CÓMO LIGAR EN TIEMPOS DE CRISIS
Querid@s Tod@s:
Estoy con una desidia tremenda. La vida en el campo da para mucho, los días parecen eternos, y más ahora con el buen tiempo y el cambio horario; aunque también pueden desesperarte si en tu familia hay toda una procesión de visitas y de familiares histéricos que se unen a la sugestión masiva y procesional de los “semanasanteros” del Sur.
El caso es que ayer me llama una amiga mía para que fuera a ver la procesión con un grupito de amigos de toda la vida que se han dignado a parecer por aquí y dejar Sevilla; ¡hay que tener valor!... Yo estaba con fiebre, algo relacionado con montar a caballo, coger frío, y que te caiga un chaparrón encima y sigas calada durante quince minutos. Le digo a mi amiga que me duele la cabeza pero que aunque sea tarde bajaré, y mi primo Marcos que es pequeño, se empeña hasta ponerse rojo de la rabia y del llanto, en que se tiene que venir conmigo. Me lo llevo, cojo el coche de un tío mío que tiene una sillita adaptada de esas para niños, y me bajo con Marcos a ver la procesión.
Cuando llego al lugar no encuentro sitio y tengo que dejarlo lejísimos… ¡cuestas y más cuestas!, pero hacia abajo. A medio camino Marcos dice que ya no anda más, que él está muy cansado y que los nazarenos pasan por todos sitios, que él se queda ahí sentado que no hay gente esperando a que pase la procesión. Le hago entender que por ahí no van a llegar los nazarenos, y después de preguntarme veinte veces el por qué de todo (“¿pero por qué no pasan?, ¿por qué el Cristo no cabe por esta calle?, ¿por qué los nazarenos éstos no dan caramelos como los que yo vi el año pasado?, ¿por qué tus amigos no vienen en coche a recogernos?, ¿por qué no había sitio más cerca?, ¿por qué has dejado el coche tan lejos?, ¿por qué no me llevas a mí en coche y luego te vienes tú andando?, ¿por qué no me puedes llevar tomado que no me canse?, ¿y por qué no tienes fuerza y no puedes cogerme en brazos como los primos mayores?, ¿y por qué no me quieres comprar lagartos de caramelo?, ¿y por qué no podemos volver a casa?....”), etcétera, por fin acepta que sigamos pero cargándomelo en los hombros (llevo ya la lengua fuera).
Llegamos, llamo a mi amiga porque entre tanto barullo y lo tarde que llegaba no les veía donde habíamos quedado. Sale Ismael, que me ha visto desde las cristaleras de la cafetería donde estaban y me dice que nos han cogido sitio; que se han ido turnando porque todo está de bote en bote. Marcos le pregunta si él puede cogerlo en brazos que yo no tengo fuerza, Ismael lo coge y me hace gesto de sorpresa al verme con el crío. Le devuelvo el gesto de respuesta de ¡mejor ni preguntes!, y entra para dentro subiendo las escaleras de dos en dos y Marcos sacándome la lengua con su cabeza enana llena de rizos oscuros pegada al cuello de Ismael.
Sentados, mi amiga dice que está en su cuarta crisis del mes, y sólo llevamos unos días de estreno del susodicho. ¿Qué te pasa?, preguntamos al unísono, y nos dice que esperaba que estuviéramos todos para contarlo (esto más que nada seguro que iba por mí, que siempre me dice que cuando me cuenta las cosas luego le pregunto ochenta veces porque quiero todo lujo de detalles; me hace pensar que Marcos ha heredado esa posibilidad genética de tendencia al “preguntismo”. Si lo hago es sin mala intención). Nos cuenta que su puñetero ex (para mí más que puñetero era un desgraciado misógino y cabrón) se dedica ahora que ha encontrado novia a ir de ‘amigos’ por la vida y que le restriega su entusiasmo a mala fe. O sea; le manda mensajes y la llama preguntándole qué tal le iba la vida y dejando caer que la suya era fabulosa: _“Sofi, estoy esquiando en Beirut,¿qué tal lo llevas?. Sofi, me voy de Semana Santa con Sofía –sí, hay que tener mala leche para que tu novia se llame igual que tu ex y muchas agallas para que lo sea a un mes de distancia de haber roto con ella. ¡Qué macabro es el destino!- Sofi, ¡mucho ánimo!, verás como pronto encuentras trabajo… ¡fíjate yo! a mi jefe directo lo han echado y me han dado su puesto. Me pagan pastón…” etcétera. Así que la pobre estaba desolada. Y claro para colmo, no tenía superada la última conversación donde él por error (o no) llamó a la ‘Sofi’ equivocada (o sea, a mi amiga), y le dijo: _ “Cielo, me acabas de mandar un sms para que te compre tampones, pero tía, estoy en la farmacia y hay de muchas clases, ¿cuáles quieres?...” y mi amiga tuvo el tremendo lapsus de decirle: _ “¡Pringao de mierda!, has llamado a la otra Sofía, ¡pedazo de cerdo!… eres igualito a una almorrana con patas. Pruébate tú uno de cada clase metiéndotelos en el culo y decide cual se te adapta mejor!. Y claro, sorprendido, él le dice: _”Sofiiii tía, jeje. Lo siento, ¡qué carácter!, sigues sin echar un polvo durante este tiempo, ¿verdad?. Oye, que me he confundido al marcarte, ¡no te pongas así!…” Y ella: _“No seas tan cretino, que ya eché los polvos pertinentes cuando estaba contigo, tuve sobredosis. Aunque no me importaría repetir con tu amigo el rubio de Ibiza…”. Y él: “¡Qué pedazo de putón eres!, ¿de qué coño estás hablando?, ¿te has tirado a Tomás?. Ella: _ “La verdad, si no hubieses estado tan ocupado entrándole a todas las tías de Madrid te lo habría contado, y tampoco me dio tiempo a saber cómo se llamaba, pero no creo que te tenga que importar, ¿no?. Ahora tienes novia y hasta le compras los tampones, y a mí porque una vez me vino la regla y estaba que me moría de dolor y se me ocurrió preguntarte si podías ir a comprarme támpax pusiste el grito en el cielo… ¡Vete al carajo!”. Él: _ “¿Te tiraste a Tomás o no!” Y mi pobre amiga toda triunfal le dice antes de colgar la llamada: _ “¡Que te den!,¡imbécil!, se lo preguntas a él… Por cierto, con lo inseguro que tú eres, espero que jamás te quedes en pelotas con él delante en el gimnasio o no levantarás cabeza…”
Total, estaba hecha polvo… Le había creado dudas sobre su virilidad poniéndose ella en el centro de la diana. Se había autoproclamado infiel, puta, infantil, resentida, y lo que es peor; le había dejado claro que pese a ser ella la que le dejó (llevaba más cuernos que ‘la Bosé’) seguía loca por él. El caso es que ella no es tonta, sólo propensa al autoengaño, y claro, por más que había evidencias claras de que él le tiraba los tratos a todo bicho viviente con vagina, ella no se quería dar por enterada y buscaba mentalmente el modo de disculparle. Ahora lloraba, y Marcos le acercaba servilletas de papel para que se sonase la nariz y se limpiase las lágrimas, y cuando ella seguía enérgica soltando lágrimas y enfatizando sobre la metedura de pata que había tenido, Marcos le restregaba él mismo la servilleta (en el fondo es para comérselo de bueno) arrastrándole el rimel hasta la comisura de la boca.
Mi amiga Susana Córcoles le dijo que la cosa tampoco era para tanto, que encima debería darle las gracias por haberse quitado a un tío que sólo tenía sentimientos en la entrepierna, y que eso ya era un suponer, porque si encima la tenía pequeña, más que dudoso era el hecho de que tuvieran que agradecerle algo a alguien y pasarse directamente a compadecer a la nueva adquisición: “la otra Sofi”.
Marcos andaba dándole vueltas al zumo, decía que su madre lo sacaba de un cacharro que hacía ruido y que trituraba la fruta entera sin pelar, y que él no se fiaba de ese zumo que tenía sabor a lata. Le pregunté que si es que él alguna vez se había comido una lata para saber qué sabor tenía, y me dijo muy serio que si es que yo era tonta. Decidido: era tonta por no preguntar antes al crío qué quería tomarse. Se lo pregunto y le digo que no se beba el zumo si no le gusta, y me dice que quiere un ‘whiskey’ solo. Le digo que eso es para mayores y él me dice que ya es mayor que el primo Antonio. Vuelvo a decirle que no es suficiente, que tiene que ser por lo menos mayor que yo, y me mira y me dice que quiere un ‘cola cao’. Tomándose el ‘cola cao’ de rodillas encima de la silla y haciendo ruido con la pajita…
Sofi va por el segundo ataque de histeria de la velada. Nos cuenta que además está a un ‘tris’ de perder el trabajo, que entre que su jefe ya avisó del recorte de plantilla en Enero y que la pilló toda una mañana en distintas horas a lágrima viva hablando por teléfono, la miró mal y que desde entonces se dedica a ignorarla de manera descarada en las reuniones; tan sólo albergaba la esperanza de que la volviese a hablar para extenderle el sobre con el finiquito. Mal asunto. Y peor aún porque se lo contó a su novio en un descuido que lo pilló siendo amable y comprensivo con ella, y ahora estaba arrepentida por haberle inducido a pensar lo ‘tirada’ que estaba.
Marcos dice que se aburre, que quiere ir a la feria. Varios ‘por qués’ más acerca de por qué no había feria, y por qué no estaban los ‘cacharritos’ puestos si era fiesta y no había ‘cole’, y por qué se había muerto Jesús si era tan bueno, y por qué a la gente le hacía gracia y le aplaudían cuando salía en calzoncillos muerto y atado en la cruz.
Sofi dijo que a ver ahora qué iba a hacer sin trabajo, sin novio, y sin dinero para comprarse ropa de verano ahora que había conseguido adelgazar ocho kilos con tanto esfuerzo (¡mentira!, más que del esfuerzo era del estrés y del dolor: si algo bueno tiene tener que dejar a un novio como escarmiento y a modo de que vea ‘las orejas al lobo’, con intención de retomarlo habiéndose aprendido la lección, y darte cuenta que en el fondo, era lo que el tío quería pero que era un cobarde para tomar él la iniciativa de cortar; es el hecho de que adelgazas. De que andas todo el día como una colilla arrastrada por el viento; te mueves por inercia, dejas de lavarte el pelo, saltas de la cama al sofá y del sofá a la cama. Te olvidas de comer, de llamar a la gente, de que tienes que comprar papel higiénico y tampones, y de que tu abuela está en el hospital apunto de irse al otro barrio. O eso, o directamente de la cama al congelador a comer helado como una poseída, de ahí al sofá a comer sin sentido cualquier cosa que haya por casa y que no te haga vomitar; y acabas con la crisis del ‘dolor de hombre’ para empezar la crisis del ‘dolor de michelines’ XXL que acabas de aglutinar en tu tripa y con la angustia de ver tu cartucheras cual morcilla apretadas en los vaqueros). Y que a ver qué iba a hacer ahora: se acercaba el verano y estaría otra vez sin novio, sin dinero, y sin posibilidades de pasear su escultural figura por playa alguna; que de la depresión volvería a coger los ocho kilos más tres de propina, que su vida era un asco, que se odiaba, que odiaba la crisis, y que ahora no ligaría jamás. No ligaría primero porque había decidido cortar el mamoneo con ligones y machorrotes de medio pelo, cortar con el trato ilícito de reírle las gracias a los guapos de turno y dejar que la mangoneen a cambio de un polvo (ella que es propensa al autoengaño como digo siempre, piensa que acabarán enamorándose, y aunque meterse en la cama de buenas a primeras lo ve precipitado, acaba cediendo y practicando la resonancia de los orgasmos para llamarme a la semana y decirme que el mastodonte con gomina no ha dado señales de vida). No ligaría porque tiene treinta y cuatro años, tardaría en fiarse de un tío por lo menos dos; biológica y socialmente muerta para un tío: inexistente para los que le gustan (mentalmente preparada para aceptar la derrota de su vida y tener que echar a la basura algunos de sus niveles de exigencia), lleva una especie invisible de ‘letra Escarlata’ que sólo ven los tíos donde debe decir: “¡Cuidado con ésta!. Especie en vías de extinción que se agarrará al primero que pille por banda para que se convierta en padre de sus hijos en menos de un año. Con poderes y malas artes de seducción para alcanzar tal propósito. Óvulo maduro a punto de ser infecundo, huir, huir, ¡huir!”. Luego ahora tiene que subir la media de la edad de los hombres a una década más, dar por hecho que tendrá alguna tara, o a lo sumo; será un gilipollas sin remedio y con poco pelo. O eso, o dar con un tío lo suficientemente sin personalidad, cabrón y miope, que la confunda con una réplica de su madre, y quererla tener como una más de sus concubinas; nada de exigir fidelidad (mi amiga pone cara de asco ante esta posibilidad y accede a contar la siguiente). Y tampoco ligaría porque la realidad es que ya no se fiaba de los hombres, así que andaría con tanto resquemor y miedo, que eso imposibilitaría totalmente una fluidez y relación normal con cualquier tío (a estas alturas el nivel del listón del tío ya va por: calvo y poco viril, con halitosis, alto ‘complejo de Edipo’, cabrón de mala muerte y rotundamente viejo, o joven pero con un montón de hijos y una ex esposa bien molesta).
Marcos dice que se aburre mucho, empieza a hacer pucheritos y además tiene sueño, se restriega meloso contra mí como un cachorro de ‘labrador’ ojitos incluidos; lo cojo y lo siento encima, le voy dando besos y me dice que mi amiga es igual de llorica que la tía Almudena. Mi amiga dice: _”¡Mocoso!, lo peor es que este crío es un candidato a hacer llorar a las mujeres, igual que tus primos mayores, Rocío, que son unos cabrones… ‘los espatarradotes con encanto’ –así los llaman mis amigas y yo no puedo decir nada porque confieso avergonzada que tienen razón- ¡Mira el crío éste!, tan guapo, y sin posibilidades algunas de tendencia a la calvicie… ¡en tu familia no hay ninguno calvo!, es guapo, listillo y ya apunta maneras que me ha tocado el culo antes…”. Mi primo la corta y le dice que no sea mentirosa que no le ha tocado el culo, que era para saber si llevaba caramelos en el bolsillo. Sofía levanta el trasero un poco y se da cuenta avergonzada que el niño tenía razón y tenía los pendientes en el bolsillo del vaquero haciéndoles surcos raros. Marcos pregunta que si podemos irnos. Todos a la vez dicen que ¡no!, y Marcos apabullado se queda callado de repente y haciendo pucheritos… finalmente llora y empieza a ponerse histérico dándome patadas inquieto en un ataque de rabia y puñetazos a la mesa. Cuando le calmo me vuelve a decir que quiere un ‘whiskey’, le pido unas patatas fritas y dice que me las coma yo; se las comen los demás. Y él se pide una sopa sin tropezones. No hay sopa, Marcos se levanta finalmente, se vuelve a subir a la silla y empieza a hacernos dibujos de monstruos con nuestro nombre en cada uno en una libreta que llevaba yo en el bolso que él registra cada dos por tres buscando el móvil para llamar a su madre y sacarme el dinero del monedero y guardárselo en un bolsillo de su abrigo descaradamente.
Sofía, con los ‘martinis’ y a estas alturas, dignidad cero, comenta en voz alta como desafiante y buscando aprobación que debe hablar con su ex y pedirle disculpas. Le quitamos el móvil y muy seriamente le vamos diciendo uno a uno que olvide el rebajarse más y hacer más el ridículo; que pase de él…
¡Pasar de un tío!. Bien, qué frase más pragmática, rotunda y recurrente, ¿no es cierto?. ¿Por qué narices ha de tener encriptadas tantas preguntas al respecto?: Vale, ¡pasar!, ¿pero eso a qué se traduce?; ¿a que puedo enviarle sms despreocupada para que vea que no me afecta?, ¿a que puedo enviarle mails spam?, ¿a que tengo que hablar con sus amigos pero ignorarlo a él cuando lo encuentre en los pubs de turno?... Vale, vale… ¡ya lo sé!, a que sepa que hago mi vida sin necesitarlo ni echarlo de menos; ¿pero cómo narices puedo hacer eso si no tengo contacto con él para decirle que paso de él?. Igual piensa que un ‘txunami’ se metió en mi ordenador y borró todo rastro de mis amigos; igual por eso es por lo que no le dejo mensajes en el buzón, ni le escribo en el muro aprobando entusiasmada su último ‘status’: “… en el caribe con mi nena, vuelvo en 3 semanas”. Y lo mismo si no le envío un sms o le llamo va a pensar que en la peluquería me mojaron el móvil y por eso no tiene señales de mí; pero para nada pensaría que estoy pasando de él. Y otra cosa; ¿no pensará que si no doy señales de vida en vez de ignorarlo lo que hago es hacer que piense que voy de “ofendida” y que sigo más pillada por él?.¿Pero no será…?
Sofía llora de nuevo: _ ”¡Quiero llamarle! (ligero ‘hip’), porque quiero dejarle claro que no estoy pirada por él… quiero llamarle porque quiero que sepa que paso de él… ¡Dejadme llamarle!... (ya veis; dignidad cero patatero y unido a mucho alcohol: cerebro rígido).
Marcos ha dibujado a Sofi como un reptil gigante con ojos saltones y lágrimas gordas rellenadas con manchurrones negros de la tinta del ‘pilot’. Cojo la hoja y le digo que haga otro en la nueva en blanco, dice que le gusta esa y trata de dibujarle colmillos a esa cobra alienígena. A Ismael lo ha dibujado con una cabeza gigante, cuerpo larguirucho y tres ojos, debajo le ha dibujado tres palos con dos círculos con alambres dentro y una especie de puro machacado que viene a ser el tubo de escape de la moto que el propio Marcos ha tuneado. Y así sucesivamente hasta que ha llegado a Susana Córcoles y la ha dibujado con cuerpo de persona (es muy guapa, tal vez sea por eso), y la dibujó larguirucha y con unos enormes zapatos (como si fueran los de un payaso) con tacones. A mí me dibujó con mucho pelo, era un monstruo con mucho pelo, dos globos gigantescos haciendo de orejas, y una cuerda larga donde atado del cuello iba un mochuelo al que puso en una especie de bocadillo con letras torcidas: ‘Guau! Guau!, soy Helmut!.
La verdad es que demasiado bueno es el peque para protestar tan poco con el tiempo que llevábamos ahí. Por fin decide levantarme el castigo y se vuelve a acercar para que lo suba en mis rodillas y me dice bajito en el oído que quiere “una fuente de hamón” (acento ‘andalú’) para él sólo. Pido un plato de jamón, el camarero lo pone en el centro y Marcos empuja el plato hacia sí, se aferra a él con fuerza, lo huele como un profesional (yo le regaño y le digo que no se meten las narices en el plato), y dice que el jamón está rico. Se come tres trozos de jamón nada más pero dice que los demás no pueden comer porque no se debe meter la mano en el plato de nadie. Nos saca la lengua todo orgulloso y está expectante y vigilando el plato durante un rato. Luego todo dulzura se acerca de nuevo a mi oreja y me dice que si nos podemos ir ya que está cansado. Pienso en que tengo el coche lejísimos, y voy oficialmente despidiéndome de todos mientras Marcos está de pie en la silla y le dice al camarero que le guarde el jamón para otro día. Lau nos va a acercar hasta nuestro coche porque su plaza de garaje está a la vuelta de la manzana y no le importa llevarnos. Marcos cambia mi mano por la de Lau a modo de agradecimiento y Sofía vuelve a derrumbarse porque no se quiere quedar sola.
En casa, Marcos quiere dormir conmigo y dice que tiene hambre. Se pone el pijama él solito y cuando está en la cama sale pitando al cuarto de baño y desde allí me pregunta que dónde está el peine, me levanto y me acerco pero ya lo ha encontrado y está peinándose. Le pregunto que por qué se peina para acostarse, y me dice tranquilamente que tiene que estar guapo porque Dios y la Virgen María lo ven y no les gustan los niños despeinados (es lo más presumido del mundo). En la cama me dice que no le cuente un cuento, que le explique por qué Sofía lloraba tanto, si es que la habían castigado sus padres. Le digo que es porque tenía un novio y que se portaba mal con ella. Marcos pregunta que si es porque le pega y no quiere jugar con ella; le respondo que algo así pero sin pegarle. Y le digo a Marcos que me tiene que prometer que cuando sea mayor se portará bien con las niñas, que no las mentirá y no les hará daño. Me dice que me lo promete, pero que si le despeinan o algo se enfadará mucho y ya no querrá ser amigo de ellas; asiento y digo que lo entiendo, que despeinar a un chico no está bien. Marcos se va quedando dormido, y cuando le muevo la almohada para que pueda dormir mejor me dice que lo he despertado y que le cuente un cuento...
“Una vez había un príncipe muy guapo que iba con un caballo a buscar a la princesa de sus sueños, que vivía en el hermoso castillo de su padre, un hombre muy poderoso: era rubia, con ojos azules, esbelta…” (¡Mierda!, ¿se pueden usar más tópicos en una frase?... reculo al darme cuenta que por mi culpa estoy incentivando la creencia popular de que los hombres son príncipes en potencia, de que las mujeres han de quedarse sentadas esperando a que ‘El Príncipe Azul’ las busque y las conquiste; metiéndoles desde pequeños la idea de que son mejores princesas las niñas rubias con ojos azules y delgadas… ¿Quién va a querer así a una morena, gordita y bizca?, ¿cómo le vamos a introducir en la sesera a un ser de por sí, carente genéticamente de inteligencia emocional, que la belleza está en el interior?).
“Había una vez una princesa muy lista, tenía ojos de pez y los brazos rollizos. Se quedó sin trabajo, y no tenía dinero, y un día cogió el ‘bonobús’ y se fue a Getafe a buscar a un príncipe… (Marcos después de otra tanda de ‘por qués’ dijo que ese cuento era un rollo, que las princesas no trabajaban y siempre tenían dinero, y que los príncipes vivían en castillos enormes y sólo montaban a caballo en el jardín de su casa). Dicho esto, me sube la fiebre, llamo a Sofi con voz baja desde el baño, y acabamos las dos llorando a lágrima viva.
Besazo Grande,
Rocío Medina
P.D.: ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?.
P.D.1: Aprendamos de esas diferencias del “hombre y la mujer”, y consigamos convivir felizmente con ellas… ¡Sin Acritud!.

Luis dijo
1. El zigoto.
2. ¿Y esto no es condicionar? "Y le digo a Marcos que me tiene que prometer que cuando sea mayor se portará bien con las niñas, que no las mentirá y no les hará daño" Sí un hombre quiere ser efectivo, habrá de olvidar los consejos de su madre, hermanas y parientas cómo mínimo.
16 Julio 2009 | 12:21 AM