La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

5 Marzo 2007

El Preludio de la Noche

-

Sigiloso y de puntillas, se encaramó al preludio de la noche, donde nadie oía ni un sólo susurro saliendo de sus callejones oscuros...

Detenido bajo el foco de la luna, la vio deslizarse bajo la seda de su vestido cuando descorría las cortinas. La noche sonaba a jazz viejo y él comenzó a tararear una canción.

La ciudad renacía entre las últimas luces de la noche, los coches comenzaban a despertarse, y los perros inundaban los parques mojando sus almohadillas desgastadas en el rocío del alba.

Volvió a correr las cortinas, encendió su pequeña luz anaranjada, y abrió la ventana. Su pelo empapado pintó un hilo de agua en el cristal. Él la miraba. Gota a gota, el vaho salía precipitadamente como el humo despavorido que pinta burbujas tóxicas mientras sale de unos labios acarminados.

El día en que me pierda contaré muchas cosas, aquellas cosas que nadie se ha atrevido a decir jamás. Y verás que detrás del antiguo horno de leña, se esconden esos párrafos prometidos... Ahora que la noche se enfría tras su muerte, hace apenas unos minutos, escucho cómo el amanecer satisface mis deseos de volver a comenzar. Y todo parece que permanece aún dormido, hasta el ruido sigue dormitando entre la oscuridad pintada de un gris manchado de nueva luz.

Entonces él escucha su voz saliendo de aquella ventana; cortada, ebria y malsonante, dibujar gorgoritos tristes en una cara húmeda y fría. Su rostro no tiene expresión de nada, tan sólo dibuja una piel lisa en unas mejillas coloradas y unos labios agrietados, donde se aprieta la palabra antes de salir estirada y hueca, llenando de matices tristes el lento despertar del sol.

El día en que me pierda contaré aquellas cosas prometidas, secas de lágrimas y sin palabras que retumben en tu cabeza como los muelles de una colchoneta vieja. Todo sonará menos profundo y más triste, más lejano en la cercanía de las palabras que se dejan dichas con plumas usadas. Y ahora que la noche se enfría tras su muerte, ahora que aún todo duerme, sigue el silencio retumbando las paredes inacabadas de la vida.

La voz sigue sonando, saliendo más de sus ojos vivos y perdidos, que de su boca agrietada. Perenne en aquel umbral anaranjado que ilumina su ventana dando luz difusa a aquella calle vacía, impertérrita y firme; sus ojos no pestañean, y las gotas de su pelo, siguen resbalándose elegantes entre el quicio de aquel edificio de ladrillo pulido.

El día en que me pierda contaré aquellas cosas prometidas, licuadas en mis veranos y ocultas como el camino entre las hojas coloreadas de los otoños. Y entonces verás como era cierto todo aquello que te decía mientras las palmeras eran verdes y los veranos azules. Sonará vibrante y grácil mientras tú pronuncias las palabras en tu mente. Ágil como el mar mecía tu barco de capitán pirata, y fuerte, como tú me abrazabas bajo la luna en aquel velero de nadie.

Él metió la mano en el bolsillo de su abrigo, sacó un reloj y consultó la hora, volvió a mirarla... Paseó sus ojos por las sendas de su pelo, la humedad de su cara, que mejillas abajo, devolvían tono y luz a esa tez de escayola suavizada. Sus ojos seguían perdidos, vagando por los senderos deformes de su memoria odre.

El día en que me pierda contaré aquellas cosas prometidas, verás como nada será igual que como tú lo vivías. Verás como todo color está lleno a su vez de otros matices, y sabrás por fin, que los días no son sólo horas, y minutos, y segundos... Verás como los días también pueden contener eternidades enteras, vidas enteras que empiezan y acaban en tan sólo ese tiempo... Y ahora que la noche se enfría tras su muerte, volvamos a creer que existe la vida, volvamos a pensar que la esperanza no tiene color...

Se miró las manos, y levantó de nuevo la cabeza para mirarla a ella por última vez. La estatua fuerte destilaba vida por sus ojos húmedos, que parecían deshacer, a aquella bella muñeca de cartón. Su fragilidad... Y le tiró un beso desde su corazón hasta sus ojos, y los cerró mientras lanzó a la carretera aquel reloj. Se apretó la gabardina con sus brazos, se paró y miró más allá del cielo, y continuó su camino.

El día en que me pierda contaré aquellas cosas prometidas, y contaré el secreto que siempre quisiste saber pero que nunca estabas dispuesto a escuchar porque te daba miedo. Lo contaré desde el principio, sin olvidarme de los detalles de aquel preludio de la noche, y verás como los días también pueden contener la felicidad de toda una vida sin esperar que suceda nada diferente. Y sabrás entonces, por qué la felicidad se esconde con el sol, y detrás de las nubes del cielo; y sabrás entonces, por qué todo puede cobrar vida detrás de cualquier pared, cualquier vestido, cualquier día, y cualquier sombra tenue que nos persiga, que nos mire, que nos recuerde, y que nos quiera.

La música de sus labios se apagó de repente mientras un cigarro se encendía entre bocanadas de ceniza, dejó caer su vestido al suelo, y las cortinas se cerraron para siempre...

Rocío Medina

Tags: sdc, 13

servido por rociomedina 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

apoloaleman

apoloaleman dijo

Que preciosidad!!!! Vaya relato tan profundo y bonito. Es maravilloso. Te has salido! Me ha puesto los pelos de punta leerlo. Me hace sentir tan vivo leer tus relatos! A veces en la vida hay que cerrar las cortinas, para que se abran otras puertas.
Un besazo
apoloaleman

5 Marzo 2007 | 02:01 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw
Contador gratis

Fotos

rociomedina todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Mis tags

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera