Ayudante de Mago 22
Querid@s Tod@s:
La noche se hizo más y más densa en aquella casa abandonada. Nos mirábamos asustados y temíamos ser devorados por alguno de los fantasmas de Íker Jiménez.
Hace un par de días, un familiar de mi amiga Cobita falleció, nos fuimos todos a verla en caravana una vez transcurrido el funeral.
Cobita vive en una finca enorme, llena de árboles frondosos y entre un millar de
cuadros antiguos. A mí esas cosas me dan un poco de miedo...
Cuando llegamos, muchos de sus familiares aún estaban hospedados en su finca, Cobita nos dijo que la señora que falleció, era una tía de su abuela, pero que todos estaban muy unidos a ella porque la pobre, era tan cumplidora, que agenda en mano; telefoneaba casi a diario a todos los familiares y les ponía al día de su estado de ánimo, de salud y demás cotilleos de los unos y los otros.
La prima de Cobita, que es de armas tomar, nos dijo que en la finca no se iba a alojar a nadie que no fuera un familiar, y que por orden expresa de la fallecida, su enorme casa antigua, pasaría a formar parte de una herencia familiar destinada a alojar a todos los familiares y demás amigos a los que ella tenía mucho apego; con lo cual pasó a ser la casa de huéspedes y cobijo de todos aquellos que emparentados o no, quisieran pasar unos días de vacaciones visitando a la familia.
Total, que ahí que fuimos todos alojados muy a pesar de Cobita, que decía que aquella casa le daba siempre un poco de repelús, y que tenía muchas ganas de estar con nosotros y vernos. Claro, en aquellas circunstancias no podía dejar su finca y trasladarse ese par de días con nosotros, con lo cual, hizo de buena anfitriona, nos hospedó en las mejores condiciones posibles en la casa de la fallecida tía de su abuela, y nos dejó a todos en aquella noche de perros, al abrigo de un fuego enorme que echaba chispas sobre una alfombra salpicada de años.
Toda la estancia era siniestra y lúgubre, Piluca se abrazó a Moro y yo hice lo mismo con Bruno que me pillaba más cerca, y por fin Ramiro puso un poco de cordura en el ambiente que estaba a punto de convertirse en un mar de lágrimas contenidas como si una partida a la “Ouija” nos hubiese salido rana.
Aquella noche Pilu dijo que todo era tétrico y horroroso, que olía a humedad y que teníamos que dormir todos juntos en el salón, así; en plan campamento de verano en noche de expedición nocturna. Total, que así lo aceptamos todos (no nos quedaba tampoco más remedio), y Piluca se entró a la cocina con Marta Robertson y con Vitti, que es el único chico de nuestra “chupipandi” que cocina como los ángeles... A los cinco minutos sale malhumorado y dice que en aquella cocina “... con esas dos ahí dentro, no hay quien haga ni un huevo frito”, así que se queda con nosotros que estamos medio arremolinados entre un sofá y la alfombra apoyando espaldas contra rodillas.
Media hora después sale Piluca gritándonos que cómo se encendía esa vitro cerámica que ninguna sabía dónde estaban las ruedas para encenderla. “¡Dios Santo!”, dijo Vitti; “ pero Piluca, ¡no me digas que pensabas que la cocina de leña antigua la ibas a poner a funcionar como la de tu casa!”. Piluca asintió y dijo que la de su casa jamás la encendía ella pero que sabía bien el manual de instrucciones por si algún día se le iba su asistenta personal antes de que ella la echase teniendo a otra de repuesto. Vitti y todos pusimos el grito en el cielo y él solito entró a la cocina mientras Pilu protestaba porque jamás le teníamos confianza a ella.
Quince minutos después sale Vitti anunciando una cena a base de “Patatas de la Abuela” (patatas a la panadera con cebolla frita, pimientos fritos y huevos revueltos), “Ensalada de tomate con ajos, aceitunas negras y aceite de oliva y sal”, y una bandeja llena de fruta pasada. ¡No había para más!. Piluca protestó, porque claro, bastante catástrofe suponía el no poder ir en varios días a su ‘gym’ mega ‘fashion’ como para encima arremeter contra su línea una cantidad indecente de hidratos de carbono. Total, que le encargamos el pelar las naranjas y demás frutas rescatadas y hacernos una macedonia gigante mientras nosotros devorábamos la cena que nos había hecho Vitti
De pronto oímos un ruido atroz, miramos por la ventana del “office” y nos dimos cuenta que el viento había partido una rama enorme que se había estampado contra el techo de la choza que albergaba la leña. “El Richi” dijo que una vez en casa del abuelo viudo de un colega suyo, pasó algo parecido y que desde entonces, había fantasmas en esa casa. Algo así como que del leñazo, algún antepasado del abuelo se había despertado, y que del cabreo monumental que se cogió, ya no dejaba en paz a nadie; si él no podía tener un descanso en paz, que los demás se fastidiaran del mismo modo. Y que todos los días a la hora del suceso, se paseaba en cueros vivos por todas las habitaciones de la casa.
¡Para qué queremos más!. ¡Buena la hizo!. Piluca se agarró a Kuki de tal forma que le dejó clavadas las uñas acrílicas en el brazo y acto seguido, salió pitando con el cuchillo de la macedonia al salón en busca de su bolso, trayendo al instante su súper ‘spray’ antivioladores y diciendo a grito pelado: “Eii, ¡fantasmas babosos!, si queréis manifestaros yo os dejo, que tengo preguntas que haceros, pero al menos, tened la decencia de taparos las vergüenzas que soy bien capaz de caparos y hacer una sangría. ¡Avisados estáis!. Luego no me digáis que si esto o lo otro que os dejo más ciegos que Stivy Wonder”.
“El Richi” cogió a Flavia y la atrajo para sí abrazándola contra su súper sudadera en la que se leía: “Hitler and Bush: the same shit but different asshole”.
Esa noche nos arremolinamos en torno al fuego, callado y en la penumbra de las llamas, poco a poco, nos fuimos quedando dormidos.
A la mañana siguiente nos trasladamos a la finca de Cobita, sus tíos se habían ido muy temprano porque tenían que llegar antes de que lo hiciera la niñera o le cobrase el doble, y así todos; almorzamos una gran barbacoa junto a Cobi en una mañana fría pero llena de luz.
Pronto nos dieron las cinco de la tarde, “El Richi” dijo que se iba a dar una vuelta a ver si veía pájaros (se largó a fumar pero al menos fue disimulado), y mientras Piluca propuso dar un paseo montando a caballo.
La finca era bastante grande, los caballos trotaban alegres como ajenos al tiempo que nos iba dejando las mejillas coloradas y las manos frías. Al regresar, el caserón parecía un enjambre de personas bien vestidas de campo en colores, en su mayoría, tierra y verdosos, y algunas señoras mayores embutidas en abrigos largos de pelo, y algunos señores con sombreros sobrios en trajes de luto.
Poco a poco fue llegando la hora de cenar, Cobita nos pidió encarecidamente que cenásemos con ella, pero había una rigurosa mesa puesta de largo en el salón principal y decidimos cenar en el office con ella (que tapeó un poco con nosotros) de una manera más informal.
Después de ambas cenas, un señor se acercó al piano de cola, y mientras los solemnes whiskeys brillaban en cristalerías antiguas, éste, comenzó a tocar. Piluca se puso tristona, se acercó a Bruno y empezó a achucharle como si fuera su osito “Pipu” (el osito de peluche preferido de Piluca y que conserva como oro en paño desde que cumplió los cuatro años de edad).
Tras el descanso un par de asistentas pasaban bandejas con pastelillos de navidad muy elaborado y bombones de todo tipo de chocolates y rellenos de los de toda la vida... “El Richi” fue prudente, se puso al lado de la bandeja de bombones una vez todos servidos, y empezó a comérselos uno a uno los que quedaban y a pedirle a las asistentas: “oye, mozas, traerme más chocolatinas que están que te cagas... ah! y un pastel de esos rellenos de chocolate que tienen una pinta que no veas...!” y digo que comportó y digo bien, porque más de uno temíamos que lo pidiera a voz en grito y la humillación habría sido letal del todo.
De camino a la finca de invitados Babi, nuestra amiga más entusiasta, dijo que había visto a un chico que no estaba nada mal, que a ver si Cobita se lo presentaba, un chico en el que todas nos habíamos fijado. Seguro que era un primo muy cercano de Cobita porque tenía toda su cara pero en hombre, o sea; súper guapo... y Piluca que estaba amodorrada por las copas y cabreada por tener que volver a la que llamó “La Mansión Deprimente” se despertó como por arte de magia y animadísima; comenzó a tramar a viva voz toda clase de artimañas “celestinescas” mientras lamentaba no haber echado en el bolso el “Cosmopolitan” del mes.
P.D.: Al día siguiente a las nueve de la mañana ya nos estaba despertando uno a uno con esa sonrisa y esa voz divinamente inocente que pone cuando quiere pedir algo y sabe de sobra que no nos hará mucha gracia.
P.D.1: A las diez de la mañana, ya nos tenía a regañadientes tocando el claxon del coche de turno para que se diera prisa en ir a casa de Cobita, a la que previamente había llamado poniéndola al día y obligándola a despertar a su primo para que desayunase con nosotros: ya os contaré...
Besitos Dulces
RocíoMedina , Ayudante de Mago Profesional
