Caminos de Cristales en Sonrisas Champange
CAMINOS DE CRISTALES EN SONRISAS CHAMPANGE por Rocío Medina
Las calles se llenan de luces, los asfaltos se abrigan de gente y abrazos, y los besos brillan entre carmines de sabores...
Las ciudades manejan estos días la tierra desenterrada que tapa las raíces de los frondosos abetos que se adornan voluptuosos entre bolas de colores y pequeñas luces candentes, que se disipan al ‘tictac’ de la sintonía que renace entre melodías infantiles, que ‘los grandes’, ponen halagando el clímax de las velas rojas y las arenas huidas de los antiguos Belenes.
Suaves luces tenues emergiendo de la alegría de los colores difíciles, que en noches cerradas de invierno y nieve derretida al aplomo de las gotas plomizas, brillan refrescantes en las almas suspirantes de primaveras y propósitos buenos...
Los árboles drogan su espesor perenne entre los fríos de los curiosos copos, que se recuestan en sus copas esperando envejecer prontamente, y dejar llorar a los abetos nobles que visten galas doradas, plateadas, redondas o estrelladas según la moda se presente de caprichosa.
Escaparates anchos vestidos de galas con sus mejores lazos, haciendo pomposos regalos vacíos de valor y llenos de intenciones a toda prisa. El mundo gira y gira, y ronea sus zapatos elegantes y lentos entre sus vidrieras pintadas de blanco nieve. Copas estrelladas que husmean los recibidores del lujo y la adrenalina encorsetada en el plástico vestido de dígitos que marcan cuentas vacías o llenas, pero rodeadas de valores depravados.
Las cenas se adornan rumbosas en las costumbres del mundo, y cada uno de los muchos mundos; elevan y ensalzan culturas patrias llenas de otros ritmos y otros dioses iguales de vanidosos, que acogen los buenos propósitos y los enmarcan en postales de sombreros rojos con cúpulas de pompón blanqueado, que se arrastran por chimeneas y tejados ajenos, dejando huellas rotas en el nuestro.
Las casas humildes adornan las grietas del hambre encajando polvorones y turrones guirlache, iluminadas al fondo por abedules de plástico lleno de luces que se encienden y apagan, haciendo calor en el vacío que viene, año tras año, desde el lejano Oriente. Las macetas del jardín se secan heladas y las sillas de hierro, que aguantaban conversaciones de otro tiempo, se encogen entre el robín de sus patas iluminadas por la estrella fugaz que asola el campo, mientras dormitan los tiempos de muñecas de trapo y regalos remendados.
Las casas urbanas, que se acomodan en áticos de lujo, ya no traen Belenes con puestas de largo, porque en los jardines “Zen”, nunca hay demasiado espacio. En cambio; hay enredaderas cobre que se iluminan frondosas desde las pantallas de metacrilato, guiñando las hojas muertas a la vida y tentándola bajo los focos mundanos de la prosperidad. Y claro; los árboles justifican así el no ser talados y se recuestan a dormir, acunados bajo la música tenue, entre sus charcos plástico con efecto escarchado.
También hay casas campestres, siempre las de más allá del océano, donde la luz del faro enfoca las barcas que tintinean atracadas en la orilla, meciendo el tiempo de espera con su madera repintada. Y desde donde se ven; los árboles del jardín cantan la Nana perdida, el villancico obsoleto que se posa en las habladurías del tiempo, y las hogueras tristes, gimen entre su madera reseca, observadas por el pino del fondo (tristes ramas mal cortadas) que peinan bolas de colores cogidas con hilos de hilvanes. Ya no hay niños ni apurados caldos, ni matanzas vivas que llenan de calor y luz sus frías paredes de piedra. Pero dicen, que allí; en ese pueblo perdido desde donde se ve aquel faro olvidado, al llegar las doce en punto, llega un deshollinador de otros tiempos. Y baja chimenea triste abajo, llenando de sueños y recuerdos el ambiente de aquel salón apagado, se recuesta entre las estrellas blancas de cartulina de la mesa del fondo, donde el musgo del campo hace camino, y el serrín de los gatos hace cuna a un niño endiosado. La señora de negro se hace otro lazo en el trapo, y el pañuelo negro de la cabeza, adorna sus cabellos blancos.
Caminando por las aceras llanas, encuentro a hombres sentados; pasean sus trajes viejos y sus zapatillas rotas de cuadros. Llenan de emoción ese ambiente olvidado y de leyendas las mentes nuevas de los que quedamos. Cuentan historias lejanas de Reyes Magos, que traen de ese Oriente pistoleado la nueva buena a un niño recién nato. Traen incienso, mirra, y hasta oro; de ese oro dorado. Caminan sin descanso, detrás de una estrella año tras año, despertando pastores en cabañas de pasto, perros pulgosos apaleados y hasta jóvenes inquietas, que llenan cestas de huevos como regalo.
Y caminando, en cambio, por las avenidas galantes; encuentro hombres sin descanso, resbalan de taxi en taxi, apartando al sentarse la chaqueta de sus trajes caros, y sus zapatillas de juanetes remendados se han transformado en zapatos limpios de cordones de diario. Ya no cuentan historias atrapadas en bocas rotas de dientes agrios, sólo saben de Oriente que es un lugar encañonado cubierto de pólvora atrapada en el clima mustio de los ocasos. No hay niños natos sino supervivientes. Y no hay reyes que traigan nada, sino señores que quieren robarlo todo: la inocencia, la vida... Caminan sin descanso también, es cierto; pero detrás de unas estrellas pintadas de piel cremada y no de polvo de leyenda. Llevan cajas mínimas con regalos grandes, y hasta perros “pedigree” con grandes lazos adornados.
Las playas y sus paisajes pierden la ilusión por el amanecer del día, dando paso a las noches candentes llenas de hombres que disfrutar, y no de mocitas que se dejan rondar tras una flor recién cortada con olor a gotas de un recién amanecido día.
Los tiempos silban al progreso, y las niñas buenas, tapan sus excesos deseando al mundo los buenos días mientras acarician la idea de las noches buenas, que desean con sus dientes enlucidos. Atrapan chimeneas iluminadas de velas blancas perfumadas y no de leños de roble que se iluminan con fósforos y aceite.
Bajan los “Papás Noeles” por sus áticos de diseños imposibles, con un plano secuestrado de arquitectos progres, y dejan su carro al amparo del turista que viaja a lugares exóticos por miedo a ser atracado por los renos tristes que adornan imperios mundanos. Se apean de sus motos de doble paga, dejando escondido tras la barba de ‘atrezzo’ y el bigote teñido, el aplomo de las penurias y la prisa; sonriendo a los niños sabios que desconocen su nombre de pila y le llaman “Santa Claus”. A esos niños, les enseñan las sonrisas y les regalan caramelos, mientras ellos; les muestran su casa fría del norte en el último video juego de su PSP.
Pero cierto día; al llegar las fechas de leyenda en un mundo comedido, no se acuerdan del por qué cenan todos juntos, sino que sueñan con abrir los regalos que su Santa les trae: ¡Santa tarjeta de ahorros!, ¡Santa Visa milagrosa!, ¡Santa madre que se arruina!, ¡Santo padre que otorga!... Santa divinidad del progreso que olvida, y Santos REYES MAGOS que observan tras la colina, y esperan ser reclamados, esa noche, en el que todo esté borrado y de nuevo, haya que recurrir a la magia de los días, al retorno de los sueños, y a la ilusión que desborde sonrisas más allá del tiempo...
Entonces, dejaremos las ventanas abiertas de par en par, y también los balcones, y dejaremos caer chorritos de magia por toda la casa cubierta de cuencos de marca para camellos, donde secar la sed de fantasía, cubierta de cartas para renovar ilusiones fósiles donde se recuestan los sueños, y divanes de telas nobles donde reposar reyes instruidos que marcan capas de tendencia por las alcobas tristes...
Pero aún hoy, aún hay muchos que estamos salvados, que atrapamos los libros y anotamos a pie de página notas que recordamos. Y buscamos entre las fotos antiguas a ese Rey, que cabalga a caballo por su paje escoltado, que sonríe a la inocencia, que busca miradas cómplices mientras deja anisetes de sus guantes en nuestras manos, y besa al niño que quiere dormir temprano, dejando su carta sin sello en el buzón de Los Magos...
¡¡FELIZ NAVIDAD!!

mira al alba... dijo
EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS
cierro los ojos y veo un camino sin cristales
abro los ojos pero veo abetos de pega
cierro los ojos y no hay luz q me ciegue
abro los ojos pero no veo la nieve cuajada
cierro los ojos y veo mil escaparates y vidrieras de colores
abro los ojos y veo ojos vanidosos
cierro los ojos y veo pueblos
abro los ojos y solo veo cuidades
cierro los ojos y huelo a incienso
abro los ojos y solo huelo humo
cierro los ojos y veo reyes
abro los ojos y solo veo actores
cierro los ojos y veo agua, veo mar y playas infinitas
abro los ojos y solo veo asfalto y pared
cierro los ojos y veo ventanas abiertas
se puede soñar con los ojos abiertos?
24 Diciembre 2006 | 06:13 PM