Lavabos de Señoras
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Querid@s Tod@s:
Por expreso deseo de un gran arquitecto amigo mío llamado “Héctor González.” he decidido pasaros una chuleta estilo “voyeur” de lo que hacemos las chicas cuando nos metemos acompañadas por nuestras amigas en los lavabos femeninos (esto no funciona si te vas a los aseos de locales de moda estilo “Ramses”)
Recuerdo bien, no hace tanto tiempo, cuando en la universidad nos metíamos a los baños de tres en tres; siempre había una chica que se quedaba en la puerta esperando a que pasase el profesor o la tía a la que le teníamos manía porque andaba tirándole los tratos al tío que nos gustaba, otra se quedaba fuera haciendo de intermediaria entre la que estaba dentro del baño en sí, y la que estaba agonizando en el váter porque después de la juerga del día anterior la resaca se la consumía viva…
Entonces, mientras turnábamos a la que vigilaba y cuando ésta veía que ya el “profe” había pasado, y “
También recuerdo, y esto hace mucho más tiempo, cuando en el “Colegio de Monjas” pedíamos permiso a “
_ “Sofía Velasco de Moncada, acompañe usted a la señorita Laura Martínez-Santos de Asensio por favor, que necesita ir al baño en este instante. Y ¡dense prisa!, señoritas, que
Entonces salíamos juntas al baño, riéndonos un montón por la ocurrencia de “
Los chicos iban solos, tardaban dos minutos, y como a las chicas siempre se les daba prioridad, “
Lo del tema chicas y el lavabo es algo que como digo va educándose desde nuestra infancia, pero es que es verdad; las niñas no podemos hacer ‘nuestras cositas’ en ningún lugar que no sea un aseo (a menos que estés haciendo “El Camino del Rocío”, te pongas contento a lo María Jiménez, y ya te dé lo mismo quién narices te esté viendo levantarte los volantes, pelearte con ellos, quitarte las matas de jara del camino, y te esté aguantando la copa de “rebujito”). Claro, los hombres en cualquier sitio salís del apuro; os pegáis al árbol, al portal, a la rueda del coche, a la maceta de la vecina, o a la papelera de turno, y ahí que os aliviáis, pero nosotras no…
Nosotras necesitamos algo más higiénico; mirar antes que la tapa esté bajada, limpia, poner toneladas de papel en el aseo para que ni nos manchemos, ni nada se manche, ni nos salpique… Necesitamos también a quién nos sostenga el bolso, el abrigo, la copa, el ‘foulard’ y demás, y encima, a quién nos de conversación; que el estar en un baño que no es el nuestro nos pone tensas.
De todas formas es que los baños de los hombres están mal enfocados, tienen todos un tamaño muy extraño y son poco estéticos; nada más abrir la puerta ya tienes ahí el urinario con un boquete enorme en el centro que eso asusta al más pintado, con una barrera de tíos mostrando el culo ‘echao pa’lante’, el perfil rojo y a punto de reventar, y al instante; ya están haciendo ruidos de satisfacción como si fueran vacas en estado pre-orgásmico. Así que los hombres van desde la entrada bajándose la bragueta, llegan, depositan, y se marchan todo sofocados y cabreados por si en ese pasillo de entrada a los váteres, se encuentran con mujeres que entran blancas y salen como rosas maquilladas y no quieren quedar mal por no poder reconocerlas o acordarse de su nombre. Lo cierto es que ¿quién puede quedarse en el aseo de chicos más de tres segundos?; si además de horrorosos, que es ¡huelen fatal!...
Recuerdo de nuevo en aquella época de universidad cuando en “
Allá por las doce y cuarto de la noche los chicos empezaban a llamarnos desesperados preguntando que si nos faltaba mucho para terminar, que hacía horas que ya estaban en el ‘parking’ esperándonos. Entonces les mentíamos (cosa que también viene programada en nuestra genética: el mentir acerca de tiempo que nos queda para estar verdaderamente listas.
Los hombres debéis hacer una media para calcular la hora real (el momento en el que os decimos: “Me queda nada, ¡acabo ya!”), hasta que salimos definitivamente. Porque no se sabe bien el por qué, pero el asunto queda en que siempre tenéis que hacer la dichosa preguntita cuando estamos aún sin maquillar, y tenemos dudas sobre los zapatos que nos vamos a poner o el bolso que tenemos que llevar. Así que siempre cuando hacéis esa pregunta estamos a quince o veinte minutos de distancia entre nuestro último retoque, y el momento de veros con cara de cabreo –donde fingís que no pasa nada y que esperar es lo vuestro, y lo asumís con resignación absoluta- que es cuando tenemos que inventarnos cualquier excusa para poder tener la fiesta en paz y no desatar vuestra vorágine de macho impaciente: “Lo siento en el alma, Cielo, pero es que justo cuando salía me ha llamado la vecina para que viera lo bien que le ha quitado las durezas su podólogo, y me ha pegado la charla del siglo… Lo siento tanto, Cariño… pero justo cuando salía me he acordado de que era el cumpleaños de mi abuelita, ¡tan mayor la pobre!..., que he preferido darle un telefonazo ahora que no estar en el coche conversando con ella y no prestarte a ti la atención debida…) y les decíamos: “¡Ya estamos listas!, sólo nos falta ponernos los zapatos y bajar”. Y era cuando nos poníamos en plan trenecito pintándonos las unas a las otras durante veinte minutos corriendo mucho.
Cuando ya íbamos por más de veinte minutos de retraso, llamábamos al amigo en cuestión que estaba loco por alguna de nosotras, para que hiciera desistir al conductor y /o conductores de la idea de irse y dejarnos ahí tiradas, y justo en ese momento siempre había alguna a la que se le olvidaba algo: “Ostras, ¡no me he echado perfume!… ¡Dios!, ¡qué horror!; con este vestido me veo gorda… ¿Cómo?, ¿qué Felipe Lorenzo viene?; ¡joder!, esperadme que tengo que cambiarme, ¡no dejo que me vea así ni loca!…” Y entonces es cuando salimos a la una o una y cuarto, desde las doce que habíamos quedado, y es cuando los hombres nos suplican conducir a nosotras porque mientras esperaban, se habían bebido una botella entera de ron.
Llegamos a los lugares de moda elegidos, y antes de saber quién había dentro, nosotras, como somos precavidas, nos vamos a los lavabos directas a desarrollar y explicar debidamente los “comentarios” que los chicos habían ido haciendo en el coche con su estado ebrio. Entonces nos volvemos a retocar el maquillaje (porque nunca se sabe con quién nos vamos a encontrar), y si encima esa noche damos de bruces con la persona que nos gusta, nos vamos mirando unas a otras y con un sutil gesto; estamos a los dos minutos exactos todas juntas reunidas haciendo cola en los aseos para exponer la “estrategia” a seguir…
Los hombres en cambio no lo necesitan, porque no tienen estrategias que perseguir, simplemente miran a una tía y dicen al amigo: “Tío, ¡esta tía está buenísima”, el colega dice: “¡Ya te digo, tío!, ¡está que te cagas!” y ahí ya comprenden que pueden tirarle los tejos a diestro y siniestro, y el que logre ‘hacérsela’, será el ‘cabronazo’ suertudo y el otro tendrá, sin más solución, que ser el que se retire y el que se conforme con echarle los tratos a cualquier otra amiga. Así, sin más, entienden que el ser colegas es “compartirlo todo”, y ahí que se quedan pensando: “Tú, tío, haz lo que puedas y buena suerte, ¡vamos a saco con ella!”…
Las mujeres para eso tenemos otro código de honor: “Tía, ¡me ha gustado a mí antes!, y como te acerques a él y le mires más de la cuenta; te suelto una reputación de zorrón verbenero que no levantas cabeza en toda tu vida, ¡así que tú verás!… Es mío porque sí, ¡y porque sí!… Y a la que se le ocurra tener más de un saludo con él, le arranco de cuajo las extensiones”.
Así que el lavabo se convierte para una chica en un lugar de “conspiraciones”, “remodelación” personal de vestuario, y “santuario” de retoques varios… Ahí entramos para cotillear, maquinar, criticar, y volver a colocarnos los potes en su lugar correcto, o para hacerle a la desgraciada de turno la faena de ponerle buena cara, hacerle creer que nos cae divinamente, y como la queremos mucho por ser además de guapa, una tía de lo más estilosa del mundo; tenemos que “retocarla” con el maquillaje idóneo -que el que lleva de por si no le realza su color de ojos- y hacerla salir pintada como una puerta, imitando a “Liza Minelli” en la película “Cabaret”.
Los hombres para eso son más bondadosos, más limpios de ideas, más simples: se dicen unos a otros el cómo se lo montó con la tía el “finde” anterior, y aunque esté loco por ella; si a su colega se le ha antojado probar suerte, los buenazos le dan su bendición, y encima invitan al susodicho a copas para armarle del valor suficiente para que entre a la tía por la que suspiran… ¡Angelitos!.
Si eso nos pasa a nosotras, hacemos que la tía en cuestión se suicide a base de laxantes por lo menos; haciéndole creer a la pobre chica, que o se queda como una sílfide, o que el maromo no se fija en ella por más que tengamos constatado lo muchísimo que a él le mola la chavalita… Si nos gusta, aquí somos como “El perro del hortelano”; yo no comeré, pero si de mí depende, el resto del mundo se muere de hambre como yo me llamo “Fulanita Pérez”.
Los lavabos femeninos son templos de poder absoluto, como nuestros bolsos… En un lavabo no sólo ves ropa interior femenina, sino que ves y oyes todo tipo de cosas que son una fuente inagotable de sabiduría y de “secretos inconfesables” que nos generan a cada una, una información privilegiada y valiosísima de primera mano. He aquí los ejemplos:
Imaginaos cuando vais a un restaurante en una primera cita, obviamente ya tenéis superada la fase “física” de la persona en cuestión, o sea; un tío ya se ha fijado en el tamaño del busto, del culo, y se ha dado cuenta de que la tía tiene una cara “apetecible”. Entonces viene algo mucho más personal dentro de una relación “Interpersonal” con tu acompañante en sí, que es lo que se llama “Comunicación No Verbal”. De sobra es sabido que todo nuestro cuerpo es un indicador de nuestro estado de ánimo, de nuestra personalidad más íntima, de que una mirada ya comunica sin palabras, y de que según nuestra pose; comunicamos una cosa u otra: actitudes de rechazo, incomodidad, asqueo, bienestar… Factores que influirán a la hora de saber si tenemos “química” o no con la persona en cuestión.
Bien, estamos en ese restaurante, y la chica afortunada sorbe la sopa como si fueran los restos chupados a pajita de un granizado de limón, ¡Dios qué mal va la cosa!, es mona, pero ya sabemos que como mucho, la queremos para un ‘polvete’; poco más. Encima es de la que no se piden postre, pero están todo el rato fastidiándote tu “Mousse de Chocolate” con la cuchara dando vueltas alrededor de tu plato (entonces piensas en que te vas a ahorrar directamente las copas y te la vas a llevar al hotel en cuanto te traigan la cuenta). Pero no contenta con eso, la tía; después de que has desplegado encantos con ella, has tenido que dejar una propina del 10% como en Estados Unidos, te ha jodido el postre, y has tenido que pedir un “Tiramisú” después de haberle preguntado como tres veces: “¿Seguro que no quieres un postre?... ¿Uno para ti solita?...” y ella lo haya negado las tres veces como “San Pedro”, empieza a decirte que necesita ir despacito con un hombre, que su ex la ha dejado machacada del todo, y que ella no se va a la cama con nadie a menos que sea una relación seria. Entonces es cuando te quieres suicidar, y te dan ganas de meterla a empujones en un taxi y decirle a dicho conductor; que si no es mucha molestia, después de violarla y apalearla, que la deje tirada en la puerta de la cárcel de “Soto del Real” que tú con mucho gusto pagas el trayecto…
Bien, en los lavabos pasa algo parecido; las chicas esparcimos las pinturas, nos metemos al aseo con las puertas abiertas, y hablamos descuidadamente de todo aquello vital que en ese instante nos preocupa: bolsos, hombres, si el vestido nos hace gordas con la luz del local, si creemos que la tía que está hablando con nuestro “personaje” en cuestión lo hace porque le gusta, por fastidiarnos a nosotras, porque ya se lo ha ‘montado’ con él, o si el amigo del amigo del conocido que nos presentó al portero ha mostrado un interés claro en nosotras o bien es un ligón patológico…
Así que conocemos de primera mano a nuestra competencia; sabemos también de primera mano si la tía se depila, si tiene buen gusto para la ropa interior, si la lleva de marca, si la conjunta con el sujetador, si compra pinturas caras o es una dejada que va de “mega posh” pero los maquillajes son comprados en el “Día” o en el “Todo a un Euro”, si está interesada en el mismo que nosotras (esto lo sabemos escondidas las dos o las tres que hayamos entrado juntas detrás de la puerta). También preguntamos sutilmente si conocen a tal tío, si nos dicen que sí entonces mentimos como bellacas según si el comentario ha sido positivo (entonces pasamos del “pavo” y le vacilamos toda la noche), o negativo (ha dejado claro que le gusta o tiene interés); y empezamos a aconsejarla como las ‘buenas amigas’ que podríamos ser: “Cielo, tú eres Divina, ¡no me creo que en serio conozcas al tipo ese!... ¡Pero si es de lo más cutre y penoso del mundo!… Ja!, el muy cabrón… ¡No sabes lo que le hizo a mi amiga!, encima está liado con una chica lo más de lo más y la putea también… Yo, ‘Cari’, te aconsejo que huyas de él, de verdad de verdad… ¡No te conviene para nada!. Te lo digo porque me has caído divinamente, y entre tías tenemos que ayudarnos…”. Entonces una de nosotras la seguimos, cuando la tía pasa cerca del mencionado tío y le abofetea ahí mismo, avisamos a las demás, que acorralamos al tipo y empezamos a ligárnoslo y a hablarle del mal estilo que tiene “
También en un lavabo nos ponemos al día de las últimas tendencias, escuchamos que una chica se acaba de ligar a un tío estupendo, salimos, echamos un vistazo y comprobamos que el muchacho está de ‘toma pan y moja’ verdaderamente, y regresamos a pegar la oreja a ver con qué estrategia se lo ha ligado la ‘tipa’ esa para hacer lo propio nosotras con sus colegas.
En un lavabo de chicas aprendemos de “Fútbol”; sabemos antes que los de “Aquí hay tomate” con quién se ha liado “Guti”, sabemos que el partido siguiente no es que vaya a perder ‘dos tonos’, es que directamente no se va a poder mover del banquillo… Aprendemos de “Política” y sabemos que “Zapatero” es un presidente que no interesa porque la chica que se repasa los ojos con “kölh”, asegura que se ha comprado unos zapatos igualitos que su “Sonsoles” y que sólo se venden en Milán…y entonces damos por hecho que si su mujer desprecia la calidad del calzado español y no valora que en “Elda” se hagan mejores zapatos, es que políticamente no vale un duro. También aprendemos lo necesario acerca del mundo “Taurino”, porque está la rubia de turno que se arrincona con las amigas en un lado y les muestra orgullosa los mensajes que le deja el torero en cuestión (al que se encarga de nombrar bien alto), y entonces es cuando damos por hecho que el susodicho torea en las plazas únicamente con “Mihuras”, dicho lo cual; es un torero de ‘pro’. Aprendemos de “Golf” y sabemos que si eres un tío con un “handicap” uno eres lo más, pero si eres una tía y no tienes un “handicap” decente, lo mejor que puedes hacer es conjuntarte bien estilo “Inés Sastre” y subirte a los carritos a ligar y a dar color, que los golfistas son muy agradecidos…
En fin, que los laberintos del saber son lugares muy variopintos y exclusivos, los hombres aprenden en “Timbas de pócker” y nosotras en los lavabos de señoras o con “Las Revistas Femeninas”, donde las encuestas “verídicas” nos proponen unos ‘test’ verdaderamente ‘fiables’ dónde aprendes por dónde van los tiros en cuanto a tu poder de seducción…
Así que chicos ya sabéis; si alguna vez en la vida queréis de verdad conocer a una mujer como Dios manda, utilizad el método más consumado del mundo (el de hacer un agujerito en la pared del baño de chicas), y empezad a tomar notas…
Besazo grande,
Rocío Medina
P.D.: Las Rubias normalmente van al baño con dos amigas (son más llamativas pero más inseguras). Las Morenas en cambio se sobran con sólo una…
P.D.1: Petronio dijo: “Confía la nave al viento, pero no el corazón a las mujeres, porque las olas son más seguras que la fe de ellas”
P.D.2: Pero también he de dejar clara mi posición en cuanto a esta costumbre tan legítima, y hacerme eco de una gran frase lapidaria de la escritora Merlin Stone: “Tal vez nos encontremos preguntándonos a nosotras mismas hasta qué punto la supresión de los ritos femeninos ha supuesto en realidad la supresión de los derechos de las mujeres” (libro: “When God was a Woman”)

Robert dijo
Interesante,amena, narración. Te felicito Rocío. Quisiera preguntar si en el mes de agosto es recomendable andar por Doñana a caballo un par de días. Y qué ruta recomendarías. Tengo caballo y aunque me encantaría poderlo llevar allí, pienso que sería mejor encontrar uno ahí.
Sería estupendo coincidir con un grupo de 4 o 5 jinetes a quienes les agradara, por ejemplo, hablar en serio de psicología de la pareja.
Saludos
19 Julio 2009 | 08:35 PM