La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

14 Noviembre 2006

Borneo 8

BORNEO 8

Por la noche hace frío, y por fin he pasado un día más o menos sereno y tranquilo en un hotel en condiciones; donde me entienden cuando hablo, y donde tienen un spa con carta de masajes. No me quedan velas, no tengo, ni venden en el hotel, pero no importa; la bañera es enorme y el techo del baño está hecho de unas placas superpuestas que se pueden manipular con un interruptor para ver las estrellas. La espalda me escuece con el agua caliente, pero necesito desintoxicarme durante horas de la mugre anterior pegada a mi cuerpo. Me he provisto de todo tipo de productos de los que disponía el hotel, y por su cúpula estrellada, la luz del firmamento se refleja entre los vacíos de la espuma...

Después de comer me subí a mi cuarto muy angustiada, temía haber herido los sentimientos de Martín, pero también estaba preocupada por Sebastián (me dijo que jamás había salido de su selva, no estaba acostumbrado a los turistas, el poco inglés que sabía lo había aprendido de sus hermanos mayores, y jamás había estado en un hotel). ¿Encontraría su habitación?. Sebastián no sabe leer ni escribir; tan sólo garabatear (ahora tengo mis dudas sobre cómo entendió a qué lugares debía llevarme cuando le enseñé los mapas).

Por la tarde bajé a la habitación de Martín, y obviamente, no me sorprendí en absoluto cuando me hablaba y miraba como si tal cosa, como si nada; como siempre... me cogió educadamente la mano y me hizo pasar y sentarme en el borde de la cama, desde donde me disculpé con él y desde donde observé con gran admiración, lo extremadamente pulcro y ordenado que era (abrió el armario para enseñarme unas fotos de Saint Tropez que se había traído olvidadas entre un libro de Gabriel García-Márquez. Me dijo que las fotos eran una sorpresa, y descubro entre un montón de chicos y chicas guapos en un paraíso francés, un par de pastores alemanes y un precioso labrador negro. “¡Mis perros!”, me dice; “... yo también los extraño mucho...” y me asegura que siempre que puede se los lleva de viaje con él: Rocolo, Fotín y Viñas (al parecer fue el único perrito que se salvó del parto, de la perra de sus primos, en sus viñedos criollos; de ahí el nombre).

Las tumbonas son de madera cubiertas de un acolchado colchón de algodón blanco con franjas azules desgastadas del sol. Sebastián aún no ha bajado y Martín se ofrece a ir en su búsqueda. A la hora, aparecen ambos frente a mí, que ya estaba desesperada, con un cócktel que a leguas huele a alcohol y con la intención de que me lo bebiese.

Sebastián lleva la camiseta del revés, y los ojos le delatan como candidato al coma etílico. Le tiro su vaso y le prohibo beber más, se mete los brazos cruzados a la altura de la axila mientras baja la cabeza dando un perfil de Lucky Luke (sin palito en la boca) y se reboza con la arena. ¡Qué manía con sentarse en el suelo habiendo cómodos asientos, de dos metros de largo, articulados para poder inclinarte a tu gusto...!. Sebastián se enfada, ha debido insultarme porque Martín le ha dicho algo en un tono de voz muy alto y se ha quedo quieto y callado - Es la quinta vez que viaja a Borneo. Es el paraíso donde encuentra la calma; yo para buscar calma iría a Las Seychelles, pero yo soy una ridícula viajera junior en comparación con Mr. Máster del Universo Viajero –

Martín me mira irónico y me hace reír, agita los pies en la arena sentado en ángulo recto, mientras su mirada se clava entre frase y frase en algún lugar bañado por el océano. De vez en cuando me mira, y me muestra sus blancas y perfectas piezas dentales, que me deslumbran al contraste con su tez oscura. Me habla de su padre, y de la madre que tan sólo ha conocido por fotos y que espera, viva, y feliz, en algún lugar del mundo...

La vida es maravillosa; condenadamente caprichosa, con mal carácter y con un endiablado y oscuro sentido del humor. Aquí el hombre se hace niño, y de sus palabras no sale “El Vivido”, ni “El Chico de Cartera Solvente” que podría aparcar su deportivo último modelo para invitar a una plantel de “Tías Jugonas” en la “ Suite del Mar” o en el “Olivia” de Marbella, o las primeras copas de la capital en los reservados mullidos de “Budha” o en la azotea minimalista del “ Hotel Urban”...

Aquí el hombre se encoge y se retuerce, entre las sombras duras del pasado, se hace niño y llora, camuflado entre su gesta de hombre. Me mira sin verme, y se para a escuchar a su “Campanilla”, que le habla de los recuerdos ya asumidos, y los sentimientos incontrolables que rescata en alguna hendidura de su alma.

Ahora Martín es Peter, que convive entre su pasado y su futuro, echándole un pulso al presente; ahora me doy cuenta, más que nunca, de que sabe lo que quiere, pero que conseguirlo le cuesta el mismísimo ahora.

- Un Hombre, un Niño = su presente (el mío, el nuestro; el que irremediablemente compartimos).

- Un Niño, un Hombre (siempre niño) = lo que siempre será.

- Un Niño triste, un Hombre “feliz”, amargado porque quiere rescatar a ese niño que fue y consolarle, dándole a aquel que creció, todo lo que siendo hombre puede darle = un Adulto frustrado porque jamás consiguió siendo hombre, rescatar al niño que fue, y perdió a ese gran niño que era...

** Nota: Veo a un increíble hombre de 34 años, guapo y atractivo, inteligente, con poder suficiente en la vida para llegar a todo, de 1’92 y cuerpo esculpido; clavándole los ojos de adulto al niño que fue y que rescata con palabras dolidas y resignadas.

Veo a este hombre y quiero liberarle de su dolor y de su angustia, y ponerle frente a él todo o que veo.

Me da rabia que no sea feliz cuando lo tiene TODO para serlo.
Me da pena que él no pueda verse en ese momento, tal cual, sin acercar retales del pasado a esta, su vida...
Me da miedo pensar que cada una de las personas perfectas que conozco tengan miedo también a vivir su perfección buscando “infelizmente” las grietas del pasado, para recostarse en ellas a dormir mientras su vida pasa.
Me da coraje asumir, que todos y cada uno de estos seres “Perfectos” dentro de la infecta humanidad, quieran convivir anclados a un pasado triste, poniendo los ojos en un futuro incierto, olvidándose de vivir el presente, aceptando que “corre el tiempo”...

Miro a Martín y le abrazo, me abraza, y es como si despertara de un letargo. Me mira y le sonrío, creo; y enseguida estoy en mi inmensa cama blanca, mirando a la inmensa Luna Llena...

Tags: b, 8

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- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw

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