La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

14 Noviembre 2006

Borneo 9

BORNEO 9

Hay avisperos en el mundo donde las avispas no pican, lugares donde el sol no existe, y donde la luna brilla con tanta fuerza que necesitas mirarla poniéndote gafas oscuras.

Hay lugares imposibles de olvidar, y no es como cuando vives una experiencia fabulosa con alguien, porque siempre habrá ese “alguien” para recordar… Es como un caudal inmenso lleno de cosas que quieres atrapar y se escapan río abajo por sus cataratas, pero al llegar abajo, la corriente ha sucumbido en el valle y su quietud y transparencia hacen posible vislumbrar todo lo que contenía el río…

Azules imposibles que se tornasolan en grises maduros, violetas nazareno que flirtean con los malvas apagados hasta sucumbir en un tenue atardecer lejano…

Lugares remotos anclados en el tiempo, pueblos como Kota Kinabalu, Tawan, Kuching… cuyo reloj se mece movido por tortugas. Civilización oculta que nos lleva años luz de adelanto sobre cómo cuidar su medio ambiente.

Bichos exóticos que gobiernan su mini mundo mientras se aposentan en el nuestro clavándonos sus ojos desafiantes, mientras nos retan, a ver quién sucumbe antes, si nuestro miedo, asco o ignorancia, o ellos con sus potentes garras o veneno…

Paisajes sacados de fotos de interiorismo, donde los decoradores de exteriores son condecorados, aquí se elevan en 3D como si fuéramos cautivos dentro de un teatro…

Hoy he pensado que cuando estás lejos de casa, y a pesar de estar en un lugar maravilloso, todo se ve distinto: el mar es más bonito, pero también más salado; la luna es más brillante, pero también más pequeña; la gente es genial, pero no es como la nuestra; el cielo es infinito, pero no tan eterno como el nuestro…

Me cambié de Hotel, y Martín también, estoy en un lugar precioso en medio de un mar turquesa y suave. Hasta aquí solo se puede llegar en barco y sólo se puede salir de él del mismo modo… Mi habitación da a un jardín tropical fantástico cuya espalda es un pálido océano…

Estoy escribiendo sentada en el alféizar de la ventana mientras mi pie izquierdo acaricia piedras blancas con cantos rodados. Hace mucho calor, así que he humedecido la camiseta lo bastante como para poder continuar sin pensar en salir corriendo, y sin parar, tirarme al mar de cabeza. Sebastián me ha quitado las gafas de sol, y horas antes, creía que con las lentillas os estaría cegando (me habrán aumentado las dioptrías seguro…). Luego mantendré una charla con él, que por cierto; ha aprendido a decir “¡ Tía Buena!” – se lo habrá enseñado Martín- y no para de decirlo a todas horas…

He conocido a un grupo de chicos franceses (tres chicas y tres chicos), las niñas eran todas bastante guapas, de los chicos, sólo uno, el más antipático de todos, lo era… No recuerdo más nombre que el suyo: Edouard, y que decía con soniquete: “españolita bonita, Barselona bien, Ibisa me gusta mucho, mucha fiesta y chicas guapas”; menos mal que sólo sabía decir eso porque es tan típico que me daban ganas de vomitar.

Por la noche quedamos con ellos, intenté hablar más con las chicas, pero éstas sólo tenían ojitos para Marín, que se encontraba, al parecer, como pez en el agua. Yo las miraba mientras los franceses soltaban sus babas ebrias cada vez más cerca de mí. Observaba cómo le miraban, sus mohines, y cómo sin querer aparentarlo, les dejaban caer sus cabellos dorados, las manos nacaradas, y cómo Martín desplegaba encantos y se dejaba hacer… Se giraba y me sonreía abriendo el cofre de porcelana de par en par y guiñándome un ojo en plan: “¡Viste!, no sé qué les doy para que estén así, si yo no hago nada, son ellas (pronúnciese /’e_yas/) que están como en celo o ¡qué sé yo!”. ¡Menudo Don Juan que está hecho!.

Me divierte la situación y participo sólo lo necesario como para que “Los Penosos” no sientan que hablan solos (aunque es básicamente lo que hacen) y para que “Las Gabachas” no se sienten intimidadas, y así poderles estudiar. Es fascinante, es como estar delante de un ejemplo práctico de algún manual de instrucciones de ligue al uso…

El Prólogo sería así:

Todo Don Juan que se aprecie, debe saber vestirse de un modo adecuado: ni muy macarra que espante a “Las Buenas Chicas”, ni muy pijo que espante a “Las Gamberras” que son las que de verdad buscan… Así nace lo último en la moda “Donjuanera”: el “hippie-snob” (lo de “hippie” ha quedado en tan desuso como la palabra “chic”). Dicho esto, un ejemplo sería:

Pantalones “cargo” desgastados y rotos por el bolsillo derecho del culo; pero de marca (a poder ser, de esos cuyo precio no baja de los 250 euros), comprados en algún lugar que desconoce el término “rebajas”. Váyanse olvidando de comprarlos en Sprinfield, Zara, Massimo Dutti y /o tiendas similares. Conjunte los pantalones con una camiseta blanca (como raída por gusanos) y de marca también. Prohibido totalmente el uso de cualquier componente textil que no sea algodón en todas su variaciones o materiales de tejidos naturales. Complemente usted su indumentaria, con unas “trainers” poco convencionales, difíciles de encontrar por internet, y por supuesto: de marca. Una vez tengamos esta parte bien creada, podemos agregar un reloj minimalista y carísimo, al que no debes dejar de pasar la mano por encima ni un segundo (como si la esfera se cayese por defecto y no parases de tocarla por si la pierdes).

Agregad un bronceado natural, una dentadura perfecta, unas orejas enanas, una cara proporcionada y un pelo brillante y salvaje (al que debes dedicarle mínimo quince minutos de atención cada vez que lo saques a la vista de todos) perfectamente despeinado.

Un Donjuan se sienta como doblando las piernas (si estás en el suelo, digo) como despreocupado, pero con la gran tensión de saber que sus brazos, delicadamente apoyados en sus rodillas, marcan el fruto de horas de sudor y mancuernas en un bíceps que de pulso contra el hierro; gana. La espalda ligeramente arqueada pero sin pasarse, que luego sale tripa por la postura y hay que dejar claro, que en vez de vientre, se tiene abdominales. Un Donjuan sonríe lujuriosamente una vez sus “esporas” han viajado fugazmente y han detectado a la flor carente de alimento… si estás en este punto debes sonreír ante cualquier cosa y poner continuamente cara de idiota (ella pensará: “¡es tan mono…!”, tú pensarás: “¡te voy a llevar al catre en cuanto dejes de decir estupideces”).
Un Donjuan sonríe fugazmente si presiente que hay alguna fémina interesante observándole, su virilidad se siente estudiada y en peligro, y su lado depredador aminora las marchas por miedo a ser descubierto y convertirse en el ser inseguro que realmente es. Un Donjuan sonríe manteniendo, de manera elegante, su boca sin pulverizar; mira fijamente a los ojos, entre miles de palabras previsibles, hace algún comentario estudiado y gracioso pretendiendo ser “super espontáneo”, y plagia correctamente las maneras de Niño Bueno.

Un Donjuan se recrea cuando habla, y cuando mira; absorbe con su mirada hasta la parte más imberbe de las tripas, te come por dentro sin que te des cuenta, te embelesa abotargándote la mente y sólo sientes un tropel de hormonas que giran en torno a su urbanidad. El Donjuan toca sin querer tocar, sin que se lo puedas echar en cara, porque el tío; sabe hacerlo. Deja caer su mano mientras habla, como si fuera parte de su modo de gesticular, hace demasiadas muecas histriónicas y parece fascinado ante cualquier gilipollez (pero esto ya lo he dicho). El Donjuan deja claro que domina la situación mientras tú crees que te lo estás ligando, y no sabes que antes de darte cuenta, estarás suplicando que no te rompa las prendas interiores…

Ellas se adormecen a la exaltación de las copas, se menean la melena sonrientes y enfáticas, cuidan su pose linda y procuran meter tripa y sacar pecho todo lo que se puede y más (las veo cómo al hablar ante cualquier pretexto juntan los brazos exageradamente para mostrar más canalillo…). Miran al “tigre” y tratan de atraerlo hacia sí con miradas lánguidas en tropel y bocas resbalonas… se sonríen entre ellas en plan “¡qué guay!, ¡ya me lo he hecho! - al tío se refieren- sin darse cuenta de que es un sólo chico, el mismo que entusiasma a las tres (aquí, él, que ya está de sobrado, tranquilo, relajado, como pez en el agua… puede desperezar y destensar los bíceps… ya sabe que tiene a la que quiera, sólo estudia cuál es la más estúpida y la más entusiasta de todas, para satisfacer sus perversiones masculinas…). Y tal vez, él, el muy iluso, también piensa que con un poco de suerte, las copas, y el clímax romántico que domina Borneo, se pueda ir con las tres al jergón… ¡pobre!.

La noche va mejorando por momentos, el más feo de los chicos se ha ido a punto de darle un soponcio, ha visto que no tenía nada que hacer ante Martín, y embriagado del modo en el que estaba, iba a lograr menos, así que se largó. La niña que está pegada a Martín se restriega con fuerza, estamos como a 27º, pero ella asegura tener mucho frío y se aprieta y se encoge intentando meterse entera bajo la axila de Martín. Ya ni habla, pero sus dedos pasan lentamente por el lomo del maromo que parece inmóvil e impertérrito, como si no fuese más que una especie de vendaval suave que le acaricia como si nada (este tipo de cosas no las entiendo; ¿lo hace porque se cree merecedor de tantos arrullos y es como un precio que le deben pagar por ser él, o bien lo hace porque es un gilipollas? – acabo sin pretenderlo de poner un ejemplo perfecto de lo que sería un “Clase A Super A”- Si al tío no le apetece que le achuchen de ese modo, con educación, podría dejárselo claro a la chica, pero no estar manteniendo esa situación con gesto de “hago esfuerzos por ser galante”, mientras permanece como una estatua tratando de saber si la amiga próxima a ella lleva o no ropa interior, y haciéndome señas a mí en señal de: “tía, ¿cómo me quito a esta pesada de encima?”, pero bien que se deja frisar…)

La pobre chica no sabe qué hacer para que éste acompañante de telenovela se desplome encima suyo y le quite de un plumazo tanto frío y tanta palabra arrastrá. Me siento mal cuando veo esto, me descoloco y tengo ganas de meterle a ella un tacón de aguja en medio de su cráneo y comprobar que al menos en otra vida, le han hecho una lobotomía… ¿Por qué habrá tías con tan poca dignidad?. Las miro y siento rabia, me dan ganas de darles a las tres un par de cachetes en el culo y mandarlas a la cama sin cenar, y al Donjuan; regalarle una lavativa antiespermatozoica para que sus impulsos por repoblar el planeta abrevien.

Se va acabando la noche, tengo a un Martín más contento de lo normal, menos bebido de lo normal (a ver si va a ser cierto que con 34 y un par de copas la cosa no funciona y un macho que se aprecie tiene que controlarse, por si caen las tres, poder dar el Do de pecho…), y más embobado y perezoso de lo normal… Se deja hacer, pero no toma ninguna determinación de nada; ¡qué curioso!... La chica se ha descalzado, y a todo esto; me giro a ver si sé dónde he puesto yo mis sandalias que hace siglos que me las quité… ¡eii!, ¡un momento!, ¡sólo faltaba eso!, mis preciosas sandalias de Magrit en los pies de una tipa de éstas… a ver si me va a contagiar hongos o algo… ¿qué haces con mis sandalias? (le digo esto pero en inglés: What the heck are you doing with my beautiful pair of Magrit's sandals on?). Ella me mira y me sonríe, si cariño, pienso yo; ya sé que te gustan, bonita, pero vas lista si piensas que te las vas a quedar…

Llegados a este momento, ya que me he puesto de pie me decido a irme, me despido con la mano, y veo a Edouard que también se levanta… Mi inercia era pensar que iba a darme un beso de buenas noches, no sé, a despedirse; cuando masculla algo parecido a acompañarme hasta mi habitación… Entonces Martín se levanta y dice; “no te preocupes que ya la acompaño yo…” me quedé muerta… qué punto de giro más sorprendente, este Martín si que sabe, pensé yo… así no me extraña que madure su ego al son de la progesterona… se mete su dosis y con ella recargándose su psique, se levanta el tío todo chulo y sin más; con esa seguridad aplastante que tienen los gallardos como él, ni pregunta, sino que lo da por hecho. Él me acompaña porque si, porque lo dice él, porque no hay más que hablar… Y me acompañó…

De lejos veía a las rubias que no daban crédito, sus mejillas coloradas se habían vuelto verdosas-cera y de sus ojos claros salían grietas oscuras del rimel y un reguero casi imperceptible de restos de lágrimas secas provocadas por risas que al final sólo llegaron a vislumbrar lejanamente, sus niveles mínimos de dignidad disipada… Ahora ya no sonríen, y sin polvo y sin copa, sin palabras ni más caras ensayadas que poner, bajan desdeñosas sus miradas al solaje del hielo derretido… Edouard se frota la cara, luego se pasea la mano por la bragueta tratando de sostenerse algo que de repente parece caído o ¡yo que sé!, jamás yo tuve bragueta alguna… y luego vuelta a la cara de nuevo (¿creéis que estaba drogado?, no tengo ni idea de esas cosas…)

El camino hasta la habitación se me hizo eterno, raro, largo, intenso… estaba nerviosa y molesta conmigo misma… ¿de qué va Martín?, peor aún; ¿qué es lo que pretende?, ¿por qué se ha comportado así esta noche?. Y mientras esto me molestaba profundamente, una parte de mi se sentía incomprensiblemente bien… Así que, me decía a mi misma: “Ojo con este tío, ojo con este tío, ojo con este tío… que ya sabemos que es listo, pero no hemos profundizado en el cuánto más…”. No me hablaba, sólo notaba el calor de su cuerpo cerca del mío (toda la noche estaba a mi lado y sólo ahora tenía esa sensación), y su brazo derecho sobre mi hombro; me miraba y sonreía, ¡maldito canalla de mierda!, ya lo está haciendo de nuevo, ¡y conmigo!... No quiero esa risa, esa mueca estudiada que sabe que funciona en su cara cuando se dirige a mí, porque me hace sentir gilipollas y absurda, me hace sentir una pelele… y sólo porque él crea que lo soy, no tiene derecho a imponerme esa inseguridad. Ya está, ya me lo he dicho, ahora ya me he avisado a mí misma y todo irá mejor, me relajo, y le devuelvo la sonrisa enfatizando la mueca histriónica del “deja de sonreír como un niñato de cara bonita porque yo no soy tu presa…” y él me la devuelve como diciendo: “y yo no soy tan predecible como tú te piensas…”.

Estaba cansada y un poco aturdida, no sé si era tensión sexual pero el caso es que me sentía bastante extraña e incómoda… pero bien a la vez, no sé; supongo que el saber en el momento en el que estás ayuda bastante, poner las ideas en un congelador rápido de “sé práctica y no te dejes engañar por el momento…” ayuda bastante. Por fin llegamos al pasillo donde al fondo está mi habitación (la de él, cuatro habitaciones antes; habitaciones que son como bungalows), y noto que mis piernas sufren de flojera y aminoro aún más el paso sin ser la causante directa de ello… van solas, se niegan a andar por su cuenta y tengo que empujarlas mentalmente: “vamos, venga… os espera una duchita fresquita para limpiar la porquería de la arena y el suelo, y luego una loción de lavanda para relajar tanta rigidez…”. Nada, me cuesta arrastrarlas, andan desplomando mi peso en cada paso como si tuvieran un potente imán que las acerca al punto más álgido de la gravedad… ¡Ya está bien!, ¡andad de una vez!... ahora obedecen, porque tengo frente a mi la puerta de mi cuarto sin darme cuenta…

Mi cabeza está girada hacia el estómago y mis ojos enfocan las uñas de mis pies, repaso el arañazo de una rama por encima, y de repente tengo la sensación de que me pica… agacho aún más la cabeza y me doy cuenta que no llevo la llave… ¡Qué horror!. Mentalmente repaso rápido dónde la he podido dejar… y me pregunto cómo he estado tan lila de haberla dejado olvidada cuando jamás he perdido una sóla llave en mi vida… Es el final, acepto derrotada, me voy a tener que ir a dormir a la habitación de Martín, meterme en su cama y rezar (si es que me acuerdo) para que no pegue su erección a mi espalda. ¡Creo que voy a morir…!. Al segundo, Martín me coge de la barbilla y me levanta la cara, me mira con esa mirada terrible y me sonríe, me atrae hacia él… si, me atrae hacia él y me aprieta contra su pecho, luego se echa hacia atrás (creo que porque mi pulso se ha disparado a tal velocidad que podría, con sólo ponerme cerca, bombardear media Alemania) y me da un beso en la frente mientras agita con su mano la llave de mi habitación… ¿A que me desmayo?.

“Cielo, hay cosas que es mejor no preguntar, y yo lo sé, y hay situaciones que es mejor vivir sin más... me quedaría contigo a dormir, pero ya supongo tu respuesta… que descanses, linda…”. Me da un beso en la boca (beso que casi se cae al suelo) y se larga moviendo toda su estructura a un paso ceremonial…

No tengo palabras…

Tags: 9, b

servido por rociomedina 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rosa Alberta de Rías

Rosa Alberta de Rías dijo

Hola Rocío:
Me gusta mucho como escribes, sigo tus articulos, entrevistas y reportajes desde hace tiempo en las revistas y buscando descubro tu blog. Alguno ya los habia leido publicadas.

¡Pero estoy defraudada!... aquí has escrito una guía que no nos favorece en absoluto a las mujeres, hija. Ayudas a tantos cabronazos sueltos a ligar...

Me encanta lo que has puesto de Borneo, he leído hasta aquí del viaje, a ver como acaba la cosa entre tú y martin... Besos

13 Enero 2007 | 12:27 AM

Perseguidor de Rosa Alberta

Perseguidor de Rosa Alberta dijo

¡Pero qué dices tía!. Rosa Alberta ¡deja de beber!... Está fenomenal para los hombres leer cosas así, nos autoreafirmamos... ese Martin soy yo cuando estoy en plan HOMBRE-ATAQUE... En el fondo, y por muy estrechas que os hagais, estais deseando pescar con un tío así por cabron que sea...

13 Enero 2007 | 12:31 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw
Contador gratis

Fotos

rociomedina todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Mis tags

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera