Ayudante de Mago 18
Querid@s Tod@s:
Ayer quedamos a cenar a un mexicano...
¡Qué bonito lugar!, íbamos a estar toda la noche cantando rancheras y bailando. Dice Pilu que los restaurantes así le dan ganas de llorar, que la ponen triste, que son pequeños, comprimidos, costumbristas, y que no dejan lugar a la modernidad impersonal; que las cantinas le recuerdan al hambre de las guerras y al desarraigo de una tierra que te absorbe y a la que no puedes regresar porque el destierro es así.
Total, que Pilu se fue con Babi, mi amiga más “entusiasta” a un restaurante donde según Pilu; te ponen un marisco ideal de la muerte con olor a Mar Cantábrico (si no huele así, igual Piluca le echa un “chufritazo” de spray con ese aroma; os lo prometo, ella es muy capaz)
Bruno llegó tarde, para variar se había llevado un buen disgusto con su última novia y para rematar la faena, le habían comunicado que en no sé qué obra había no sé qué problema con la estructura del porche principal. Consternado como estaba, y sin tener ni idea de que el plan propuesto era el de estar cantando rancheras, se sumó a la cena bastante malhumorado. Nosotros le dijimos que si prefería marisco, que podía irse con Pilu y Babi, pero él prefirió quedarse con nosotros.
Estábamos ya metidos en la faena del degustar una ensalada con una carne rarísima marinada e hiperpicante, cuando Alfonso Moro, recibe una llamada de Babi, que al parecer, nos llamó a todos pero sólo a él le daba cobertura el teléfono.
De repente; Moro suelta el cubierto y nos dice, mientras se despega la boca del móvil, que paguemos la cuenta y recojamos las cosas que hay que ir al hospital.
Estamos en la puerta y los que llegamos en taxi nos repartimos entre el coche de Alfonso Moro y Bruno, y claro, a mí me tocó en el coche de Bruno que me pidió llevarlo yo porque él estaba muy nervioso y había bebido varias cervezas. Por lo tanto, no me enteré de por qué teníamos que seguir a Moro al hospital.
Ya en el coche montados, Bruno marcó en el manos libres el teléfono de Moro, pero éste no paraba de comunicar, cosa normal, conociendo a Babi, que a buen seguro pensamos todos, que le tendría hablando por móvil hasta estar frente a ella en el hospital.
Todos cavilamos lo peor, aunque claro; tampoco sabíamos qué sería lo peor. ¿La habrían violado?, ¿habría Piluca dejado ciego al “maitre” del restaurante con su spray antivioladores?, ¿habría Babi dejado impotente a algún salido dándole una buena patada en sus nobles partes?... No se sabía y estábamos todos muy nerviosos. Bruno no paraba de decirme que me pusiera al lado de Moro en algún semáforo para preguntar, pero resulta que pillamos todos en verde. Kuki estaba callada, perdón, callada no, pero no hablaba, sólo iba rezando en voz alta: “Oh! Súper Dios Todopoderoso, haz que nuestras fabulosas amigas estén bien, porfi, que si quieres, yo podría ir a Lourdes algún fin de semana que estuviera menos liada a ponerte flores... si me das alguna indicación puedo llevarte las que más te gusten; claveles no, que son horribles y son flores de la muerte, mejor petunias o rosas blancas de la amistad... Oh! Súper, Súper Dios, haz que no haya pasado nada horrible, ¡que el negro me sienta fatal!. Además, Súper Diosito, mis amigas son súper kukis, son lo más que hay... por favor...!”.
“¡A CALLAR!”, dijo Bruno, y claro, la pobre Kuki se echó a llorar como una madalena...
Yo iba muy nerviosa, Bruno me empujaba la pierna para pisar más el acelerador y seguir a Moro, pero éste iba a 160 km/hora y yo a esa velocidad, tal cual están las cosas, no me atrevía a ir. Ramiro le decía a Bruno que no se pasara, y Bruno volvía a marcar el manos libres una y otra vez tratando de dar con alguien del coche de Moro, pero parecía que esta vez, nadie tenía el teléfono disponible y claro; menudo rebote se cogió.
Entramos en el parking del hospital, y me dejaron sola aparcando. Cuando llego, todos ya sabían que habían ingresado a Piluca, pero nadie sabía a ciencia cierta el por qué. Babi al parecer lloraba muchísimo, y claro; nadie del coche de Alfonso Moro, había logrado entender una palabra. Me esperaban para entrar todos juntos a urgencias, y la cosa parecía bastante grave.
Moro y Óscar van delante, tras ellos; Bruno, Ramiro y yo, y después: Sofía, Kuki y Vitti. En urgencias vimos a Babi, y nuestra amiga más “entusiasta” estaba descompuesta y hasta temblaba, se echó encima nuestro abrazándonos desconsolada y nos dijo muy lúgubre que era el fin del fin.
Según nos cuenta; mientras estaban comiendo marisco, y Piluca trataba de llamar la atención de un sirio muy apuesto, cogió una ostra en mal estado y no se dio cuenta. Se la tragó sin paladear porque estaba tratando de sonrojar al chico bebiendo el champagne con muescas de jengibre especial que ponían allí, de esa manera, tan a lo “tropical”, como siempre decía Pilu que había que beberlo, para parecer sexy y no golfa. Y claro, estaba en mal estado, y sólo se dio cuenta cuando empezó a ponerse blanca y a notar un extraño sudor frío. Entonces se levantó de la mesa, dejó caer la copa al suelo, apartó la silla, se fue donde estaba el sirio y se dejó desmayar lenta y sofisticadamente en su mesa mientras decía:
_” Que sepas que me muero, y habrás perdido para siempre la oportunidad de conocer a la mujer fantástica que soy... llama a un hospital caro, cari, que voy a morir en breve... y déjale el teléfono a mi amiga, no para ella, claro, sino para otra amiga, Flavi, que sale con un macarra nada recomendable... Oh! es el fin...” y catapún; según nos asegura Babi, Piluca se desmayó completamente.
Al principio no lo creía, conociéndola como todos la conocemos por lo tétrica que es, pero al parecer, cuando un señor gordito fue a tomarle las pulsaciones diciendo que era médico, y cuando Babi se dio cuenta de que olía fatal y Piluca no reaccionaba, fue la propia Babi la que creía morirse al darse cuenta de la gravedad del asunto, y le suplicó al sirio que llamara a un hospital bueno, el más caro que conociera, que si Piluca despertaba y se veía en uno cutre, era capaz de cortarse las venas; pero el sirio no hablaba español y claro, fue el médico “pestoso” el que tuvo que llamar...
Ante este drama tan inhumano, Ramiro y Óscar Escolano se van a ver si localizan al médico, yo trato en vano de tranquilizar a Kuki y a Babi, y mientras, Bruno llama a Flavia y le cuenta lo ocurrido pidiéndole que llame a los demás pero que si vienen, que no se traiga a “El Richi” que bastante jaleo había ya aquí montado.
Media hora después: “El Richi” con Flavia, Marta Robertson vestida de enfermera (mejor no preguntar), Carla Ruíz y Sofía. Todos consternados y ocupando todos los asientos de la sala de espera de Urgencias. “El Richi” salió a encenderse un cigarro, Vitti y yo fuimos a la máquina de café para cogernos un par de capuchinos y un chocolate para “El Richi” que nos dijo claramente: _“pssse!!eyy! sacadme un chocolate a mí que los petas me dan gusa y no llevo pelas...!”. Y también vemos llegar a Ramino y Óscar con mala cara. Nos dicen que no han localizado al médico pero que la enfermera les ha dicho que Piluca está siendo sometida a varias pruebas y que nos avisarían en cuanto supieran algo. Esto aumentó la tensión general.
“El Richi” nos sacó cuatro chocolates, se fumó medio paquete de tabaco, y no paró de usar nuestros móviles para llamar a sus colegas pidiéndoles que le fueran buscando algún traje negro que le pudiera venir para un funeral “pijo”. Kuki y Sofía, ahora que Babi ya estaba mejor, seguían llorando, Carla Ruiz y Marta Robertson se habían salido fuera a hablar con Mónica (que regresó a Nueva York) y contarle lo que había ocurrido, y cuando entraron, en quince minutos aproximadamente; un médico muy guapo salió y nos pidió que le acompañásemos un par de nosotros. Tras intensos segundos, decidimos que entraríamos: Vitti, Ramiro y yo.
Entramos por un pasillo muy estrecho, donde habían unos cuartos muy pequeños con las puertas abiertas que dejaban ver a gente con goteros y con las cortinillas descorridas. Al final del todo había un despacho con una televisión súper cutre encendida y un par de enfermeras. Nos dijo el médico que nos sentáramos en el sofá y amablemente nos indicó que si queríamos un vaso de agua mientras él se servía uno. Recusamos su ofrecimiento y nos sentamos, y las enfermeras salieron educadamente mientras él entonces nos contó que Piluca, en efecto, se había intoxicado con una ostra, y que aunque eso es algo de cierta importancia, que ella estaba bien, que le hicieron un lavado de estómago y que estaba recuperada. Pero que claro, cuando volvió en sí, le dio un ataque de nervios, no sabía muy bien dónde estaba y que hablaba a voz en grito de que aquello era una broma que no quería en serio ponerse “bótox”, y que menos aún en esta clínica clandestina que seguro que luego trafican con sus órganos. El médico dijo que incluso a un colega suyo le arrancó de cuajo el bisoñé y que a él mismo, le dio una patada en los testículos. Total, que la tuvieron que sedar y que en este momento, el psiquiatra de urgencias estaba hablando con ella.
Nos quedamos muertos, no sabíamos qué decir; si disculparnos y decirle que la ingresaran en algún loquero de buena reputación, o si decirle directamente, que le hicieran una lobotomía...
Cuando por fin pudimos entrar a verla, tuvimos que salir a la calle para llamar a “El Richi” que estaba fuera con dos de sus colegas probándose un traje negro para el funeral, y ya dentro; Piluca tenía los ojos como dos tomates rojos maduros, la cara blanca como la pared, el maquillaje entero corrido haciéndole unas ojeras que ni Sadam Husein... Y entonces va la tía y nos dice:
_” La próxima vez que esté tan mala, sacar un avión y llevarme a Houston, que estar intoxicada en un sitio como este es de lo más cutre que hay... Por cierto; Babi, conseguiste el teléfono del Tío Bueno del sirio...?”
P.D.: ¿Alguno de vosotros conoce a este chico?. No sabéis la lata que nos sigue dando Piluca...
P.D.1: ¿Alguno de vosotros conoce un buen terapeuta que pueda ayudar a Pilu?
P.D.2: ¿Alguno de vosotros se ha intoxicado con ostras?
Besitos Dulces
RocíoMedina , Ayudante de Mago Profesional
