La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

4 Octubre 2008

A caballo por Doñana


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Hoy hace un día demasiado caluroso y plomizo, lo cierto es que en verano son los días menos apetecibles de todos porque siempre son sinónimo de que nos quedamos sin playa, o a lo sumo; sin poder tomar el sol.

Nada más levantarme bajé a desayunar al porche que da al jardín, allí el sol siempre te pilla esquinado a esas horas, y las hojas de la palmera cubren lo justo como para poder desayunar como Dios manda: con la mano sujetando la cabeza malamente plisándote la cara, con la silla echada hacia atrás todo lo que se puede (estirándote como si fueras un chicle “Boomer”, porque la idea es acostarte encima de la mesa directamente, y si me apuras; meterte dentro del café a seguir durmiendo un poquito más) y con la otra pasando hojas del periódico sin detenerte en nada concreto, a lo más que llego yo en estos casos es a estar, con el ojo que tengo abierto; avizor del periódico a la casa, y así… (porque en mi casa se nos cabrean cuando hacemos esas cosas; si por ellos fueran estaríamos desayunando todo ‘peripuestos’ como si lo estuviéramos haciendo en la cafetería del “Loevre”): ¡qué estrés!...

La palmera hoy estaba que no le daba la gana de taparme el dichoso rayito de sol, el poco que había estaba encaprichado con mi ojo izquierdo, y nada; que yo estaba por arriesgarme a una bronca si lo cerraba encima de la mesa, o por ponerme las gafas de sol a las diez de la mañana y arriesgarme a lo mismo; así que decidí no echarme café y directamente quedarme tumbada ojeando el periódico a ver cuántas desgracias, que no supiéramos, habían despertado hoy en el mundo… Las mismas: tíos que matan, apuñalan, golpean, y en el mejor de los casos acaban suicidándose, las películas con que nos deleitan en televisión que por edad seguro que se licenciaron en la misma universidad que “Tutankamon”, lo de los dichosos juegos olímpicos en ese país comunista horrible que ha expropiado a gente de sus casas, y por fin la política; que son como las gallinas de corral; que es para echarle de comer aparte…

Mi primo Álvaro llegó el día anterior de Jerez, vino con un cargamento de caramelos y globos de agua para ‘los enanos’, que descargaron el susodicho cargamento, como es lógico, encima de él… Álvaro vino cabreado, todo hay que decirlo, el tío es guapísimo y como familiar tuyo es todo lo aconsejable y probo del mundo, ahora bien, si eres una chica y no tienes lazos de sangre con él; sal corriendo porque tu estabilidad emocional y sentimental estará en apuros serios. Yo no sé lo que tiene Álvaro aparte de guapo, alto, inteligente, deportista, educadísimo, simpatiquísimo y un estilazo increíble (aquí yo pongo sonrisa de oreja a oreja porque según voy describiéndole le veo esa mueca tan típica suya cuando acaba de leer un mensajito ‘by mobile’ y le va a responder cualquier parida para tenerla contenta). El chico vuelve locas a las mujeres, y yo por eso no se lo presento, a menos que me vea forzada, a ninguna amiga mía o similar (amistades que te llaman y te cuentan su vida, te integran como parte ‘chic’ de su universo del ‘soirée’, pero luego les importas un pimiento y a la que pueden y encuentran un tío que las mime durante una temporada, pierden tu teléfono y dicho sea de paso; te despellejan viva, y todo lo que antes veían en ti que les fascinaba, ahora les horroriza más que despertarse una mañana y encontrarse a “Paco Porras” sirviéndoles el desayuno tapando sus partes ‘pudientes’ con un ramillete de perejil). Dicho lo cual; Álvaro es un caprichito de hombre pero yo por suerte lo tengo en mi familia, si no, seguramente pringaría como la que más…

Pues bien: resulta que andaba medio liadillo con la morenaza del turno veraniego, y mi Tío Miguel a regañadientes le dejó salir a navegar en su embarcación nueva, donde se fue con ‘La Morena’ y con la hermana de ésta (huelga decir que ninguna era de Jerez – ya las tiene a todas ‘recauchutadas’- ni hablaban castellano) y luego con un montón de amigos… Al día siguiente se enteró de que un amigo suyo se había liado con ‘Morena’s sister’, y entre ‘caladita’ y ‘caladita’ post-coital, el muy espabilado la había puesto al tanto de los prodigios de mi Alvarito, así que estaba ‘La Morena’ que trinaba en su idioma. Total, que como Álvaro a los histerismos femeninos sólo los aguanta si son de su madre, en un arranque de filamentos condensados de ácido desoxirribonucleico, agarró el coche y apareció en Huelva para la hora de comer, dejando a la ‘guiri’ hasta más ver.

Así que esta mañana después de mi ‘no desayuno’, Álvaro recién duchado y afeitado que parecía una rosa fresca de “Jericó”, bajó con el semblante optimista, se desayunó por lo menos cuatro rebanadas de pan de pueblo tostadas con tomatito, aceite de oliva y sal, y un tanque de leche. Acto seguido me pregunta qué plan tengo para hoy, le miro, y antes de poder responder, me dice que nos vayamos a “El Rocío” a montar a caballo que hace un día ideal para eso. Me pareció una idea estupenda, además que me apetecía muchísimo perderme por “Doñana” y desconectar un poco del barullo de la casa. Encima hoy venían unos amigos de mi Tío Vicente Luis que son casi octogenarios y en contra de todo pronóstico; los más ruidosos del mundo (como están medio sordos pues hablan gritando y al final de la velada lo único que han sacado en claro es que, o se quedan a dormir o tienen que salir a ‘cuatro patas’ de lo mucho que les gusta darle ‘al pirri’).

Entramos en la aldea de “El Rocío”, allí el aire huele distinto, sé que serán imaginaciones mías, pero es un sitio absolutamente envolvente, estemos o no en temporada de ‘Romería’, ‘Candelaria’, ‘El Rocío Chico’… La ermita siempre se ve reluciente y majestuosa con sus peregrinos a la puerta de la ‘Sala de Velas’, donde las luces cargadas de promesas desprenden un tufillo a cera del crematorio que se entremezcla con el inciso, la arena, y el salitre estancado de las marismas que a lo lejos dibujaban sombras de ‘flamencos’ que intentan almorzar.

En el mismo centro de “La Plaza de Doñana”, un par de casas más a la derecha de la que se ha comprado “Don Jesús Quintero”, está la nuestra. Aparcamos el coche a pie de casa, y abrimos la verja de hierro por la que entramos. Cada vez que regresamos siempre encontramos al mismo cuadro tirado en el suelo; mi Tía Abuela Bella, nos dice que en la casa se aparece “El Bisabuelo” tratando de tocar la moral de la gente. Ella nos ha contado montones de veces que “La Bisa”, esposa de “El Bisa”, trajo ese cuadro porque su madre se lo regaló y le tenía mucho cariño; es el típico cuadro con escenas de caza. “El Bisa”, que no soportaba a su suegra, sintió cómo le hervía la sangre al tener que quitar un trofeo suyo de caza, por poner semejante ‘pestiño’ de cuadro. Así que según mi Tía Abuela Bella, “El Bisa” seguía con el reconcome en su tumba.

Volví a colgar el cuadro y abrí las ventanas, la brisilla era calurosa y dejaba la piel lentamente pegajosa. Esperamos a que el cuidador, al que llamamos antes para que nos preparase los caballos, terminase de colocarles las monturas y mientras lo hacía, nos fuimos a las tiendas de ropa que están más abajo de nuestra casa porque Álvaro quería comprar unas pulseritas de cuero con la bandera española. Entramos en casa, me tomé una ‘coca-cola light’ con un paquete pequeño de galletitas de chocolate que encontré por la despensa.

Entramos en “Doñana”, hacía un calor espantoso pero corría un poco de brisa, y me pasaba más tiempo tratando de que no se me cayera el sombrero, que tratando de no caerme yo con el caballo a galope. Me encanta montar a caballo, es una sensación maravillosa de libertad y salvajismo neutro. Álvaro monta muy bien, se pasa días enteros montando en Jerez, y a veces tiene que esperarme porque en algunos tramos yo no puedo pasar con el caballo tan rápido como él. Cuando montas a caballo tu alma se funde con la del animal. El caballo es elegante, bonito, fuerte, salvaje, valiente, y a la vez noble e imprevisible. Es como un humano sin estocadas, con un espíritu indomable y distinguido.

El caballo regala a nuestra historia connotaciones muy diferentes a nuestra civilización; sin este animal, nuestra leyenda a través de los siglos hubiese sido otra muy distinta. Creo que el caballo, más que moldearlo nosotros al haberle comenzado a domesticar hace no más de seis mil años, nos ha moldeado a nosotros. Ese bello animal salvaje, esa bestia pulida que trota por los capítulos de nuestra historia salvando de los perseguidores a “Robin Hood” y a nobles damiselas fugadas en clandestinas noches de luna llena, trotando por adoquines de ciudades románticas y montañas perdidas bajo las órdenes de villanos. El caballo está presente en la imaginación, y con sólo escuchar su galope resonando sobre la tierra nos hace evocar batallas épicas cargadas de aventuras. El caballo ha modificado nuestro estilismo, y con ello ha predispuesto a la moda que vestía a Hernán Cortés, Francisco Pizarro, etcétera, de pantalones cómodos para prevalecer, más ágiles e impunes, sobre ejércitos mucho más numerosos que los suyos. Cambiaron la historia de la música, ya que gracias a ellos existen los instrumentos de cuerda frotada hechas con los pelos de la cola, originarios de las culturas de Asia Central. Tampoco la historia de la mitología hubiese sido la misma de no existir los caballos, porque no habría existido el centauro; mitad hombre, mitad caballo. Ni los unicornios; esos bellos animales que se esconden durante el día avergonzados por tener entre los ojos un gran y afilado cuerno enroscado. De hecho; ¿cómo podrían haberse escondido los soldados aqueos (ciudadanos de Acaya, Región al Norte del Peloponeso en la Antigua Grecia) en el interior de un caballo de madera frente a las murallas de Troya?. ¿Cómo habría “Brad Pitt” de yacer muerto en la película que emula esta historia?. Sin los caballos no habrían existido tampoco las películas “del Oeste”, esos “western” que exaltaron a la categoría de mito al famoso “Tom Ford”. Pero lo más importante, lo que más me llama la atención; es que la idea medieval de la nobleza está tan vinculada al caballo que no sólo los libros que enloquecieron al protagonista más famoso de Cervantes,“Don Quijote”, se llamaban “Libros de Caballerías, sino que aún hoy para cualquier cosa, hasta para ir al lavabo, a los señores se les llama: “Caballeros”.

“Su silueta grácil se repite a través de los siglos galopando siempre en la imaginación humana, en Altamira o en una talla de Mongolia, o en uno de esos escudos muy pulidos de piel de bisonte que decoraban los indios de las grandes praderas de América del Norte. Los caballos son presencias sagradas, muestras de riqueza y de supremacía, juguetes para niños...” Antonio Muñoz Molina.

Cuando la gente monta a caballo por primera vez, sólo aprecia si es más o menos manso, pero todos los caballos amén del color y la raza, les parecen iguales; lo cierto es que no lo son en absoluto. El caballo es uno de los animales más inteligentes del mundo, prueban siempre a su jinete, lo varean y lo tientan a ver quién puede más. Un caballo es un filósofo sin título ni dogma que dialoga con el que lo monta y mantiene conversaciones silenciosas con él. Le hablas y te escucha, le dices que te cuide, que esté tranquilo, que camine despacito, y él te entiende y hace lo que le da la gana si ve que puede más que tú; es cuestión de jerarquía. O sea; mi caballo parece que me quiere más que a nadie, pero en cuanto se monta Álvaro, está claro que pasa de mí y le hace más caso a él.

Estuvimos paseando por un bosque lleno de dunas y pinos, de marismas enjauladas que mezclan sangres impuras del “Río Tinto” y del “Río Odiel”, de montones de especies diferentes de aves que impregnan el aire de sonidos indescifrables que ornamentan el paseo a modo de banda sonora, que vuelven locos a los ornitólogos para poderlos clasificar. La brisa nos golpea cálida en la cara, por fin se me cae el sombrero y Álvaro, veloz como una gacela, desdibuja nuestras huellas marcadas en los altozanos de arena, y como si fuera un rejoneador haciendo un quiebro frente al toro, sin apearse del caballo, se descuelga por su lomo negro, brillante y sudado, lo recoge y se lo guarda (prefiere ir cargando con él, que el devolvérmelo y que a los diez minutos vuelva a suceder lo mismo).

El cielo es color plata rasa, los manchones de nubes tempranas se deshicieron en un blanco roto con parches añil que acabaron desapareciendo. El aire huele ahora a eucalipto seco, a jara, y a breña mohosa de las laderas de los marjales que adornan postales de romería “Rociera”. Me fijo en el camino mientras troto sin rumbo por las veredas fragosas que tan bien conocen los ‘Almonteños’, y me doy cuenta de que se han borrado los surcos de las carretas de los romeros.

Paseamos durante varias horas seguidas y sin descanso, creo que voy a morirme, siento que la sangre es la causante del calor que tengo, la noto en ebullición y tengo más sed que nunca. Álvaro me mira un poco mosqueado cuando le pregunto si él no tiene sed, si no tiene hambre, si no nota el calor, y entonces me dice: “Venga, ¡floja!, ¡vámonos ya!, nos vamos donde Curro y nos tomamos un vinito, y ya de paso comemos, que me ha dicho el abuelo que nos tenía que dar una caja de no sé qué para él… Pero eso sí; por la tarde si no llueve seguimos”. ¡Cualquiera le dice que NO!.

Curro es un antiguo capataz de una finca que tiene mi abuelo. Mi abuelo decía que como mayoral era un desastre, pero como persona es un tío increíble, total, que le daba pena despedirlo y lo ascendió a “Jefe de Capataz”, o sea; era el que le mandaba todo el día a un pobre chaval que acababa de terminar “Ingeniería Agrónoma”, y si no hacía exactamente lo que le decía se ponía al borde del infarto. Total, que mi abuelo porque no le tuvieran que poner el marcapasos ni tener que despedir al chaval después de todo lo que tuvo que sufrir -“Al Curro es que hay que aguantarlo”,que dice siempre su mujer-, tuvo que ascender a los dos y llevarse a Curro para que se encargara un poco de todo y de nada (cosa fácil ya que “El Curro” es bastante vago), y al aprendiz de “Curro” lo ascendió por enchufe directamente a ser el “El Jefe de Subalterno” de la finca de un famoso ganadero de reses bravas. En fin, que mi pobre ‘Abu’ tuvo que colocar a un señor que trabajaba mucho y lo tenía todo en orden, pero que cada vez que podía le daba por robarle racimos de uvas de las parras y esto a mi abuelo lo ponía malo.

Cuando llegamos entramos por el patio donde está la entrada de carruajes y allí nos esperaba Blasito para hacerse cargo de los caballos. Una ducha rápida y nos vamos a casa de Curro. Curro después de ser el recadero del abuelo durante un año dijo que se quería prejubilar, que con el dinero que le había dado mi súper ‘Abu’ durante años por no hacer prácticamente nada, ya le había dado lo suficiente como para comprar una casa en “El Rocío” vendiendo el piso que tenía en “Bollullos”, total; que después de tanta trifulca, va el tío y se jubila. En fin, que su mujer cocina muy bien y mi abuelo dijo: _“¡No hijos!, ¡no!, ir hasta allí y regresar para el almuerzo es tontería. Llamo a Curro para que me tenga preparadas las cosas que me tiene que dar, y ya que vais a recogerlas os quedáis a comer que él estará encantado”. Cierto es que su mujer, Paca, cocina fenomenal, y prueba de ello fue el puchero con cuatro kilos de tocino, no sé cuántos de mondongo, y yo creo que ya puestos dijo: pues voy a echar la vaca entera, que parece que si no, como que no tiene sustancia. Así que entre el calorazo que hacía que pedía a gritos lluvia, los vapores de la olla que puso sobre la mesa para servirnos ahí mismo, y lo pesada que se puso después para que nos tomáramos un par de “perrunillas” cada uno con el café de la sobremesa; yo cuando llegué a casa y Álvaro dijo que a montar otra vez, me tiré encima del caballo que quién me viera con un ‘finito’ o un “carajillo” demás, juraría que estaba rodando un “spaghetti western” y estaba ‘filmando’ la escena de cuando ‘El Feo’ y ‘El Malo’ se baten a duelo con “Burt Spencer” y acaban pegándome a mí, que soy ‘El Bueno’, el tiro en el culo…

Son las siete y media de la tarde y estoy dándole besos a mi caballo y agarrándome a él como si no le fuera a ver más en toda la vida. ¡Le quiero más!... Álvaro está al teléfono y echo una ojeada de última hora por la casa. En la mesilla de la cama de “Tío Cosme” encuentro los pendientes de gitana rosa palo con lunares blancos de alguna de mis primas pequeñas, y veo que el grifo de agua del lavadero tiene un goteo armónico y constante que no me gusta nada de nada. Cojo un pañito y hago fuerza para girar la manilla hasta que ésta se cierra completamente. Pego un tirón a la puerta de casa, y Álvaro, mientras sigue de charla por su ‘cell’, introduce las dos llaves y la cierra, sale, y tras él lo hago yo echando el cerrojo de la puertecita de hierro de la verja de acceso.

A la media hora aproximadamente estamos en casa, ¡Maldita sea!, pienso yo, se me había olvidado que había cena con los amigos del Tío. Aviso a Álvaro, y me dice que él pasa de todo, que él entra por el garaje y cuando esté dentro de la casa avisa a la cocinera de que se queda arriba. Así que cenamos a nuestro aire en la terraza del salón de arriba.

Estoy cansadísima, el cielo ha dado tregua y ha rebajado los grados de calor por las briznas de brisa templada, que a pies quietos, te obliga a ponerte una chaquetita. La luna, que lleva escondida horas y horas detrás de alguna nube juguetona, parece una ele torcida y color candela apagada, aparece coquetona a la hora de la horchata granizada y la película que Álvaro elige para poner en el DVD.

El caso es que los tíos; por ligones, penosos, guapos o poco agraciados, mayores o más adolescentes, todos; siempre saben que a la hora de escoger ‘peli’, cuantos más tiros, sangre, fantasmadas, efectos especiales y demás, mucho mejor siempre. Así que como “Daniel Craig” estaba emulando a “Bond” en estado puro, y yo a “James” lo prefiero en momentos menos productivos; me voy a mi cuarto desde donde os escribo revestida de “Aután” y sentada bajo la mosquitera de mi cama con un empacho tremendo.

Besitos Dulces,

Rocío Medina

P.D.: Por culpa de la “Coca-cola” que me tomé para ver si se me pasaba la pesadez del estómago, me desvelé, y ahora sólo escucho ruidos raros que provienen de algún lugar del jardín, y que me sobresaltan de cuándo en cuándo al pensar que tal vez alguno de ellos se esté atragantando con la dentadura postiza.

P.D.1: Definitivamente estoy con Álvaro en su cuarto jugando a matar a gente con “La Play”, si alguien quiere algo que llame al móvil de mi primo que el mío está cargando en mi cuarto, y ahora no me puedo dejar el puesto que sólo me quedan dos metralletas y una vida…. AaaaaGGGgggggg!, ¡Me MATARON!

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