La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

9 Octubre 2008

ANDALUCÍA CON MENTA

Andalucía con Menta

Un patio de manises, unas rejas en verde carruaje, las macetas rojas de geranios encendidos que salen a luz de luna a contemplar las guitarras y las voces templadas al aroma de naranjos que se mezclan en azahares, y niñas morenas con pendientes largos. Y una bulería; esa que vibra en la voz del ‘caló’ repeinado que desgarra torrentes de sentimientos acunados en toques de ‘caja flamenca’ y palmas a compás.

La cara se desfigura en torno al ambiente, las piernas se mueven inquietas marcando el ritmo a golpe de tacón, y las manos se arquean en alto, moviendo el pelo suelto al aire de ‘Santa Cruz’.

Tu barrio y el mío no son tan distintos en el fondo…

Camino por esas calles estrechitas, que adornan balcones de hierro con macetas de barro, que sonríen al transeúnte, a los amantes; que pasean arrumacos por sus adoquines moriscos… Ella camina, marcando tacón largo que esculturiza las redondeces de su cuerpo de volantes, y él; repeinado y serio, se suelta la corbata dejando que el soplo de la noche descubra su vello a flor de piel mientras las farolas se van poco a poco apagando con La Madrugá’…

Calles marcadas de recuerdos, de historia, de leyenda, que terminan en un callejón de nadie donde un coche camina a luz velada para entrar en su cochera de caballos. El portón donde te haces las fotos se ilumina templado en el cálido clima del amanecer, y un resoplo de hierbabuena se inyecta rápido mezclado con los naranjos amargos de esa ciudad siempre en flor.

Y el corrillo de la noche termina las ‘sevillanas’ para entonar esa ‘taranta’ rancia, y ese patio, ya sombrío, regala a la mañana cantes de gitanos viejos que a voz ‘quebrá’, mata del todo la noche.

Sevilla es un patio de recuerdos y de arte, de luz propia que brilla en sus adoquines de pinturas moras teñidas a mano, es hierro y barro, es naranjo y menta, es un chorro de agua que salpica los parques verdes y sus bancos de piedra.

Me recuesto en ese pueblo cercano que es Sevilla, dónde el arte pasea por sus calles movido a son de cuerda, y donde las guitarras entonan quimeras en sus ‘tablaos’ de madera. Y ese mantón de “Manila” que se descuelga por los hombros al aire, que se dobla en un ‘quejío’, que disfruta insinuante movido al son ‘calé’ de un arte tan puro… Sevilla es flamenco sentido, que en redoble de ‘castañuelas’ o ‘palillos’, embriaga esa tarde de primavera.

Y los bares encendidos a la vera del río, esa “Calle Betis” que regala quedadas con amigos, entre aceitunas y ‘rumbas’, y ese corto paseo que te lleva a la puerta de La Anselma para cantar La Salve Rociera”… El jamón de Jabugo bañado en vino fino, en esa ‘Manzanilla’ de ‘buchitos’ al catavino, que se pegan al regusto del paladar mezclado con el “Boffard” bien curado, hasta la plaza de toros. Y ‘La Maestranza’ se peina su flequillo de rojo teja, y el aperitivo sucumbe por fin al aliento del puro, camino de la siesta, adornando el paseo de amarillos albero y de geranios en flor.

Y la muchacha sola rompe su silencio al arrullo de esa magia, y sonríe, con su pelo negro recogido en un alfiler de plata. Toca su brazo suavemente, como el trote de los caballos que pasean arrastrando un carro, negro y oro, elegantes y soberbios, y le dice que lo querrá siempre; que siempre permanecerá junto a él mientras camine con ella por las calles de Sevilla. Y él la abraza templado, conteniendo emociones, y como si estuvieran bailando un ‘tango arrumbado’, desdibujan su silueta grisácea mezclada con las sombras de aquellos tejados bajos.

El anciano mira su reloj, y arrastra tembloroso una silla de anea y madera a pie de calle, dejando ver las macetas de su patio y a su señora colgando sábanas. Mira el cielo, azul como el océano, y cierra los ojos abriendo su sueño acalorado de par en par…

Y la mezquita rezuma a lo lejos fragancias de incienso, y las cuestas que me llevan a tu calle son pequeñas y limpias, y el calor ya da tregua… Morena, que te quiero ver paseando por mi puerta, elegante y enjoyada, con pendientes de azabache y brocados con volantes. Morena, que quiero desnudarte bajo la luz que atraviesa mi ventana, que quiero despojarte del corsé que anuda tu cintura… Vente, alma mía, que te de un poco del verde Andalucía, de esa menta que se desborda en el jarabe de mi tierra…

Moreno, gitano de ojos negros, mirada de fiera que se templa al son de la ‘marihuana’ callejera… Moreno, cántame en ‘caló’ como sólo se le canta al espíritu de la mañana… Ven, ilumíname la noche con tu atuendo oscuro, quítale miedo a esta madrugada. Y canta, cántate algo por ‘tanguillos marineros’ que me haga oler sal en un desierto. Y vete rápido, antes de que la luna masculle tu nombre a pie de poema “romancero”…

Y la mañana se bambolea feliz dando sus primeros saludos al pescadero, y en el establecimiento de olor chocolate se desmorona la harina cocida de la tahona caliente. Quiero verte fresca, rosa mía, con tus ojos oscuros perfilados en el aire puro de la mañana, con las mejillas sonrosadas, y caminando, a pie ligero, moviendo la cesta de mimbre con tu pañoleta vieja. Y ese abacero que sube la persiana del bar de la esquina se gira risueño, cigarro y carajillo en mano, para brindarte un poema en forma de piropo castizo. Y cuando regreses, no olvides desabrocharte el escote al pasar por la fuente, llenarte de agua la cara limpia, y regresar oliendo a naranjas con una flor en el pelo.

Y la mañana nace haciendo brillar el día, y el río refleja las barandillas recién pintadas, y te veo, anudándote la chaquetilla con el pelo mojado y tieso, y el café con tostadas bañadas en aceite humea tranquilo antes de las prisas del día…

Yo me quedo en Andalucía, en esa envolvente magia inquieta que discurre tranquila por sus patios soleados y sus calles vivas. Me quedo con su aurora de eterna primavera, y sus atardeceres de candiles amarillentos tornados a luz toronja. Con su trote de caballos, y sus toreros, y sus aceitunas… Me quedo con las calles blancas de sus pueblos en fiesta, con sus niñas morenas que hablan idiomas con sonidos de trapo; con sus hombres, perfilados a esbozos, elegantes y cautivos del buen vivir…

Y con esa postal de sevillana marchita, con el toro bravo que adorna los estantes y carteles de faenas de toros en ese bar pequeño. Con sus azulejos de barro y sus platos adornando cocinas de butano. Con sus macetas de mastranzo y las rejas limpias torneadas en hierro barnizado.

Me quedo contigo, Andalucía mía, me quedo contigo para que me cantes siempre, a voz templada, rota o marchita, al cante de guitarra o al son caribeño de ese ‘cajón’ con agujero que redobla ‘rumbas’ a ritmo flamenco. Andalucía; pura, brillante, blanca, vestida con volantes en primavera, mojada en vino, con humareda de cava de puros, con ese jamón que llora a pie de ‘tapa’, y con esas calles donde brota la vida que resuena al goteo de sus fuentes.

Andalucía, menta y vida, flamenco y arte, caballos y nazarenos; peregrinos de todas partes…

Rocío Medina

Tags: sdc, 15

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