La Coctelera

rociomedina

"Chic By Accident"

3 Enero 2010

La Navidad

Querid@s Tod@s:

Es Navidad. De sobra es sabido porque no puedo salir a la calle y dar un paso sin que me pare alguna señora ofuscada con tirar del marido y de sus compras. Ahí que siempre hay alguna buena mujer atareada en la búsqueda del regalo perfecto: cualquier cosa que abulte mucho y parezca que vale un dineral, y cuyo precio, y más en tiempos de crisis, no suba de a lo sumo cinco o diez euros. ¿Y las caras de cabreo?. Eso es otra cosa de la que debemos hablar... Mucho espíritu Navideño pero aquí las señoras van cabreadas a todas horas.

Hoy, cuando he salido a dar un paseo con Helmut, me ha parado mi portero para Felicitarme la Navidad. Y justo cuando me iba le he escuchado decir en voz alta: _"La Navidad es una mierda... ¡Oye¡; ¡dejad de una puta vez de pisar los rosales que me tenéis hasta los ‘webos'!. ¡Qué ganas tengo de que vayáis al colegio de nuevo!. ¿Y vuestros padres?; ¡también se nota que están hasta las pelotas de aguantaros que os lanzan al jardín a que hagáis el indio!. Como os volváis a meter donde están las plantas vais a ver... ¡Estos críos del demonio!..." Y yo mientras luchando porque no se orinase mi perro hasta llegar al parque de enfrente.

Una vez en el parque baja una señora del asiento de su coche dirección al maletero, yo estaba llamando por teléfono a mi Tía Amparo para decirle que paso la Nochevieja en Madrid, y justo cuando ha dejado en el suelo la última de sus cuarenta bolsas, me sonríe y me dice: "¡Feliz Navidad!, ¡Qué bonito tu 'can' " (las señoras -aún no sé cómo describirlas-, se ve que ya no llaman perros a los perros; los llaman ‘Canes' que queda más ‘pro'), y cuando le doy las gracias, acto seguido le oigo soltar por el móvil: _ "Mira, llevo media hora apañándomelas como puedo para coger todas las bolsas, pero yo sola no tengo fuerzas, así que hazme el favor de bajar... Si, ¡hombre!, después de que he estado toda la mañana con las dichosas compras... ¡No sabes cómo estaba ‘Mercadona' de gente!, y luego ‘El Corte Inglés' ya ni te cuento... En fin, al menos he logrado comprar todo menos lo de tu hermana y tu madre, que lo dejé para el final, porque como son tan suyas... Claro, Nene, ya con la hora que es no me ha dado tiempo... Si, porque he pensado que mejor solucionar los regalos cuanto antes y ya sin prisas, ir escogiendo bien el regalo de tu hermana y tu madre, pero ya no me ha dado tiempo, ¡mira qué horas se me han hecho!. ¡Y baja de una vez!... (aquí me sonreía mientras yo disimulaba no escuchar la conversación). Mira, me estoy congelando, voy a meter otra vez las compras en el coche y baja cuando te de la gana. Aquí le cuelga, y mientras mete el móvil en el bolso dice : _"¡Qué puto asco de Navidad, Coño!" )

En fin, que todo el mundo adora la Navidad, sueñan con que será un año maravilloso y que sus casas serán bendecidas y fabulosas, cual película navideña de la "Metro Goldwin Mayer", pero a la hora de la verdad, todo el mundo está deseando que la Navidad pase lo antes posible. El hombre de la casa porque está harto del dineral que se ha gastado, la mujer de la casa porque está berreando con los hijos, aguantando a la suegra, y poniéndole caras de ser buena persona y soportar a dicha cretina. Los abuelos porque los padres le ‘encasquetan' a los nietos todo tiempo y ya no saben qué hacer con ellos (claro, antes unas canicas o unas muñecas, o tal vez una sesión de clases de cocina para preparar el alfajor venían bien, pero ahora, ¿a ver cómo el abuelo se hace con el manejo de ‘la playstation' o de la ‘wii'?). Y para colmo de males tienes que dar una cena en honor a tu cuñada, que viene de Milán (donde se fue a vivir con un marido guapo y millonario), a esa que no soportas, y encima en tiempos de crisis donde no está la economía para derrochar encantos falsos... Claro, te quieres morir del ataque de pánico escénico aunque sea ahorcándote tú misma con los filamentos de los huevos hilados que vas a poner en el "Roastbeef".

Pero la Navidad es muy bonita, hay que verlo por el lado positivo. Paseas por las calles y te ponen esos villancicos que tenemos: "La Virgen se está peinannnnnnndo, entre cortina y cortiiiina, los cabellos son de ooooro, y el peine de plata fiiiina. ¡Pero mira cómo beben los peces en el Río!... ¡Pero mira cómo beben por ver a Dios Nacido!"... Y aquí lo dejo no vaya a ser que os queráis emborrachar también vosotros. Si es que es normal, en España tenemos un enfoque de las cosas muy desencaminado. ¿Qué tendrá que ver el peine de la Virgen -dando por hecho que sea la esposa de San José de la que hablamos y no otra que no ha conocido hombre por alguna tara en la que no voy a entrar ahora- con los dichosos peces?. ¿Por qué beben los peces por ver a Dios?... Y ¿de dónde venía La Virgen para tenerse que peinar el pelo?. ¿De dónde sacó las cortinas y el peine de plata, si en el pesebre de Belén no había nada más que una mula y un buey?. Pero lo más triste del caso es que el villancico en sí es feísimo, con esa letra y con esa música... Tú te vas a Inglaterra, y tienen villancicos con sentido, aquí tenemos ese y el de "Hacia Belén va una burra... ¡ring!, ¡ring!... Yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité..." y claro, a ver éste cómo lo traducimos para que un irlandés de pipa, mejillas coloradas y ‘tea with milk' lo entienda. ¡Es que no puede ser!.

Llegamos al día de ‘Nochebuena', donde después de la cena hay que hacer el ‘paripé' moderno que han traído nuestros estilos consumistas más internacionales y mundanos, y tenemos que echar al más gordo de la familia a la calle, con un traje de "Papá Noel" comprado en un "Todo a Cien" para que se haga pasar por "Santa Klaus" y le de a los críos de la familia los regalos convenidos. Este año en casa se ha hecho mejor que nunca; le tocó a mi tío Nicolás y simplemente se levantó a hacer pis, y aprovechando que estaba levantado, hizo sonar el timbre de la puerta y dejó fuera el gorro de ‘Papá Noel' a su vuelta del baño. Cuando mi tía se dispuso a abrirla, él le hizo un gesto y llamó a Ana, una de mis primas pequeñas, y ésta, toda emocionada, volvió corriendo diciendo con su media lengua: _"¡Ha venido Papá Noel!, y como estábamos cantando villancicos tan alto no le hemos oído entrar... ¡Se le ha caído el gorro al salir!. ¡Tengo el verdadero gorro de Papá Noel! y ¡huele a Papá Noel!... ¡Vamos a buscar los regalos!". Claro, obviamente todos seguimos a nuestro ‘champange' y nuestros dulces, y sólo le ayudaron a encontrar los regalos aquellos progenitores que se los habían escondido; mientras el resto seguíamos con los villancicos flamencos y esas cosas.

Pero aún así, la Navidad es maravillosa, comes como un cerdo, te hinchas a comer como si jamás en la vida hubieses visto comida en tu mesa, y cuando entras a una tienda y te encuentras esas bandejas con mazapanes y mantecados al lado de los vasitos de plástico del licor café, te lanzas a la susodicha remesa de dulces que en tu vida normal ni pruebas porque no te gustan nada, como si jamás de los jamases hubieses deleitado a tu paladar con tal cantidad de azúcares y grasas, ¡pero como estamos en España y son gratis!...

Y si, la Navidad es entrañable, porque al margen de pasar de los setenta kilos de peso a los noventa en tiempo récord, también encuentras tiempo para cotejar con el vecino quién pasa un tiempo de ‘Pascua' más molón: que el anormal ése se va de vacaciones con toda su familia; tú te vas con toda la tuya y en vez de al chalet de los abuelos te vas a la finca de tu súper tía millonaria, que el cretino del jefe se va con su familia a Baqueira a esquiar invitados por unos amigos; tú te vas a Punta del Este con toda tu familia, incluida la política, y con un grupo de nórdicas de quitar el hipo invitados todos en el jet del suegro de tu amiguísimo... Que a la novia de tu amigo le han regalado unos zapatos ideales de morir; a tí te han regalado unos "Christian Louboutin" que ya los quisiera la princesa ‘Leti', y así sucesivamente...

Lo que nunca falla en Navidad son los propósitos de Año Nuevo y las cenas para celebrar la Navidad. Siempre andamos quedando bien y apuntándonos a todas las cenas, almuerzos y meriendas con gente que no aguantamos por tal de hacer algo para con el Espíritu Navideño. Nos enfundamos en ropa negra, escandalosa y dorada, nos maquillamos como para una sesión de fotos en el "Vogue Tendencias", y nos plantamos a la cita a ver si vemos con otros ojos a los ex compañeros pertinentes o nos enteramos de que al buenorro de la sección financiera le va el matrimonio de culo y podemos meter baza... Así que ahí estamos, dejando el sueldo que hemos cobrado del plus de Diciembre y que nos recortarán junto con el finiquito de Enero de nuestro contrato, montadas en unos tacones que nos matan los pies, y sonrientes, perfumadas y monas, para darlo todo en esa cena pre- Navidad...

Los propósitos de Año Nuevo están para saltárselos, siempre lo he dicho... Para pasarlos por alto de una manera realista y para crearlos en nuestra mente de una manera jocosa e irónica; dándonos pie a pensar en algo verdaderamente más positivo para con nuestra psique de lo que vayamos a pensar en todo el año. O sea; para revitalizar nuestro mal de conductas y para reírnos a gusto de nosotros mismos, ejemplos:

- Dejar de morderme las uñas (eso se dice mordiéndote la penúltima y haciéndote sangrar el padrastro que te ha salido)
- Llamar más a mi abuela (mientras lo dices, retiras sutilmente el móvil de la mesa y lo guardas en el bolso; ¡ya llamarás a tu abuela mañana que ahora estás aplicada con lo que tienes que hacer para el próximo año)
- Pedir perdón a mi amiga Lorena; no estuvo bien arrebatarle al novio de esa manera (y se vislumbra en tu cara esos ojillos vidriosos de mala recordando cómo le metiste mano en la casa de tu amiga y cómo te lo ‘trincaste' después en el despacho de su padre. Y acto seguido piensas casi al borde de las palabras: "Que se fastidie por sosa y por bruja... también ella me quitó a Miguelito en octavo de EGB y no se lo tuve en cuenta).
- Dejar de tener amantes, que tenemos un marido ideal que se está matando por pagar todos mis caprichos (pero piensas al instante: "¡Mierda!, le dije de quedar hoy y no estoy depilada"... Cariñooooooo, tengo que salir a comprar tu regalo de Reyes, no me esperes despierto que en Navidad los centros comerciales cierran de madrugada..."y acto seguido llamas al amante para el último homenaje del año y luego a la esteticien).
- Perder peso, eso es un clásico... Y como voy a perder peso me lanzo a la bandeja de los turrones con ahínco.
- Apuntarnos al Gym, otro clásico donde los haya. Este año para verano voy a lucir el mejor culo del mundo; ni las lolitas de catorce años van a tener que ver conmigo... Me apunto al gimnasio nada más pasar Reyes, bueno no, que me voy a ir a esquiar y tengo ‘buffet' libre con los gastos pagados, pero para Febrero seguro... Bueno, el 2 de Febrero es ‘La Candelaria' y en El Rocío se come mucho... y para pagar medio mes... Marzo. ¡En Marzo me apunto!...
- Dejar de ser tan gruñona con mi marido y tenerle más paciencia... joder, es que, por mucho que quiera, es superior a mis fuerzas: _"¡Pepe!, ¿has llamado ya a mi hermana a Felicitarle la Navidad o estás esperando a que marque yo el número?... ¡Pepe!, ¿Me oyes?... ¡Y yo qué sé si estás durmiendo la siesta!, si te pasas el día entero durmiendo... ¡Pepe!, y haz el favor de no comerte todos los bombones de licor que son para las visitas, ¡coño!, ¡que son carísimos!...
- No malgastar dinero porque soy una compradora compulsiva, estamos en crisis y hay que mantener una compostura para con los gastos... Pero eso después de Navidades, que me tiene que comprar mi Pepe las botas de Jaime Mascaró y la capa Española para la Candelaria, para ir yo toda ideal en plan "Luces de Bohemia".
- Quedar más con las amigas de toda la vida, que últimamente las tengo abandonadas por las de "Clases de Pilates" y "Yoga para Principiantes" (y claro, justo en ese momento la fatalidad del vaticinio de ‘Murphy' llama al móvil, entonces le das a silenciar y dices: "¡Joder!, ¡qué pesada es esta tía!, ¡está toda la vida igual!... ¡Depílate el bigote de una vez y sal del jodido pueblo!, que ya va siendo hora de hacer algo interesante por una misma... Mierda, y mierda, seguro que se ha enterado de que la Nochevieja la paso con mis padres y se va a empeñar en que salga después con ella y el sosorrón de su marido... Le digo que no estoy y punto pelota, no pienso estrenar mi vestido nuevo en ese pueblo cochambroso, o mejor; no la llamo y en paz, que piense que no he ido".
- Y desde luego, hacerme rica, eso cueste lo que cueste, que lo de andar con dos hipotecas y tres créditos personales es una ‘chachada mortal' donde las haya, así que me voy a ir al hogar del pensionista de Marbella a ver cuántos viudos o solterones ricos están en condiciones aún de ser vigilados por si un caso... Total, mi marido sólo me sirve para arreglar ñapas y llevar algún día suelto a los críos al colegio... Cosa que pensándolo de otro modo, también puede hacer un jubilado octogenario...

En fin, que desde luego las Navidades son bonitas pero no por nada, sino porque es la época más que nunca donde estrechamos lazos de humanidad y nos reconvertimos a la fe de nuestros progenitores...

Allá por finales de Octubre nos damos cuenta de que estamos en Pascua porque los centros comerciales nos lo anuncian a bombo y platillo, así que nos vamos al "Todo Cien" a comprar un pino antes de que nos quiten los grandes, que eso adorna mucho en una casa de cuarenta metros cuadrados y ayuda a que el polvo no se vea tanto. O bien nos vamos al pueblo y talamos unas cuantas ramas de pino, o a lo sumo talamos uno pequeño que hay muchos y no se nota; esto se hace mandando a nuestro Pepe a hacerlo con un hacha y nosotras vigilando con la música de "Marta Sánchez" o los Villancicos de "La Pantoja" en el coche a todo meter, por si viene algún forestal con ganas de fastidiar un rato. Luego vamos al "Ikea" a comprar manteles navideños, que los del año pasado siguen con unas manchas horribles que no hemos podido quitar por culpa de las almendras garrapiñadas que pusimos del año pasado y que no se las comía ni Dios, y cargamos con luces (que a saber en dónde hemos dejado las del año pasado), lazos, bolas y demás enredos que el consumismo nos pone a pie de caja de pago. Y después de estar toda una tarde poniendo las luces y las bolas, lo suyo es cabrearse porque nos ha quedado el pino hecho un adefesio con tanto cable liado y tanta bola apiñada, así que llamamos al Pepe, que después de habernos regañado porque el pino es más grande que el salón, nos tiene que echar una mano para quitar las luces, ponerlas bien y hacer que funcionen sin hacer saltar los plomos.

Nuestro Pepe que es un cascarrabias pero también un santo varón, acomete contra su tarea sin mucho entusiasmo renegando y venga renegar, y entonces le decimos que mueva un poco el pino, después de estar hora y media recolocando las cosas, porque también vamos a poner un "Belén" y todo no nos cabe; entonces nuestro Pepe del alma nos manda más allá del "Monte de los Olivos" y se baja al bar a tomarse unas cañas y a jugar un rato con las ‘tragaperras".

Tenemos ya nuestro árbol, tres semanas antes de la verdadera Navidad, y entonces saca el "HOLA" en portada a nuestra "Preysler" con un árbol auténtico detrás de su juvenil silueta, y nos da un ataque de rabia que queremos morirnos ahí mismo... "O sea, ¿que ahora se llevan las bolas plata y el árbol moteado con falsa nieve?...¡Menuda Mierda!... ¡Pepeeeeeeeee!, ¡Pepeeeeeeeee!, ¡Corre!...¿Cómo que qué quiero?, te estoy diciendo que vengas, ¡coño!, ¡siempre igual con este tío!. ¡Que vengas y punto!. ¡Ven!, ¿quieres venir de una vez?... Mira Pepe, el árbol hay que quitarlo, tenías toda la razón del mundo, este árbol en esta casa; ¡como que no!..." Su Pepe sacude la cabeza pero no tiene ánimos para discutir, y menos aún porque esta noche hay fútbol, así que le dice: _"Maruja, ¿entonces qué hago?, ¿lo quito?... Mujer, si ya está puesto, eso se dice antes, pero ya da lo mismo, ¿no?... Pero Maru, después de la odisea que pasé cortando el maldito pino, que me metí un hachazo que tengo dedos de milagro, que me dieron veintisiete puntos; ¡uno detrás de otro!, ¿ahora me haces quitarlo?..." Maruja le pone caras, y con los brazos en jarras se va yendo a la cocina con las zapatillas en chancleta, y el delantal colocado encima de la bata de guatiné, y desde allí le dice: _ "Pepe, ¡tú haz lo que quieras!, pero ya sabes lo propensa que soy yo a las jaquecas... ¡Pues si!, porque a mi con los disgustos se me pasan las ganas de ir a cenar a ningún sitio, y menos a casa de tu madre... Pepe, ¡que quites el maldito pino!, ¿o es que no ves que no va bien para el salón?..." Y Pepe que no quiere discutir, se sube a la silla de mala gana y va desenredando pacientemente las luces, colocando la bombillas en la caja, cargando con el pino como puede, lo lleva al lavadero para no bajarlo a plena luz del día a la calle, y ve salir a su Maruja del alma, con el chándal puesto, el abrigo y el cuello de piel de conejo encima, los botines marrones a juego con el bolso imitación piel de cocodrilo pintándose los labios y entonces le dice a su marido: _ "Pepe, espérame en casa hasta que vuelva, que voy a necesitar que me eches una mano. Ah!, y ya me ha dicho La Manoli que esta noche has quedado con su marido a ver el fútbol, ¿no pensarás ir en serio, verdad?... ¡Pues si!, ¡si que me da!, porque tengo muchas cosas que hacer en casa y necesito que te quedes y me ayudes... Mira Pepe, ¡haz lo que te de la gana!, pero ya sabes que como te vayas me pienso cabrear!... Y he puesto a cocer patatas para la ensaladilla rusa, en media hora apaga la olla, y quita los pies de la mesa, ¡coño!".

Al cabo de las tres horas y media aparece Maruja, con dos tíos detrás custodiando un pino, su Pepe tiene las órbitas de los ojos desencajadas y le dice: _"Maruja, ¡por Dios Santo!, ¿qué es lo que me traes ahora?, y Maruja, toda orgullosa dice: _"Sabía que te iba a gustar Pepe, he traído un pino de verdad como el de ‘La Isabel Preysler', quita el sillón ese y mételo en el cuarto del crío...¡Pues yo qué sé!, si no cabe prueba a meterlo en el trastero..." Y Maru, toda emoción y ansiosa, empieza a apilar los muebles del salón para que quepa el pino de tres metros, al que tiene que sacar la copa por la ventana porque no cabe, y cuando regresa su Pepe de meter la mesita auxiliar en el baño, su mujer le dice: _ "Pepe, paga cuanto antes a estos señores y venga que tienes que poner las luces y las bolas como están en esta revista". Y ahí es cuando Pepe mira el pino y quiere tirarse ventana abajo.

En fin, la Navidad es preciosa, desde Madrid o desde una ciudad grande sobretodo, porque pasas por la calle que te crees que estás en plena "Ley Seca" y tienes que hacerte con provisiones, porque ves desfilando por las calles más bolsas que personas. El tráfico ya no existe, es como cuando tienes pecas en la cara y tratas de verte un lunar; ¡pues igual!. Y claro, las tiendas tienen colas de veinte metros de largas, los coches ya no respetan las dobles filas que tienen que aparcar en triples; bueno, eso lo hacen los maridos para que no les pongan ya más multas a su mujer. Y luego están las señoras, que se empeñan en enseñarles al marido lo que van a comprar para ‘Reyes' y sacar el jersey fuera para probárselo: _ "Señorita, pues que no pite tanto la alarma, ¡leches!, que tengo a mi marido esperándome en el coche y ¿cómo quiere que le compre el jersey si no se lo prueba antes?... ¡Que no!, ¡que no me voy a ir sin pagar!... Pues mira, quédate con mi crío si eso... ¡Jonathan Jesús, quédate con esta chica mientras ‘La Mama' va a probarle ‘Al Papa' el jersey!, ¡y no des guerra!, ponte ahí a jugar con los nenes de aquella señora". Y ahí que sale Maruja a probarle a su Pepe el jersey sorteando los coches de primera y doble fila hasta llegar a donde está su Pepe fumándose el undécimo pitillo.

Y con tanta cola de gente Maruja no halla a su crío, el jersey a su Pepe, con tanto polvorón y tanto mantecado no le vale, así que lo tira ahí mismo al suelo, que como ya hay una capa prominente de ropa en pre-rebajas, da lo mismo, y llama a grito ‘pelao' a su nene armando la ‘marimorena': _ "Jonathannnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, ¡Jonathan Jesús!... -sale un segundo a la puerta y hace aspavientos con el bolso a su Pepe, que parece no entender la desesperación de su Maru- Pepeeeeeeeeeeeeeee, ¡el crío que no aparece!... JOooooooooonaThAAaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnn... ains hijo, que no te veía, ¿pero qué haces ahí tirado debajo de una montaña de ropa?... Venga, ¡vámonos!, que aún tengo que comprarle a tu abuelo y a tu padre unos calcetines por Navidad... ¡Jonathan!, vamos, ¡coño!, ¡levántate ya del suelo!..." Y regresando al coche, Maruja le dice a su Pepe: _ "Mira Pepe, tu crío es imposible, me dejas en la tienda de abajo y quédate tú aquí con él, que si no, no me cunde ‘ná'... ¡Qué ganas tengo de que empiece otra vez la escuela!". Total, que ya que Pepe tiene que estar jodido esperando horas en el coche, al menos se jode con su propio hijo dándole la criaturita la tabarra por puro aburrimiento...

Total, en este sarcasmo de vida nos movemos todos, o casi todos, y ahí que odiemos las Navidades, casi tanto como no podemos pasar de vivirlas, pese a que un año tras otro, nos juramos no hacer nada especial en estas fechas, pasar de hacer compras inútiles, y a lo sumo; gastarnos el dinero de los regalos en hacer un viaje familiar más productivo. Pero es que claro, al marido le dan la prima, tu amiga te insta a acompañarle a hacer sus compras, tu tía del pueblo te da el Domingo una caja llena de alfajores, los escaparates están muy bonitos; adornados con motivos navideños, las calles se llenan de luces, las aceras se enmoquetan con ‘Papás Noeles' que venden lotería o que regalan caramelos a los niños, la gente te empieza a felicitar la Navidad... Y claro, te dejas embaucar tontamente en las garras de ese espíritu Navideño, se te llenan los ojos de emoción al ver que con la crisis, empiezan antes las ‘Rebajas de Enero' y claro; de perdidos, al río de la emoción consumista...

Y para Reyes, siguen estando los calzoncillos y los calcetines para el padre, la colonia para el suegro, el popurrí de pétalos de flores para la abuela con sus sales de baño y todo, la bufanda y los guantes para la cuñada, las muñecas para la nena y las pistolas para el nene, las zapatillas de casa para el abuelo, la bata y un camisón para la abuela, para la madre una nueva batidora y una bata de estar por casa, para la vecina una caja de dulces caseros del pueblo, y para el portero su botella de vino. Y todo esto, adornado con mensajes reiterativos, ahora vía SMS, donde no faltan los buenos propósitos para año nuevo.

Así que lo dicho, que yo voy a ser menos que nadie: ¡Feliz Navidad! a todos y ¡Próspero Año Nuevo!.

Rocío Medina

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