Las Cosas del Verano
Queridos Tod@s:
Cuánto más lo pienso menos dudas tengo de que para pasar un buen verano una persona decente debería arrancar de cuajo los cables de la tele y anular la suscripción a sus revistas preferidas a menos que sean de caza, arquitectura o decoración. A lo sumo os dejo leer el “PRONTO”, que siempre da consejos útiles de cómo limpiar las manchas de velas de los manteles, cómo hacer que tu pelo grasiento, que hace dieta de agua y jabón, parezca recién salido de la peluquería con tan sólo echarle encima un bote de polvos de talco y pasarte la tarde entera cepillándolo con brío, cómo reutilizar los botes de cristal de los yogures y reconvertirlos en improvisados candelabros, cómo limpiar los surcos que el sudor y el desodorante deja en las axilas de las camisas… y todo esto adornado en la misma página por la receta de un sabroso pastel de carne con piñones y albahaca. Bueno, doy por hecho que sólo miráis eso y no los despropósitos de consejos que dan los tarotistas al final de la revista:
Bruja Amanda: “Hago amarres de todo tipo y soy especialista en temas de amor. Sólo digo la verdad; duela a quién le duela. Seré tu amiga y consejera. Llámame a cualquier hora”.
Veamos querida Bruja Amanda: yo de estas cosas sé poco, conozco mi horóscopo porque hay quién para ligar necesita con urgencia saber de qué signo eres, y ya viendo que era más que una moda, todo un dogma a seguir; me dediqué pacientemente a mirarlo e informarme, pero eso de “hacer amarres de todo tipo” a mí me suena a ‘chamusquina’. O sea; tú lo mismo amarras al susodicho a una cabra que a un caimán de Florida, que lo amarras al póster de la luz a ver si mientras se electrocuta recapacita de cuánto ha perdido dejando a la pesada, loca e histérica de la que se gasta el sueldo en llamarte, que amarras tres pelos del bigote de un gato y lo cueces con canela, excrementos de sapo, y haces un amuleto para que la persona en cuestión lo lleve siempre en el bolsillo junto con la pata disecada de alguna liebre cazada a traición…
Otra cosa: tú, querida Bruja Amanda, dices ser especialista en temas del amor, o sea; que doy por hecho que tu especialidad se debe a las clases lectivas que has debido recibir en alguna universidad donde te han formado bien y te han dado el diploma que te acredita lo suficiente como para saber qué hacer para que el tío que ha pasado de tí y te ha chuleado todo lo que ha podido y más, vuelva a tí como un corderito manso y encima pretenderás que la lleve de viajecito romántico a “Saint Tropez” y le ponga a tu clienta un ático en la calle “Claudio Coello" con asistenta y un “personal trainer" estilo “Darek” para que la ponga a punto por lo mucho que sus disgustos han condicionado su dieta… Yo le diría a la señora Bruja Amanda, que por qué no se amarra ella misma en algún lugar en condiciones y que se aplique ella sus teorías a ver si en vez de estar tan sola y tan ávida de ‘pasta’ fácil, se hace con un buen tío que pise con los pies en la tierra, que le quite tanta tontería junta, y la ponga de rodillas a meditar sobre si esta verdad es la que duele “pese a quién le pese”, o necesita que se lo digan con algún mapa explicativo donde se muestre una flecha desde su casa hasta un lugar llamado “Excremento” (sé que me he pasado de grosera pero verdaderamente estos temas me encienden. Es que cuando veo que hay tanta gente aburrida que en vez de aprovechar su dinero en cosas interesantes se dedican a tirarlo a la cuenta de esta gente tan cretina, se me va la mano a la tecla y no puedo parar, es como cuando te pica el brazo; no paras de rascarte y rascarte hasta que te dejas la piel bajo las uñas y un ronchón arañado y rojizo en el brazo).
Por cierto, Bruja Amanda: si se te ocurre tratar de ser amiga mía o consejera, te aseguro que antes llamaría a la “Guardia Civil” para que te lleven con urgencia a algún psiquiátrico… Además, que si tratas de ser mi amiga mejor que vayas replanteándote la dirección de las llamadas, porque mis amigas no siempre esperan que sea yo la que ‘cargue’ con la factura…
En fin, a lo que iba: que estar de vacaciones siendo un vulgar ciudadano es un ascazo tremendo cuando enciendes la tele y ves lo bien que se lo pasan los demás, que parecen que más que de vacaciones están concentrando todo un año sabático en un par de meses que no acaban nunca. Y todo a su lado es bonito, perfecto, sonriente, mágico, gente guapa que no sólo tiene cuerpos de escándalo, sino que deben ser simpática e inteligente de morir, a razón de las risas lujuriosas que no se apartan ni un segundo del famoso de turno. En las revistas es peor; porque esa imagen congelada hace que puedas repasar los detalles de la foto más de una vez con lupa (te enciendes porque no puedes criticar ni un ápice de ese trasero, te mueres de la envidia porque este año ha vuelto a descumplir cumpleaños y aparecen los acompañantes más guapos y rozando la mayoría de edad, te cabreas porque en una foto aparece un posavasos de un reservado de algún local de moda de Ibiza, en la siguiente posan despampanantes bajo la sombra de un toldo teniendo como telón de fondo un lujoso hotel de Marraquech, y en la última bajo un posado ideal, aparece en titulares la frase que te invita a suicidarte directamente: “Intento sobreponerme y coger fuerzas tras morir mi gata ‘Bloody Mary’, así que este verano he acortado mis vacaciones porque me inundaba la pena”. O sea; que si no se llega a morir su felino se pasa un año o dos de vacaciones a ver si descubre algún lugar exótico con cócteles aún sin catalogar, GRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!!!!!!!
Por eso he decidido que lo mejor es no encender la tele para no pasarte el verano de mal humor. Y es que cuando comienza el verano nos vemos optimistas ante los dos kilos de grasa corporal que hemos perdido gracias a ese milagroso concepto post-moderno llamado: “Operación Bikini”, y al que sólo seguimos a rajatabla las semanas previas a nuestras vacaciones. Porque antes son todo buenos propósitos que se aminoran ante la idea de que aún faltan tres o cuatro meses para las vacaciones y podemos invertir, más que en él, en los rayos UVA; que ya va haciendo tiempecito para lucir piernas bronceadas, saltarnos la dieta porque obviamente es ideal salir del trabajo y acercarte a algún local de moda a tomarte una copa con tu falso ‘look’ de ejecutivo (habiéndote pasado antes por casa para soltar de golpe el portátil y el teléfono de trabajo, ponerte el traje recién planchado, y cambiarte la camisa arrugada de todo el día por una nueva y limpita. Es decir; quitarte el maquillaje cuarteado de toda la jornada laboral, volver a pintarte, quitarte los zapatos de tacón medio y cambiarlos por los de ejecutiva agresiva a lo Demi Moore en “Acoso”, y echarte un perfume caro y matón). Así que para la dieta estricta sólo quedan las dos últimas semanas; que es cuando estamos obligadas a hacerla porque nos hemos gastado el presupuesto que nos quedaba en cremas de todas las texturas y todos los factores de protección según el grado de moreno que vayamos cogiendo, en bikinis con pareo a juego de la cesta y el sombrero, en “kaftanes” y vestidos de noche, en pedicura, manicura, ‘micropeeling’, exfoliante corporal para adecuar la piel al sol, y en la factura del teléfono porque hay que llamar a todo el mundo a informarle de que te vas de vacaciones. Así que si estás un par de semanas a dieta no pasa nada; sobretodo porque para meterte en los “mini-shorts” tan ideales que te has comprado necesitas forzosamente perder una talla (básicamente porque estos eran los últimos que quedaban y te han costado un pastón).
Así que llegamos humildemente a nuestro lugar elegido para las vacaciones, cargando orgullosamente con casi una decena de ‘trapos’, zapatos, bañadores y demás complementos por estrenar, encendemos la tele mientras hacemos tiempo para que la humanidad española despierte de su siesta, y de entre esa humanidad vengan los ‘nuestros’ a recogernos para irnos a la playa, y nos encontramos con que hay gente que se ha gastado más que nosotros, que tiene, no dos semanas de vacaciones, sino por lo menos veinte meses, y que encima cada día estrena vestimenta distinta, que está de vacaciones en un lugar que se llama como el tuyo, pero que seguramente es otro porque a esa gente, esas fiestas, y esos sitios no los recuerdas así de monumentales… Así que directamente te dan ganas de meterle un par de puntapiés a cada maleta, meterte un atracón de anacardos del minibar mezclados con las mini botellas de ‘champange’, y echarte a dormir la siesta hasta que sea la hora de salir a cenar y emborracharte para que se te pase el disgusto…
Claro que siempre hay gente más lista que ahorra en ‘trapos’, gimnasios y tratamientos novedosos adelgazantes, y se va a playas nudistas donde si a alguien se le ocurre mirar indiscretamente a tu ‘muslamen’ con celulitis aberrante, siempre puedes desquitarte diciéndole que peor es lo suyo; que tiene un pene del tamaño de un garbanzo o que tiene el pecho que parece un higo a punto de madurar en pasa.
También siguen existiendo los mal afamados ‘domingueros’ de turno que se llevan la nevera a punto de reventar, se apean en cualquier ribazo a ras de carretera bajo las chicharras y el solano cantando los cerca de cuarenta grados de calor sofocante, y le abren la banqueta a la suegra todo orgullosos para que la mujer estire las piernas antes de almorzar los melocotones que minutos antes han sisado de alguna huerta que les pillaba de paso. A mí esta gente me pone de los nervios (por no decir otra cosa) en la misma cuantía en que son capaces de sacarme una sonrisa benévola y proyectarme cierta ternura. Ves al tío con el palillo en el hueco de la boca que pese a los ronquidos ni se le cae, con el sombrero de paja hecho trizas encima de la cara para taparse del sol, a la abuela con la tapa del ‘tupper ware’ abanicándose, a su señora con los pies dentro de la acequia porque cree que el agua esa que corre fría viene de algún manantial y es buena para los callos (de los pies, ¡se entiende!), al hijo pequeño al que los otros tres mayores no le hacen ni caso, y ya de paso nadie en esa familia (como si fuera “Maggie Simpson”), que está jugando con un pie en el arcén y otro en la carretera, a la mujer haciendo crucigramas y pegando gritos a los niños para avisarles de que como se suban a los árboles y se caigan, encima ‘van a cobrar’, tirando el papel “albal” de los bocadillos hecho bolitas a los coches, que pasan a todo gas por la carretera, mientras les grita que a ver si tienen un poco más de cuidado, que si por causa de la gravilla o algo vuelcan, se les van a echar encima…
A mi me hacen mucha gracia, la verdad, no entiendo que después de estar como poco una hora en carretera soportando a la suegra que no puede con el aire acondicionado, diciéndoles de subir el cristal, luego bajarlo, luego que se orina, luego que se ha mareado, y un sin fin de etcéteras; que no sean capaz de dar una pequeña vuelta para encontrar un lugar más confortable donde pasar el día que no sea ese a ras de arcén. Cuando regresas por la tarde del “Club”, resultan que siguen en el mismo sitio; el crío que como ya ha ‘cobrado’ lo suyo sigue en el árbol sin moverse de ahí tratando de llamar como puede la atención de alguien aún a riesgo despeñarse, la señora que está comiendo pipas como una poseída y tiene los tobillos en lo alto de una piedra para ver si se les descongelan y las durezas se le caen de una, la abuela que hace lo propio y tiene los pies metidos en la acequia esa de agua congelada con las medias de calceta y todo puestas; no vaya a ser que le pique a pies descalzos alguna medusa (si ella dice que ahí hay medusas, es que las hay, y con lo que le cuesta agacharse para meterse las medias, que se queda ‘enriñonaíta perdía’, cualquiera le quita la idea de la cabeza). El macho ibérico que tienen por patriarca del clan está con su camiseta de tirantes mostrando michelín cervecero, y navaja en mano, ‘trinca’ como puede una rodaja de chorizo y otra de pan, y así hasta que la suegra que se vuelve a orinar, le pide que le acompañe a ir detrás de algún matorral donde pueda aliviarse sin que nadie la vea que ella para esas cosas es muy mirada…
Las otras tardes, cuando bajaba del chalet en dirección a la gasolinera a ver si podía llenar de aire las ruedas traseras del coche que las veía muy desinfladas, me veo a una señora de éstas haciendo ‘autostop’, o al menos eso parecía, porque estaba parada a un lado de la carretera, quieta como una estatua, sin mostrar signos de accidente grave ni nada por el estilo… Deduje que algo quería, así que, como no vi más que a esa señora, cuya edad no podría ser menor de setenta años, pensé que no habría menor peligro en parar y averiguar si necesitaba algo. Paro el coche en un rellano del camino como a siete metros de donde está la señora, me bajo y me voy acercando hasta donde está, justo cuando la tengo a menos de medio metro le pregunto que si está bien o si necesita algo. La señora me mira con gesto de incredulidad y me dice: “¡Qué va!, yo estoy divinamente hija… ¡No vé qué fresquito má wueno hay cuando pazan lóh ‘coshe!. Zi yo ziempre ze lo digo ar Paco, mi yerno, que ‘eh mu tonto, ¡pero qué le vamo a haser!; él ‘eh azín de canzino, noh pone al otro lao de la fanega donde no corre ni una mijita de aire ni ná… Yo er día menoh penzao no vengo máh; ¡tóh lóh zantízimoh Domingoh ejque ‘eh iguá!; ojú!, ¡qué Cruz de hombre!. ¡Oye Niña!, ¿tú quiere un gazpashito fresquito que he traío mushízimo y me va a zobrá?”.
Total, tirado por tierra el mito de que los domingueros no tienen ni puñetera idea de buscarse un lugar con sombrita cerca de algún prado verdoso, con algún riachuelo cerca donde poder refrescarse y a ser posible alejados del mundanal ruido, me he dado cuenta de que la que no tiene ni idea soy yo; que una señora como aquella, toda una experta en el mundo de los ‘Dominguers’, me ha hecho ver la clave del asunto: a falta de enchufes donde apoltronar un ventilador, mejor en el ribazo de cualquier carretera dónde si no corre aire; los camiones lo mueven a su paso, así que cuanto más cerca se esté de ellos mucho mejor…
Cuando llegué a la gasolinera no sabía cómo llenar de aire las ruedas, o sea; si que sabía pero no la cantidad que debía echarle, así que le pregunto al gasolinero y lo único que saqué en claro es que ante la duda; que le echara al turismo que fuera “dos kilos de aire”. Total, que como yo llevaba el ‘todoterreno’ de mi abuelo tuve que deshacer lo andado, con menos gasolina y con menos aire en las ruedas, y encima me cayó una bronca, porque tras ir a otra gasolinera que me pillaba de camino y estaba cerrada, decidí volver a casa sin echarle aire a las ruedas…
También cuando llega el verano uno ha de tener en cuenta otras cosas aparte de los lugares dónde pasar las vacaciones y la ropa ideal que debes llevarte. Por ejemplo:
-No elegir un destino cualquiera sin cerciorarte antes de que vas a tener fácil acceso al mundo de Internet (que es un mundo virtual que corre paralelo al nuestro donde todo es posible y dónde uno puede ser un rubio nórdico, delgado y con un paquete de acciones solventes, o una diosa de ébano capaz de provocar un ataque de celos a la mismísima “Naomi Capbell”). Porque nunca se sabe si vamos a necesitar hacer una reserva de última hora o necesitamos encontrar a alguien después de haber perdido el móvil al tirarnos desde el catamarán en estado ebrio con él encima…
-No salir de casa sin asegurarte de que en el citado lugar no te vas a encontrar con algún/a ex indeseable, o con alguna antigua “amiga” de tu ex, o directamente con el/la ex de tu “amorcito”.
-Prohibido ir de vacaciones al mismo lugar donde veranea tu jefe a menos que quieras ligártelo, para lo cual la cosa cambia y tienes que fastidiarte e irte a cualquier otra cala cercana porque obviamente; si te ve en la playa cubierta de arena, con los pelos pringosos de la sal, con algún michelincillo caprichoso que se empeña en afearte el bikini, o te ve rechupeteándote los dedos después de haber merendado una bolsa grande de patatas fritas como una ‘cerda poseída’, igual le entra la vena de despedirte, o lo más seguro es que ya no vuelva a mirar con deseo tu estudiado cruce de piernas a lo “Sharon Stone” en las reuniones y tengas que impresionarlo con argumentos de verdad. Así que tienes que conformarte con levantarte antes, irte más lejos, y que sólo te vea por las noches cuando estás divina de morir tras una sesión de dos horas de “protocolo femenino-social”. En los demás casos lo mejor es cerciorarte de que no veranea en el mismo sitio para no amargarte las vacaciones. Que lo mismo te lo encuentras en el descansillo del hotel con la mujer, y a ver qué cara le pones tú cuando te la presente después de saber que en horas menos estivales se ‘ventila’ a la de la fotocopiadora. Que te lo puedes encontrar embutido en un ‘neopreno’, tratando de atrapar tiempo de juventud con la misma ansia con la que se aferra a la cometa de ‘kite’, y no puedes contener la risa de lo penosa que te resulta la escena.
-Tampoco se puede ir uno de vacaciones así como así en los siguientes casos:
1- Si estás soltero debes hacerte acopio de tu lista de “amiguitas” de la zona y cerciorarte bien de a qué locales van. Porque alguna vez ya ha pasado que estás dos días detrás de grupo de rusas despampanantes cuyas piernas, que les llegan hasta el cuello, dan dos vueltas y aún sobran, y cuando por fin acceden a quedar y precisamente a la que más ojitos le echas acude sola, vas tú todo triunfal y te das de bruces con la “amiguita” a la que días previos a las “vacances” has atiborrado de mensajes dándole habida cuenta de lo muchísimo que te gustaría poder quedar a solas con ella, etcétera, etcétera (los tíos ya sabéis de qué va el asunto)… Total, que acabas más sólo que la una, uniéndote al tío más penoso del lugar que anda tan ‘tirao’ como tú, y ellas, que ya se han hecho amigas, han levantado un cerco alrededor suyo y de sus otras quince amigas tan “buenorras” como ellas, y te miran a la vez con caras de querer matarte.
2- Si estás comprometido y en plan ‘tranqui’ pásatelo bien y apaga el móvil, porque seguro que tienes a la ‘parienta’ todo el rato llamándote a ver si te van bien las cosas, recordándote que como “hagas algo” ya te puedes largar con otra, y tú, que no pensabas hacer nada, te dan ganas hasta de llamar a la primera ex ‘fulana’ que aún ‘ranquea’ en tu móvil y proponerle una cita lujuriosa para que tu novia te amenace, pero esta vez con razón…
3- Si estás en la situación anterior pero con ganas de ‘jarana’, acuérdate de salir de casa con dos móviles: Uno, que es el que siempre debes llevar encima atado con una cuerda y siete candados para que no se te caiga ni lo dejes tirado por algún sitio de borrachera (donde has introducido pacientemente todos los teléfonos de las ‘chatis’ que interesan). En el dos: únicamente anota el teléfono de tu “parienta” (para que no puedas llegar a enviarle mensajes confusos de esos que tú no ‘cazas’, pero que ella capta al vuelo desde la primera palabra), y ese déjalo siempre en la mesita de noche, y como un ritual, le mandas su mensajito mañanero, el de la siesta, y el de la noche, que es el que menos falla de todos: “Hola Cielo, stoy matao, éstos me han tenido toda la tarde haciendo surf y stoy roto, m meto ya en la cama. Pienso en ti, m gustaría q stuvieras aki conmigo. T imagino y m pongo malo. Mña m levanto pronto xa correr un poco, cuando regrese te pego toke xa no despertarte antes. T kiero, mi bomboncito sexy…” (aquí cualquier apelativo cursi que se te ocurra va bien), y entonces cierras el móvil, abres la caja fuerte para cogerte el reloj y las tarjetas, te echas perfume, y sales a toda prisa colgándote del cuello el otro teléfono que es más resultón…
4- Si eres chica esos últimos consejos anteriores ya sabemos que no sirven, pero lo que está clarísimo es que no puedes salir de vacaciones sin asegurarte que los amigos de tus amigos son tan increíbles como te han contado, porque ya que renuncias a algún rollete veraniego -de esos que siempre dan un poco de pereza pero que te prometen unas semanas ‘deluxe’ en algún yate mojado por el Mar Adriático- al menos que sea porque la cosa promete. Así que antes de salir busca alguna excusa como la que solía hacer una amiga mía (ahora casada y con un retoño), que era la de llamar al ‘Mengano’ amigo suyo y decirle que tenía que enviarle fotos de sus amigos para la clásica fiesta sorpresa de parejitas a las que ella era muy asidua. Así pues, su amigo le mandaba todo feliz las fotos de sus amigos (obviamente sin contar con ellos porque formaba parte de la pretendida “falsa” sorpresa), que son esas fotos que se hacen los colegas entre ellos y no las que se eligen con el perfil adecuado, y nada más recibirlas, nos enviaba un mensaje tal que así: “Cambio de planes chicas, estos tíos son penosos y a mis amigos los tengo ya muy vistos… Si no sugerís nada interesante yo me voy a Menorca que los Italianos para un apuro nunca fallan… Después quedo con Andrés y nos vamos a pasar con él unos días. No dejarme tirada que yo sola con éste no me voy ni loca… Besitos”.
Total, que el verano tiene una multitud de cosas maravillosas, pero también están esas otras cosas que te castigan a no bajar la guardia ni un segundo. Yo siempre pienso que estar todo un invierno embutido en tu jornada laboral pensando en el momento de dar carpetazo a todo y largarte de vacaciones es trabajar sin fundamento; porque nos volvemos muy poco productivos. Así que propondría el plan contrario: exigir el derecho a estar un mes entero trabajando, ocho meses a programar un verano como debe ser; incluyendo el echar la solicitud a ZP para que nos dé lo que nos corresponda de los cuatrocientos euros, el ir al paro porque estar tanto mes sin cobrar es algo que no tiene mucho fuste, apuntarnos a un centro de gimnasia pasiva -que estar dos horas diarias en el ‘gym’ da una pereza de morir-, incluir planes para salvar el mundo que sólo se cuecen en los locales de moda de la ciudad y no logran jamás salir de ahí (son como el hielo; reconforta el tener los cubitos para enfriar la bebida, pero una vez que ésta se agota; se tiran los hielos medio derretidos sin más miramientos). Hacer dieta más de dos semanas, a lo sumo cinco, o volver a echar más solicitudes para que nos alcance el dinero y nos paguemos la ‘lipo’ que es una solución menos dolorosa y más eficiente. Y ya vislumbras allá por Mayo el verano como debe ser: haciendo boca con la Feria de Jerez, la de Sevilla, el Rocío… y te pones en mitad de junio desestresada, fresca como una rosa, dispuesta a lucir tus modelitos, y te recuestas en septiembre bajo el paraguas de las lluvias recónditas maldiciendo tu suerte porque en octubre has de volver ‘al tajo’.
Paciencia queridos míos, que a este paso socio-político, esto, más que una teoría se hará una obligada realidad, y antes que nos demos cuenta estaremos más de uno como esos sabios “domingueros”; abanicándonos con el “tupper-ware”, al lado de cualquier ribazo, y rezando porque los capataces de alguna finca de frutales se vayan a echarse la siesta y podamos entrar a arramblar con todo lo que veamos…
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: ¿Alguien sabe cuánto aire tengo que echarle a las ruedas de un ‘todoterreno’?.


KARI dijo
es un asco donde estan los hombres culiando aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
25 Septiembre 2008 | 01:03 AM