y mano… Imagino que os quiero ver a todos riendo, imagino que todo sigue como siempre… imagino que desde donde estoy todo parece que se para - pero no es así- en cambio; ya nada continúa creciendo...

Y quiero imaginarme entonces que más allá de ese océano perdido entre el cielo, se encuentra una puerta abierta a la eternidad, donde todo puede detenerse algún día para observar el paisaje…

Tags: b, 10

servido por rociomedina sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw

Fotos

rociomedina todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Mis tags

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera