La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

19 Marzo 2008

Las Verdades Existenciales y Filosóficas de la Noche

-

Querid@s Tod@s:

Es de noche, una noche cerrada donde sólo oigo el trajín que me llevan los porteros de mi ‘urba’ con los cubos de basura. Uno de ellos se ha puesto a discutir con el otro porque siempre tarda un siglo en montarlos en el ascensor, y el otro le ha dicho que la culpa la teníamos los inquilinos porque no amontonábamos los cartones en el lugar indicado para ello. Así que el primero le ha amonestado gravemente, tras lo cual han concluido; que lo mejor en estos casos para ir más deprisa es subir antes los cubos de reciclaje y dejar la basura de toda la vida para el final, que como es lo que peor huele, seguro que el tipo la sube antes y así él se puede ir tranquilamente con su linterna a hacer la ronda pertinente…

Las noches son misteriosas y prosaicas, no me quiero poner profunda ni trascendente, pero las noches son estancias mágicas cargadas de horas inquietas y difíciles donde se puede hacer de todo, y además resultan mucho más productivas; al menos inconscientemente recreamos la idea de estar aprovechando más tiempo mientras el prójimo se dedica a roncar, a ‘hacer el amor’ (curiosa frase que jamás se sabe a ciencia cierta qué quiere decir, ya que el amor es un sentimiento que surge sin más y por lo tanto; hacer que surja es un hecho lingüístico sin fundamento. El amor es una recreación del sentimiento, fantaseado y poético; ‘hacerlo’ pues, no es más que la utilización de esa recreación en pro a un acto liviano de energías químicas convergentes que se amotinan en los lugares más diversos y variados), o tratar de saber cómo pasar la noche encajado en un sofá de dos mini plazas a modo de castigo…

Pero voy a volver a esa expresión que me ha hecho mucha gracia siempre (yo soy la primera que la utilizo)… “Hacer el Amor”:

¿Alguien sabe cómo se hace eso?, ¿hay alguna máquina específica que pueda hacer amor, crear amor, producir amor, liberar amor, cosechar amor…? Entonces, ¿por qué narices tenemos que saber el ser humano hacer estas cosas tan extrañas?. Los monos quieren a sus crías, ¿hacen el amor?... Aunque bueno, lo cierto es que la mayoría de la gente ‘hace el amor’ de cabeza, sí, de verdad… Amamos con la cabeza y no con el corazón.

Resulta que soltamos “endorfinas” cargadas de “serotonina” (la hormona de la felicidad) – esto no lo tengo resuelto del todo porque este proceso neurotransmisor yo no lo controlo nada-, y cuanto más “serotonina” tenemos; más felices estamos, y entonces queremos a todo el mundo sin ton ni son. Somos tan felices que nos queremos mucho, y como ya estamos hartos de querernos tanto, por extensión; nos mimetizamos con el de enfrente y le vemos guapo y deseable, y ahí estamos queriéndole mucho y haciéndole mucho ‘el amor’… Creo que la otra frase que tipifica ésta y la simula, pero quitándole de un plumazo el sentimiento conyugal, es una expresión aún más horrenda que ésta, así que no la voy a mencionar, pero propongo un esfuerzo por tratar de cambiar expresiones como “hacer el amor”, “darse un revolcón”, “echar ‘kikis’”, etcétera…

Vuelvo al tema de la noche, a ese crecer minúsculo de ruidos lejanos que siempre surgen más allá de tu ubicación, a la magia y misterios que conlleva lo oscuro, al poder de seducción que tiene el mundo cuando está sin luz, a esa sensación extraña que surge siempre desde lo más profundo del ser humano cuando nos encontramos ante un apagón en la nocturnidad.

La noche siempre es quieta y envolvente, pese a que hay una maraña de espectros fabulados que se esconden por las esquinas de los lugares más sinuosos, y pese a que hay de igual modo; todo un mundo moderno que trabaja a luz de bombilla. Esa oscuridad nos contagia un virus energético, que cuando en la penumbra nos despierta, nos hace poderosos y sensiblemente nostálgicos, y activistas de un mar de cosas intempestivas que nos ponemos a hacer.

La semana pasada sin ir más lejos, allá por la una de la madrugada, mi vecina echó a su marido de casa. Ese día yo sabía que el hombre había faltado al trabajo, no sé el motivo, pero cuando fui a sacar al perro lo vi salir de su portal dirigiéndose a la zona recreativa cargando con su raqueta de pádel. Más tarde, cuando salí a mi terraza a regar mis macetas (sólo tengo dos y están pachuchas), le escuché decirle a su señora:

_“No sabía si hacer una tortilla de patatas o hacer una paella; que es lo único que se me da bien cocinar”

Y la señora le dijo: _“Pues yo me he puesto a dieta justo hoy, así que no pienso comer nada de eso a menos que lo hayas hecho con ‘tofu’, soja, o algas deshidratadas”…

El hombre le contesta: _“Mira cielo, he tardado tres horas en hacer la tortilla, no me vengas con eso ahora… ¡Pues si!, porque las patatas estaban tan pasadas que con el ‘mondador’ no he podido pelarlas y lo he tenido que hacer con el cuchillo. Después me ha llamado tu madre, ya sabes lo pesada que es, así que casi quemo hasta la sartén, y he tenido que volver a pelar más y freírlas de nuevo. Después la cebolla, ¡manda ‘cojones’!, he llorado más que cuando ‘Alfonso Pérez’ marcó el gol de la ‘Eurocopa2000’ en el último minuto; ¿y ahora me vienes tú con esas?... ¡Si una tortilla más que menos no se te va a notar!”.

Aquí es cuando yo, que estaba emborrachando de agua literalmente la maceta, mientras pegaba la oreja a la conversación y casi inundo mi patio entero, decía para mí: “¡La fastidió!… Ahora a ver cómo sale de ésta”. Con lo fácil que hubiera sido decirle: “Cariño, como tú eres una reina y te mereces lo mejor, y mi especialidad son las tortillas y las paellas, no sabía con qué debía deleitarte. Opté por la tortilla, que con la cebolla me pongo a llorar, y aprovecho esa catarsis para pensar en mis errores contigo… Yo tengo la culpa de todo, Amor, así que pelé pacientemente las patatas pasadas, lloré lo suyo con la cebolla, y aquí tienes una tortilla, Cariño mío, para que veas lo mucho que te quiero… ¿Cómo no te la vas a comer con el capricho que he puesto al hacerla?... Además, llamó tu madre, ya sabes lo que le gusta conversar, así que se me pegó la tortilla, casi quemo tu sartén preferida - esa con la que me amenazas a veces cuando no te echo cuenta al ver el fútbol - y para colmo, tú me dices que te has puesto a dieta hoy… Pero Cielo, ¿aún no ha quedado claro que me gustas tal como eres?...” Pues, ¡no!, el tipo le increpa con su gordura, llama pesada a su madre, y compara sus lágrimas de emoción con el puñetero fútbol… ¡Si es que cuando tenemos esos resbalones filológicos no deberíais echarnos cuenta!…

La Señora: _“Muy bien, Cielito mío, me tomaré tu jodida tortilla, ¿pero puedes mantener tu culo fuera de mi vista hasta que lo haga?... No es por nada, Amor, sino porque no quiero vomitarla, total, tortilla arriba, tortilla abajo… ¡Como no se me va a notar…!”

El marido: _ “Si, Cariño, ¡cómo no!, me voy a ir al bar a dejar que te atragantes con la puta tortilla mientras me tomo unos calamares”.

Yo recojo el agua de la maceta, del patio, y seco al perro con su toalla mientras no se está quieto con la pelota en la boca… Al cabo de una hora y media más o menos, escucho un portazo bestial que viene de arriba y pego la oreja a la ventana; como no se oían bien las voces tengo que abrirla:

Mi vecina: _“Cariño, ¡qué pronto vienes!, ¿no?. Creía que iba a tener la suerte de que ya no aparecieras… ¡Fíjate que hasta he llamado a mi madre para darle la noticia!…”

Marido de mi vecina: _” Oye, ¡que si quieres me voy!, ¿eh?... Qué pasa, ¿qué tienes la ‘regla’?... ¡Pues a mí no me vengas con chulerías!, que si estás de mala ‘hostia’ la culpa la tienes tú!”. Aquí el tema de las culpas siempre viene bien el cargárselo a la otra persona, ya que haces una cosa; ¡hazla con convicción!. Y si no estás seguro; te armas de valor y echas cosas en cara, que siempre para defenderte es imprescindible, a falta de argumentos, los ataques masivos con directas o indirectas… O el mencionar si tenemos esa enfermedad sintomática llamada “menstruación” cuyo estigma nos hace paranoicas y desequilibradas.

Vecina: _”No, Cielo, ¡cómo voy a querer que no aparezcas!; ¡ni muchísimo menos!... ¡A ver si encima de aguantarte voy a tener que hacerte las maletas yo!…Venga, Cariño, que estoy muy contenta de que hayas regresado, ¡ponte a hacer las maletas cuanto antes, que he llamado a mi madre y está de camino!... Como el coche me lo voy a quedar yo, le he pedido que viniera para ahorrarte el dinero del taxi, que lo voy a necesitar para hacer la compra, que ya he visto que tienes razón y las patatas están pasadas… Recoge la maleta roja del trastero que es la única que has comprado tú, que las otras son mías; ¿recuerdas que me dijiste que para qué coño compraba tantas maletas en Mallorca el verano pasado?... ¡Pues eso!, que la tuya es la roja, lo que no te quepa en esa te lo metes en bolsas… Ah!, y no me esturrees la ropa, que te recuerdo que la asistenta cobra por horas y como tenga que arreglar el desaguisado que hagas será un extra más que tendrás que pagar tú…”

Así que, mi pobre vecino, a la una de la mañana se puso a llorar, y esta vez no por la cebolla, sino por la que le había caído encima. Para colmo su suegra se adelantó y empezó a despotricar contra él, mientras el pobre chico pedía clemencia e indulto sin ningún resultado.

Pasadas dos horas escucho el ascensor en el silencio de la noche, las luces domóticas se encendieron y pegada a la mirilla le veo salir del ascensor con su maleta roja, una mochila a la espalda con su raqueta de tenis, y un par de bolsas más por donde asomaban corbatas y zapatos… Minutos después escucho lo propio y veo bajar a su suegra, susurrando por el móvil: “Si, Alicia, ya ha bajado el muy cretino, ¿le digo que ya puede subir, que le perdonas?... Pues no sé, Cielito, yo creo que le deberías dejar un par de semanas sufriendo un poco, a ver si así espabila y para recompensarte te paga la ‘lipo’… No, hija, ¡qué se va a ir con otra!, si entre que hace números a ver cómo te va a mantener y pagar su hotel y demás, estará jodido y bien jodido durante unas semanas… ¡Déjalo que sepa lo que es sufrir unos días!, ¡haz caso a tu madre, Querida!”

Esta noche ha regresado, me lo he cruzado en el ascensor justo cuando yo subía del ‘parking’. Estaba con la cabeza cabizbaja y el semblante serio, parecía un gatito asustado o un perro con cara de delito que hace pucheritos a ver si le perdonas sin más represalias… Me voy pitando al sofá, abro la ventana y afino el oído:

Señora del marido ‘prodigo’: _”Bueno, ya has visto que soy muy comprensiva y te he dejado regresar, espero que sepas valorar mi esfuerzo por intentar de nuevo lo nuestro”.

Marido ‘Pródigo’: _”Si, Cariño”

Señora del ‘Pródigo”: _”Reconocer los errores es un buen comienzo, te lo voy a recompensar, después de que coloques tus cosas en su sitio, con una buena cena baja en calorías; que te estás poniendo muy fondón…”

Pródigo: _”De acuerdo, Cariño, tienes razón; hacer dieta nos va a venir genial”

Su Señora: _”¿Cómo que nos va a venir genial?... ¿Me estás llamando gorda otra vez?...”

Marido apretando los dientes: _”Ah!, no, no… Perdona, no quería decir que tú necesitaras dieta, sólo que he pensado que es una idea estupenda empezar a cuidarse…”

Señora desdeñosa: _”¿Cuidarse?... ¿Así?; ¿dicho en general?... Perdona, Bonito, pero aquí el que tienes que cuidarte eres tú, que yo llevo más de una década echándome cremas, y haciendo ‘body pump’ ni se sabe… Si hago la jodida cena baja en calorías es porque me parece inaceptable el barrigón que estás echando, así que no me vengas con ‘puñetas’ otra vez, ¿estamos?... Si no quieres la puñetera cena, te bajas al bar y te zampas un bocadillo de lo que te venga en gana…”

Marido a punto de reventar: “Oye, que no he dicho nada con respecto a la cena, ¡que quede claro!, que aquí, a la única a la que le gusta discutir es a ti…”

Señora del Increpado: _”Mira, ¡imbécil!… ¿Se puede saber para qué has vuelto?. Yo no he empezado esta discusión; ¡has sido tú!, que has despreciado mi cena, me has llamado otra vez gorda, y no sé para qué narices has tenido que volver, si ni te arrepientes de nada, ni has cambiado en nada…”

El Increpado Marido: _ “Alicia, ¡estoy de ti hasta los mismísimos!... ¡No te he llamado gorda!, aunque lo piense y sea evidente que cada día que pasa tus michelines aumentan. No me he metido con tu dichosa ensalada de mierda; aunque me apetece comérmela igual que el aguantar a tu puñetera madre. Y por cierto; si no te gusta mi barriga, no haberte casado conmigo, que por si no te has dado cuenta, es la misma que tenía el primer día en que tuve la maldita desgracia de conocerte…”

Señora del Marido fuera de sí: _”Muy bien,¡pues ya está todo dicho!… ¡Mi madre tenía razón!; ¡eres un cretino!, un cretino y un gilipollas. Vete de esta casa que mis michelines y yo no te necesitamos para otra cosa que para pagar facturas; y para eso sólo tienes que ir al banco e ingresar la ‘pasta’… Por cierto; dime a qué taller tengo que llevar el coche que le he jodido la ‘transmisión’…”

Marido fuera de sí: _”¿Cómo?... ¿Qué has dicho?... ¡Repite otra vez lo que has dicho!;¿que has jodido mi coche?... ¡Lo que me faltaba por oír! (lo otro en un momento dado le hubiera dado igual, pero cuando se trata del tema coche; es igual de molesto que una picadura de araña venenosa en mitad de una selva). Mira, yo ya de esta casa no me muevo… Te pongas como te pongas, Alicia, ¡no me sale de los ‘cojones’ irme!… Aquí tienes la maleta, no la pienso colocar, no pienso comerme la puta ensalada esa de césped vegetariano que me has hecho, no pienso dormir en el sofá, y como te pongas tonta; esta noche te echo un ‘polvo’ y todo… Así que deja de decir estupideces, ¡y llama a tu madre para decirle que ‘el cretino’ de su yerno ha vuelto!, a ver si ya que me has jodido la cena a mi, al menos se la puedes joder también a ella… ¡Y no hagas planes para el fin de semana!, que tengo una conferencia en Sevilla y estoy harto de matar solo horas muertas en el hotel; así que te vienes y por lo menos discutimos un poco…¿Te parece?, ¿qué dices?...”

Alicia, La Esposa: _ “¡Nada!, que voy inmediatamente a depilarme, Cielo…”

Y yo cierro la ventana y miro la hora: 3: 30am. Se han pasado discutiendo tres horas y veinte minutos para llegar a la siguiente conclusión:

Las mujeres siempre tenemos que llevar la razón, y el marido siempre tiene que medir sus palabras porque somos susceptibles y picajosas, tenemos hormonas descontroladas que atormentan nuestra psique y nos infunden inseguridades absurdas que nos ponen de muy mal humor.

El hombre debería ser conocedor de esta natural tendencia femenina y habría de optar por no malmeter contra nosotras hasta que se nos pase ese mal cambio de talante.

Los maridos finalmente lo resuelven todo con un “buen revolcón”; cuando se ponen autoritarios en plan “macho dominante” y resolutivo, y atajan las discusiones con un cambio de giro sorprendente; nos da igual que quieran fastidiar a nuestras madres, que no hayan hecho caso alguno a nuestras réplicas, y que se hagan los remolones cuando deben hacer tareas importantes como la de deshacer la maleta… Nos volvemos sumisas, entregadas y atentas, y mandamos al ‘carajo’ todo lo demás…

Así que por las noches se aprenden cosas sorprendentes de uno mismo y del ser humano en general, de los comportamientos legítimos e íntimos de cada uno, aprendemos a resolver conflictos interiores y en el ‘silencio’ pautado de la oscuridad, nos encontramos mucho antes, y de manera más barata, que quién decide irse de expedición por el ‘Polo Norte’, con nuestro ‘Yo’ interior…

Por las noches se entiende que en lo complicado de un matrimonio no está el hecho de discutir, sino el hecho de saber discutir bien.

La rutina envuelve las vísceras del nidito de amor post nupcial, y lo pringa con una gelatina viscosa llena de reproches anotados a sangre y fuego que irrumpen en puyas tópicas sobre las verdades y bajezas del ser humano; pero bien es verdad, que esas andanzas por los laberintos de las relaciones, nos acrecientan en la idea de posesión, propiedad y derecho del uno sobre el otro, que nos da el poder absoluto, enfundados en esa usanza anómala que conllevan las relaciones, y nos sumergen en esa “rutina” deseada por arrastre, a algo que a su vez nos vuelve a la cordura de romper con lo proscrito de la misma: creando un bucle anodino que nos ata con la misma fuerza con la que deseamos desatarnos. Así crece inhóspitamente la sugerencia del amor, entendido como sacrificio y esfuerzo, donde te has de entregar a la causa que te desmiembra como persona legítima, y te adhiere a ser la legítima de otro ser; convirtiéndose en su apéndice de por vida…

En los matrimonios bandoleros, donde lo facineroso (que decía “Jesús Gil”) se impone, la llama del amor se apaga sutilmente enfundada en los pormenores de la esencia gris de las relaciones entre los seres más resueltos, y aparece un sentimiento cargado de matices llenos de pancartas de proclamas a la libertad, a la defensa de la propia identidad individual, y afectos desdeñosos que nunca se dan por completo; en cualquier caso, de una manera u otra, siempre se denota un atributo de dolor…

Lo complicado de las relaciones cuando se interiorizan de noche, lo complicado de la palabra “Amor”, y lo complicado de ser un ser humano quién teorice sobre el asunto; es que siempre tenemos que tomar decisiones basadas en teorías, que no tesis, y cuya relatividad nos hacen sufrir de un modo u otro…

Es de sobra sabido que los grandes pensadores de nuestra historia han confabulado paralelismos entre la virtud de vivir y la maldición de sufrir, como partes en sí mismas del fascinante y milagroso hecho de estar en este mundo; y como una norma del juego de las elecciones que determinan los actos de cada ser. Pero, ¿cuáles son las decisiones que por estadística más nos conviene optar al ser humano para poder participar en esta recreación mundana?.

Vuelvo al tema nocturno, donde nos hacinamos en nuestro lado de la cama y conversamos abiertamente en ese lugar que nos separa de la almohada al sueño, y sigo pensando que la noche tiene algo más de mágico que el día. Pero también, ahora que lo pienso; tiene más de realismo, de veracidad, de pensamientos que por el día ocultamos porque a la propia luz se nos hacen imposibles de digerir, y por la noche, con la sugestión que trae la oscuridad; podemos acercarlos a nuestras propias convicciones de una manera más ágil y sincera…

En cualquiera de los casos, he dado por hecho que la propia vida en sí, más allá de las tareas diurnas o nocturnas, según el caso, que debamos llevar a cabo para proseguir con las reglas del juego impuesto en el mundo civilizado; que el Ser Humano consta de dos partes: la persona en sí que vive mendigando el “amor en estado puro” (que es lo que verdaderamente trae la sensación ansiada de “felicidad”), y sus propios “pensamientos” (que son los que nos sugieren la creciente necesidad, impuesta en su propio ente, de encontrar un sentido a este carrusel del mundo al que hemos venido a parar no sé sabe cómo).

Amor y Pensamiento, en sus diversas variantes y/o tergiversaciones, antagónicos como la Noche y el Día (ya que el término “amor” de por sí ya es irracional y el “pensamiento”, en su connotación más genuina, ya nos sugiere la idea de racionalidad); son la esencia misma de la persona: cordura e irracionalidad, desbarro, disparate, sensatez y razón, amar y odiar, pensar y cavilar, meditar, especular; absurdez y desatino. Razón y Pensamiento, Irracionalidad e Incongruencia. Friedrich Nietzsche postuló: “Siempre hay un poco de locura en el amor, aunque siempre hay un poco de razón en la locura”.

Incoherencias del Ser Humano, el “Homo Sapiens”, el legendario legado de Dios, “El Creador”, en la Tierra… El único ser capaz de amar “haciendo el Amor”. El único ser capaz de no saber cómo se debe pensar después de haber pensado sobre ello. El único ser capaz de amar el pensamiento, aún no sabiendo cómo se ama…

Mira Fair dijo: “Knowing love, I will allow all things to come and go, to be as supple as the wind and take everything that comes with great courage. Life is right in anycase”

En las noches calladas y ausentes, oscuras, lejanas e intimistas, nos asomamos al lado más vertiginoso de nuestra propia encrucijada vital, y nos despojamos del alo vigoroso y grácil que nos tapa. Nos enfrentamos entonces en nuestra soledad, a nosotros mismos, a nuestro más fiero oponente, a nuestro adversario más duro; nuestro pensamiento, nuestro propio “yo”. Tememos la vida, porque con ella llegamos hasta la muerte, ese lugar al que vamos y del que no sabemos nada. Y nos fastidia pensar por instantes que entre la felicidad que se escapa, formada por soplos de alegría sujetas a emociones relativizadas por el dolor, ese Nietzsche tenga razón cuando exclama en sus axiomas que “… la historia no camina hacia futuro alguno, sino que el mundo vuelve continuamente sobre sí mismo”. Que en su apasionada y contradictoria filosofía, que básicamente afirma que no hay más existencia que esta terrena, se sumerja el gran delirio de la vida.

Las noches nos traicionan enfrentándonos con nuestros fantasmas, el pensamiento nos embauca en la necesidad de ser fuertes para seguir viviendo, y el amor nos compensa de la desdicha de tener que hacerlo pensando, y de manera ‘cuerda’, en el verdadero valor de esta voluntad…

Besazo Grande,

Rocío Medina

P.D.: Y dejo que concluya Nietzsche, contradictorio y pesimista, que “Más allá del Bien y del Mal”, con su ‘apoemado’ estilo literario, reafirmó la defensa de la vida y atacó duramente a todo aquello que la destruye:

“Hedonismo o pesimismo, utilitarismo o eudemonismo: todos estos modos de pensar que toman por medida el goce del dolor, estados de ánimo accesorios, son modos de pensar primitivos y cándidos que el hombre, dotado de fuerza creadora… mirará con aire de burla y de compasión. Compasión de vosotros, ¡sí!... oprimidos y sediciosos que aspiran a la dominación llamada por ellos ‘libertad’. Nuestra compasión es más elevada: vemos que el hombre se empequeñece, que vosotros le empequeñecéis… No buscáis imposibles, y sin embargo, no hay mayor imposible que este de suprimir el dolor”.

“La felicidad, como un fin, sino el ¡fin!, significa…hacer ridículo y despreciable al hombre por hacerle insoportable la existencia…”

Lo que se hace por amor se hace siempre más allá del bien y del mal”.

Tags: mp, 11

servido por rociomedina sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

- "The Secret of Health for both mind and body is not to mourn for the past, worry about the future, or anticipate troubles, but to Live in the Present moment wisely and earnestly". Buddha. - "Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien", Tim McGraw

Fotos

rociomedina todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Mis tags

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera