"ALMORAIMA" de Jorge Pardo
"ALMORAIMA" de JORGE PARDO.
Parece agua de lluvia cayendo por la cara de una diosa. Si Cleopatra ponía en su imperio una melodía, tenía que ser esta tocada por Jorge Pardo a soplo de flauta.
Es como la brisa que emerge del mar y se adentra en tu cuerpo cuando al atardecer el agua es de un violeta raro y el cielo es de un rosa anaranjado de imposible igualar.
Me recuerda a esas primeras sensaciones que tenía cuando de chica en el conservatorio me ponían a Vivaldi o a Beethoven, esa sensación de grandeza insuperable que se creaba en el ambiente, esa divinidad que del cassette brotaba en la clase y crecía y crecía hasta que se perdía en el infinito del éter.
El espacio se encumbraba como un todopoderoso, nos entraba vértigo, se nos acongojaba el alma apegada a las partituras de solfeo que se hacían borrosas de tanto mirarlas fijamente mientras dibujabas mentalmente notas inexistentes.
Un piano de cola, una cola de caballo en una niña mellada con aptitudes musicales pero sin demasiado entusiasmo que parecen estallarles las pecas cuando Vivaldi comienza el compás.
Era un conservatorio que poseía su música sobre un antiguo hospital, el terrible olor a humedad y el miedo empotrado en nuestro cuerpo cuando el ensayo prometido no había sido muy bueno parecía hacernos andar en cada paso, dos hacia atrás. Tener que ir a música... Uno de mis muchos profesores sufrió un ataque epiléptico en plena clase, pensé "¡Dios mío, lo he matado, prometo que si lo salvas estudiaré más!".
Esta es la música del estímulo, del ensayo continuo, del sufrimiento alegre que deja una larga satisfacción. Esta música es el arte en sí mismo, es un clásico de nuestro tiempo, es... una promesa.
Rocío Medina
