“EL DíA DE AGUA” por Rocío Medina
Hoy estoy triste y necesito un amigo. Tengo ganas de llorar y necesito a quién esté a mi lado escuchando en el silencio mis sollozos y que acaricie mi pelo mientras entiende mi pena.
Hoy no puedo soportar el dolor que llevo dentro, me ahogo y me desespero, necesito desnudarme...
La vida es complicada e implacable, pasa rápido, nos renueva, nos convierte, nos rejuvenece y envejece a su antojo, nos muestra lo peor y también lo mejor; la vida es caprichosa.
Todo estaba borroso, hacía calor, iba caminando despacio en busca de un taxi, pero estaba tan aturdida que tampoco me importaba seguir andando durante un buen rato más, no tenía prisa por llegar a casa; no quería llegar a casa y escuchar su silencio.
Cuando llore, quiero que puedas abrazarme tan fuerte que la respiración ahogue mi pena, cuando llore quiero que me susurres al oído que tú estás aquí para cuidarme, cuando llore quiero que tu fuerza me traspase y me sienta pequeña y recogida.
Las veces en que me encojo y ya no puedo hacer nada por mí misma, esas veces en que las lágrimas se me anudan al alma y no salen ni entran, sino que se quedan estancadas como una nube oscura que emborrona el cielo, esas veces, pienso en el verano y en las gaviotas hambrientas que acuden a ras de agua reflejándose en sus olas. Me pierdo entre esa arena salada y sucia, llena de huellas de nadie que se borran y dejan de existir. Me pierdo en la brisa que adormece el calor, y me pierdo en las sombras subterráneas que pueblan los mares perdidos.
Hoy quiero empaparme del olor de otro cuerpo, del calor reconfortante que llega a través de una piel que no es la mía. Hoy quiero llorar dejando el alma desnuda y fría, hoy quiero poder recogerme en tu mirada y que me arrulle tu silencio. Y si tus manos están llenas en la ternura del que no sabe cómo recoger ese desgarrón de aliento, se llenarán de mil poesías que arroparán el destrozo de mi alma.
Tengo ganas de que una mirada entienda lo que las palabras no pueden expresar. Sentirme arropada al abrigo del plumón de la compañía que da sin exigirte, que se da sin que te regales, que se conmueve sin que le tengas que contar nada, que te comprende aunque no puedas dejar de sollozar, que te recuesta en su cuerpo y te mece deteniendo su reloj y regalándote las horas muertas que pasan entre su respirar y el tuyo; pegados piel con piel.
Esta noche quiero llorar sin saber por qué, por todo y por nada, porque las lágrimas también traen alegría, porque bajo las penas siempre hay una luz que te indica un camino donde respirar un poco más, porque el sendero oscuro se abre a un prado verde que te seca las lágrimas y te descongestiona el sentimiento. Porque detrás del dolor viene algo de paz, y porque bajo el surco de la pena siempre encontramos la fortaleza de la vida que te empuja hacia delante con un impulso rudo de los barridos de sus agujas afiladas.
Y siento cómo voy creciendo en un pozo gris dibujado por una extraña melancolía, y miro en dirección a tus ojos, observándolos desde más allá de mi alma, e intuyo que tú, callado, mudo, me rescatas de las telarañas frías de la ciénaga donde oculto los secretos de mi corazón. Respetas ese ambiente plagado de nadas, desde ese lugar tus ojos azules hicieron vacío en el agua muerta de mi corazón, te postras tranquilo con los brazos abiertos y las palmas recogidas, mientras ahogo tu cuello de lágrimas secas que contienen los arañados de toda una vida. Estás ahí, simplemente estás, y eso quiero; que sigas conmigo rescatándome, rescatándome de la pena, llorando conmigo en silencio, enjuagando mis sollozos mientras sigues tocándome el pelo...
Y cuando las nubes de mi cielo oscuro comiencen a abrirse y dejar que su lluvia salga del todo, y se escurra de mis mejillas a tu piel templada, asómate conmigo a la ventana del salón a contemplar si sale el arco iris. Cógeme la mano, amigo, que sólo necesito eso; una mirada callada y las palabras que brotan a tropezones por tus ojos claros sin tener palabras que decir.
Quédate conmigo entonces, que aunque no pueda expresar toda la amargura de mi ser, te estaré necesitando más que nunca... Quédate conmigo entonces, mi vida, protegiéndome de todo y de nada; rescátame de mi, aunque tus consejos lleven impregnados los errores de camarada. Acógeme en tu vida porque te estaré necesitando más que nunca: ¡te necesito tanto!...
Hoy quiero llorar y dejar que el tiempo pase sin tener que decirme a mí misma por qué lloro. Lloro porque estoy triste, lloro porque le quiero y no está, lloro porque me hace falta, lloro porque no quedan palabras que puedan expresar lo que siento y la pena me ahoga, y las lágrimas saldrán cuando estés cerca necesitando que tan sólo las recojas como la hierba seca recoge el sereno de la mañana.
Llorar por que sí, porque con las lágrimas también se puede sonreír, porque con las lágrimas uno se siente vivo, humilde y cercano; llorar porque a veces no hay nada mejor con lo que romper un silencio que devora y mata por dentro. Llorar porque te quiero, y llorar porque a veces no me quiero yo a mí tanto como puedo llegar a quererte. Llorar porque se me olvida que estoy viva y eso hace necesario sufrir...
Llorar, porque sólo así se ama, porque sólo así noto que me quiero y que quiero seguir sobreviviendo en este mundo encogido por silencios. Llorar por amor, porque eso es la vida; un llanto rotundo que explota con la vitalidad que sacude al dolor, llorar porque sólo así siento que estoy en paz con el mundo.
Y aquel día de calor sofocante, tú te paraste frente a mí cuando pasaba cerca de aquella fuente sin agua, me sonreíste despacio, me miraste, y eso fue todo; eso fue suficiente para saber que ya te querría para siempre. Dejaste una huella rota en el tiempo de aquel tardo caminar, y mi corazón se fue contigo en esos días extraños donde mi imaginación vivía y mi cuerpo no.
Nadie piensa que una simple mirada a un desconocido pueda robar una parte de su esencia, quedarse congelada para siempre en el infinito de la imaginación. Llorar por una mirada, es como llorar una muerte; tan fuerte y tan frágil a la vez... O como llorar por una sonrisa; forma parte de las muchas contradicciones de esta vida. Vida ridícula, cruel, beligerante, antagonista de nuestra propia esencia... Por eso la vida es amor, el amor es llanto, y la felicidad también es dolor.
Y por eso, en este día de agua, me acuerdo de aquella luna mora brillando sola con su media mueca, sonriendo para mí y para tu recuerdo, enjugándome las lágrimas sin palabras y haciéndome sonreír tan sólo con su toronja luz.
Sé que dicen que llorar no siempre es bueno, pero también leí una vez que aún cuando estás triste debes sonreír saludando a todos y a nadie, preparándote para un dolor oculto dentro de las pirámides forjadas de lo más profundo de tu alma; porque nunca sabes quién puede estar delante de tu sonrisa, mirándote por dentro y preparándose para sentirse vivo y confuso, en este divagar raro de los sabios disolutos del firmamento.
Sólo la muerte nos puede rescatar de la pena, pero bien es verdad; que sólo la vida nos puede rescatar a nosotros...
Y el tiempo ha pasado, y de aquel día tengo nuevos recuerdos; tu sonrisa y tus manos agarrando unas gafas oscuras y unas llaves de coche. Y nuevos recuerdos quieren hacerme creer que tu camisa era clara como tus ojos, y tu piel oscura como el gatuperio mío. Y de ese día cansino y acalorado, sigo rescatando los colores pastel con los que mi mente dibuja tus nuevos gestos y policroma las palabras que yo debí decir...
Ahora que el tiempo ha pasado, sigo necesitando respirar de aquel día, y estoy triste pero tranquila, porque las lágrimas que comienzan a brotarme no harán sino limpiarme los rasguños de esta vida. Y ese momento especial; especial como las primaveras, los atardeceres y las sonrisas, quiero compartirlo contigo.
Y por eso, en este día de agua, me vuelvo a acordar de aquella luna mora brillando sola con su media mueca, haciéndome reír y llorar. Y si estás conmigo, dejaremos que la luna sea una puesta de sol para los enamorados, y tú serás mi luna; enjugándome las lágrimas sin palabras y haciéndome sonreír entre abrazos, los dos solos, tan sólo a la luz de las velas...



Daniel dijo
Es siempre agotador el profundizar nuestros sentimientos. Devastador el deternos a pensar... ¿un lujo? Quizás... Vivir muy deprisa y no detenerse te da la concha que te impedirá sufrir pero, a veces, como al leer tus líneas, te detienes a pensar cuanto te pierdes.
Una cita, he visto en SMW que te gustan:
"It is your duty to preserve your dreams"
No te digo de quien es. Así, si de verdad te gusta, harás algo por localizarla.
Daniel
11 Junio 2007 | 02:40 PM