La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

8 Octubre 2008

La Visita Inesperada

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Querid@s Tod@s:

Estamos en plena cuesta abajo del verano, lo sé porque mi hamaca ya está maltrecha por la parte donde están los ganchos que regulan las alturas. Yo no puedo bajar a la playa a menos que haya hamacas buenas bajo unas sombrillas de cañizo donde siempre estiro un par de toallas, que son las que indican que están en un sitio desde donde una puede echarse la siesta y no perder del todo el “glamour”, y donde el hamaquero, que ya te conoce, te reserva las mejores de la primera línea de playa. En caso de estar en alguna playa lejana yo me cojo dos toallas y mi tumbona portátil; pero aunque me muera de sed, a lo sumo que llego a llevarme es una botellita de agua porque creo que no hay nada más hortera (práctico por otro lado) que el hecho de llevarse una nevera o similar, e ir cargada con bolsas de plástico donde guardar meriendas...

Hoy hacía un airazo tremendo, me he bajado con Bertina y su hermano Bruno a la playa, les he hecho mirar la bandera roja y los niños de la rabieta que han pillado por no poderse bañar, se han puestos hechos una furia y me han instado a que les llevara de vuelta a casa para bañarse en la piscina. Es lo que más me gusta de la playa en días de resaca; que me siento orgullosa de ser buena prima mayor porque nada más bajarles y ver que está la bandera roja, ya no tengo que estar pendiente de que se ahoguen o no; les digo que las olas son muy grandes y que ellos son muy chicos, y que las resacas quieren decir que el mar tiene mucha hambre y va arrastrando todo lo que pilla por su paso lentamente hacia altamar, entonces se ponen rojos como un tomate de la rabia, y se conforman con jugar a las palas hasta que alguno de ellos hastiado por tanto ir a recoger pelotas, y sólo haber logrado dar durante ese tiempo la del ‘saque’; me pide violentamente que le lleve a casa. La gente progre teoriza mucho sobre lo de no mentir a los niños, pero a ver cómo se hacen entender con dos mocosos que patalean tirándote arena a los ojos, empiezan a berrear como descosidos, dicen que les importa un pepino que esté la bandera del color que quiera, y tú estás ahí; luchando porque no salga volando la sombrilla, con las tumbonas y las bolsas pertinentes con cubos, rastrillos, palas, cremas, sombreros, agua, pelotas, toallas y bocatas, que no sabes si ponerte con el rastrillo a hacer un agujero para meterte dentro, dejarles hacer lo que les de la gana así se ahoguen, o darles una ‘castaña’ (o ‘zurrío’ como también se dice por aquí) en el culete para que se relajen un poco. Pero no, yo prefiero echarles una mentirijilla para conseguir que me hagan un poco de caso y luego ya si eso; que les arreen sus padres… De cualquier manera los que dicen que una azotaina a tiempo es un método bárbaro educativo, estoy convencida de que no son padres, o directamente que no lo son de unos retoños tan fieras como los críos que hay siempre por mi casa…

La playa estaba brillante, la arena estaba llena de conchas aún sin pisar; preciosos restos marinos multiusos. Había gente que andaba airosa a pesar del viento que se levantaba a océano abierto, y pisan la orilla con cautela por si el agua que va empapando nuestros pies desnudos se los tragan con la velocidad con la que la arena engulle agua salada. Multitud de chicos jóvenes se lanzan con la cometa de ‘kite surf’, otros se deciden por el ‘windsurf’, otros por el ‘surf’, y algunos menos entusiastas se conforman con enseñarles a sus mocosos a volar una cometa. Yo en cambio me quedo impasible, me tumbo boca abajo en mi hamaca tapándome el cuello con el ‘foulard’ y con el vestidito playero encima, y observo cómo el mar suelta espuma por la boca sin parar… El agua desde la lejanía parece turbia y grisácea, y las palmípedas desaparecen ante los estufidos que les da el mar.

Sigo mirando impávida, a pesar de que el sol que irradia claridad cegadora está escondido jugando con las gaviotas, y ya no necesito cubrirme los ojos para poder ver. Aún llevo las gafas de sol puestas, la arena que me golpea suavemente contra los cristales y la bruma, me hacen no ver absolutamente nada. Pero no importa, estoy escuchando los bramidos del mar y al papá desesperado que grita para que su niña suelte hilo a la cometa. Hay un chico que a lo lejos se divisa más valiente que nadie; cada vez entra más adentro con la tabla de ‘surf’, y cada vez que lo intenta acaba cayéndose y seguro que tragando agua. Después de una hora y media sale, le veo venir hacia mí con su tabla bajo el brazo y con su neopreno puesto. Cuando está a medio metro le sonrío, igual como yo no veo un ‘carajo’ pienso que no me ha visto, pero ha pasado de largo a recoger sus pertenencias que estaban a diez centímetros de dónde me cuelgan los pies y a unos siete centímetros de una parejita que lleva horas intercambiando lenguas de un lado a otro a medio palmo de mi; ¡como si no hubiese más playa!. ¡Es que la gente tiene unas ganas de fastidiar!...

Noto que el verano acaba porque los días van siendo más cortos y hay menos entusiasmo en la cara de la gente. Las tiendas estrenan nuevos carteles más luminosos dónde se puede leer: “REBAJAS, ¡CoÑo!. ¡Compren de una vez!. Todo a 10 Euros (pero podíamos rebajar a 3). ¡ENTREN YA!”. También lo noto porque los chiringuitos de verano ya no lucen tan festivos con los focos verdes, que al anochecer; combinan con los cócteles y las primeras copas a pie de mar e iluminando palmeras.

A mí me fascinan las palmeras, tienen frutos que se comen y son exquisitos y dulzones: palmitos (esto no es una fruta pero para el caso sirve igual), cocos y dátiles. Me fascinan porque son de un montón de variedades pero lo que nadie duda es que además de ser un árbol, también es una palmera. Yo veo una palmera y busco cerca algún chalet, o alguna playa, o algún oasis escondido en plena ciudad del que yo no me he percatado aún. Me sugieren alegría y espontaneidad, me recuerdan “Al Tabla” de Punta Umbría, tomando copas al son de las guitarras flamencas que los gitanos afinan por rumbas, bulerías y fandangos cuando se ponen “agustito”. Las palmeras mueven sus ramas y hacen figuras elegantes en las sombras provocadas por el sol al mecerse en sus hojas abiertas alguna sonrisa. Tienen un tronco ágil y abrupto a la vez, que invita a pensar que se está en algún paraíso tropical, o rezumando brisa exótica en la “La Martinica”. Me encanta dibujar palmeras, las mías no son como las de “Muher”, pero sin duda son palmeras más táctiles y pragmáticas... Las recuesto entre chumberas y las dejo días, meses, y hasta años macerar en blanco y negro, y a esbozos hechos a lápiz.

Mi amigo Nicolas ha venido a verme, me ha traído un par de besos y una sorpresa. Mi abuelo, nada más llegar yo de la playa, me mira muy serio y me dice:

_ “Hija, tienes visita... Es un amigo tuyo francés que viene de Egipto... Creía que no se me había olvidado el francés y me ha costado lo suyo mantener una conversación fluida... Está en el jardín hablando con tu padre”.

Cuando me voy acercando los niños se sueltan de la mano y empiezan a pedirle caramelos a mi abuelo, yo suelto las bolsas, con todo lo demás, y salgo pitando hacia el jardín. Ahí está el tío... sonriente, y comiendo... Yo siempre que pienso en Nicolas lo veo sonriente (da igual que diga: “I am in a terrible mood”), que lo veo con una sonrisa en la boca, con su gesto irónico y con hambre o comiendo... Está engullendo una ensalada de aceite, con un par de tomates y queso fresco con orégano (seguro entonces que ha sido él el que le ha dicho a Reme, la cocinera, que le parta un tomate con un poco de queso fresco, y que ya se lo aliña él: medio litro de aceite de oliva de sabor intensísimo recién salido de nuestros olivos, un poco de orégano por despistar, algo de sal... y mucho pan de hogaza). Nico me ve y de un salto se levanta en dirección hacia mí y me endiña un beso en la mejilla mientras me hace signos de que no puede hablar porque está tragando...

Se acerca Tío Cosme con una botella de vino en la mano, le sonríe y le dice no sé qué en francés que yo no entiendo, y Nico le contesta algo medio tragando y acto seguido mi tío abre la botella, mi padre llama a Reme que viene con una remesa de jamón y de gambas, yo sigo alucinando... ¡Pero esto qué es!. O sea; que es Nico el invitado, que no ha sido invitado y viene por sorpresa, pero que a su vez es amigo mío, y encima no me ha dicho ni ‘hola’ porque está comiendo como si en su vida hubiera tenido tanta hambre como ahora, y aquí parece que todo el mundo le brinda honores como si hubiera regresado ‘El Hijo Pródigo’... Encima como yo no hablo francés, cuando empiezo a medio entender lo que dicen, si es que lo dicen despacio, empiezan con otra cosa y no cazo ni una... Yo le digo a Nicolas en inglés un par de cosas, y él me sonríe y me dice en un castellano-italianense: “Ma Peqüiña, e no ti pongas selosa, mi amore... io ti adoro, mi Rooocio bella... tiene una bella familia molto simpática e molto caritativa...”. ¡Eso!; ¡tú dales coba y verás!... Acabas saliendo de aquí con una grúa... Eso le pasó a una amiga de mi Tía Constancia, que de tanta amabilidad y predisposición, salió tan agasajada que lo hizo un mes después y con ocho kilos demás...

Rocío: “Ey... Familia, siento interrumpir, pero lo cierto es que Nicolas habla seis idiomas y no es muy correcto que por culpa de vuestra amabilidad no pueda él practicar castellano que es a lo que ha venido... Right, Nicolas?. Pues deja ya de ser amable que si no, aunque luego quieras irte no te dejan ni poniéndote de rodillas... ¡Nicolas!. ¡QUÉ SORPRESA!”.

Nicolas es un encanto, la verdad es que si, y como en días anteriores yo tenía que enviarle un mensaje y cuando por fin lo hice de madrugada, en vez de darle a enviar, le di a llamar y le desperté; pues ya me quedé con él un ratito hablando, le conté que papá había tenido un accidente pero que pese a la desgracia y al susto, estaba bien... Como le llamé a esa hora y yo estaba medio frita, pensó que estaba deprimida y decidió venir a darme una sorpresa: ¡Y vaya qué sorpresa!.

Lo malo de Nicolas es que es otro de esos chicos perfectos para todo (excepto para casarse y demás; que sabemos todos que la perfección no existe): es guapo, inteligentísimo, simpático, educado, de buena familia, con una cultura impresionante, trabaja viajando por el mundo porque se dedica a la “especulación” (eso dice él siempre), su casa es el mundo entero y las casas de sus millones de amigos por todo el planeta, a los que cuida y de los que siempre está pendiente. Habla seis idiomas y chapurrea ni se sabe (dice que no habla español y mantiene una conversación absolutamente correcta con Reme, que de cacerolas y adobos sabe un rato, pero que de idiomas no la saques del “andalú cerrao”), es un tío que se lleva maravillosamente bien con los niños (de hecho ha estado con Antonio dándole euros mientras él hacía como que aprendía la canción de cuna que le estaba cantando en francés para que se durmiera), es buen amigo, tiene estilazo y unos increíbles ojos azules-violeta que cuando te miran parece que siempre están mirando a otra porque no puedes creerte que ese halo de luz coloreada y con vida se pose así sobre tus ojos a cada palabra que dice... Siempre tiene la palabra educada, justa, correcta, sabe de todo, y encima tiene un humor maravillosamente irónico e inteligente... Y además de ser un tío de mundo; es de derechas, jajajaja...

Aunque claro; como no tiene casa estable, las casamenteras enamoradizas que se pegan a él con ganas de hacerle sentar la cabeza, se tienen a la larga que conformar con aceptar que es un ave migratoria sin estaciones... que va movido por inercia, por impulsos, por lo más salvaje de las apetencias humanas... ¡Yo le admiro tanto!... Que mañana hay fiesta en Dubai; ahí está él al día siguiente con la ropa adecuada. Que pasado se debe quedar en Kenia para un almuerzo de montería: ahí que está él con todo el atuendo listo y sin arrugas... Yo siempre le pregunto que si es que tiene casa en cada uno de los lugares por dónde va o si allá a donde va a ir, se compra la ropa para la ocasión y luego la regala... Se ríe.

Lo cierto es que la mejor cualidad de Nicolas es la paciencia, no sé cómo logra entenderse con los críos y dejarse pintar tatuajes a rotulador (clavándole la punta a traición), sacarle una sonrisa a Reme que no sonrió ni cuando le tocaron dos millones de pesetas en la primitiva, esperar horas a remojo porque todos quieren jugar con ‘la novedad’ en la piscina, en la playa, en el jardín... y Antonio quiere que le enseñe él a hacer el nudo a las corbatas – no si, cuando se empeña... ¡es que el tío se empeña!- por si los franceses los hacen de una manera más fácil.

Antonio oficialmente ya sabe hacer el nudo de las corbatas, por fin lo ha conseguido y se ha colocado una para dormir encima de su pijama. Sonríe satisfecho enseñando su boca mellada y nos advierte a todos que ahora su primo favorito se llama “Nicolas”, que es el único que le hace caso (hace lo que él dice, cuándo y cómo lo dice) y le ha dado diez euros por tomarse toda la cena sin rechistar para poder comprarse antes la “wii”, que la que le regalaron por “Reyes” sus padres hace meses que falleció. Y además, nos advierte seriamente, casi al borde del enfado, que como sigamos regañándole por cualquier cosa se va con Nicolas a vivir con él y pasa de ir al colegio. Nicolas le mira divertido, sonríe, y Antonio se acerca, le da un beso y las buenas noches, a los demás nos saca la lengua, y se va a la cama estirando con su mano la corbata que le llega por las rodillas.

A esas horas empieza a refrescar mucho al aire libre, al menos para mí que soy muy friolera, y los farolillos que cuelgan por las fachadas de la casa iluminan tenuemente las ramas de las palmas y los cocoteros que rodean los porches del jardín. Miro sus hojas mientras recojo las revistas que había puesto esta tarde sobre la mesa, y las veo tristes y apagadas ante la calma nocturna que divisa el final del verano. Las fachadas se llenan de mosquitos que revolotean juguetones alrededor de los candiles, y de lagartijas que se arrastran hasta el tejado en busca de algún escondite en el que descansar.

Nos entramos a la bolera, en la parte de abajo para sentarnos cómodamente y hablar, allí siempre hace fresco; en verano el suficiente como para no pasar calor, y nos pusimos a hablar mientras Nicolas no paraba de hacer mojitos con la maceta de hierbabuena que le cogió a Reme de la cocina. Creo que los hizo mal, porque el azúcar moreno no se derretía y cada sorbito que le daba con la pajita, se me llenaba la boca de un pringue dulzón mezclado con un alcohol de sabor espantoso, así que yo me limitaba a escucharle y a comerme las hojas de menta de los vasitos.

Hablando y hablando de todo y de nada se fueron pasando las horas, mi Tío Cosme, allá por las tres de la madrugada bajó a tomarse un “whiskey”, decía que no podía dormir por culpa de la mala digestión de la cena (todo mentira, el Tío Cosme es lo más cercano físicamente a un mafioso de las películas de “los Corleone” de Sicilia sólo que a la española, y se sienta en un sillón “Chéster” a tomarse la copa enfundado en su batín y con sus gafas de pasta negra mirándonos serios mientras me dice que le acerque su caja de puros. No os digo más que, cuando murió su hermano mayor; el Tío Santiago, éste dejó previamente escrito en una carta a cada uno de los hermanos, que si vivían para enterrarle, que lo hicieran metiéndole en la caja fúnebre una botella de “Cardhú” de no sé cuántos años que tenía guardada ex profeso (un ‘malta’ de treinta años), y un revólver, por si no estaba bien muerto y se despertaba ya en el nicho del panteón ante esa perspectiva, poder tomársela entera y coger fuerzas para pegarse un tiro en los sesos... Y así se enterró). El caso es que al Tío Cosme le va la “bulla”, como se dice en el Sur, y no se quedaba durmiendo tranquilo mientras no se percatase de que ya no quedaba alguien ‘alternando’ cerca.

Yo al Tío Cosme y al fallecido Tío Santiago, los recuerdo siempre más jóvenes, con ese pelo oscuro teñido en colonia “Álvarez Gómez”, repeinadísimos hacia atrás (Tío Cosme con bigotillo y Tío Santiago afeitado en su barbero de toda la vida), delgados, corpulentos y altísimos, enfundados en su traje de chaqueta, con sus petacas de plata y sus puros, despidiéndose de nosotros porque estaban de vacaciones y se iban al “Casino de Montecarlo” en un respiro que hacían en sus negocios cotidianos. El chófer en la puerta, que previo aviso, repetía como un disco rallado que los señores iban a llegar tarde al aeropuerto. Y también recuerdo a mis Tías poniendo el grito en el cielo cuando se iban y más aún cuando venían y resulta que se habían jugado alguna finca y la habían perdido.

Ya os digo yo siempre que tengo una familia peculiar; tengo familiares de todo tipo: “kikos”, “del Opus Dei”, pinta de mafiosos, vividores empedernidos, listos embelesadores, buenazos tontorrones, buenazos a secas, empresarios, pintores, artistas, músicos, joyeros, matemáticos y físicos nucleares, y también los tengo letrados de todo tipo: magistrados, doctores en derecho, letrados a secas, jueces, notarios, registradores de la propiedad, y sibaritas de todo tipo de catas, ambientes, estilismos y derrochadores despiadados; de todo hay en la viña del Señor, y yo que soy de familia numerosísima, tengo más viñas de las que la gente pueda pensar...

Mi Tío Cosme, que tiene setenta y ocho años inhala su puro haciendo humo en forma de burbujas que acaban estrellándose contra los ojos color cristal oscuro de Nicolas, él le sonríe, y le insta a echarse una partida de cartas. Así que yo le miro con ojos de ¡ni se te ocurra!, pero ya es tarde y Tío Cosme animado, me pide otro “Whiskey” con hielo mientras alcanza la baraja de pócker que está en el cajón de la mesa de juegos. ¡Qué fastidio!, como yo no sé jugar me tengo que conformar con estar mirando un rato, hasta que el aburrimiento me hace bostezar un par de veces y mi tío me dice que me meta en la cama. Miro a Nicolas para sugerirle que si también tiene ganas de retirarse a descansar, pero ya empieza a hablar en francés con mi tío y eso es claramente que pasa de mi y que está encantado con lo que me tío, que dicho sea de paso; cuenta unas historias increíbles, y además ciertas (ha vivido mucho y se ha pasado la vida viajando) le ha tenido que decir y se dispondrá a contarle. Así que doy las buenas noches, los besuqueo a ambos, mi tío se mesa el bigote recortado, en plan médico antiguo de otra época, y yo me largo escaleras arriba a ver si alcanzo pronto la cama después de pasar por el suplicio de los mejunjes anti-arrugas, granitos, caída de pómulos, elasticidad, poros abiertos, seda dental, colutorio bucal, cremas para codos, pies, rodillas y celulitis, y después de este arsenal de cremas vertidas en mi cuerpo sin orden concreto, me meto en mi dormitorio no sin antes tropezarme con una muñeca de Bertina que me ha dado un susto de muerte...

A la mañana siguiente, cuando bajo a desayunar, mi primo Antonio y Marta (que está en edad adolescente y empieza a interesarse por los chicos), me preguntan por Nicolas. Antonio me dice que la corbata le ha dado una noche de perros: “Prima, casi me ahogo con la corbata, además que me ha dado mucho calor y hasta que no vaya al colegio ya no me la pongo más... Si, en el colegio llevo corbata, pero esa del uniforme a mi no me gusta, me voy a llevar la del Abu, que es más chula...” Le digo que no despierte a Nicolas, que anoche se acostó muy tarde, pero él dice que si no le despierta, que entonces le tengo que llevar yo hoy a la playa, que ayer llevé a los primos mientras él estaba en el dentista, y que hoy le toca a él ir antes de que el vigilante de la playa saque la bandera roja, así que aunque sean las diez y media de la mañana quiere que lo baje a bañarse. Le digo que tan temprano el agua está muy fría, pero él dice que como ya ha salido el sol no es verdad, así que, que le lleve que ya se ha puesto el bañador y todo. A regañadientes, después de desmantelarme cualquier excusa, le prometo ir si me deja desayunar, y él me dice que mientras va a coger la cometa y la crema, y que yo le coja el bocadillo, el zumo y su toalla. Baja a los cinco minutos con un patinete, y dice que ha pensado que lo mejor es esperar a que se despierte Nicolas que es más divertido que yo, que desayune lo que quiera porque total, ya no quiere jugar conmigo, así que se mete con el monopatín por el césped una vez que se ha cerciorado de que no hay ningún “mayor” que le pueda regañar por dejar el jardín hecho un asco. Y mientras respiro tranquila, viendo que por mucho que le diga a Antonio que no patine por ahí, no tengo ningún tipo de autoridad sobre él, y observando que se ha puesto las rodilleras y las coderas para estamparse con ganas, tengo a Marta a mi vera sometiéndome al tercer grado con todo tipo de preguntas acerca de Nicolas.

Veinte minutos después baja Tío Cosme, me sonríe y me dice: “Sobrinaaaa, ¡buenos días!, ese chico amigo tuyo es una joya. Lo que es jugar al pócker lo hace de pena pero es un gran chico... Por cierto, que me preparó un combinado de azúcar con hielo y ginebra que me hizo dormir mejor que un marajá” (si, ¡hombre!, ¡seguro que era su cócktel el que le hizo dormir y no la ‘tajada’ que llevaba encima!)...

A las once en punto bajó Nicolas, con su sonrisa de siempre y su cargamento de hambre, y yo me froto las manos pensando en lo rápido que se le pondrán las comisuras en su sitio en cuanto mi primo Antonio lo vea. Da los buenos días con sus pantalones cortos, sus “hawaianas” blancas, y su camisa de hilo blanca de cuello ‘tao’ arrugada. Antonio lo ve y como una flecha, salta de su patinete y se tira hacia su cuello pegando uno de sus famosos “saltos con efecto”, entonces le sonríe con sus mellas ‘caninas’ (anda preocupado el chaval porque no le salen los caninos como al “Conde Dracula”, como bien os comenté en un ‘post’ anterior, y tanto se empeñó, que ayer le tuvo que llevar mi abuela al dentista), y le dice: “Nicolas, mi prima Rocío dice que me lleves a la playa, que ella está cansada porque ya es muy vieja, así que he preparado la cometa, la tengo en mi cuarto, que como me enseñaste a hacerme el nudo de la corbata, yo te voy a enseñar a ti a volar una, que me sale súper bien... (aquí me saca la lengua) Pero mi prima y mi hermana Marta que no se vengan, ¿eh?, que son muy pesadas”. Nico intenta zafarse del asunto y le dice que no entiende bien lo que le está diciendo, y yo aquí, pongo ideas maliciosas en mi mente y por fin las hago salir muy a mi pesar, así que le digo a Nicolas lo que quiere el crío, y que no sea tan listo e intente darle esquinazo, que tiene al niño todo embelesado con él. Nicolas sonríe a Antonio que se empieza a poner serio y con amagos de pucherito, y ante su gesto expectante le dice que de acuerdo, y Antonio tan contento le acerca la taza del café echando la mitad desde la mesa hasta sus pantalones, pasando por su hermana Marta, que no le quitaba ojo a Nicolas, y quemándole el brazo.

Nos vamos a la playa, Marta se lleva su “ipod” y se tumba bajo el sol mientras sigue con su mirada tapada de “wayfarer” de “Ray Ban” de pasta blanca, los pasos de Nico. Yo abro la sombrilla, dejo las palas de Antonio y su bolsa con ‘sus cosas’, y me voy a darme un paseo mientras cojo conchas para que luego las niñas pequeñas las pinten con esmaltes y se hagan collares. Nico anda todo el rato pendiente de Antonio, haciéndole ver que no puede meterse en el agua porque de nuevo hay bandera roja, y como él es más listo que el hambre, desafía en pulso a mi francesito, y se pone a berrear como si lo estuvieran matando, hasta que consigue que Nicolas lo coja en brazos y se meta con él en el agua, donde Antonio se aferra como un poseso a su cuello y empieza a gritar: “¡Que viene otra olaaaaaa!, ¡levántameeeeeeeeeeeeee!”.

Cuando salen ambos, Nico me dice que mañana tiene que irse, le digo que no me extraña, y se ríe a carcajadas mientras Antonio va delante con su hermana Marta, que continúa colgada del “ipod”, y le va diciendo: “... Pues Nicolas es súper fuerte, tiene los brazos iguales que los del ‘Pressing Catch’, me levantaba súper alto y no he tragado nada de agua, le voy a adoptar como primo, si me das un euro le digo que tú también le quieres adoptar, ¿vale?”.

Total, que si antes Nicolas era uno de esos hombres aquejados de poseer el “Alelo 334 (un gen que está presente sobretodo en hombres que los hace peligrosos para las relaciones estables), ahora encima ha descubierto que esa cosa moderna de no querer tener descendencia es un mal que también le aqueja, al menos durante otro montón de años...

En fin, que mi amigo Nicolas se marchó, dejando a un primo postizo que no paraba de hablar de sus proezas, dejando a una adolescente suspirando por sus ojos azules y su sonrisa pícara, ilusionada ante la idea de poder hablar con él por “Messenger”, y dejando a mi Tío Cosme todo el día pidiendo a Reme o a cualquiera de nosotros, sus sobrinos, que le hagamos ese mejunje alcohólico tan digestivo.

Besazo Grande,

Rocío Medina

P.D.: Si algún amigo quiere venir a visitarme, yo encantada, ahora bien; tened en cuenta que Nicolas ha dejado al pabellón bien alto.

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