LOS HOMBRES DE LA NOCHE
Querid@s Tod@s:
Como llevamos una vida de lo más interesante, hoy, después de mi odisea hospitalaria de esta madrugada (os lo cuento en otro “post”), he decidido salir un poco a inspeccionar de una manera totalmente invisible (voy de incógnito), lo que nos depara la noche madrileña para todos aquellos que abrumados de planazos, hayáis decidido quedaros en casa sin tener más ocupación que el mirar a cada cinco minutos el móvil y la “Blackberry” por si la ‘persona’ en cuestión ha dado señales de vida...
Así pues, me pongo mis trapos buenos de ‘Las Rebajas’ (todos a la vez) uno encima de otro, y me voy así de incógnito a los locales nocturnos de Madrid.
Al primer hombre que me encuentro es a “Humphrey Bogart”, como lo estáis leyendo. Me siento a su lado, refunfuña con esa mirada encallada de ojeras ahumadas y ojos encerrados en las ‘bolsas de la vida’ (esto siempre lo dice una amiga muy ‘pija’ cincuentona de mi tía, por no decir que le da pánico meterse en un quirófano y que le quiten las bolsas de los ojos, ella dice que son su identidad vital: “bolsas de la vida”. No tratéis de comprenderlo, porque yo a día de hoy, sigo sin entenderla. Imaginad, aunque me desvíe del tema, que ella jamás utiliza un vocabulario normal, ella no dice: “Ponme un vaso de leche frío”, ella dice: “Cari, por favor, tomaría ahora mismo un vasito de leche fresquita como recién sacada de una nevera”. Mujer, ¡por Dios!, estamos en verano, ¡en Sevilla para más inri!, lo de ‘cari’ me mosquea pero te lo paso, pero que pretendas que el vaso de leche esté frío sin haber sido metido en una nevera antes, es que es muy ‘gore’... ¿Qué quieres?, ¿qué te lo ponga con hielo picado o que me vaya con el ‘Tetra brik’ antes a Siberia a ver si allí toma la temperatura exacta?). Pues como decía; estoy ahí sentada al lado del Bogart, que me mira con ese gesto pétreo, inexpresivo, de mirada aburrida, encorsetado encima del taburete, y cuando reconozco de quién se trata, me largo a la máquina a cogerme un paquete de ‘Ducados’ negro. Regreso a su lado y le pido fuego, refunfuña sin decirme nada, me alarga su ‘zippo’, y vuelve a lo suyo meneando el hielo del ‘whiskey’.
Los hombres tipo Bogart son mercenarios del corazón, lo clavan y lo parten en dos como un ‘karateka’ profesional: no son guapos, ni habladores, ni tiernos, no son altos, ni tienen cuerpazos increíbles que lucir, sin embargo tienen un ‘algo’ imposible de transcribir; los rodea un halo de misterio frío, sobrecogedor, que nos hace temblar cuando les tenemos cerca. Nos transmiten pánico, un miedo aterrador, pero nos inyectan a la vez esa sensación de proyección invisible que se traspasa a través del oxígeno convertido en feromonas. Nos seducen sin hablarnos, sin mirarnos, sin estar pendientes, sin acercarse, sin hacerse notar... Y a la vez, su presencia, que no es nada; se convierte en algo imprescindible que inunda cualquier rincón.
Y mientras intentaba conversar con él, él ni me miraba, bamboleaba su media copa con elegancia sublime, y yo sabía que pensaba en otra, en esa otra “Ingrid Bergman” que se escapa con su media melena ondeante empapada en agua de lluvia para reencontrarse, quizás en otra vida... Y allí seguía yo; camuflada, invisible, en un bar lleno de gente, admirando a ese hombre Bogart con su cigarrillo perenne...
La madrugada estaba apunto de sucumbir sobre las teclas de “Sam”, y yo conseguí sacarle un par de palabras a mi amigo Humphrey. Le pregunté que si después de un siglo seguía viendo el panorama nocturno igual que recordaba... Pero borracha y mareada, sus palabras no eran entendibles, tan sólo el caer de su ceniza a la barra, donde sumergía medio cuerpo, le hacían vivo ante los demás... Nada corría deprisa, tan sólo la música sonaba en acordes volátiles que hacían brillar los zapatos de charol en mitad de la pista de baile.
Así que pensé que me quedaría con un hombre Bogart para toda la vida, sin hablar; rotundos y sinceros hasta dolerte, abrumados por el mundo, cabreados contra él, y sin embargo, masoquistas que degustan la doble vertiente de la vida: entre lo divino y lo humano. Sin más metas y pretensiones que la suya propia, sin pedir nada, sin exigir nada, sin tener que hablar ya comunican hasta sin apenas moverse... Tienen un estado imperecedero de duración más allá del tiempo y son adorados u odiados, pero siempre en el odio hay una parte de reconocimiento personal; la envidia se traduce en el éxtasis de despotricar al vecino porque tiene aquello que nos jode no tener a nosotros...
Entre el mareo de los cigarros y las copas, llamo a una de mis mejores amigas y le invito que vea a Bogart en directo; a mi hombre ideal, y ella me dice que no está del todo segura, pero que si no se parece al guapo rubito y con barbita de “Grey’s Anatomy”, que ya la puedo estar esperando sentada el tiempo que haga falta que no se menea de donde está. Pero mujer, le digo yo impaciente; que este tío es un clásico en el mundo del “Macho-Man”, y ella me dice: “Mira Rocío, ¡no me insistas!, a menos que sea el típico’ hombre-obrero’ sudoroso y tatuado de un anuncio de ‘Coca-cola’ , y que le vea cargando cajas de 70 kilos sin inmutarse, yo no me piro de aquí que le he’ echao’ el ojo a uno que dice ser de Miami, y ya sabes lo que dicen de ese sitio; que allí te llevan hasta en yate a tomar unas copas o un piscolabis...” Total, que miro a Bogart, le cuento lo que ha dicho mi amiga, y él hace un gesto de asco y de un sólo trago se bebe la copa del tirón. Entonces refunfuña, y pide otro doble de ‘whiskey’: ¡Así se hace, hombre!...
Cuando ya di mi charla por agotada, y le veía a él cansino, más de la cuenta, vagueando en el recuerdo de aquellos callejones oscuros, intentando encontrar algo que nos deshumanice y nos reconvierta en la patente búsqueda de no ser seres vivos con capacidad para amar y sufrir. Y pienso en lo rápido que corre mi tiempo y en la lentitud con la que circula la vida... De pronto, veo bajarse de un “Morgan” auténtico (¿o era un “Hurtan”?; la verdad es que yo de coches antiguos no tengo ni idea) al mismísimo “Retht Butler”, sin su “Scarlett O’Hara”, por supuesto; y antes de que mi Humphrey se de cuenta, me voy a la puerta a hablar con “Clark Gable”.
Clark es un hombre simpático, su bigotillo cuidado y minúsculo, que se arquea con su sonrisa de hoyuelos, ya me hace entender que tendremos una charla animada. Este hombre es de los “Elegantes Perpetuos”, con sus zapatos de cordones bicolor, con su traje de chaqueta oscuro, y sus increíbles ojos verdes agua, que mezclan la calidez de su gesta con la frialdad de la “turmalina paraiba”. Le sonrío y le pido un autógrafo, así de penosa soy yo cuando me encuentro con hombretones así… Pero dice que está desganado, que no está para nada porque acaba de venir de la “Segunda Guerra Mundial”, donde se alistó tras la muerte de su tercera esposa, la actriz “Carole Lombard”, y que ahí en casa se ha quedado su cuarta mujer; con el plato de sopa con tabasco puesto sobre la mesa, mientras él esperaba a que se enfriara un poco haciendo boca con un soda con hielo.
Clark es un galán, él no anda; él desfila más estirado que una vela y revolotea como un Dios divino alrededor de sus propios pasos. Elegante, alto, caballeroso, educado, con un magnífico porte y un gusto exquisito… Estos hombres son los que jamás tendremos; aparecen ante nosotras con tanta perfección, que sin duda sabemos que son los maridos o parejas de otras, y además, sabemos que debemos salir huyendo para no caer en las redes del corazón tiñoso que se afana en enamorarnos de los hombres equivocados, así que son de los que se miran, se idolatran, y como mucho; se les pide un autógrafo mientras vas sintiendo que el corazón se te llena de lágrimas en descomposición…
Ahora si que salgo de verdad, que se ha puesto a saludar a Bogart, y yo no soy quién para estar en medio de una conversación de hombres.
En la puerta, echándome encima toda el agua de un charco, se para “James Dean” y me pregunta que si sé dónde está “Sara Montiel”. Pero hijo de mi vida, le digo yo, que ‘Saritísima’ tenía hoy programa de televisión y salía en “Hormigas Asesinas”, o algo así… y él se atusa un poco el tupé, me da las gracias, y arranca su “Porche 550 RS Spyder” y se larga a ‘tó lo que da’…
Estos “Dean” son los hombres que nos gustan siempre para un “Cambio Radical” de vida. Son los que te dicen: “Niña, vámonos al monte a vivir como ermitaños, a plantar tomates, a ir en busca de olas a algún lugar remoto de Australia, a la selva tropical (esa donde “Karmele Marchante” se llenaría de picotazos de mosquitos matones y cabreados por interrumpir en su hábitat natural con tan poco respeto, así sin avisar de que va la tele ni nada, para al menos poder acercarse a la peluquería a echarse un moldeador en las alas y poder rizarse las pestañas…), a cazar tigres, a pescar calamares gigantes para hacer ‘business’ en ‘El Brillante’… ”, y tú les sigues sin dudarlo siquiera porque tienen ese poder de atractivo tan demoledor, que aunque sabes que es un canalla, que le da probablemente al “crack”, que deja ronchas de miles de dólares a sus amigos y encima tiene una dieta muy poco recomendable, tú no tienes voluntad ante ellos: eres un imán perdido y solitario que en cuanto encuentra un hierro así de potente, te pegas a él sin saber siquiera que está enrobinado. Y entonces te conviertes en la eterna amiga de ese grupo fanático llamado “Ratpack” y jodidamente enamorada del ‘chico malo’…
En fin, que como mi casa pilla cerca, me voy dando un paseo a ver si mientras se me seca la ropa, pero lo cierto es que los “Ducados” no son lo mío y tengo que pedir ayuda a causa del mareo. Alargo el brazo ya que veo venir un taxi muy negro y muy lujoso, y mira por dónde mi miopía ‘in crescendo’ va y me hace parar al mismísimo “Cadillac Corleone”, con ‘Don Vito’ dentro y el resto de sus secuaces de la mafia siciliana.
¡Cómo nos gustan los convictos!...
Tienen esa heroicidad peligrosa que a la vez les mantienen impolutos por encima del bien y del mal. Nos matan de miedo pero a la vez nos hacen sentir protegidas por lo fuertes y seguros de sí mismos que parecen. No temen a nada ni a nadie, resuelven los problemas como debe ser; de raíz, para que no retalle el asunto. Si me ha abierto la puerta, me ha servido una copa de “Cristal”, y dice al chófer: “¡Estúpido!, da la vuelta que llevemos antes a la señorita a su casa… ¡No imbécil!, a ese le matamos luego que no hay prisa…Disculpa los modales de Jimmy, luego me encargo de él…” es que le he debido caer en gracia.
Deniego la copa, por si acaso no me veo lúcida a la hora de despedirme y después de encargarse del ‘asunto’ y luego de Jimmy, le quedan fuerzas para ‘encargarse’ de mi, y ya lo que me faltaba (que soy joven todavía y aún no he pensado en ningún epitafio que me quede bien)…
Cuando me deja en casa ya pinta un poco la luz del día, mi portero me pregunta que de qué fiesta vengo, que me trae un “Cadillac” de lo más que hay, y que yo voy vestida un poco rara… “Nada Don Fernando, usted no se preocupe, es que hemos cenado en un restaurante donde si dejabas buenas propinas te incluía un paseíto en cochazo…Pues no recuerdo ahora como se llama… Oiga mire, ya puestos, si ha venido mi periódico démelo y no me lo tire más contra la puerta, que está clavando las grapas donde la mirilla y el cristal me lo tiene usted rayado… Gracias, ¡hasta luego!”.
Cuando me tumbo en la cama a pensar en mi peripecia de hoy, me doy cuenta de que estos son los prototipos de hombres más denostados, pero a la vez, los que más nos gustan a las chicas: “Macho-Man” al estilo Humphrey Bogart, los “Elegantes Perpetuos” a lo Clark Gable, los de “Cambio Radical” imperecederos al más puro estilo James Dean, y los “Mafiosos” estilo Don Vito Corleone. Luego hay otros muchos, pero estos son los más demandados… Veamos ejemplos inspirados en el Siglo XXI:
“Macho-Man”: Políticamente incorrectos, pesimistas, cínicos, molestos, irritantes, cabreados, ácratas, poco cariñosos, carismáticos, hirientes, con sinceridad demoledora, y con un sentido del humor negro muy peculiar: estilo ‘Greg House’ (incluidas sus zapatillas de presentación “ New Balance modelo
Yendo un poco más lejos, también podría encajar aquí “Bruce Willis”, que es hoy en día el tío al que mejor le queda la calva del mundo, que nos gusta a todas pese a todo, y que es sin lugar a dudas el heredero universal de “Bogart” fumándose un cigarro. Pasamos por alto el que sea bajito, el que pueda ser putero, insolente o mandón; de “Bruce” nos gusta todo: sus muecas, su cara de cabreo, su sonrisa, su culo con vaqueros o sin ellos; hasta su ‘ex mujer’ nos encanta…
Un hombre ‘Bruce’ es ya un “Macho- Man” por derecho propio, es de los que al nacer ya sueltan tacos: _“Madre, ¡joder!, ¡me ‘cawen la puta’!, ¿no has podido parirme a otra hora?... Hoy juegan los ‘Knicks’, ¡maldita sea!” .
Te da igual que estén cabreados; siguen siendo ‘sexys’, que estén fumando puros con las botas llenas de tierra y apestando a gasolina, poniéndolas sobre la mesa llena de restos de cerveza, colillas, y ‘pizza’: es un tío ‘sexy’. Da igual que esté pegando gritos por teléfono a tu mejor amiga, a tu padre, o que te amenace seriamente en la cama con que o aprendes a poner posturitas poco ortodoxas o se larga con otra: es un tío tremendamente ‘sexy’… Como el “Dr. House”; no importa lo irritante que llegue a ser, que ahí estás tú estoica, como una ‘Cameron’ cualquiera, aguantándole sus despotricamientos varios, que aunque sólo sea por el hecho de que te permita llevarle el café, ya merece la pena tener que estar soportando lo que te echen (incluido los meses de talego que correspondan por haber allanado la casa de una paciente sin su consentimiento; porque sólo el hecho de que ‘House’ nos suba a su moto y podamos agarrarnos a él teniendo cuidado de que el bastón no tropiece con nuestros tacones y se nos caiga la moto encima, ya nos tiene satisfechas).
“Elegantes Perpetuos”: Sonrientes, encantadores de serpientes, fuertes, un ‘pelín’ canallas pero con gracia, superficiales, buen gusto para vestir, sutiles, enérgicos, guapos, buenas hechuras, altivos, dominantes, soberbios; estilo “George Clooney”, aunque si eres de las que te vas más por los derroteros modernos del ‘Hollywood’ romanticón de hoy día, pongamos que tu tipo encaja más con “Daniel Craig” o “Pierce Brosnan”.
Ellos son así porque lo valen: aquí no importa que tengan relojes buenos, cochazos impresionantes, ropa hecha a medida, abdominales sacados de la mejor portada del “Men’s Health”, y los mejores zapatos milaneses del mundo; son cosas que ya das por hecho. Ellos hasta desnudos pintan bien, incluso como que nos ‘pone’ un poco el imaginárnoslos con esa cutrez de ropa llamada “chándal”; porque es algo tan improbable que suceda que el hecho de imaginártelos hechos un asco nos despierta fantasías inconfesables. Ni para “Carnaval”…
Son esos golfos vanidosos que nos embelesan con su buen porte, nos hacen levitar cuando nos abren la puerta para que pasemos primero, nos tratan como señoras aún no siendo más que unas ‘pelandruscas’ del tres al cuarto. Nos conquistan delicadamente, nos miran de manera irónica; y esa mirada nos clava un sedal por dentro que nos llega desde las amígdalas hasta las tripas, y nos da todo vueltas de campana. Así que sólo pensamos en lo irresistibles que resultan hasta cuando se suben la pata del pantalón para sentarse correctamente en la mesa… Son de los que se levantan del coche y acuden a abrirte la puerta para ayudarte a bajar siempre. No importa que no seamos su tipo; él nos lo hace creer a pies juntillas y son los eternos galanes. Los únicos que sólo podríamos imaginar tener si están tras una vitrina…
“Cambio Radical”: Bromistas que desprenden un aire libertino tan salvaje como una ola brutal, aventureros, idealistas, soñadores, macarras, revolucionarios, libres, apasionados, canallas, indómitos, rebeldes, perturbadores, greñosos, ‘sexys’… Estilo: “Johnny Deep”, “Brad Pitt” en la película “El Club de
Ellos son capaces de serte infieles, de reconocértelo sin tapujos mientras se quitan la camiseta llena de grasa de la moto, y cuando se dan la vuelta y te miran la cara descompuesta soltando pucheritos apunto de reventar, te meten un besazo a lo bestia y sin creerte siquiera cómo ha pasado, te escuchas diciéndoles: “Cariño, no importa, ¡no hay nada que perdonar!…Gracias por haberme sido infiel pero por favor, para la próxima vez al menos llega puntual a casa que la lasaña no puede esperar…”, y entonces es cuando te suenas los mocos, curándote la dignidad, y vas al espejo a quitarte el rimel corrido, y pegarte capones contra él por lo estúpida que has sido al pensar en que te ha puesto cuernos con mala fe…
Nos perjudican seriamente nuestra ‘psique’; nos embaucan de una manera tan global que podemos tirar por tierra nuestra escala de valores y pasar de golpe de ser una opusina recatada, a ser una pirada que planta macetas de ‘marihuana’. Por ellos, podríamos dejar de lado nuestro ático en “Velázquez” e irnos a Barbate a recoger ‘paquetitos’ por la bahía como si fuéramos ‘bosquimanos’. A tirar nuestros “Jimmy Choo” ideales y cambiarlos por botas estilo “Jon Bon Jovi” conjuntadas con vaqueros remendados, y enseñando los rabillos del tanga cutre del “Todo a Cien”…
“Los Mafiosos”: Convictos probados que logran parecer ‘sexys‘ pese a ser de los malos malísimos. No tienen por qué ser asesinos a sueldo, basta con haberse probado que han hecho ruindades muy gordas (“Oye, ‘Sr. Julián Muñoz’, ¿usted apártese ahora mismo de mi mente?, ¡que yo tenía proyectado otro tipo de hombre más a lo ‘Mario Conde’!…” ¡Qué horror!, de repente aparecía ante mí este señor con bigote y agarrado a una señora con volantes, mantón de Manila y flor rociera, paseando por las calles de Marbella con el palillo de dientes en la boca, y el pantalón con cinturón y tirantes; y casi me da una ‘parada ventricular’ aquí mismo!) Pero sí, logro visualizar a “Mario Conde”...
No me digáis que no mola tener un hombre como él (o como “John Gotti”, “Vincent ‘Mad Dog’ Col”, “Joe Rao”… todos de la misma quita de promoción del crimen organizado). ‘Mario’ es así: elegante, engominado, la gente le grita y le llama golfo (y demás insultos que no reproduciré), y él sonríe sin despeinarse siquiera, da las gracias como debe ser (que la dignidad y la clase no falten), y entra al juzgado acusado de no sé cuántos delitos, con su indumentaria de letrado (la “toga”), de terciopelo y de marca “deluxe” personalizada. Si este hombre en ese preciso instante se levanta del banquillo de los acusados y mata a tiro limpio a seiscientas personas, es igual de perdonable como si lo hubiese hecho un agente “
Tener un novio mafioso es lo más de lo más; son intocables, inteligentes y listos, altaneros, presuntuosos, granujas; y encima no lo tienen ni que esconder porque es como perder su signo de identidad vital.
Pero lo que está claro es que no sólo existen estos cuatro prototipos de hombres, existen muchos otros más; pero estos son los originales, los legítimos, los machos que siempre han dominado las estepas de las relaciones allá por los mundos. Siempre han existido estos tipos únicos de seres masculinos. El resto de la progenie existencial no es más que una variante de estos cigotos primigenios y genuinos.
En fin querid@s, que las disparidades de estos géneros, que son no menos interesantes, serán debidamente especificadas, aclaradas y comentadas en otro futuro ‘post’…
Un besazo,
Rocío Medina
.D.: ¿A cuál de ellos pertenecéis vosotros?, Comunicádmelo ‘please’; ¡nunca se sabe!…

J.S.Zolliker dijo
Excelente escrito, lo he disfrutado mucho. De cual tipo soy, no tengo ni idea. Es más, creo que no soy de ninguno de ellos... Un abrazo!
3 Marzo 2008 | 05:55 AM